Hoy, 1° de diciembre, día en que conmemoramos el cumpleaños
de Norma, me vienen nuevamente los recuerdos. Esta vez más remotos, octubre del
79, cuando yo cumplía 13. Mi tía a la cabeza junto con mi tío Rulo y mis primos, me trajeron
un hermoso regalo. Tengo muy vívidas las imágenes en la vereda de mi casa. Sí, los había estado esperando afuera, mientras en el comedor mi mamá, mi abuela y tal vez mi hermana iban preparando la mesa para el festejo.
El regalo era un bolso cuadradito, de jean (tela de vaquero, decíamos por entonces) con algunos detalles de cintas de colores, y antes
de que pudiera agradecer, mi tía se anticipó con ansiedad y me dijo: - Abrilo,
abrilo, hay algo más-. Yo, que habia pensado que el relleno era puro bollo de papel como suele ocurrir con los bolsos, me apresuré a correr el cierre y vi que ahí estaba.
Era un disco simple de ABBA. Mi tía me dijo que se trataba de una canción que se escuchaba en el mundo entero, que
estaba de re-moda. Lo cierto es que me la pasé activando el tocadiscos y gastando durante meses ese Lado A de “Chiquitita”
que contenía la letra ideal para mí en esa época. El dolor que encadenaba, la sombra
de gran pena en los ojos, el llanto, el ala quebrada. Pero también las palabras
para levantar el ánimo, la idea de que hubiera alguien que escuchara mis penas. Indudablemente era la poesía adecuada y había llegado
de la mano de Norma, con su amor, su ansiedad y la alegría de verme desenvolviendo
la sorpresa de un objeto dentro de otro.
Ahora que pasaron tantos años, me emociono al pensar en esos
regalos, por los objetos en sí y por la forma en que llegaron a mi vida.
Ahora que mi tía Norma ya no está en este plano me gusta
pensar que ella, de algún modo, es una de las estrellas que brillan por mí allá
en lo alto, que quiso y quiere verme sonreír, que siempre me ofreció el
hombro para que llore y "así seguir andando"; que compartió, como la del día de mis 13 años, cada una de mis alegrías.
Hablar de mi infancia y adolescencia es abrazar la presencia siempre amorosa de mi tía Norma.
Tengo tantos recuerdos y tanto que agradecerle.
Ella siempre en los detalles, los festejos de cumpleaños, la charla, los consejos de cocina, la comida deliciosa de su mano como las muchas formas de honrar la vida.
Ella promovió un viaje en el que yo, ya jovencita, vi el mar por primera vez. Ese hecho, como tantos otros a lo largo de los años fue un hito en mi vida. Todavía tengo guardada en el fondo de los ojos la imagen de una calle arenosa y polvorienta recorrida en el colectivo, propiedad de mis tíos, con el que llegamos a las vacaciones; y a lo lejos esa franja celeste grisácea que me pareció que era el mar, pero no pregunté porque me dio vergüenza y contuve esa incertidumbre mezclada con alegría hasta que alguien gritó: "ahí está, allá vamos" (o algo así). En esa emoción, por dar algún ejemplo nomás, difícil de describir, está Norma, como en todas las que siguieron en esos días de verano.
Ella estuvo organizando las comidas para que estemos a gusto compartiendo y como éramos quince personas, nos enseñó a todos reglas básicas de convivencia, basadas en la colaboración.
Fui muy feliz con todo lo ocurrido durante esa estadía en los '80 y juro que lloré cuando tuvimos que dejar la casa para pegar la vuelta.
Muchos momentos, episodios graciosos, vivencias, hitos podría describir en los que esté la presencia fuertemente tierna de mi tía Norma pero en el día de su cumpleaños, solamente le quiero agradecer todo, todo y quedarme con esta imagen de cuando cumplí un año y en la que ella me mira con la ternura infinita que llega hasta el día de hoy.
Una obra en construcción de María Ester Mazza, escrita para el Taller de Dramaturgia de Patricia Zangaro
Septiembre, octubre, noviembre de 2023
4 de diciembre de 2022
¿Por qué afuera no hay lugar para mí?
Una obra de María Ester Mazza, escrita a partir del taller de dramaturgia de Patricia Zangaro, se presentó ayer en bella modalidad de teatro leído sobre la querida sala del Centro Cultural José Artigas de Luján.
Me atrevo a decir que la obra dialogó y sigue dialogando con quienes estuvimos presentes ya que interpela desde y hacia lo más profundo ~además de interrogar los contextos de encierro y las instituciones~ poniéndonos delante una galería de espejos.
Tengo mucho más para escribir y lo haré pero no quería dejar de compartir estas primeras palabras con el deseo de que estos espacios que proponen Mari, el amoroso grupo de dramaturgia y las personas~ maestras de la vida que han atravesado problemáticas complejas, se multipliquen; que la obra sea leída interpretada, actuada, ampliada, abrazada, diseminada y puesta en muchos diálogos vitales.
Escribo esta breve reseña con el disfrute que me da este domingo soleado en el jardín al levantar la vista y observar el brote de ceibo que emerge de una maceta; escribo cerca del palo borracho que me regresa una y otra vez a las escenas que Mari vio y compartió; escribo bajo la luminosidad de la Santa Rita y pisando las baldosas agrietadas por una que otra raíz que puja fuertemente por la libertad y la vida.
Recibimos el significativo regalo de Handala a partir de un encuentro
realizado en la Biblioteca Popular Tupac
Amaru (Castelar - Buenos Aires) con compas del Comité Argentino de
Solidaridad con el Pueblo Palestino en el mes de marzo, en una jornada que se
llamó "Zapalestina" y en el marco de la Semana contra el Apartheid Israelí.
Una oportunidad para movilizar la solidaridad de las organizaciones de base con
la lucha palestina por la libertad, la dignidad, la justicia y para generar
conciencia sobre el apartheid, brutal sistema de colonialismo y limpieza
étnica.
Handala fue creado en 1969 para una historieta por el dibujante
palestino Naji al-Alí nacido en Galilea y asesinado en Londres, famoso por su
crítica política de los regímenes árabes y de Israel, quien dijo acerca de
Handala que nació ya "con diez años y siempre tendrá diez años" (que
es la edad del dibujante cuando dejó su país). "Handala solo crecerá
cuando retorne a Palestina. Las reglas de la naturaleza no se cumplen con él.
Es una excepción, y las cosas solo serán naturales cuando retorne a su tierra"
El nombre Handala proviene de al-handal, una hierba silvestre de Oriente
Medio que tiene un fruto muy amargo pero raíces tan fuertes que le permiten
brotar una y otra vez en el desierto.
Handala es la representación de su propio creador y de quienes sufren la
misma situación que él vivió. Naji al-Alí lo ofreció a los lectores y
rápidamente el personaje saltó de la viñeta, se multiplicó y se convirtió en
símbolo de lucha del pueblo palestino.
Handala llegó a la huerta vecinal de la mano de Rita Abu Ghosh,
coordinadora regional del Comité Nacional Palestino por el BDS (Boicot,
desinversión y sanciones, contra el país sionista y criminal de Israel) quien
nos contó la historia y la situación actual, ambas cargadas de lucha y
resistencia. Maren Mantovani, integrante del comité por BDS y coordinadora de
relaciones internacionales de la campaña "Palestina contra el muro del
apartheid" (Stop the wall), fue la traductora.
Handala nos da la espalda con las manos cruzadas atrás, como se ve en
las fotos, y en esa actitud permanece desde su creación para la contratapa del
diario Kuwaití Al-Siyyasa. Esa postura nos inquieta, nos interpela, nos
compromete.
Handala es memoria, lucha y resistencia, y en su postura nos está
pidiendo algo mientras mira pasar la realidad como lo hizo desde su nacimiento
con diez años.
En la Biblio y en la Huerta queremos tener a Handala siempre cerca para
que nos recuerde y podamos decir a la comunidad que somos un espacio libre de
apartheid, que estamos hermanadxs en la lucha con Palestina y que podemos hacer
algo para que vuelva a su tierra.
Llevo tanto sin verte
que cada vez se me aparece
un rostro nuevo.
Ya tengo más de mil guardados en lugares sin nombre.
Los consulto cuando se me desdibujan los contornos
y me asalta el miedo de olvidarte.
El rostro de imitar a la abuela.
El de acicalarte el cuello como un gato.
El enfurecido.
El de la risa contagiosa.
El de la boquita con vergüenza. El de la mirada profunda.
El de los ojos desviados.
El del peinado que no te gusta. El de la cabeza llena de piojos.
El de las marcas por una pelea. El de boludo que quemó las tostadas.
El rostro de tomar mate mientras te comés
las tostadas más raspadas y finitas del mundo.
El burlón.
El de tocar la guitarra.
El de hacer unos acordes, detenerte, anotar algo y volver.
El de los pies por primera vez en el mar.
El del diente partido.
El de traste.
El del dolor de oído.
El de la sopa salada.
El de las pestañas cortadas al ras.
El de satisfacción por la muraleada.
El de descubrir figuras en la pared despintada.
El de las preguntas difíciles durante la cena.
El de insultar al viejo de enfrente.
El de quemar los recuerdos.
Esta vez volví a tu rostro amado en el retrato
de una voz amiga.
Y eras vos con tu insondable misterio.
Eras vos con tu relato incómodo, tus palabras de fuego,
tu mirada de desasosiego palpitante.
Eras vos el retrato,
la voz,
las manos,
el nombre,
el rostro.
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Para, Silvina, la voz amiga, la hermana puente, camino, arcoíris.
Griselda Gambaro en el documental "Gambaro" de Jazmín Bazán.
Fui a ver GAMBARO, el documental de Jazmín Bazán.
77 minutos en los que se entretejen entrevistas a la escritora y a personas del rubro que son cercanas a ella y a su obra, performances basadas en sus dramas y fragmentos de backstage. Me gustó mucho ese fluir, para mí, muy poético.
La película deja certezas y además muchos interrogantes, cuestión que también me agrada demasiado ya que me mantiene en vilo investigando y despertando escrituras propias que estuvieron mucho tiempo en el letargo. En pocas palabras, salí del Gaumont y me dieron ganas de leer todo lo que tengo pendiente de Griselda y de volver a escribir.
Encontré algo muy especial y a la vez sencillo tanto en Gambaro como en "Gambaro"(tal vez, en estos tiempos, es especial precisamente por lo sencillo) . Cuando la autora le dice a Bazán y te dice que sí, que está bien tener recuerdos pero que está mejor el presente; que su "proceso creativo" (aunque no le agrade esa frase) se va dando mientras le quita los brotes a las papas o lava los platos; que le cuesta un montón poner los títulos a las obras; cuando la ves tan amorosa con sus perritas, con su gatita tricolor ocupando lugares de preferencia, cuando la ves cosechando limones o leyendo para los demás ¿qué otro nombre le podés dar que no sea "vitalidad pura"?
Me hacía falta una dosis de arte, volver al cine, elegir esta película.
Me hacía falta Griselda.
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"Griselda tiene una capacidad para imaginar escenas teatrales, acciones teatrales, conflictos teatrales, que es muy insólita. No hay muchos. En realidad, no hay nadie como Griselda. Y tiene una actitud ética frente a la vida, insobornable" Laura Yusem.
Esta postal made in Turkey me la regalaron Fabro y Yesi.Yo no sabía que en esta ciudad tan importante respetaban y amaban a los gatos. Después vi el documental "Kedi: gatos de Estambul" y me maravillé del trato que los ciudadanos dan a los felinos.
Un cartel dicta: "Si no quieres pasar tus otras vidas sediento no toques estos vasos, son para perros y gatos".
Alguien dice: "Si no amas a los animales, no puedes amar a la gente"
Un hombre cuenta la anécdota del gato de la suerte, que le hizo encontrar el dinero (120 liras) para que se comprara un nuevo barco, ya que el anterior se le había hundido con una tormenta y que, a partir de ese milagro, empezó a amar y a cuidar a los gatos.
Los gatos aparecen como testigos de los cambios de la ciudad. Y están en los techos, en los balcones, en las veredas, en los comercios, sobre todo, en restaurantes y pescaderías.
Hay una que se hizo cazadora a partir de los hijos, de carácter fuerte, ella. Está la pequeña Bengü y el blanquinegro cazador de ratas que recompensa así por el amor que recibe.
Está la creencia de que "los gatos
saben que Dios existe, pero que los perros no. Los perros creen que las personas
son dioses, pero los gatos no. Los gatos saben que las personas representan la
voluntad de Dios. No son ingratos; simplemente son inteligentes".
Una mujer afirma: "Acariciar un gato me da seguridad. Aunque no hablemos el
mismo idioma creamos un idioma compartido. Relacionarse con gatos debe ser como
hacerse amigo de alienígenas. Entras en contacto con una forma de vida
diferente, abres una línea de comunicación con ellos y comienzas un diálogo.
Son muy diferentes de nosotros. Tanto física como mentalmente son completamente
diferentes. Aun así podemos relacionarnos con ellos".
No quiero contarles toda la película. Véanla porque además no pueden perderse las historias de Psico, la gata psicópata del barrio:
El primer registro que tengo de amor por un gato data de 1974.
Yo contaba con siete años y recuerdo muy bien que íbamos caminando por las veredas del barrio con mi madre y mi hermana cuando se apareció: pequeñito, atigrado, juguetón.
"Nos sigue", dijo mi madre, "vamos a llevarlo a casa". Yo, hasta ese momento no había pensado en tener un gato así que, gratamente sorprendida, empecé a disfrutar desde el primer momento de su compañía y a llenarme de alegría con sus travesuras.
Hay mil anécdotas que guardo en mi corazón de los quince años que estuvo en mi vida.
Tal vez pueda ir contando una a una las historias que me vinculan a éste y a otros de sus congéneres en estos casi cincuenta de amor por ellos, y por ellas: es justo decirlo.
Por supuesto que los hechos del encuentro con el primer minino fueron reconstruídos desde mi visión de adulta (fechas, edades, contexto histórico) y, seguramente, hay más de una circunstancia romantizada entre mis pensamientos pero algunas sensaciones me acompañan desde el día 1. Por ejemplo, estar en el colegio, en el salón de 2do grado, acordarme del gatito y emocionarme con mi vuelta a casa porque allí me recibiría él.
Quienes me conocen saben de mi amor por estos seres maravillosos y también misteriosos, por qué no decirlo. Aunque quienes pasamos mucho tiempo con los gatos creamos conocer la mayoría de sus mañas, siempre esconden un secreto. No lo olvides, son como la noche.
Me decido a escribir con temática gatuna, aunque ya lo hice circunstancialmente, por varios motivos. El primero es tomar la escritura como salvación. ¿De qué? Y, bueno, de situaciones que me agobian. Y así, como cuando tenía siete años no veía la hora de llegar a casa para jugar con Michinino o Mitchum (porque así lo llamábamos) en la actualidad no veo la hora de llegar y tener esa sensación divina en la palma de mi mano cuando acaricio a alguno de los convivientes, sobre todo a Tito, mi compañero de pieza.
El segundo motivo fue reencontrarme, mientras revolvía mi colección de pequeños objetos, con la postal de Istambul, regalo de Fabro y Yessi, ya que desencadenó una serie de eventos afortunados que me hicieron preguntarme: ¿Y si todo esto lo escribo?.
El tercer motivo es porque no necesito un motivo, sobre todo de índole literaria. Mirá si después de cincuenta años de amor por los gatos voy a andar persiguiendo la escritura con ínfulas de poeta. Los encuentros con la vida de estos pequeños grandotes son para mí la poesía...
Quienes me conocen saben de mi amor, lo que pienso de estos seres maravillosos y también misteriosos, por qué no decirlo. Aunque quienes pasamos mucho tiempo con los gatos creamos conocer sus mañas, siempre esconden un secreto. No lo olvides, son como la noche.