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domingo, 4 de mayo de 2025
15) Rana con estrambote
14) En alpargatas
miércoles, 23 de abril de 2025
lunes, 21 de abril de 2025
sábado, 19 de abril de 2025
viernes, 18 de abril de 2025
7) Lluvia encendida
6) Soneto al soneto
viernes, 11 de abril de 2025
5) Es que yo leo
jueves, 10 de abril de 2025
miércoles, 9 de abril de 2025
miércoles, 12 de febrero de 2025
LA RANA 🐸 o PERDÓN, CONRADO 🙏
Soneto anfibio del río Grande, Tilcara, 2024
Morón~ San Miguel de Tucumán 2025
¡Qué bien suena la flauta de la rana!
Pero no es una flauta, en un platillo
de vibrante cristal de a dos desgrana
gotas de agua sonora...
Conrado Nalé Roxlo
Música porque sí, música vana:
mi corazón que es charco y es derroche
como la vana música de rana
se autopercibe rana en esta noche
Este cielo estrellado ¿es de cerámica?
¿Es oscuro cabello el del molle?
¿O es que en mi nueva condición de rana
veo todo a lo rana en esta noche?
¡Qué bien suena el triángulo del grillo!
Pero no es el triángulo: un palillo
va tañendo los bordes de la grama
y el cemento del puente. ¡Qué sencillo
es a quien tiene corazón de rana
escribir sonetos de pura gana!
Daniel Aráoz Tapia~ Patricia Morante
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Letra para el estrambote que no fue pero pudiera ser:
De paseo y reencuentro en Tilcara atravesábamos caminando casi todos los días el puente vehicular, que aún no había sido habilitado, sobre el río Grande.
Una de las noches en que regresábamos a la casita de Villa Florida escuchamos a las ranas. Fue recordar los versos de El grillo de Conrado Nalé Roxlo e imaginar que podíamos darle un giro o varios según nuestro estilo particular de cambiar con total desfachatez las letras de canciones y los versos de poemas. Así comenzó el proceso renacuajo hasta llegar al soneto anfibio.
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| Foto Tolhuin sobre el puente de río Grande~ Tilcara. Edición Arte Marciano |
miércoles, 8 de enero de 2025
Rescates
CONTAR LOS CUARENTA
Inventario tipológico-literario de bancos, asientos y posatrastes del Parque Centenario 9 de Julio (San Miguel de Tucumán, República Argentina)
¿Cuándo fue la última vez que te sentaste en el banco de una plaza? ¿Te acordás de alguna historia vivida a partir del acto de posar tu humanidad en uno de ellos? ¿Pensaste alguna vez cuántos tipos de bancos y asientos hay en una plaza o parque según su material, diseño, color y textura?
En el Parque 9 de Julio, situado al este de San Miguel de Tucumán, ellos no sólo se nos presentan en una gran variedad, sino también nos despiertan la inspiración para escribir historias. Ésta es la cuarta.
A veces me siento solo, es cierto. Bullicio a mi alrededor en horas de la tarde no significa buena compañía. No sé si estoy viejo o qué pero últimamente los ruidos me espantan más que nunca. Cuando tenía vida el árbol atraía tantas otras vidas que era un regocijo estar en este rincón del parque, pero desde que lo talaron hasta la tierra a su alrededor se resecó, y la verdad es que a veces da un poco de tristeza ver cómo se transformó el paisaje con la ausencia de ramas, de nidos, de trinos. Para colmo hace tiempo que no nos acaricia la lluvia, tanto, que no hay barrito donde dejar huellas. Y no lo digo sólo yo sino también algunas voces que andan por acá.
Por ahora me sigo reconfortando cuando miro los atardeceres, estoy todos los días de cara al oeste, firme sobre mis patitas, dándole mi espalda marrón a las aguas turbias del lago. Ése es el momento más esperado, cuando se ven los rayos de sol entre los árboles lejanos. Parece un espectáculo ¡pero es tan natural! Además, hermoso y nostálgico, no sé cómo expresarlo. A veces con las últimas luces se dibujan figuras en el pasto que me recuerdan otras épocas y me dan ganas de cantar o hacer un gorjeo al menos, pero aunque me esfuerce no puedo.
Por suerte me fue dado escuchar. Sí, aunque no lo crean. Yo y mis congéneres de este parque podemos escuchar todo: conversaciones, discusiones, pregones. Y cuando digo "congéneres" también me refiero a lo que quedó del viejo árbol que ahora sirve como asiento o plataforma o posahorneros. Un árbol que fue sombra, casa, refugio, amigo, no pierde la memoria ni su capacidad de escuchar.
Mi mayor felicidad es la presencia del hornero: todas las tardes, paradito en lo que queda del árbol que tal vez lo cobijó, mira y se regocija igual que yo, sólo que él sí suelta con sus trinos la oración de la tarde.
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