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| Foto Tolhuin durante las sesiones de fisio kinesiología por rectificación de columna |
En 2024 se cumplen 100 años de la edición del poemario Ternura de Gabriela Mistral.
La obra tiene una particularidad insustituible. En ella, Mistral ha querido hacer una poesía escolar nueva que no por ser escolar deje de ser poesía; más delicada que cualquier otra, más honda e impregnada de cosas del corazón. Canciones de cuna, rondas, jugarretas, cuenta-mundos, arrullos, arrorrós ponen aquí en vigencia soñadora, el hablar y el cantar propios del alma infantil. (quelibroleo.com)
Hoy, en el día de su natalicio va este homenaje a una autora cuyos poemas~canciones aún recitábamos de niñas en los '70.
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Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, Gabriela Mistral (en honor a dos de sus poetas favoritos: Gabriele D'Annunzio y Fréderic Mistral), nace en 1889 en Monte Grande, capital de la provincia de Elqui, al norte de Chile. Es hija de Petronila Alcayaga Rojas y de Juan Jerónimo Godoy Villanueva. Su padre era profesor y poeta y, pese a que abandonó el hogar cuando la niña tenía solamente trece años, ella lo reconoce como una figura que la inspiró a dedicarse a la poesía.
A los quince años, comienza a trabajar como maestra, a
publicar sus primeros escritos en periódicos de la zona, y a colaborar en la
revista literaria Elegancias, dirigida por Rubén Darío. En 1910, comienza un
recorrido por diferentes escuelas rurales de todo Chile.
En 1914, gana el concurso literario de los Juegos
Florales de Santiago con sus Sonetos de la muerte, una serie de tres sonetos
que, tal como lo indica el título, tienen a la muerte como tema central. La
obtención de este premio le da un gran reconocimiento a nivel nacional.
En 1922, tras once años de trabajar como maestra rural en su
país natal, Mistral es contratada por el gobierno de México, por petición del
ministro de educación, el famoso escritor y educador José Vasconcelos, quien
estaba llevando a cabo en su país una gran reforma educativa. Ese mismo año, se
publica en Nueva York su primera obra: Desolación.
Entre los años 1922 y 1923 mientras residía en México Gabriela
Mistral escribió un conjunto de textos dedicados a San Francisco de Asís. Parte
de estos poemas aparecieron publicados en el diario El Mercurio y en la revista
mexicana Falange. En 1965, ocho años después de la muerte de la poeta, la
Editorial del Pacífico publicó algunos de estos poemas bajo el título Motivos
de San Francisco, cuya selección estuvo a cargo de César Díaz-Muñoz Cormatches.
Tras vivir dos años en México, consagrada a su tarea de
educadora y poeta, y rodeada por una gran cantidad de intelectuales, Mistral
viaja rumbo a Europa. Allí, en 1924, publica su segunda obra poética: Ternura.
Tras recorrer el viejo continente y pasar por Estados Unidos, Gabriela regresa
a Chile. Sin embargo, la situación política que se vive en su país natal es muy
tensa, lo que la obliga a partir de nuevo rumbo a Europa. Allí, ocupa el cargo
de secretaria en una sección de la Liga de las Naciones.
A partir de entonces, comienza a vivir viajando por
diferentes países y ejerciendo distintos cargos, generalmente relacionados con
la educación. Empieza a ser reconocida mundialmente tanto por su poesía como
por su labor como educadora. En 1938, se publica en Buenos Aires su tercera
obra poética: Tala. (El nombre con el que Gabriela Mistral titula el poemario obedece a una palabra utilizada en la Teosofía –a la que la
autora se acercó en muchos momentos– que significa lugar, superficie, terreno,
suelo, llanura, fondo, estado o condición).
En 1945, Mistral recibe el Premio Nobel como distinción a su
obra lírica, que se ha convertido en un símbolo de las aspiraciones idealistas. Es la primera poeta latinoamericana en recibir el premio con cuyo dinero se compra una casa en Santa Bárbara, Estados Unidos. Allí conoce a
Doris Dana, una escritora estadounidense con la que viviría hasta el final de
sus días.
En 1953, es nombrada cónsul de Nueva York y delegada de la
Asamblea General de Naciones Unidas. En 1954 publica su cuarta y última obra,
exceptuando las obras póstumas: Lagar. Ese mismo año es invitada a Chile por el
gobierno de Carlos Ibañez del Campo y recibida con honores.
En 1957, Mistral, afectada por múltiples enfermedades, muere
en Nueva York.
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"Champaquita de mi corazón, recorriendo la biblioteca tropecé esta mañana con una varilla de madera amorosamente atada con lanas de colores (no podía ser de otra manera, claro). Con la fuerza y la belleza de lo natural sostenían un mundo de rojos pájaros capaces de volar en el lado más sutil y consistente del aire. Qué placentera emoción me provocó leer esos poemas. Muchos de ellos los recordaba casi de memoria, como también tu imagen menuda, pero enorme en ternura y convicción, leyéndolos..."
Es la primera parte del mensaje de mi amiga y admirada poeta y narradora, Ana María Oddo que desde que supo de mi felicidad por haber subido al cerro Champaquí en el 2015, me evoca con el nombre "Champaquita". A mi me encanta porque además de que viene de ella, me recuerda esos días que fueron un hito en mi vida. Con ese nombre me lleva inmediatamente (me teletransporta) a la naturaleza más pura, a los diferentes momentos del trayecto, a las dificultades que se fueron presentando y al modo de resolverlas y, sobre todo, a lo compartido con Marina, Chochi (nuestro guía) y Martín. Y estoy sintetizando porque si tengo en cuenta la infinidad de imágenes que se me aparecen podría escribir muchísimo más acerca de esta vivencia.
Yo, que ando diciendo que "hemos perdido la ternura", más bien la vengo encontrando en todos y cada uno de estos gestos, palabras, evocaciones, soñados reencuentros. Quiero que Ana, que hoy me escribió el mensaje refiriéndose a un librito mío, sepa que conocerla a ella también marcó un antes y un después en este camino que por lo general es a nivel del mar, aunque en muchas circuntancias, "desnivelado", y que esporádicamente me encuentra a 2800 metros de altura. Y estoy sintetizando porque si tengo en cuenta ese "después" de haberla conocido no me alcanzarían las palabras para describir todo lo que hicimos juntas.
Y el mensaje de Ana sigue así:
"...Cuánto de mí evocaron esos poemas. Cuánto de quien fui en ese tiempo. Cuánto de quien fui en la que soy. Por un momento sentí una cierta orfandad al recordar lo compartido en otro tiempo. Pero después comprendí que lo que uno ha sido, si es auténtico, sigue siendo y seguirá. Gracias por todo lo que das en cada verso. ❤️"
Gracias a vos, Anita de mi corazón, por tan hermoso sobrenombre, por releerme, por recordarme la felicidad y por tu inquebrantable e infinita ternura.
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Proyecto: El Arte de la Ternura. Recopilación de voces, textos, fotos dibujos que digan, canten, hagan, celebren la ternura.
patamorante@gmail.com