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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

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miércoles, 12 de febrero de 2025

LA RANA 🐸 o PERDÓN, CONRADO 🙏

Soneto anfibio del río Grande, Tilcara, 2024

Morón~ San Miguel de Tucumán 2025


¡Qué bien suena la flauta de la rana!

Pero no es una flauta, en un  platillo

de vibrante cristal de a dos desgrana

gotas de agua sonora... 

                        Conrado Nalé Roxlo


Música porque sí, música vana:

mi corazón que es charco y es derroche

como la vana música de rana

se autopercibe rana en esta noche


Este cielo estrellado ¿es de cerámica?

¿Es oscuro cabello el del molle?

¿O es que en mi nueva condición de rana

veo todo a lo rana en esta noche?


¡Qué bien suena el triángulo del grillo! 

Pero no es el triángulo: un palillo 

va tañendo los bordes de la grama 


y el cemento del puente. ¡Qué sencillo 

es a quien tiene corazón de rana

escribir sonetos de pura gana!


Daniel Aráoz Tapia~ Patricia Morante


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Letra para el estrambote que no fue pero pudiera ser:

De paseo y reencuentro en Tilcara atravesábamos caminando casi todos los días el puente vehicular, que aún no había sido habilitado, sobre el río Grande.

Una de las noches en que regresábamos a la casita de Villa Florida escuchamos a las ranas. Fue recordar los versos de El grillo de Conrado Nalé Roxlo  e imaginar que podíamos darle un giro o varios según nuestro estilo particular de cambiar con total desfachatez las letras de canciones y los versos de poemas. Así comenzó el proceso renacuajo hasta llegar al soneto anfibio.

Foto Tolhuin sobre el puente de río Grande~ Tilcara. Edición Arte Marciano


viernes, 25 de octubre de 2024

Puertas

 (De un borrador del 27 de abril de 2014)



Fantasmas eran los de antes. 
Los de ahora aprovechan a entrar 
justo cuando estás a punto 
de cerrar la puerta. 
No atraviesan paredes. 
Y si te descuidás, hasta te abren la heladera.
Tercerizaron el trabajo con tus mascotas
y otros seres de por ahí.
En casa, por ejemplo, le echan 
la culpa de todo al gato.
Te los encontrás en los pasillos, 
en tu sillón con tu (mismo) gato encima 
y con el control remoto en la mano.
Los fantasmas de hoy en día
no atra viesan pa re des,
buscan fama, salir en tv
y adoran que opinen sobre ellos.


Una fantasma.
Me pidió que la escuchara
que no me asustara
que nada iba a pasarme
Pero empezó a criticarme
a decirme lo que tenía que hacer
a mofarse de mis gestos
Primero me sorprendí
después me ofusqué
le contesté mal
creo que le grité
Ella seguía allí
encima de la ropa desordenada
se quedaba en silencio
esperaba agazapada
Sonreía mientras aguardaba

Me pidió
me contó
me advirtió
la escuché
la escuché
la escuché
se rio
se mofó
me criticó
me sorprendí
me enojé
me ofusqué
Volvió a pedir
volvió a contar
volvió a advertir
volví a escuchar
le contesté
me le planté
me imitó
se me burló
me mandoneó
...
 los fantasmas ya no atravesamos paredes
dejame abierta la puerta

jueves, 14 de marzo de 2024

Mis quince

Este año cumplió 15 mi blog. Exactamente el 15 de febrero de 2009 hacía mi primera publicación con un cuento dedicado al Chango Miguel Ángel Estrella. Acabo de darme cuenta, ahora que estoy haciendo un poco de orden y limpieza en todas mis casas y jardines y refugios. Y este blog es muchas cosas, sobre todo refugio. Aunque creo que ya nadie lo visita, solamente quien les habla, me empecino en seguir escribiendo por aquí, hacer extensos borradores a veces que hasta yo dejo caer en el olvido. En fin, también tengo la esperanza de eso que alguna vez llamé "conexiones silenciosas", que la poesía esté exactamente ahí, en el hecho de que alguien lea esto y, aunque no deje comentario alguno, le haga ruidito o algo lo que encuentra entre estas líneas, le provoque una sonrisa o un ceño fruncido.


Volviendo a los quince, y a pesar de toda la nostalgia y tristeza que están encerradas en algunos rincones de esta guarida, puedo decir que es un excelente motivo para festejar un poco también mi cumpleaños, estos quince en los que pasó de todo, como en cualquier vida, pero con este espacio que muchas veces me salvó, literalmente.


Otro día voy a celebrar el nacimiento de este árbol.

Por el momento, un anticipo de mi vestido de 15:





martes, 2 de enero de 2024

Instrucciones para mentir lindo

Para esta actividad se necesitará un jardín o un patio con plantas, una manguera, una canilla de la que extraer agua y (optativo) un acople de riego multifunción. Se podrá realizar también con un balde o regadera pero, cabe aclarar, que la calidad de la mentira será superior con una manguera.

Mientras no se produce la real, verdadera, genuina, generosa lluvia, salga a su patio o jardín y comience a hablar, como hace siempre, ni bien atraviese la puerta. Podrá expresarse con las palabras que desee, incluso con vocablos inventados o frases oliveriogirondianas ("el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan y nooan", por ejemplo). El tono y volumen también quedan a su criterio pero se recomienda que este último crezca paulatinamente. Se sugiere empezar con un murmullo suave e ir en aumento sin llegar al grito desaforado pues la mentira podrá ser descubierta de inmediato.

Mientras se dirige hacia el lugar donde está su manguera  e incluso cuando la está conectando a la canilla puede hacer referencia al clima. Decir por ejemplo: "¡Uf, que lorca!, ¡qué día pesado!, ¡cuanto hace que no llueve!", entre otras frases por el estilo. Incluso, dirigirse con las palabras a algunas plantas en particular: "vos, cherry necesitás agua todos los días", "pinchudo, que grueso estás, vos si que la pasás bien", "ay, mami petuña, te me estás arrugando", "qué rica carne gorda por aquí" (mientras le echa un mordisco a una de sus hojas), "Espada de Saint George, con esas flores más que matar al dragón lo vas a enamorar",etc. En este punto es válido usar matices en la voz y sobreactuar un poco. También puede hacer de cuenta que alguna planta entabla un diálogo con usted:-¿qué decís, Nella?... ay, qué loca... ¿que la gata te dijo que iba a llover?... si las gatas no hablan, fantasiosa-. Puede terminar esta parte con una risotada no demasiado estridente.

El siguiente paso será realizar el riego como usted acostumbra, en el orden que prefiera, mientras continúa con la charla, siempre y cuando ésta no le impida concentrarse en la actividad. Llegado este punto es conveniente que coloque su dedo en el orificio de salida de la manguera y mueva rápidamente la mano para abarcar la mayor cantidad posible de plantas. Incluso puede dirigir hacia arriba el chorro para beneficiarse usted misma mientras exclama con un notable cambio de tono y aumento inaudito de volumen: -"se largó", "llueve", "qué bendición", o frases acordes. Si dispone de un acople de riego multifunción la calidad de esa lluvia mentirosa alcanzará el nivel premium. Es importante que sostenga esta actividad por unos cuantos minutos y que se crea su propia mentira para disminuir el riesgo de ser descubierta (disminuir el "riesgo" no así el "riego"), pero no exagere ni sobreactúe demasiado, no se pase de tiempo ni derroche agua, no sea cosa que la manguera termine siendo émula del corazón buchón del cuento de Poe.

Es válido que mientras esa "lluvia" se produce, usted pueda seguir emitiendo palabras: "hola, yuvilinda, acá te esperábamos"; "¿viste, malvoncito, qué fresca está?; "¡ay, salvia de mi vida, cómo bailás bajo las gotas, ¿eh?!"; y otras canciones similares. 

Casi sin que se dé cuenta, absorta en el disfrute con todos los sentidos, saldrán las lagartijas desde las grietas, volarán abejas alrededor de la heteropteris glabra, pasará cerca de su cabeza el colibrí con ese zumbido tan característico para buscar agüita entre las hojas y algún que otro insecto pequeño además de flores.

Usted agrandará la sonrisa y no podrá creer que fue una mentira la que la llevó a ese estado, una que no tendrá consecuencias nefastas y que usted le quiso hacer creer a sus plantas y a otras criaturas del jardín cuando en realidad todas ellas son cómplices de una acción gratificante en una tarde calurosa de verano: FINGIR LLUVIA.








jueves, 30 de noviembre de 2023

Efecto dripping~liqui



Es en serio. 
Salpicré, el duende del último patio.
El que pinta las hojas de la begonia
tallo de caña, alas de ángel.
El que me recordó la técnica aplicada
en 3er grado con témpera, peine 
y cepilllo de dientes.
Anoche estuvo en el jardín.

Las pruebas están a la vista
pero también hubo corridas de gatos
fuera de lo normal.
Hubo sonidos extraños
en la ventana.
Y un olor cuya procedencia
descubrí recién por la mañana.
Escuchá duende, mago 
o como te guste que te llamen:
quedó divina la única hojita
que pintaste, 
pero ¿tenías necesidad 
de desparramar por las baldosas
y gastarme todo 
el corrector líquido? 

jueves, 25 de noviembre de 2021

El drama de la flama


A veces me obsesiono con la luz de las velas.
Será por esa fascinación que me viene desde el juego de las sombras en los espejos°°.
Tal vez es el olor que la llama deja, esa huella penetrante que queda en el aire aún después de la extinción total del pabilo.
Querer eternizar la luz a través de las fotos es un ejercicio que me puede entretener durante horas, es decir, el tiempo de dos o tres velas, por lo menos.
Por eso, para no consumir de más ni desperdiciar, aprovecho los cortes de energía eléctrica, las cenas pretendidamente románticas y los oficios religiosos.

Las veces que asistí a uno de estos últimos fue solamente por los fueguitos, por el cirio y porque me aseguro de que todo comience con una procesión en la que cada creyente se provea de un candelabro o similar para marchar detrás de la imagen de algún santito y/o virgencita. Ya entrada la noche, es hermoso ver esas filas encendidas, desafiando frenéticamente la oscuridad.
Mi encandilamiento me lleva muchas veces a lugares inesperados. Me olvido de dónde estoy, entro en el mundo de mis deseos como quien franquea la puerta de un lugar restringido, con la decisión de descubrirlo todo. Tanto es así que en la última misa sucedió la pelea definitiva con el cura porque en el momento en que él se aproximó con el ahogador de llamas, yo me interpuse exigiéndole a viva voz que no lo hiciera, que no la mate a ella, tan necesaria para la vida (y para mis tomas).
"Hija, es parte del rito", expresó blandiendo el apagador. Pero yo no quería entender y a raíz de una invitación enérgica que alguien pronunció desde el fondo, terminé abandonando el recinto.

Y como considero que los cortes de energía eléctrica merecen un capítulo aparte, paso a contar que con las cenas romanticonas no me va mejor. ¿Para qué entrar en detalles? Basta con decir que a causa de la diferencia de criterios con las velas se malogran mis citas. Llega un momento en que el acompañante dice algo así como: todo muy lindo pero no veo una mierda... Y yo, que mientras disfruto de la masticación ya estoy programando una fotografía heroica, de pabilo tembloroso o enhiesto, de llama anaranjada o azul, según la ocasión, de inequívoca parafina chorreante como cascada caliente, sospecho el asqueroso soplido que se viene y me adelanto diciendo: no hay mucho para ver. Y el otro: dejá de joder, a mí me gusta mirar la comida. Y yo: qué rápido se te termina el enamoramiento a vos. Esto último con voz de falsete, enfatizando el "a vos" y acompañando todo con el gesto de arrojar la servilleta sobre la mesa con la mano izquierda y llevarme con la derecha la vela aún encendida a otro ámbito de la casa o del restaurante para poder fotografiar a gusto. Y el otro:¡el quilombo que armás por esa vela del culo! Mirá, mirá la romántica...
Y yo, ya desde el baño o la pieza contigua, afinando la voz para que penetre en su oído: qué cita ni cita, qué comida ni comida, qué romántica ni romántica, a mí sólo me interesan las velas.









 °° https://corazondelarbol.blogspot.com/2022/02/el-juego-de-las-sombras-en-los-espejos.html


jueves, 7 de mayo de 2020

martes, 13 de mayo de 2014

Antes de la lluvia.

Fantasmas eran los de antes. Los de ahora ya no juegan bien a las escondidas, prefieren ser descubiertos y hasta salir en algunas redes sociales para que todos den opinión acerca de su popularidad. No atraviesan paredes. Y si te descuidás, hasta te abren la heladera. Te los encontrás en los lugares más concurridos de la casa, en tu sillón con tu gato encima y con el control remoto en la mano. Quieren tener amigos, contactos y pertenecer a grupos. Además, muchos, tercerizaron el trabajo, entonces, no se sabe si lo que aparece a la vuelta del pasillo es uno perteneciente al sector patronal, un trabajador en relación de dependencia o el de una empresa contratista.
Hoy mismo me topé con uno de estos (o aquellos), venía detrás mío, calladito. Recién me di cuenta cuando entré a la habitación. Chistó o hizo un sonido parecido a modo de advertencia para que no cerrara la puerta detrás de mí, aparentemente para que no lo dejara afuera.
-¡Epa! ¿Qué pasó con tus habilidades? ¿Ya no atravesás las paredes?-.
¡Y, sí! Me dio bronca que fuera tan ventajita.
Por supuesto que no respondió, al menos no lo hizo de inmediato.
Yo no sabía con exactitud en qué lugar del cuarto se había instalado pero estaba segura de que andaba por ahí. No sé cómo explicarlo porque no hizo sonido alguno pero podía percibir una especie de respiración muy leve. Raro, por lo que sé, estos tipos no respiran... ni chistan.
A decir verdad, mi oído no está entrenado para escuchar infrasonidos pero me quedé prestando atención por dos motivos: el primero fue que mi gata salió corriendo cuando yo entraba, en vez de quedarse ocupando el centro de mi cama como hace siempre; y el segundo, que la percepción no tenía que ver con el oído, tampoco era un sexto sentido, ¿eh?. (No me estoy haciendo el  Haley Joel Osment o el Cole Sear de la película homónima). La percepción era una especie de "piel de gallina"...

Lo cierto es  que esta vez yo estaba dispuesta a descubrirlo o, al menos, a confirmar mi locura.
Tenía la certeza de que, si le hablaba directamente, no iba a contestarme.
Por lo que sé, antiguamente,  los fantasmas no querían ser descubiertos. Pero éste, el entrometido, tenía un propósito particular como para querer entrar conmigo por la puerta y, además, no intentar deambular por toda la casa molestando a las mascotas.
Quise mostrarme indiferente ante la situación. Emprendí la tarea de guardar ropa que estaba en una silla cuando, después de sonoro trueno, se cortó la luz. No me afectó demasiado y me tiré en la cama. Entonces lo escuché, o, mejor dicho, "la escuché", porque la risa era femenina.
-Por lo menos tuviste la intención-. Dijo después de su tonta carcajada  que hasta me pareció  familiar. -¿Cuánto hacía que no te ponías a ordenar antes de que la ropa se empezara a caer por su propio peso?-.
-Desde el último invierno-. Le contesté con gran naturalidad y después reaccioné. -Bueno, ¿qué te importa? Encima tengo que aguantar tu risita burlona.
-Mi risita burlona es reflejo de la tuya-. Dijo segura y con un tonito muy conocido.
-Lo que no pensé es que me resultaría tan fácil descubrirte, es decir, me pongo a ordenar la ropa y enseguida saltás...
-Sabés que no puedo controlar la risa ante ciertas situaciones grotescas-. Y siguió riendo.
-Es verdad-. Le dije con la mayor soltura. Pero ¿cómo que era verdad? ¿De dónde había sacado yo que esa fantasma se tentaba ante lo irónico del destino? ¿Cómo podía estar tan segura de que la combinación "decisión para guardar la ropa-corte de luz" le hacía tanta gracia?

Ella rio unos segundos más mientras yo cavilaba en la oscuridad. Me incorporé lentamente hasta sentarme. Quería comprobar si mis ojos, adaptándose a la falta de luz, podían vislumbrar una silueta, una sombra o algo que me hiciera reconocer la fisonomía de mi interlocutora. Sin moverme comencé a recorrer con la vista mi habitación, cada rincón. Ella había hecho silencio con lo cual no podía darme cuenta de dónde venía la voz que un momento antes se había hecho notar. Creo que, de todas maneras, no lo hubiera reconocido porque, si bien era un timbre familiar, su procedencia era dudosa, como si proviniera del otro lado de la pared o algo así.
El silencio se hacía denso y a mí no se me ocurría qué decir. Parecía que en esos segundos se hubiera detenido hasta el karaoke de los vecinos.
Tuve la sensación de que la oscuridad y el silencio me pesaban, me comprimían. Me olvidé de mi visitante y otra vez me hallaba completamente sola, sentada en medio de la cama, con un caos de ropa sobre la silla y sin esperanzas de luz.

Fue entonces cuando sucedió. Un leve movimiento sobre la pila de ropa. El desliz de una media...
-¿Es mullido, por lo menos?-, pregunté, -digo, para un trasero de fantasma.
-¿Fantasma? ¡Qué original! ¿Cómo estás segura de que se trata de un fantasma? ¿Estás bien vos o tenés algún otro problema?-. Dijo comenzando a mostrar su sonrisa.
-No se me ocurre otra cosa. Entrás conmigo, mi gata sale corriendo, no te dejás ver... Bueno, ahora estás empezando a mostrarte.
-¿Te miraste a un espejo...? Tu mascota salió corriendo porque no soporta tu cara, ni tu energía. Yo o, mejor dicho, esta parte de mí, no tiene nada que ver con eso.

Otra vez se hacía un largo silencio . Yo estaba muy confundida y a la vez fascinada con el deseo de que se corporizara de una vez. No sé por qué pensaba que de un momento  a otro se produciría la metamorfosis, si vale el uso del vocablo para esta ocasión.
Cerré los ojos levemente y se me apareció la sonrisa, esa que apenas se había dejado ver. Un destello blanco en la oscuridad del cuarto. Traté de concentrarme en esa visión: una sonrisa no muy amplia, contenida por unas leves arrugas... los incisivos más bien prominentes... Se empezaba a dibujar difusamente un rostro y enseguida desaparecía...

" ¿Te miraste a un espejo...?", era la frase que resonaba más fuerte.
A decir verdad, hacía tiempo que no usaba uno...

-Mirate, haceme caso-. Agregó como pidiendo un favor y las cortinas se movieron levemente sin que el ventanal estuviera abierto.

-Y algo más para la próxima: ¡Dejame la puerta abierta!-, se escuchó en el instante previo al croar del sapo.

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¿Continuará...?

sábado, 1 de febrero de 2014

Derecho a los desechos.


                                                                                          *****

Hoy estuve haciendo limpieza. Si bien no fue general, puedo considerar que fue profunda. Me deshice de cosas, a pesar de su historia, de sus arraigos en esta casa. Por ejemplo, me desprendí de una colección de pelusas increíble. Arremetí contra  talarañas, sin arañas, claro; es decir, vacías; porque si hasta las arañas las habían abandonado para qué conservarlas, me dije. También me deshice de un gajo de mandarina que hace tiempo había caído en un rincón casi inaccesible, un gajo que pasó por varios estados y cuyos hongos estaban ya deshidratados.
Limpieza profunda -como la de las mascarillas faciales-. Al menos intentó serlo.
Sin embargo, hubo rincones a los que no pude acceder y otros que a pesar de haberlos abordado, quedaron así, sin limpiar, casi con lo intacto de ese tiempo, es decir,  amarillentos, un poco secos, cubiertos por una fina capa de polvo. Otros rincones, doblados en cuatro, por cuyos pliegues se deslizaba la penumbra, como al pasar, permitiéndome un vistazo y un recuerdo fugaces.
Sí, tuve varios incidentes mientras emprendía la tarea (lo de limpiar nunca fue fácil para mí). Debo admitirlo, soy un poco torpe y cuando limpio en un lado, ensucio en otro, además de que tropecé varias veces con objetos de los que creía haberme deshecho alguna vez. Por ejemplo, inciertos papeles escritos, que cuando quería meterlos en la bolsa para tirarlos se me pegaban a las manos y a los brazos como queriendo escapar de un triste final. Diversas cartas de bocas abiertas y ojos llorosos. A mi hombro izquierdo, el que no está luxado, (porque también me accidenté el derecho tironeando de un cajón que se resistía a ser abierto, uno que pesaba tanto que temí encontrarme con algo insólito en su interior, pero sólo estaba trabado) se subió una de las cartas y se dobló magistralmente hasta transformarse en pajarita. Y aún está meneándose, colgada de una hebra enrulada de lana que se le unió para salvarse.
Encontré rincones, a los que les dediqué no hace mucho un esmerado aseo, completamente desordenados.
Es muy difícil y hasta angustiante cuando las cosas no colaboran, no ponen voluntad; y más cuando demuestran que "entienden" pero no asumen su destino de desecho.
En una de las habitaciones más pequeñas aparecieron bollos de papel y de otros materiales que, al momento de agacharme para juntarlos, se deslizaban hacia adelante como cuando una comete la torpeza de patearlos en el preciso instante en que los alcanza con la mano.
El más incidentado fue el hecho de que me tropezara con la montaña de sal en ese cuartito del fondo de la casa. No imaginé que hubiera quedado tanto residual. No pude quitar del todo las manchas blancas del piso ni completar las baldosas carcomidas.
No sé que les pasa a ustedes cuando limpian, si es que limpian, si es que deciden deshacerse de objetos que sólo estorban. Pero, ya ven, a mí no me resulta nada sencillo sobre todo si me encuentro a cada rato con dificultades de lo más sofisticadas. Porque además, allá arriba, en el techo, en la parte más alta, la que sólo puedo ver cuando me recuesto para leer, fue a parar, no sé cómo, esa agenda horriblemente forrada en cuerina. ¿Puede un objeto que ya fue roto, quemado, vuelto a romper, y tirado al cesto, vanagloriándose de su condición de "perpetuo", ofrecer tanta, tanta resistencia?


  Foto Marciano.

***** Tolhuin.
"Corriendo el agua después del carnaval" 
Olivera, Pvcia de Buenos Aires, 1985.

miércoles, 24 de abril de 2013

Desilusión de poeta.

Dedicado a los amigos, a poetas, a la feliz combinación de ambos: en especial a Ana y a Gus; muy especialmente a Juan que con "Un consejo" me trajo el recuerdo de que alguna vez empecé a escribir este texto.
A Julio Garber.

-Sabías que era así, que iba a terminar pasándote. Ni la poesía con sus puentes, andamios, caminitos de flores o de barro te salvan, ahora.
LO-SA-BÍ-AS... de ahí la bronca. ¿O es decepción?. ¿O es tristeza? Hasta yo, que no tengo nada que ver con tu mundito te estoy buscando la palabra adecuada. No me estaré enfermando de lexicosis o de vocabulariasis, ¿no?
Enojada, triste, angustiada, lastimada, irritable, ansiosa, malhumorada... y que sé yo cuantos calificativos más te atraviesan... Odiosa, también.
Querés romper todo lo que alguna vez escribiste... en millones de pedacitos. Y no exagerás, no es "hipérbole". Lo que pasa es que ahora no encontrás fundamento para seguir escribiendo. Te diste cuenta de que tu inspiración murió, ahogada con tu propio llanto (o con la botella de vino), murió incinerada el día que te prendiste fuego empezando por los ojos. (¡Uh! Esa última expresión no es mía, no la quiero, seguro me la contagiaste).
Estás harta (esa es la palabra) de ver o querer ver todo con ojos de poeta, de buscarle la quinta pata al gato, de recorrer paisajes y rincones. ¡Vos que me hablabas de la "escritura salvavidas"! ¡Las pelotas te salva! Te dije más de una vez: "la poesía va a terminar hundiéndote". Y ahí estás, metida en el pantano hasta la nariz. Te hubiera gustado saltar a tiempo y dedicarte a otras actividades prescindiendo de las palabras y los sentimientos y de las palabras que dicen sentimientos. Si los números, por ejemplo, te gustaban, y la geometría ¿te acordás?. Pero te fuiste para el lado de los tomates, como quien dice, el día que descubriste (o creiste descubrir) la poesía en las propiedades y en los teoremas de la matemática. Enloqueciste con los fractales y con la poesía de Bruno Di Benedetto. -¡Él  es el que se fue al carajo!- me dijiste en aquella ocasión.
Estás harta de hablar de amor, de pretenderlo, de buscarle la vuelta a todo, de querer ver "el otro lado"... y todas esas pelotudeces por el estilo. Y disculpá la franqueza... y el vocabulario.
¡Estás harta!... de querer decir lo que otros callan, de entrarle a la rima de vez en cuando, de privilegiar la metáfora, de la exageración, de la dramatización, de la piel de gallina, (vos decís " piel erizada" pero en mi barrio comparamos muchas cosas con las gallinas).
Estás hasta el tuétano de la pregunta sin respuesta. (Ustedes, los poetas ¿para qué hacen las llamadas "preguntas retóricas"? ¿son masoquistas o qué?)
Ustedes los poetas SE-HUN-DEN.
Motivos de deceso:
rastrean en los sueños,
están casi obligados a conmoverse cada día,
denuncian con las palabras,
reivindican,
buscan agua en el fondo del pozo (de ahí que a veces se quedan abajo sin salvación posible),
¡se comprometen hasta con el brillo de la luna! ¡y con el de los zapatos!... ¡Hasta con lo opaco! ¡con lo inerte! ¿Qué quiere decir "lo inerte"?
¿No se cansan de ahondar, ahondar, ahondar?
Por lo visto vos sí te agobiaste. Tarde te diste cuenta. Hoy mismo te despertaste como sacando la mano por una ventanilla, pidiendo ayuda a los gritos, preguntando (como no podía ser de otra manera) y queriendo morir porque durante mucho tiempo te habías sentido viva y buscando formas de alabar la vida porque te estabas muriendo. En una palabra: abriste los ojos y ya estabas "contradiciendo" (la maldita antítesis que también los perfora a ustedes, "poetas"), no te alcanzó maldecir, predecir, bendecir, también tuviste que "contradecir".
¿Qué vas a hacer ahora? ¿A quién le vas a pedir ayuda? Porque por lo visto ya no me estás escuchando. Te hablo, te hablo, te aconsejo y mirás para otro lado. No lo puedo creer, venís llorando a pedirme opinión y me dejás hablando sola porque estás organizando no se qué para difundir no sé que cosa y para eso consultas a tus amigos que para colmo también son POETAS.
¡Bah! ¡Hundite con ellos! Eso sí, a mí no me vengas a pedir que te aconseje después.



Oda a la vida
de Julio Garber. (De Frente Artistas del Borda)

Soy el poeta, el que canta,
ése que decide el movimiento de la nube, la descripción de los niños,
[ la encarnadura de los árboles.
Soy el poeta, el que anuda la sangre de los muertos, aquél que abreva
[ en el misterio de la lluvia, el que abre la fruta y la reparte.
Soy el poeta, el que aplaude la embriaguez de la música,
el distinguido sabor de la mañana,
ése que decide la vida.
Soy el poeta, encubridor de locos y borrachos,
magnífico descubridor de flores distintas,
incauto en la sonrisa y el abrazo.
Soy el poeta, germen inicial en la boca,
ignorante artífice de un mundo mejor,
ese planeta que un día será nuestro,
esa luna que parece un ala de paloma.
Soy el poeta, el que descubre la palabra,
el sonido del charango, la tierra de los antepasados,
el suave repiquetear del bombo en una zamba,
el patriota que no se despide.
Soy el poeta, amante empedernido del diálogo, del beso,
del sonido y la semilla,
aquel que no olvida el hueso de sus padres,
aquel que despierta y maravilla.
Soy el poeta, el que lleva un niño en los pulmones,
una pluma en cada boca,
un sonido en cada verso.
Soy el poeta, el fanático de los graneros,
el que denuncia fecha por fecha a pocilga,
la ternura despiadada del amor.
Soy el poeta, el que muere a cada instante,
el que renace del fuego,
el ser humano mas inquietante;
el que ríe de frente, el que alumbra con su sangre.
Soy el poeta, el que aniquila los recuerdos,
el sensible que reinicia el canto de Manuel J. Castilla,
a quien todos creen muerto y yo sé que respira en cada uno
de sus versos.
Soy el poeta, el que pasó parte de su vida en el hospicio
y no se avergüenza
el que se deslizo entre espinas
y tanto tiene que agradecer.

miércoles, 27 de julio de 2011

El carnicero.

La primera vez que lo vi no lo podía creer. Atravesé el umbral de la puerta y casi retrocedo del impacto que me produjo. Pero no, no podía ser, todo era producto de mi imaginación. Un artista famoso como él, con su trayectoria, con su encanto, su "carisma" no podía estar atendiendo un negocio. No podía ser el nuevo"carnicero" del barrio.Y no porque ese trabajo no fuera digno sino porque no parecían compatibles las dos tareas. Artista de la tele y carnicero; estrella de las tablas y empanador de milanesas; actor de cine y trozador de pollo. Nadie me lo creería.
Me asaltaron las dudas porque, realmente, era muy parecido. Era idéntico.
Me quedé esperando mi turno. Como había tres personas antes que yo, pude observar, disimuladamente, cada detalle de sus gestos, la forma de moverse, sus ademanes, su peinado inconfundible.
Cada vez que preguntaba "¿qué más?", me iba convenciendo de que era él, sólo por la modulación y el tono de su voz.

Volví a la semana siguiente. La crisis económica no me lo permitió antes.
Había cargado gran ansiedad en todo mi ser. Había investigado a mi personaje en Google. Había mirado infinidad de fotografías. Ninguna información me había sido proporcionada del devenir en "carnicero" de mi artista.
La certeza estaba en que cada imagen me acercaba más a mi realidad semanal de comprar un churrasco, de que ese carnicero lo cortara, lo pesara, lo colocara en la bolsa, hiciera la pregunta de rigor, me cobrara y respondiera a mi saludo final.
Un día lo saludé dos veces al retirarme. Quería verificar el tono de su "hasta luego, gracias". Entonces ocurrió lo imprevisto: en vez de saludar de nuevo, se rió. Como para entonces ya no lo estaba mirando porque (repito) sólo quería escuchar su voz, me di vuelta ante el tintineo de su carcajada. Y lo vi. Mejor dicho, vi su boca abierta con algunos dientes. Vi, en definitiva, su sonrisa incompleta. No se parecía en nada a la de mi artista. Parecía el rostro de otro el que estaba viendo.
Me fui de allí (con mi consabido churrasco), desilusionada. Me daba ánimos diciéndome: "hoy no estoy bien, veo las cosas diferentes".
A la semana siguiente terminé de convencerme. Su cabello estaba peinado muy diferente de otras veces. Mi artista nunca hubiera hecho eso. Aunque por un momento pensé que, quizás, otros lo habían descubierto igual que yo y lo que buscaba en ese cambio era ocultar su tan conocida fisonomía. Fue un pensamiento pasajero que se esfumó con el recuerdo de los abismos de su boca.

No dejé de ir a la carnicería. Suelo renunciar a un comercio cuando no recibo la atención adecuada o quieren venderme gato por liebre. No era el caso, allí sólo se vendía carne vacuna, de cerdo y pollo.
Sin embargo, comencé a asistir casi automáticamente, un poco por no abandonar la necesidad de que no escasearan en mi ser las proteínas de alta calidad (aminoácidos esenciales, que mi organismo no podía fabricar), además del hierro la vitamina B y el zinc; un poco por el deseo incontrolable de los ácidos grasos saturados y los monoinsaturados, de efectos más favorables, por cierto.
El personaje comenzó a perder mi atención paulatinamente, hasta que por fin, un buen día, olvidé para siempre los pensamientos que se habían apoderado de mí durante tanto tiempo. O creí olvidarlos...

Una mañana, cuando introduje mi mano en el bolsillo de mi campera para buscar el dinero que abonaría mi cuenta, encontré allí mismo una serie de pequeños volantes. Creo que no lo he dicho todavía: soy actriz y mi pasión por la obra de teatro de la que participo me hace promocionarla en forma obstinada. De allí que cuando encontré esos volantes se me ocurrió que los podía dejar en la carnicería, para que los clientes se interesaran. Además, había observado una cartelera en la pared lateral, muy cerca del mostrador de la caja registradora.
-Disculpe- le dije al comerciante. -¿Puedo dejarle unos volantitos?-.
-¿Volantitos?- preguntó abriendo los ojos de una manera que comenzaba a resultarme muy familiar y en un tono de voz que me remontó a las tardes de mi infancia.
-Sí, de una obra de teatro de la que participo- le confirmé.
-¿Obra de teatro?- cuestionó con el conocido énfasis y los ojos que comenzaban a llenársele de lágrimas.-¡No me diga que usted participa de ella! Yo, yo mismo participé de muchas...

Lo que siguió a estas frases no podré reproducirlo con la objetividad necesaria para que el lector saque sus propias conclusiones.
El "carnicero" saltó al mostrador y comenzó a hacer una serie de piruetas y pantomimas. Bailaba, se sacudía, cantaba.
El público, es decir, los clientes, empezaron a hacer palmas y a repetir las letras de las canciones.
Entraba más y más gente desde la calle...

-Entonces... usted es... ¡usted es...!- dije emocionada por la confirmación de lo que había estado cavilando durante meses.
-Sí, soy- me contestó con su sonrisa ahora brillante.
-¿El verdadero? ¿El de nuestra infancia? ¿El auténtico? ¿El número uno?- las preguntas salían de mi interior sin pausas y con cada una de ellas aumentaba mi entusiasmo.
El público aplaudía, gritaba, pronunciaba su nombre.
En un momento, quedamos dialogando él y yo. La gente comenzó a callarse y a observarnos.
El carnicero se sentó en el mostrador que, por lo alto, hacía ver sus piernas colgando como las de un muñeco.
-Sí, soy el auténtico... no lo dude- en ese momento el local estalló en aplausos.
-Soy el auténtico... el auténtico imitador. Pero...¡el imitador número uno! ¿Eh?

Salí corriendo, jamás volví a entrar a ese comercio. Durante semanas no pude olvidar los últimos episodios sucedidos allí. Tampoco pude olvidar al carnicero y sus interjecciones llamando a la gente, que desilusionada, se agolpaba en la salida para huir del local.

-¿Eh?. ¡Eh! ¡Eah, eah...! ¡Eah, eah,
eah, eah...pepé!

miércoles, 30 de marzo de 2011

Monólogo en la oficina.

Señoras y señores, aunque ustedes no lo crean, entre estas cuatro paredes alguien me ha robado el teléfono celular.
No recuerdo un robo peor en mi vida, es decir, en la lista de robos personales que he padecido.
No crean que quiero encontrar al culpable. Ni que alguien diga de la nada: -¡He sido yo!. Usted disculpe, lo devuelvo, he querido hacer una broma-. Mucho menos que alguno de ustedes, con lágrimas en los ojos muestre su arrepentimiento. Ni que, en el mejor de los casos, se excuse diciendo que encontró el teléfono en el piso y que en el preciso instante en que he comenzado a hablar iba a preguntar de quién era...
Puedo decir, sin temor a equivocarme, que jamás he sentido tanto el hurto de un objeto de mi pertenencia. Ni siquiera cuando una mano anónima se apropió de mi cartera durante la misa de Nochebuena, en el año 1989 y en medio de cánticos, rezos y deseos de felicidad. Sí, escucharon bien, un robo sucedido en un templo y en vísperas de Navidad. ¡Qué atropello! Pero ese hecho no me ha mortificado tanto como lo de hoy. Puedo decir que resultó sorprendente en aquel momento, por el sitio y las condiciones en que se llevó a cabo, sin embargo como no tenía nada de verdadero valor...Entonces sólo lamenté el budín inglés con el que colaboraría para la mesa dulce en casa de mi tía... Y la cartera que esa misma tía me había obsequiado unos años antes, creo que a través de Papá Noel. Una cartera, ¿cómo decirles?... especial, con un formato tal que el budín inglés cabía con gran precisión en ella. ¡Ah! Ahora entiendo por qué nunca más me comprometí a ofrecer un budín para las mesas navideñas.
Tampoco fue tan dramático cuando en el trayecto en tren de Ciudadela a San Antonio de Padua alguien "extrajo" mi billetera del bolso...Es más, cuando me di cuenta de que faltaba esbocé una sonrisa, ¿qué digo "una sonrisa"?, tuve que contener una carcajada. Debo decir que esa billetera era realmente horrible y estaba absolutamente vacía. Se me había ocurrido colocarla como señuelo. Todo el dinero que tenía estaba en mis bolsillos. Si hasta recuerdo haberme sentido tan henchida de emoción que tuve que reprimir un grito de alegría, posterior a la carcajada.
Otro robo de la lista: año1991, las ojotas en la playa... y tengo la certeza de que no se las llevó el mar...

¿Me quieren decir qué voy a hacer sin el celular...? Toda mi agenda personal en manos de un delincuente. ¿Cómo no le hice caso a mamá cuando me regaló la libretita índice? Me dijo que a ella no le iba eso de tener anotado todo en el teléfono, no porque le fueran a robar sino porque siempre era mejor el papel. "Irreemplazable", me dijo. ¡Si le hubiera hecho caso! La susodicha libretita estuvo dando vueltas por casa un tiempo, sin nada escrito. Después uno de mis hijos la tomó y empezó un glosario de Ciencias Naturales que le pidieron en la escuela: abiótico, biótico, hervíboro, etc. Un tiempo después, así, como de la nada comencé a anotar nombres de películas. Sí, las "recomendadas". ¿Qué? ¿Ustedes nunca escribieron una lista de películas? Yo sí, en la libretita...
ARCA RUSA, la primera, en la letra A, porque omito los artículos para anotarlas. ¿La vieron? ¡Qué buena! Una verdadera obra de arte...
ARARAT, la segunda. Ustedes dirán que alfabéticamente va primero ésta, pero no soy taaan meticulosa, me conforma que esté anotada en la A. No me ocupo de ordenarlas en cada letra. Eso podría hacerlo un día que esté aburrida en la computadora, por ejemplo. Pero no crean que, con ese registro, mi libretita de cine recomendado va a ir a parar a la basura. No, señor. Un día de estos, DIOS NO LO PERMITA, me roban la computadora y también pierdo esos datos. Porque una computadora sí pero ¿quién se robaría una libreta índice?... ¿Qué? ¿Que la puedo perder? No, no, no, eso no puede pasarme. Para que sepan está atada fuertemente con una cinta a la "bocha" de algarrobo del respaldo de mi cama, junto con la birome (invento argentino, dicen). Ahora que me acuerdo, hace rato que no veo la birome...¡Ah! ¡Otra vez los chicos!
En la B, debajo de "Biótico", escrito con la letra de mi hijo: BILLY ELIOT, excelente... didáctica... etcétera
En la C: CINCO DÍAS SIN NORA, debajo de "Carnívoro"...im-per-di-ble...¡Sí, la película!, no "carnívoro". Aunque hay una que se llama así, ¿no?... ¡CARNE!, ¡CARNE! se denomina la película. Yo no la tengo anotada pero si alguno la recomienda...
En la D: DARK WATER, inevitable quedar atrapada en su misteriosa trama y en ese "goteo" constante...
Bueno, podríamos pasear por todo el abecedario, visitando diferentes géneros y países pero eso no va a hacer que me olvide de lo que les estaba contando. ¡Mi celular! ¡Ah, celular! Te extraño, te evoco... te invoco...
Y pensar que yo fui la primera que puso el grito en el cielo cuando mi hija perdió el suyo. Que cómo pudo pasar, que por qué no se fija donde guarda las cosas, que no pierde la cabeza porque la tiene pegada y muchas más frases por el estilo.
Tengo la esperanza de que antes de que me vaya de acá comience a sonar "Perro negro" de Led Zeppelin... o "Todo mi amor", de la misma banda. Y que alguna de esas músicas me conduzcan a mi "querido". Una, si es una llamada; otra, si es mensajito de texto... Usted, señor, ¿qué música tiene cuando recibe una llamada...?

Estoy pensando que también podría sonar la alarma... a las 17: 45... con música de Carlos Núñez... para hacerme acordar que tengo... ¡el celular cargando en el bañito de esta oficina y que terminó mi jornada laboral!. ¡Qué cabeza la mía! ¿Cómo pude olvidarme? Y eso que hace apenas diez horas que estoy trabajando...

lunes, 28 de marzo de 2011

Irresoluta al teléfono. (De la zaga "Irresoluta en acción"),

¿Qué hago?, ¿voy a la casa de mi amiga Clota, que hace mucho que no veo? ¿o voy a lo de Cata que dice tener novedades para contarme?
Bueno, un día más sin ver a Clota no cambia mucho... Voy a lo de Cata.
¿Y si Clota se enoja conmigo?, hace dos semanas que a través de su hermana le prometí ir...
Además las novedades de Cata me tienen intrigada. ¿Estaré visitando a Cata sólo por curiosidad? ¡Voy a lo de Clota!
Ahora que me acuerdo hoy es lunes y Clota va a su taller de ikebana. ¿Y si le doy una sorpresa y la espero a la salida? ¡Ah! ¿A qué hora iba al taller? ¡Uh! ¡hace tanto que no la veo! La voy a llamar por teléfono...
...¡Hola! ¿Cata? ¡Ah, no! ¡¡Clota!!...Bueno, no te enojes. Sí, con vos quiero hablar. Me confundí el nombre, nada más... No, no quería hablar con Cata sino con vos... ¿Cómo estás? ¿Vas al taller hoy?
¿Cómo "qué taller"? ¡Ese de las flores!...¡Ah! ¿Hace más de un año que no vas? ¿Y por qué dejaste?¿Que ya me lo habías contado? ¿Cuándo? ¡Ah! Hace un año... ¿cuando fui a tu casa, seguro?... ¿Me lo dijiste por teléfono?...¿Qué...? ¿Que hace como dos años que no voy para allá?... Bueno, vos tampoco venís para acá...¿Cómo que no estoy nunca? ¿Cómo sabés? ...Tu hermana no vive conmigo como para informarte... Bueno, enfrente de mi casa no significa conmigo...¿Que ella me ve salir siempre? ¿Y qué le importa a tu hermana cuántas veces salgo en el día? ¿Que no tengo nada qué hacer? ¿Que por eso me la paso de aquí para allá? ¡Mirá, Cata!...digo, Clota... no me hagas enojar... ¿Que yo "dudo", decís? ¿Qué estás diciendo...? Ahora resulta que soy una persona segura cuando se trata de ir "por ahí" pero "insegura" al momento de visitarte... ¡Te equivocás, Clota, te-e-qui-vo-cás! Nunca dudo, ¿entendés?. Y menos si se trata de ir a verte...
Y para demostrártelo, voy para allá inmediatamente, ya que no vas más al taller...
¿Cómo que estás haciendo un curso? Sí, sí, Clota... Por supuesto...Sí, te digo que sí. Sólo te preguntaba...Bueno, sí, Clota. ¿Porcelana fría? ¡Qué lindo...! ¿Cómo que a mí nunca me gustó eso?
¿Que yo te lo dije cuando me invitaste a hacer el curso? ¿Que yo dudé...? Bueno, Cata...digo, Clota... Me gusta pero no tanto como para hacer un curso... No, Clota, no te envuelvo con las palabras...Es así...
Bueno, te voy a esperar a la salida del curso. ¿Dónde es...? ¡Ah! después te vas a despedir a tu hermana...¿Cómo a despedirla...? ¿A donde se va Ca...?...Clo...¿Clo...? ¿Clo...?

Me cortó... Ahora ni ganas me quedaron de ir a lo de Cata...
¡Está sonando el teléfono! Seguro que es Clota, arrepentida de haberme cortado...
¡Hola! ¿Clota...? ¡Ah! sos Cata... No, no digas eso cómo no voy a querer hablar con vos...Sólo que pensé que eras Clota... Porque recién había hablado con ella... No, yo la llamé y se había cortado la comunicación...¿Cómo que a vos nunca te llamo...? ¡Si te veo siempre! ¿Para qué te voy a llamar?...¿Que nunca me cruzo a tu casa?...Bueno, Clota, digo, Cata... vos tampoco nunca te cruzás...¿Cómo que no estoy jamás...? Ahora estoy ¿por qué no te venís así me contás esas novedades...? ¿Cómo "qué novedades"?...¡Ah! ya no ... pasó mucho, es verdad...¿Hace un mes que te encontré en "los chinos"...? ¡No puede ser! ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Si parece que fue ayer!... No, Cata, no te cambio de conversación...¿Que yo me la paso dudando? ¿De dónde sacaste eso...? Te equivocás, Cata, te- e-qui-vo-cás... Y para demostrártelo ahora mismo corto y me cruzo...¡aunque no tengas nada nuevo para contarme!...¿Cómo que no vas a estar?...¿Que te vas de viaje?...¿Que llamabas para despedirte?...Noooo, no me lo habías dicho...¿En "los chinos" me lo habías adelantado...?... ¿Que yo estaba ese día preocupada por los precios y no sabía qué comprar...? ¡Ay, Cata! Yo siempre sé qué comprar... Si voy con una lista... ¿Quéééééééé...? ¡¿Que dudo hasta de mi propia lista...?! Eso sí que no te lo permito, Clota, digo, Cata... No, Cata, no te envuelvo con las palabras... ¿Ca...? ¿Ca...? ¿Ca...?
¡Me cortó! Al final, cuanto más decidida estaba tanto Clota como Cata me hicieron dudar...¡Qué desilusión! Pero... ahora que lo pienso, siempre fue así, ¿eh? Desde que éramos pequeñas y vivían las dos enfrente con su mamá, las mellizas me hacían las mil y una...
Hoy desperté con una CERTEZA. (Raro en mí... Siempre me invaden las vacilaciones)
Una CERTEZA firme, poderosa, altiva.
Una CERTEZA soberbia...
Como una bandera... (la CERTEZA).

¡"LA" CERTEZA!

-¿Qué CERTEZA?, preguntarán...

"Mi" CERTEZA: ...



El taller cómplice, escribir sobre la DUDA...

Sin vacilaciones, sin titubeos, sin hesitaciones (¡qué palabrita te mandaste!)...Próximamente, gustosamente, indudablemente en este blog.


.
Patricia en una de sus últimas situaciones de certeza.

domingo, 6 de marzo de 2011

Otra canilla que gotea. (Juegos de palabras)

Una canilla gotea...

La mujer llama al plomero y piensa en todo el dinero que va a invertir en el arreglo. (Se le agotan los ingresos)
El hombre intenta arreglarla más de una vez pero se frustra. (Gotas de sudor caen por su rostro)
El adolescente no la registra. (Ni una gota)
La adolescente sueña con los más dulces recuerdos. (Gotas de amor)
El abuelo hace un esfuerzo y se agacha para repararla...(Durante la noche no lo deja dormir su gota)
La abuela pone una planta debajo. (La gota que rebalsó... la maceta)
El niño y la niña buscan en toda la casa otras canillas y otras macetas. (Gota a gota el agua se agota...)

jueves, 3 de marzo de 2011

La canilla que gotea. (Tango)

Para escuchar mientras se lee...
Bajofondo Tango Club
de Gustavo Santaolalla.

La canilla que gotea...
¡cuántas noches de desvelo!...
Si me habrá acompañao
por culpa de ese varón.
Esa gota no es la causa
de tan hondo malestar,
el insomnio lo provocan
su ausencia y tanto llorar.
Como una puñalada
cada gota me lastima
despertando mis recuerdos
como la sal en la herida

Estribillo:
La canilla que gotea
como una letanía:
¡cuántos pesares me trae
con su cruenta lejanía!,
la canilla que gotea
como la lluvia en la chapa.
De tristeza y soledad
mi corazón no se escapa.
 
Como un pájaro enjaulado
ya no vuela, ya no canta,
el desamor no lo espanta,
sólo le causa dolor.

Y para colmo de males
mi celular se ha llevado...
Ni el chip le ha cambiado.
Se ha ido pa' no volver.
Ahora se viste de traje
y combina la corbata,
saca turno al peluquero
y va a la cama solar.
Se pone crema en las manos
y las uñas bien se arregla
y le lustran los zapatos:
le dicen "metro sexual".

Estribillo:
La canilla que gotea
como una letanía:
¡cuántos pesares me trae
con su cruenta lejanía!,
la canilla que gotea
como la lluvia en la chapa.
De tristeza y soledad
mi corazón no se escapa.

 Como un pájaro enjaulado
ya no vuela, ya no canta,
el desamor no lo espanta,
sólo le causa dolor.

No tengo ni pa'l plomero,
todo, todo se ha llevado.
¿Para qué habré confiado
en sus palabras de amor?
Se llevó hasta las monedas***
que uso pa'l colectivo.
Me ha dejado en la miseria.
No repuso ni el cuerito.
Pensar que yo lo tenía
como el hombre de mi vida,
ahora veo su descaro
en aquella despedida.

Estribillo:

La canilla que gotea
como una letanía:
¡cuántos pesares me trae
con su cruenta lejanía!,
la canilla que gotea
como la lluvia en la chapa.
De tristeza y soledad
mi corazón no se escapa.
 
Como un pájaro enjaulado
ya no vuela, ya no canta,
el desamor no lo espanta,
sólo le causa dolor.
Channn, chan.

***En una versión actualizada a las condiciones
del conurbano bonaerense, bien se podría reemplazar
"las monedas" por "la tarjeta" o "la SUBE", hasta nuevo aviso.

Un tango más tradicional... de Silvina Paulela
por la Orquesta "Contratiempo" de Silvina Paulela,
en homenaje al gran Osvaldo Pugliese.