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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

lunes, 22 de febrero de 2010

Llamó a mi corazón, un claro día...

Llamó a mi corazón, un claro día,
con un perfume de jazmín, el viento.

-A cambio de este aroma,
todo el aroma de tus rosas quiero.

-No tengo rosas; flores
en mi jardín no hay ya, todas han muerto.

-Me llevaré los llantos de las fuentes,
las hojas amarillas y los mustios pétalos.

Y el viento huyó...Mi corazón sangraba...
Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto?

ANTONIO MACHADO, 1875-1939.

lunes, 11 de enero de 2010

A los infinitos amantes que ella tiene.


Las palabras se me deslizan cada vez que te pienso. Viajan hacia una laguna sin riberas.

Y allí, entre escamas rozando la piel, sumergida hasta la cintura, me encuentro con mi red tratando de alcanzarlas.
Sólo unas pocas que me desaten de este naufragio empantanado, de esta especie de combate con la nostalgia, de este presagio de sinrazones.
Las sílabas burbujean en el barro.
Entonces, aparece la tabla, la deseada por cualquier ser húmedamente perdido , pero tan lejana está... apenas, un chapoteo susurrante, una monotonía en el horizonte.
Vuelvo a ser insalvable...
Las voces emergen... Se me escurren entre los dedos, salen en confuso aleteo.
Parpadeo letras, intento un grito que se ahoga...
En el azul, las frases, la música y otros colores y sabores se conjuran...

Y descubro que puedo paladear, los labios la pronuncian... y, al fin, mis pies acarician la orilla.





domingo, 3 de enero de 2010

TARDE MÁGICA.

Unos momentos maravillosos los vividos el sábado 2 de enero en la Plaza de los Españoles de Castelar.


Como ya saben la convocatoria fue realizada por mi compañera y amiga narradora Ana María Oddo con motivo del cierre de la campaña por la PAZ que comenzara el 2 de octubre (natalicio de Mahatma Gandhi).










Contamos con la compañía del narrador Miguel Mroue, quien nos deleitó con sus relatos.









Casi llegada la noche, entre nuestro selecto público, también hubo anécdotas y relatos.




¿Qué contamos? Bueno, ese es un misterio que sólo puede ser revelado en un próximo encuentro... Lo que sí podemos decir es que: allí donde hay narradores dispuestos a contar y "cómplices" ávidos de escuchar, y viceversa, se produce el prodigio.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Contada por la PAZ a cielo abierto.


Porque el trabajo por la paz no se termina, queremos sumarnos a la marcha mundial con nuestro pequeño granito de arena (¿Quién puede decir qué es grande o pequeño cuando de acariciar las almas se trata?). Por eso los invitamos a compartir cuentos. Vengan todos los que quieran escuchar y contar. Traigan amigos, hijos, sobrinos, tíos y abuelos. Traigan el mate. Traigan cuentos y poesías. Traigan ganas de construir un espacio de paz. La cita es . . .

. . . ¿dónde?

En la Plaza de los Españoles (Islas Malvinas, Arrecifes, Cardozo y Pehuajó), casi frente al club Mariano Moreno, en Castelar.

. . . ¿cuándo?
El sábado 2 de enero

. . . ¿a qué hora?
A las 19 hs.
ANA MARÍA ODDO.


La fotografía pertenece a una actividad desarrollada en el programa de radio "A plena voz", cuyos hacedores tuvieron la amabilidad de compartir. Para conocer más sobre la radio, las actividades y este grupo maravilloso de narradores, visiten el blog: Cuentos a la oreja verde

¡LOS ESPERAMOS EL SÁBADO!

lunes, 12 de octubre de 2009

VENGO A DARTE LA MANO. Daniel Toro. Julio Fontana.

.

Vengo a darte la mano como hermano,
como hermano también quisiera hablarte.
Vengo a darte la mano y a escucharte
porque es sabio escuchar estando atento.
Vengo a darte la mano porque siento,
que tu sangre me corre por las venas,
que tu pena se abraza con la pena
de este ser y no ser que llevo adentro.
Porque soy y no soy, hermano mío.
Porque estás y no estás para la historia.
Es que quiero fundirme con tu gloria
para agrandar el cauce de tu río.
Vengo a darte la mano como hermano,
a romper el tabú de las fronteras.
Vengo a darte la mano porque afuera
alguien quiere robarnos el mañana.
Vengo a darte la paz de mis campanas,
a ofrecerte mis hijos y mi casa.
Qué otra cosa esperabas de mi raza,
de tu raza latinoamericana.
La América del Sur es como un potro
que se revela ante el castigo duro
No pretende ser mucho más que otro
pero tampoco menos que ninguno.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Juancito se las arregla.

Su ámbito era un cuarto al que se accedía saliendo al patio de la casa: una suerte de tallercito, con más metros de largo que de ancho, adonde iban a parar todos los objetos cuyo destino inexorable debió ser la basura. A la espera de vaya a saber qué suerte de milagro que los reparara, se depositaban allí.
Él, mi papá, se pasaba horas en “el galpón”, rodeado de esa chatarra; quitando piezas de un lado y colocándolas en otro; desechando a medias los tornillos, tuercas y arandelas herrumbrados por el tiempo; clasificando piezas minúsculas en latas a las que la juventud las había abandonado hacía mucho; pintando de un verde chillón tanto repisas y puertas como cuadros de bicicletas; escuchando simultáneamente a dos locutores en una radio mal sintonizada de la que pretendía lograr un sonido más nítido aumentándole el  volumen; y consumiendo los cigarrillos que mamá no le permitía fumar en el interior de la casa.
“Juancito se las arregla“, era la frase favorita de mi abuela para hacer referencia a las virtudes de papá para solucionar cualquier desperfecto en la casa. Cada tanto se aparecía con algún electrodoméstico para que le revise, alguna “cosita” para que le pegue, cierta “maderita” que necesitaba un clavo.
Muchas veces lo escuché a él decir: “otra vez la vieja”, cuando, asomado a la ventana, la veía cruzar rapidito la calle con algún artefacto entre sus manos. Porque mi abuela siempre cruzaba las calles corriendo. Y se acercaba a casa, como dije, con el afán de que “Juancito” le solucionara un inconveniente.
Y “otra vez la vieja” no significaba “la viejita”, “mi viejita”, porque mi abuela no era su mamá, era su suegra.
A decir verdad, mi papá con lo único que se las arreglaba era con las bicicletas. Él sí que las dejaba siempre 0km. De muy joven había tenido afición a las carreras y además hacía grandes recorridos, como desafío. Ya un poco más grande se dedicó, entre otras cosas, al arreglo de muchas de ellas. Siempre había alguien en la puerta de casa con un rodado para que papá revisara. Y nos llegaba un:¡“Juancito”!, desde el cordón de la vereda, incluso antes de que la persona en cuestión pudiera ser divisada desde la ventana o desde la mirilla de la puerta.
La abuela nunca trajo una bicicleta. No tenía. No había aprendido a andar, ni siquiera cuando mi hermana mayor le había querido enseñar con una pequeña.

Ahora que recuerdo, cuando se trataba de inventar, papá, era un maestro. Así tuvimos una cortadora manual de césped a la que él le había agregado un motor. En realidad, el peso de este último hacía emplear mucha fuerza en el uso, por lo tanto todos preferíamos realizar la actividad de arreglar el jardín prescindiendo de “la maquinita”, como la llamábamos familiarmente. Pero hay que reconocer también que fue nuestra primera cortadora eléctrica. Siempre tratábamos de utilizarla cuando los vecinos estuvieran despiertos pues, además, hacía un ruido infernal. Muchas veces, saliendo de la panadería, que se hallaba a tres o cuatro cuadras de nuestro domicilio, podíamos darnos cuenta de que papá había comenzado a cortar el pasto.
Algo similar ocurría con un lavarropas viejo que había reparado con el motor de uno más nuevo. -¿Estás lavando, che?-. Preguntaba maliciosamente y a los gritos nuestra vecina, asomándose por el tapial.
"Juancito se las arregla", la frase favorita de la abuela...Y no sabemos de dónde dedujo ella que papá podía repararlo todo.
Quizás nunca se había enterado del episodio en que casi se prende fuego el árbol de navidad cuando había querido arreglar las luces. Ni aquel otro en que la estufa eléctrica comenzó a hacer pequeñas explosiones hasta quedar completamente quemada. Ese día mamá se enojó e hizo cortar la corriente y le prohibió a papá tocar siquiera los tapones para proveer a la casa de luz. Ese día, cenamos con velas, sin estufa y sobre todo sin diálogo.
Cierto día, mi abuela, había insistido tanto con la reparación de un aparato que, finalmente, él accedió. Vale decir que el artefacto en cuestión ya tenía un arreglo anterior y no de las manos de papá. Era, pues, una plancha que contaba con más de treinta años. Una pieza histórica, única y sumamente pesada. Por supuesto que el problema se hallaba en la parte eléctrica, rubro al que papá le escapaba luego de los episodios  mencionados.
Esa vez estuvo más de un día en “el galpón”, hasta que por fin entregó el artefacto.
No recuerdo bien los hechos que sucedieron a éste. Sólo sé que la abuela cruzó corriendo la calle, casi volando, entró a casa y, con una expresión en el rostro que yo nunca le había visto, exclamó:- ¡Ya no es eléctrica! ¡Ni de carbón! ¡Ahora es carbonizada!.
Por un tiempo no volvieron a aparecer los electrodomésticos rotos por casa y la frase favorita de mi abuela no se dejó oír hasta pasados unos cuantos meses.


Había varias cosas que papá no tenía que arreglar porque nunca fallaban: su afán por hacernos disfrutar de las golosinas los domingos, su exactitud para traernos la revista infantil los jueves, su interés por llevarnos a pasear en el colectivo que le prestaba su patrón cada tanto y su deseo de que nunca nos faltaran los lápices de colores. En todo esto sí que, a pesar de la época difícil que nos tocó vivir, Juancito se las arreglaba.

Papá, Juancito, con mi hermano, Mariano.

viernes, 11 de septiembre de 2009

AROMA FRUTAL. Dedicado a los docentes argentinos.



Isabel Botana, maestra argentina. Escuchando nuestros cuentos como homenje en el Club del Progreso. 5 de septiembre de 2009.



27 de agosto de 2009, E.N.S.P.A
Escuela Normal Superior "Próspero G. Alemandri"
Unidad Académica, ISFD N° 100 de Avellaneda.



Siempre había querido ser maestro, desde que recuerda... cuando su hermana cinco años mayor lo sentaba a él y a dos más pequeños en fila debajo de los árboles. Pedía la tarea, enseñaba las vocales, les hacía dibujos para que ellos pintaran...y así discurrían las siestas de verano.

Muchas veces quiso ocupar el lugar de su hermana...estar al frente en ese patio más poblado de aromas frutales que de niños, escribir el día y la fecha con pedacitos de carbón en la pared que daba a la parte de atrás de la casa.
-¡Pase al pizarrón, Marquitos!- le decía ella, entonces, él, henchido de orgullo, ante la admiración de los dos chiquitines, desfilaba entre las baldosas sorteando obstáculos, ya que de tan separadas permitían el crecimiento de diferentes tipos de hierbas. Ya en el frente, escribía lo solicitado por la mayor y muchas veces, simplemente, le tocaba echar agua con una jarra, con el único fin de borrar precariamente los garabatos de tizne hechos por sus hermanitos. Los sábados, la limpieza del paredón se hacía a cepillos y detergente y con la participación de todos los integrantes de esta comunidad educativa.

Siempre se había imaginado vistiendo el guardapolvo blanco, las manos entrelazadas por la espalda y la frente erguida, emocionado y mirando flamear el pabellón patrio.
Se veía en el aula, inclinándose para tomar la mano de los más pequeños y enseñarles a dibujar sus primeras letras; así, como había hecho con él su maestro Lucho.

Siempre había sentido curiosidad por los secretos que encierran los libros. Desde aquel primero que le regaló su padre, casi por casualidad, pues había ido a la librería del pueblo y había pedido "un libro para que Marquitos mirara y lo pudiera mantener quietecito y con la pierna en alto luego del accidente en el campo". Su padre no sabía leer entonces y la muchacha vendedora le había elegido "Cinco semanas en globo".
Con la misma fruición leyó, mucho tiempo después, otras aventuras: los libros de pedagogía propuestos por su profesora.

Siempre había soñado con recibir su título y festejar con su familia ese logro. Y ese día caluroso de diciembre, sus deseos, esos deseos, comenzaban a cumplirse; también en un patio, cuando por el micrófono pronunciaron su nombre precedido de "Maestro Normal Superior...". Y allí estaban: su primera maestra cinco años mayor, sus hermanos menores, su madre y de algún modo, su padre. Pero había pasado un buen tiempo y la familia se había agrandado por entonces. Marquitos tenía una esposa y tres hijos ... Ese día soñado, junto con el guardapolvo blanco, él llevaba puestos los 50 años y un nieto, y lo esperaba otra fiesta...allí, en la escuela rural donde había transcurrido su niñez y que ahora había elegido, para acompañar otras infancias.




martes, 1 de septiembre de 2009

Tertulias en homenaje a los maestros...

Club del Progreso, 5 de septiembre de 2009.
En el centro de la foto, Isabel Botana, maestra argentina que recibe el homenaje de la E.L.N.S de María Héguiz.
ARGENTINA NARRADA

sábado, 22 de agosto de 2009

Mujeres de mi niñez y de mi adolescencia.


Hay reencuentros que son importantes; otros, pasan inadvertidos.
Sin temor a exagerar puedo decir que éste es fundamental en mi vida.
No sólo abrazo a la maravillosa persona que es cada una sino que entro en contacto con una época, que es nuestra época; me vinculo con recuerdos que son nuestros recuerdos; experimento sentimientos que son nuestros sentimientos; veo imágenes que también compartimos.
La foto en la que estoy no es sólo la foto en la que estoy. . . ¿Sólo yo siento esto?
Indudablemente somos personas íntegras pero nos tomamos las manos y nos damos cuenta de que ese gesto era el que nos faltaba para arrancarnos esta sonrisa, y también esta lágrima que son especiales, únicas, irrepetibles.¿Hablamos todas juntas? ¿Aturdimos?
¡Qué importa! Acaso en este “decir superponiendo las voces”.. .¿no vamos entonando la canción de las miles y miles de palabras que para hoy estaban reservadas? Entonces nos damos cuenta: es éste un abrazo hacia fuera e indefectiblemente hacia el interior de uno mismo, mujeres de mi niñez y de mi adolescencia. En el reencuentro: MUJERES DE MI VIDA.




martes, 18 de agosto de 2009

Por algo es príncipe...

Dedicada al Antiprincipito, a Germán Amato y a todos los que viven la "poesía", (mujeres y hombres).

Parece ser que existe un príncipe
tan humanamente noble
que no puede ocultar ni el destello
ni la opacidad de sus ojos.
Tiene la mirada como el primer
brillo de la aurora o como la última
luz del día;
y a veces, como la noche más oscura,
entre las fauces del lobo.
Asusta.
Cuando levanta los párpados
aparecen todos los espejos
en donde la humanidad se mira.
Y las fogatas, esas que reúnen
para contar historias,
reviven en él con cada parpadeo.
Emana una voz entre sus pestañas
y un silencio color vino.
Mientras camina, silba...
y cuando silba, recuerda.
Viste un saco fuera de moda,
heredado tal vez.
Y en sus bolsillos lleva y trae,
entre la pelusa , una música
hecha con semillas
y otra, semejante al ruido molesto.
Los ríos de sus venas
desembocan en la poesía...
Camina, silba, recuerda.
Sus cabellos no alcanzan
para ser dorados
ni sus zapatos para pisar
la superficie de un asteroide.
Sin embargo...sus plantas
no siempre tocan tierra firme...
Por algo es príncipe,
(o princesa...o poeta).

lunes, 17 de agosto de 2009

José Francisco de San Martín y Matorras.



"INSPIRARLE AMOR A LA PATRIA Y A LA LIBERTAD"...expresa una de las máximas que el Gral San Martín legara a su hija Mercedes Tomasa. "El prócer", a 159 años de su fallecimiento, permanece vigente a través de sus pensamientos, tan necesarios en estos tiempos. Sencillamente, "un hombre", pero no sólo de "dichos" sino de hechos, porque esas máximas no eran un dictado de lo que pretendía este ser para su única descendiente directa, sino las palabras llenas de vida que resumen la coherencia que siempre manifestó entre su decir y su actuar.
Un político de la libertad, en defensa de los derechos humanos y los principios de igualdad.
El sentimiento más noble hacia dos valores que indiscutiblemente van de la mano: LA PATRIA Y LA LIBERTAD. No sólo lo entendió así sino que sus acciones le permitieron demostrar: que no hay patria posible sin alas que le permitan levantar vuelo y que la libertad bien entendida sólo puede ejercerse encauzada en los principios que llevan al bien común.
Este hombre honesto y sencillo pero de fuertes convicciones creía, además, que la educación era fundamental en el progreso de los pueblos: "...los días de inauguración de los establecimientos educativos son tan tristes para los tiranos como alegres para los amantes de la libertad. Las bibliotecas destinadas a la educación universal, son más poderosas que nuestros ejércitos para sostener la independencia...", había afirmado.
Nada más significativo para nosotros como argentinos y latinoamericanos, nada más representativo y digno de tomarse como ejemplo que la figura de este luchador que supo actuar consecuentemente con lo que pensaba, con lo que creía y con lo que sentía.





domingo, 9 de agosto de 2009

El homenaje de E.L.N.S a Alberto Vaccarezza. (Buenos Aires, 1 de abril de 1886 - 6 de agosto de 1959)


Una tarde cargada de emoción. Uno de los momentos de la tertulia con los "PREGONES DE BUENOS AIRES" en las voces de todos los narradores, entre ellos: nuestra profesora María Héguiz y la hija del escritor, Mercedes Vaccarezza.

domingo, 21 de junio de 2009

Juancito, mi papá.(1933-1994)

Una pasión de juventud:
las bicicletas de carrera.

Un trabajo de casi cuarenta años:
el colectivo.












¡GRACIAS, PA!