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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

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miércoles, 1 de abril de 2026

El día después del último día

No es cosa de estudiantes secundarios 

ni una paradoja mal construída 

Tampoco un juego absurdo de palabras 

Hubo última función ayer 

y la sensación es confusa 

Sonetos encendidos se despide 

pero tal vez no se apague 

O tal vez se apague pero no se olvide 

O finalmente se olvide 


San Miguel de Tucumán, 21 de marzo de 2026


Sin embargo...

Catorce fotos dicen que es soneto









Un desencuentro es también un encuentro







Fotos Tolhuin en La Caracola~Casa Atelier


viernes, 20 de diciembre de 2024

El costurero. Primer cajón.

I Costureros de viaje o multiplicación de los hilos.


Uno es reliquia y otro, pura nostalgia.

Caja de chocolates "Día de los enamorados", éste;

monedero dorado de la abuela, aquel.

Hay un tercero de vida ambulante y constante.

Lata mediana de caramelos intervenida,

y con cambio de contenido.

Agujas de ojos grandes, como las mujeres de Mastretta.

Hilos de bordar de colores, texturas, grosores 

y edades diversas donde también viven los ancestros.

Alfiletero hecho de esponja en desuso forrada en tela.

Tijera plegable made in China.

Enhebrador. Dedal. 


Sale algunos domingos rumbo a Plaza Irlanda

(colectivo~ tren~ caminata)

y se abre al encuentro de telas, bastidores, 

charlas y canciones.

Se despliega como otros sobre la mesa larga,

se integra, se pierde por momentos

bajo la sombra del gigante amigo

o la caricia de la bandera comunitaria.

Las telas dicen, piden y reclaman:

justicia, un espacio de memoria,

que el dolor se transforme en lucha;

y las agujas que suben y bajan,

labran las historias.


El costurerito o bordaderito

entre semana sale al jardín

del fondo de la casa.

Aunque la mesa es pequeña y la soledad, grande,

igual se destapa 

y en medio del amoroso desorden 

que trajo de la plaza 

y, a pesar de los hilos ya usados,

revela  que se volvió

con muchas hebras de más

y con gran deseo

de seguir contando hasta el próximo abrazo

en Caballito.

Las telas dicen, piden, reclaman.


Manos compañeras bordan bandera 
comunitaria
El bordaderito
Fotos Tolhuin

                                        

Patricia Morante

20 de diciembre de 2024

Escritura a partir de: El costurero. Mayo 2024 y de los encuentros Bordando historias, propuestos por la 
Próximo encuentro: 26 de enero

jueves, 23 de mayo de 2024

El costurero

 

«La memoria de las mujeres se parece a esas mesas antiguas que utilizan para coser; están llenas de cajones secretos. Algunos están cerrados desde hace mucho tiempo y no se pueden abrir, otros contienen flores secas; otros, madejas enredadas; a veces alfileres»

Marguerite Yourcenar


Domingo 19 de mayo por la mañana, me encuentro de pronto limpiando y ordenando algunos rincones. Un mueble petizo, con estilo. Cinco cajones que a lo largo de los años se han transformado en pequeños espacios de guardado.

Uno. Hilos de coser de todos colores acomodados en un envase de cartón. Cintas métricas. Costureritos de viaje (Capítulo aparte I). Hilos de bordar que requieren ser reorganizados. Hilo de sutura. Del tirador pende un bastidor.

Dos. Agujas de todo tipo, uso y tamaño. Alfileteros artesanales de éste y otro siglo (capítulo aparte II). Alfileres en cajitas. Tijeras. Dedales. Un envase de medicamento con alfileres de gancho. Broches de gancho N° 6 en su cajita original. Enhebradores. Dos H o u s e h o l d  R e p a i r  sin abrir adquiridos en algún viaje en tren. Una canastita de cartón  R e g a l  a la que le faltan algunas de sus 19 agujas y el enhebrador. (Capítulo aparte III) Tizas blancas. Agujas de tejer sobresalen por un costado.

Tres. Hilos de bordar: los traídos de otro cajoncito, los tucumanos, los de la abuela. Piolín amarillo. Hebras de arpillera. Una bolsita con pelo entre rosado y violeta de mi hija. (capítulo aparte IV).

Cuatro. Ovillitos de lana e hilos para tejer. Un tejido pequeño, sin terminar, desprolijo. (No es lo mío ni mi cajón favorito. A mi gato le gustó. (Capítulo aparte V).

Cinco. Pequeños retazos de tela. Algunas cintas. Un corpiño sin breteles. Un pequeño tapiz sin terminar para El Arbolito Casa Cultural (Capítulo aparte VI)






20 de diciembre de 2024

jueves, 14 de marzo de 2024

Mis quince

Este año cumplió 15 mi blog. Exactamente el 15 de febrero de 2009 hacía mi primera publicación con un cuento dedicado al Chango Miguel Ángel Estrella. Acabo de darme cuenta, ahora que estoy haciendo un poco de orden y limpieza en todas mis casas y jardines y refugios. Y este blog es muchas cosas, sobre todo refugio. Aunque creo que ya nadie lo visita, solamente quien les habla, me empecino en seguir escribiendo por aquí, hacer extensos borradores a veces que hasta yo dejo caer en el olvido. En fin, también tengo la esperanza de eso que alguna vez llamé "conexiones silenciosas", que la poesía esté exactamente ahí, en el hecho de que alguien lea esto y, aunque no deje comentario alguno, le haga ruidito o algo lo que encuentra entre estas líneas, le provoque una sonrisa o un ceño fruncido.


Volviendo a los quince, y a pesar de toda la nostalgia y tristeza que están encerradas en algunos rincones de esta guarida, puedo decir que es un excelente motivo para festejar un poco también mi cumpleaños, estos quince en los que pasó de todo, como en cualquier vida, pero con este espacio que muchas veces me salvó, literalmente.


Otro día voy a celebrar el nacimiento de este árbol.

Por el momento, un anticipo de mi vestido de 15:





domingo, 24 de mayo de 2020

ʘ̥ꀾʘ̥



ミ๏v๏彡


😺😸😹😻😼😽🙀😿😾😺😸😹😻😼😽🙀😿😾😺😸😹😻😼😽🙀😿😾

miércoles, 29 de enero de 2020

De raíces, papeles y frutos maduros

¿Qué sucede cuando te ponés a ordenar porque decidiste que hay un montón de cosas viejas de las que tenés que deshacerte?

Encontrás un facsímil que ya es viejo de una publicación más vieja todavía, como es lógico. Lo abrís al azar y descubrís una belleza de 95 años.

Te enamorás, como la primera vez que lo leíste, cuando todavía ibas al secundario.

Te olvidás, de pronto, lo que viniste a hacer a la biblioteca. 

Llevás el poema contra tu pecho, lo apretás con ternura y decidís que hay cosas a las que todavía les falta años y años para envejecer.


Foto TolhuinBiblioteca. Facsímil de PROA N°14, diciembre de 1925



martes, 26 de febrero de 2019

Lilí.

🎶🎶🎶🎶🎶🎶
🎶🎶🎶🎶🎶🎶


se abre el cuaderno
anónimos y sueños
gritos de nubes

la siesta es rito
regalo de hojas verdes
poesía pura 

en el bordado 
cortinas y palabras
se abre un silencio

anecdotarios
otra historia de barcos
y desembarcos

voz que va y viene
del tiempo a las raíces
y en el amor

...que viene y va
belleza de Amaranto
ama y resiste

martes, 22 de agosto de 2017

De epígrafes ~ objetivos místicos y eclipses solares.

Primera foto: 
(A media hora de caminata) 






<°> Cucha de perro 5 estrellas improvisada 
por vecinos.
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Segunda foto: 
( A las 18: 30)






<°> Viejo empujando carro, cargado de algodones 
de azúcar, al sudeste, en medio de una avenida y
en sentido del tránsito.
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Tercera foto 
(Todavía de día):







<°> Bandita de tres músicos junto a semáforo 
tocando jazz.
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Cuarta foto 
(Con la última luz.
 Perderse o pasarse. Volver por un callejón. 
Encontrarse con la pared del cementerio. 
No la de la entrada por cuyo portón asoman
la arquitectura y algunos puestos comerciales 
de flores, placas y otros insumos para muertos. 
Tampoco la de atrás que dicta cada dos o tres metros:
"prohibido fijar carteles". Encontrarse con el muro lateral, 
alto, muy alto. Sin inscripciones, pues nadie allí fija nada. ):
 






<°> Árbol creciendo desde los cimientos.
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miércoles, 1 de febrero de 2017

Derecho al Allegretto. **

https://www.youtube.com/watch?v=dybx9mmKBAY


V Tiempo de la VI Sinfonía Pastoral de Beethoven. 
 Himno de los pastores: alegría y sentimientos
de agradecimiento después de la tormenta.
 
Escultura de Leone Tommasi 
en Jardín Botánico Carlos Thays de Bs. As.


...ooo000OOO000ooo...

**
Derecho a habitar lloviznas,
árboles,
fuentes 
y bancos solitarios
como a permanecer
en los lugares 
más sagrados.
Y derecho a la tristeza
como a un rito.



Son las despedidas. 






Fotos, video y derechos: Tolhuin.


(Epílogo:  Despedidas con derechos.Y otra vez, allegretto.)


...oooOOO000OOOooo... 

Epílogo adicional.


La VI sinfonía, PASTORAL, de Beethoven rompió con el molde clásico al tener cinco movimientos, en lugar de los cuatro típicos. Los movimientos son:
  • Erwachen heiterer Empfindungen bei der Ankunft auf dem Lande («Despertar de alegres sentimientos con la llegada al campo»): Allegro ma non troppo.
  • Szene am Bach («Escena junto al arroyo»): Andante molto mosso.
  • Lustiges Zusammensein der Landleute («Alegre reunión de campesinos»): Allegro.
  • Gewitter. Sturm («Relámpagos. Tormenta»): Allegro.
  • Hirtengesang. Frohe und dankbare Gefühle nach dem Sturm («Himno de los pastores. Alegría y sentimientos de agradecimiento después de la tormenta»): allegretto.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Setenta malvones.

Es verdad que cuando por primera vez leí el poema de Baldomero Fernández Moreno yo no sabía qué eran los "balcones". Había vivido mi entonces corta vida (6 o 7 años) en un barrio de casas bajas, época en que se usaban las estilo "americanas".
Sí conocía los malvones. Tanto en nuestro jardín como en el de la casa de mis abuelos había en abundancia.

Cuando me hicieron estudiar el poema, como se usaba en la época para recitarlo, a mí me salía "malvones" en vez de "balcones" aunque nunca dije en voz alta "malvones", hacía un esfuerzo por recordar "balcones". No sé si pregunté lo que eran, seguramente sí, debido a mi curiosidad, pero estoy segura de que imaginaba las flores. El poema en sus primeros versos quedaba así:

Setenta malvones hay en esta casa
setenta malvones y ninguna flor...

(Hasta tenía lógica: podía ser que las plantas no hubieran florecido aún).

Hoy en día cada vez que recuerdo el poema, y aunque conozca que se trate de "setenta balcones" y sepa lo que son, me los imagino cargados de malvones.

Hoy recordé estos episodios, el poema y los gajos, que mi abuela tomaba de algún que otro jardín, cuando salí al mío y encontré estas maravillas.




 Fotos Tolhuin en Casa de Argimón.

SETENTA BALCONES Y NINGUNA FLOR. 
BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO.

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color? 

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones? 

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín? 

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave...
¡Setenta balcones y ninguna flor!

Setenta malvones o Perdón, Baldomero.
Patricia Morante.

Setenta malvones hay en esta casa,
setenta malvones y todos en flor.
A sus habitantes yo sé qué les pasa:
aman su textura, aman su color.

Los jardines plenos de alegría cantan,
¡dan una algazara los rojos malvones!
Aquí los ánimos siempre se levantan.
Aquí sí hay poeta boba de ilusiones.

Todos deseamos ver tras la ventana
tanta maravilla en un solo jardín.
Un nacer continuo en cada mañana,
un vital dormirse de la tarde al fin.

Amamos las plantas y amamos el ave,
sabemos de música, rima y amor,
Siempre se oyen besos y a veces un clave...
¡Setenta malvones y todos en flor!

martes, 21 de junio de 2016

Sagrado



el sol de invierno
entrando a mi casa










sábado, 1 de febrero de 2014

Derecho a los desechos.


                                                                                          *****

Hoy estuve haciendo limpieza. Si bien no fue general, puedo considerar que fue profunda. Me deshice de cosas, a pesar de su historia, de sus arraigos en esta casa. Por ejemplo, me desprendí de una colección de pelusas increíble. Arremetí contra  talarañas, sin arañas, claro; es decir, vacías; porque si hasta las arañas las habían abandonado para qué conservarlas, me dije. También me deshice de un gajo de mandarina que hace tiempo había caído en un rincón casi inaccesible, un gajo que pasó por varios estados y cuyos hongos estaban ya deshidratados.
Limpieza profunda -como la de las mascarillas faciales-. Al menos intentó serlo.
Sin embargo, hubo rincones a los que no pude acceder y otros que a pesar de haberlos abordado, quedaron así, sin limpiar, casi con lo intacto de ese tiempo, es decir,  amarillentos, un poco secos, cubiertos por una fina capa de polvo. Otros rincones, doblados en cuatro, por cuyos pliegues se deslizaba la penumbra, como al pasar, permitiéndome un vistazo y un recuerdo fugaces.
Sí, tuve varios incidentes mientras emprendía la tarea (lo de limpiar nunca fue fácil para mí). Debo admitirlo, soy un poco torpe y cuando limpio en un lado, ensucio en otro, además de que tropecé varias veces con objetos de los que creía haberme deshecho alguna vez. Por ejemplo, inciertos papeles escritos, que cuando quería meterlos en la bolsa para tirarlos se me pegaban a las manos y a los brazos como queriendo escapar de un triste final. Diversas cartas de bocas abiertas y ojos llorosos. A mi hombro izquierdo, el que no está luxado, (porque también me accidenté el derecho tironeando de un cajón que se resistía a ser abierto, uno que pesaba tanto que temí encontrarme con algo insólito en su interior, pero sólo estaba trabado) se subió una de las cartas y se dobló magistralmente hasta transformarse en pajarita. Y aún está meneándose, colgada de una hebra enrulada de lana que se le unió para salvarse.
Encontré rincones, a los que les dediqué no hace mucho un esmerado aseo, completamente desordenados.
Es muy difícil y hasta angustiante cuando las cosas no colaboran, no ponen voluntad; y más cuando demuestran que "entienden" pero no asumen su destino de desecho.
En una de las habitaciones más pequeñas aparecieron bollos de papel y de otros materiales que, al momento de agacharme para juntarlos, se deslizaban hacia adelante como cuando una comete la torpeza de patearlos en el preciso instante en que los alcanza con la mano.
El más incidentado fue el hecho de que me tropezara con la montaña de sal en ese cuartito del fondo de la casa. No imaginé que hubiera quedado tanto residual. No pude quitar del todo las manchas blancas del piso ni completar las baldosas carcomidas.
No sé que les pasa a ustedes cuando limpian, si es que limpian, si es que deciden deshacerse de objetos que sólo estorban. Pero, ya ven, a mí no me resulta nada sencillo sobre todo si me encuentro a cada rato con dificultades de lo más sofisticadas. Porque además, allá arriba, en el techo, en la parte más alta, la que sólo puedo ver cuando me recuesto para leer, fue a parar, no sé cómo, esa agenda horriblemente forrada en cuerina. ¿Puede un objeto que ya fue roto, quemado, vuelto a romper, y tirado al cesto, vanagloriándose de su condición de "perpetuo", ofrecer tanta, tanta resistencia?


  Foto Marciano.

***** Tolhuin.
"Corriendo el agua después del carnaval" 
Olivera, Pvcia de Buenos Aires, 1985.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Informe sobre rincones.

I.
Punto de partida.
¿Cuántos rincones
se procura alguien
en el lugar que habita?

II.
Primeras apreciaciones.
Una voz,
dos voces,
tres voces...

III.
Clasificación.
El de la humillación del penitente,
el del paraguas escurriendo
tristemente la última lluvia,
el del apenado paraguas
seco y reseco de olvido,
el del florero explícito,
el del implícito
(también llamado penitente),
el del fusil,


el de llorar en la manga
de la camisa,
el del beso robado
o el del "arrinconamiento",
el de los recuerdos,
el del paraguas
escurriendo olvido,
el elegido para tejer,
el de atrapar la presa,
el de la última gota
de penumbra,
el de la ropa para lavar,
el de la soledad atrincherada,
 
el del juego de las escondidas,
el que se deshace junto con uno,
el de perder tiempo
de espaldas a la pared,
el de jugar con el palito,
con los pocitos,
con los bichos bolitas
u otros seres diminutivos,
el del paraguas
siempre escurriendo.

IV.
Conclusión final.
Rincones: "decir",
"dicen".
Lo demás
es silencio
en la casa.