El video muestra un árbol
pero se escucha un pájaro
El video muestra una calle transitada
pero se escucha una sirena de bomberos
El video muestra mis manos
pero se escucha tu voz
16/04/26
No es cosa de estudiantes secundarios
ni una paradoja mal construída
Tampoco un juego absurdo de palabras
Hubo última función ayer
y la sensación es confusa
Sonetos encendidos se despide
pero tal vez no se apague
O tal vez se apague pero no se olvide
O finalmente se olvide
San Miguel de Tucumán, 21 de marzo de 2026
Sin embargo...
Catorce fotos dicen que es soneto
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| Un desencuentro es también un encuentro |
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| Fotos Tolhuin en La Caracola~Casa Atelier |
| Foto Tolhuin en Complejo Araí~Los teros y Belisario~V. Ventana |
Las que mejor duermen de noche
son mis manos. Duermen de verdad.
Yo no las dejo. Les ordeno hacer ejercicios
de todo tipo para mantenerlas activas.
Me da miedo que un día
no vuelvan de tan profundo sueño
o, en el peor de los casos,
que se mueran antes que yo.
Me reencontré con una foto desenfocada y para nada justa con el momento mágico y hermoso que pretendía atrapar.
Myrian había empezado a despedirse y en mi afán de hacerle un homenaje y tratar de despedirme también, emprendí una búsqueda de imágenes. Aparecieron entre ellas la cabeza de Lucía y las manos trenzadoras de Miryan. Un gesto simple y bello sobre el que había querido escribir y para el que entonces no había encontrado palabras.
En medio de la lectura actual de "Esta herida llena de peces", novela de Lorena Salazar Masso, un episodio me conmovió más que otros y me llevó de nuevo a la foto, al ritual, al gesto.
La historia de ese tremendo libro, la de la búsqueda para llegar a él y la de las emociones durante la lectura se fueron trenzando en mí como si alguien empezara por acariciar mi cabeza, dividir mi pelo y, con hebras escasas y descoloridas, escribir la poesía más abundante y bella.
Como escuchar la voz de Myrian mientras me trenza/ nos trenza y que la foto en el corazón sea de las más nítidas, justas y sonrientes.
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"Las costumbres simples permanecen: nadar en el río, cocinar arroz (...) o trenzar a una vecina. Las trenzas unen a la dueña del pelo y a quien lo trenza en una complicidad íntima; la trenzada deja ver sus raíces, se arrodilla ante otra para que disponga de su fuerza y encanto. La trenzadora es responsable de crear caminos, ríos, salidas en el pelo de la otra, unida a todas las mujeres que han sido trenzadas en la historia". Lorena Salazar Masso en Esta herida llena de peces. (Concreto. Pág 40)
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No hay más invierno que este invierno
No hay más ausencia que la tuya
Mañana desapacible. Mi calle. Mi barrio. Hoy.
Palo borracho desprendiendo su algodón
Bignonia anaranjada luciendo la esquina
Aguaribay curalotodo
Fitito pintado como yema de huevo
Jardín en la vereda con achiras rojas
Ginkgo biloba amarilleando a pleno
Hornero con el pico en el barro
Huevitos de gallo para completar el desayuno
Antes, mucho antes, mis pies atravesando el umbral de la puerta
Maravillas que sostienen la vida y los recuerdos
Hoy
En mi barrio
En mi calle
En la mañana desapacible
Te amo para siempre gatito mío que hoy te fuiste de viaje. Eras, como suele decirse, más bueno que el pan, por eso te pusimos Milonguita. Después, claro, nació el apócope~apodo y además, repetido.
Llegaste chiquito en mayo de 2022, lleno de parásitos y con hábitos más bien perrunos. Tardaste un montón en curarte. Y desde que entraste a esta casa no dejaste de ronronear. Nos veías y ya empezabas. Eras amigo de las siete gatas y los otros tres gatos. No te encontraban si querían pelearte, por el contrario, creo que te buscaban para dormir, sobre todo los días de frío.
Soportaste mis lecturas en enfática voz alta en un período muy difícil de mi vida. Pero, claro, tus ronroneos me cambiaban el ánimo y me ayudaban a "desatar a la mujer fuerte".
No sé qué te pasó hoy, el Colo me avisó que estabas debajo de la camita. No puedo dejar de llorarte.
Un día te voy a escribir algo más bonito porque bonita es la historia desde que apareciste en mi vida. Ahora solo me urge desahogarme, por eso miro las mil fotos que te saqué, por eso te agradezco todo lo que me enseñaste.
tu trenza, hermana
tu barro esencial
tu canción
tu palabra
tu batalla
tu fuerza
tu amor
tu grito
tu sed
todo
todo
todo
en
mí
en
mí
todo
todo
todo
tu paz
tu arte
tu vuelo
tu tierra
tu huella
tu sonrisa
tu docencia
tu sueño esencial
tu trenza, hermana
tus manos, tu mirada
Todos los días pienso en él. Nunca una ausencia estuvo tan presente. A veces es una paz absoluta; otras, dolor, en diferentes grados e intensidades.
Tengo un recurso que uso para transformar el malestar o la tristeza en algo creativo. Aunque a veces no hay nada que me haga salir de las profundidades y permanezco allí por tiempo indefinido.
Me aferro a frases y gestos que recuerdo de él, recuerdos de tiempos amorosos para poder vivir este presente.
Un día, mientras miraba las macetas que se balanceaban dijo: "los jardines colgantes de Pata" y se rio. Le quedó ese nombre a ese sector del alero. Y a partir de sus palabras y gestos de cuando el amor se sentía entre nosotros trato de mantener la belleza como la de un espacio sagrado, lleno de vida. Imito o transmito esas palabras a otros sectores, me armo rincones, les pongo nombre. Clasifico, siembro, reciclo, trasplanto, composto. Cuido más que nunca el jardín a partir de su ausencia. Así creo que lo traigo, lo abrazo, nos reímos.
Cuando paso por la pared despintada que quedó detrás de un montón de plantas evoco el juego que hicimos una vez, el de buscar personajes e historias entre el deterioro de la pintura. Habíamos estado horas de frente a la pared descubriendo figuras.
El fondo de mi casa, el afuera, quedó dividido de la siguiente manera gracias a mi hijo:
(Este borrador empezó a escribirse el 8 de enero de 2025 y continuó el 5 de febrero...)
Leo un poema en voz alta
cada mañana al despertar,
antes del desayuno
antes de la pastilla obligatoria,
incluso antes de revisar el móvil.
Un poema.
Saboreo sus palabras.
Remoloneo en la voz.
Con las manos entumecidas
acaricio sus páginas.
No importa la autoría
ni el tópico ni el estilo.
Poema,
belleza nuestra de cada día,
dánosla hoy.
I Costureros de viaje o multiplicación de los hilos.
Uno es reliquia y otro, pura nostalgia.
Caja de chocolates "Día de los enamorados", éste;
monedero dorado de la abuela, aquel.
Hay un tercero de vida ambulante y constante.
Lata mediana de caramelos intervenida,
y con cambio de contenido.
Agujas de ojos grandes, como las mujeres de Mastretta.
Hilos de bordar de colores, texturas, grosores
y edades diversas donde también viven los ancestros.
Alfiletero hecho de esponja en desuso forrada en tela.
Tijera plegable made in China.
Enhebrador. Dedal.
Sale algunos domingos rumbo a Plaza Irlanda
(colectivo~ tren~ caminata)
y se abre al encuentro de telas, bastidores,
charlas y canciones.
Se despliega como otros sobre la mesa larga,
se integra, se pierde por momentos
bajo la sombra del gigante amigo
o la caricia de la bandera comunitaria.
Las telas dicen, piden y reclaman:
justicia, un espacio de memoria,
que el dolor se transforme en lucha;
y las agujas que suben y bajan,
labran las historias.
El costurerito o bordaderito
entre semana sale al jardín
del fondo de la casa.
Aunque la mesa es pequeña y la soledad, grande,
igual se destapa
y en medio del amoroso desorden
que trajo de la plaza
y, a pesar de los hilos ya usados,
revela que se volvió
con muchas hebras de más
y con gran deseo
de seguir contando hasta el próximo abrazo
en Caballito.
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| Las telas dicen, piden, reclaman. |
Manos compañeras bordan bandera comunitaria |