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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

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domingo, 7 de agosto de 2011

OBRERO DE LA MÚSICA.

Este cuento está dedicado al Músico Social Miguel Ángel Estrella: Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO y fundador de la ONG Música Esperanza. Es también creador de la “Orquesta de la Paz” compuesta por jóvenes músicos árabes e israelíes. La historia aquí narrada está basada en una anécdota que el mismo Miguel Ángel Estrella contó en uno de sus conciertos. La historia y el cuento me dieron muchas satisfacciones, relatándolo en diferentes ámbitos, desde el 2008 en que fue escrito hasta ahora. Hoy, en especial, volvió la música de Bach a mis oídos y a mi corazón. Por eso mi deseo es volver a publicar esta historia. También recordando al maestro Atahualpa Yupanqui que, según el mismo Miguel Ángel Estrella, decía que escuchar media hora por día a Bach nos hacía más buenos...

Obrero de la música.
"Así, mientras el mundo gira y se derrama, Johann Sebastian llega, prende su llama y vuelca su tinaja con agua de la vida". Concierto N° 6 de Brandenburgo. José Zarzur.

Esa mañana, José no imaginó que a partir de un tedioso trámite bancario se produciría el milagro, o la revelación. Al levantarse pensó por unos segundos en postergar su viaje a la ciudad; en tomarse el micro la próxima semana; en pedirle a su compadre, que viajaba seguido, le hiciera el favor de acercarse a la sucursal y realizar el trámite por él. Pero recordó con gran pesadumbre que el telegrama dictaba: “Trámite personal y dentro de la semana de recibido”. Ya no podía dudar. Con esa impronta que lo caracterizaba en estas situaciones, situaciones que quería “sacarse de encima”, se vistió y se dirigió a la terminal. Durante la primera parte del trayecto y en medio del sopor, comenzó a recordar lo que le había pasado una noche de esas, bastante habitual, en que había llegado a su casa, luego de una dura jornada. Se había despedido casi al amanecer de su mujer y regresaba muy tarde, a medianoche. En la fábrica donde trabajaba las cosas no andaban bien y para colmo de males otra vez había discutido con su jefe. Su cansancio era muy grande, apenas si tenía ganas de comer. Entró por la puerta de la cocina que en esa época del año dejaban entreabierta. Se sorprendió al asomarse a la habitación y ver a su mujer ya acostada. En otros tiempos, Marta no se hubiera dormido sin conversar un poco con él mientras lo veía comer con ganas lo que ella le había preparado, pero esta vez el cansancio la había vencido. La mujer también había trabajado todo el día en la limpieza de varias casas vecinas. Ahora, mientras respiraba acompasadamente y soñaba, José la observaba con tristeza pensando en el poco tiempo que pasaban juntos. Aquella misma noche se quitó los zapatos, se lavó bien las manos y recién cuando buscó el plato con la comida se dio cuenta de que la radio estaba encendida. Pensó que su mujer, de algún modo había querido compensar su ausencia. Levantó un poco el volumen y escuchó una música lenta, quizás un poco monótona para su gusto pero dejó que siguiera sonando: - “Juan Sebastián Bach”- había anunciado el locutor a la medianoche…-, música para el alma, conciertos de Branden…- y José se había hallado en el paraíso. -Juan Sebastián Baj,- había repetido una y otra vez hasta que decidió escribirlo con una letra más que prolija- debe ser tucumano si me gusta tanto. Voy a averiguar quién es-. El movimiento del micro lo regresó al presente, y cuando estaba a punto de cruzar el vado, que le señalaba la mitad del camino, José se asomó por la ventana y observó cómo la crecida arrastraba ramas, piedras y barro. El sopor le ganó otra vez y se sumergió nuevamente en los recuerdos. Esta vez su memoria lo condujo más lejos: un episodio de su niñez en el que había estado esperando toda la tarde a su padre. Ese día cumplía ocho años y había encontrado al despertar y entre las sábanas un camioncito de lata, un cuaderno de tapa dura y un lápiz. En la primera hoja decía con una letra muy esmerada: -“Dibujame lo que soñaste “. Él no podía recordar su sueño de dormido entonces dibujó otro sueño: una mesa, una mesa enorme a la que estaban sentados él, su padre, su madre y todos sus hermanos. Con su cuaderno en la mano y jugando con el camión había esperado hasta que lo venció el sueño.Cuando se despertó su padre estaba comiendo y en la radio sonaba una música suave. Ahora, sentado en el micro y en medio del traqueteo pensó por un instante en la forma en que las historias se repiten, en que las emociones se unen a través del tiempo. Pensó en lo importante que había sido ese cuaderno. Pensó en la música de la radio y cómo se había relajado escuchándola aquella vez, que se había sentido realmente sosegado. El micro ya finalizaba su recorrido, José tomó su bolso y se acercó al chofer. Como por impulso le preguntó:-Chango, ¿vos no sabés quién es Juan Sebastián Baj?-. Y obtuvo como respuesta la que había recibido toda la semana en la fábrica cada vez que preguntaba por su personaje: -No, Negro, ni sé quién es ese-. Se dirigió hacia la entidad bancaria pensando que en la ciudad alguien tenía que conocerlo, si hasta por la radio lo pasaban. Cuando por fin estaba terminando su trámite observó en la solapa del traje del joven que lo atendía, una identificación: “Sebastián Corrales, cajero”. -¿ Usted sabe quién es Juan Sebastián Baj?- cuestionó intempestivamente. El joven lo miró con enormes ojos. -Un músico- respondió secamente. -Sí, un músico. ¿Y es de por acá?. El muchacho rió y luego, ante la mirada entre seria e ingenua de José, se sonrojó. Cuando los ánimos se tranquilizaron le explicó que Juan Sebastián Bach había nacido en Alemania en el siglo XVII, que su música había sido reconocida tardíamente y que se habían escrito muchos libros respecto de su vida y su obra y que había tenido muchos hijos. La madre, al joven cajero, le había puesto el nombre por él porque lo admiraba y su hermano mayor se llamaba Juan… Las dos horas siguientes, hasta abordar el micro de regreso, transcurrieron en un antigua librería donde consiguió, una serie de biografías y un pequeño tesoro en forma de libro: “Vida y obra de Johann Sebastian Bach”. Leyó todo lo que el traqueteo del micro le permitió y soñó, soñó dormido y despierto todo el viaje. Volvió a los recuerdos: la música en la radio, los regalos de su padre, su esposa, su jefe y las peleas, la música otra vez, la paz, el paraíso, la lectura, Juan Sebastián…y la pérdida temprana de su padre. Juan Sebastián o Johann Sebastian: un trabajador como él, un rebelde también, un obrero, obrero de la música.

domingo, 22 de agosto de 2010

HOMENAJE AL ESCRITOR ALBERTO VACCAREZZA.


Viernes 27 de agosto de 2010, 19 hs.
Biblioteca Ricardo Güiraldes.
Talcahuano 1261, C.A.B.A.
El grupo de la Escuela de Lectores y Narradores Sociales de María Héguiz contará fragmentos de los sainetes del autor
y anécdotas de su vida escritas por su hija, Mercedes.
Los esperamos.


"...Arte...es ese soplo
que todo lo embellece. Lo que emana
la dulce tristeza del que llora
y la noble alegría del que canta.
El arte no se compra ni se vende.
El arte no se enturbia ni se mancha.
Es ternura y dolor. Es amor Puro..."
(De "La comparsa se despide" de Alberto Vaccarezza.)




jueves, 22 de julio de 2010

Madreselva blanca y amarilla.



Esta poesía fue publicada por primera vez en diciembre de 2009. Afortunadamente dio más vueltas de las que esperaba. Salió en vuelo externo y también hacia el interior de muchos amigos que no pudieron evitar la evocación de la propia infancia con algunas imágenes. Uno de los viajes que realizó fue al Centro Cerrado de Recepción de Menores Malvinas Argentinas de Pablo Nogués, a partir de una actividad de la Escuela de Lectores Narradores Sociales de María Héguiz, cuyos detalles están descriptos en el video de Argentina Narrada. (Pueden verlo haciendo click en la foto).
Ese día de febrero les llevé el siguiente texto con dos fotos: una de "la pasionaria" y otra de "la madreselva". Les leí también la poesía...


El hecho de venir a relatar cuentos y experiencias aquí me hizo reflexionar sobre muchos aspectos de mi vida. Por ejemplo la última vez en que nuestra compañera, Nilda, trajo un texto sobre “ME GUSTA”. ¡Qué pocas veces me puse a pensar acerca de esto.. ! Inmediatamente aparecieron un sinfín de imágenes, aromas, sabores, sensaciones, músicas...
Me acordé de un texto que escribí el año pasado cuando un amigo me regaló una flor como la que aparece en la foto: pasionaria o mburucuyá... también me dijo su nombre científico al que no le presté atención, por supuesto, pues la sola visión de esa flor me despertó miles de recuerdos. Él iba por el nombre en latín y yo por la poesía de la vida, dos cosas que se complementaron muy bien en ese momento.
Una de las situaciones que rememoré es que, cuando era pequeña, pensaba que la pasionaria y otra flor, la madreselva, pertenecían a la misma planta. ¡Es que se enredaban tan bien en el alambrado! Con el tiempo se me antojó un romance entre ellas...
Lo cierto es que el “aroma” y el “sabor” de la madreselva todavía no se me va, ¡como tantos otros recuerdos!

"Si todos los años tus flores renacen ¿por qué ya no vuelve mi primer amor?"
Luis César Amadori.
(click en la foto para ver y escuchar el video del relato de la experiencia en el centro cerrado de menores por los integrantes de E.L.N.S de María Héguiz...)

No es sólo una imagen, no es sólo una flor. Es el romance del alambrado y la pasionaria, y es el perfume de la brisa del verano. Es el sonido de la siesta y el sabor a néctar en los labios.

Es el abuelo, el dominó y la mesa hecha con tablones bajo la sombra de los paraísos.

Es la lagartija que pierde la cola y se escabulle entre la herrumbre del colectivo abandonado.
Es el revuelo en el gallinero, la pila de ladrillos y el verdín que despierta la curiosidad.

Es el amigo de la infancia y la rosa bajo la ventana, y es el primer estudio de Botánica arrancando plantas de raíz.

Es la hamaca que nos pone alas y el monopatín tempranamente oculto.

Es la reunión de primos bajo la mesa de Navidad, el chiste repetido de cada año, la confusión de los nombres y la ensalada de frutas.

Es el olor a cigarrillo y la mano largamente escondida, y es el Bram Metal en las tardes de invierno. Es el paraguas, la escapada de la siesta y la hilera de caracoles.

Es el saludo del Tata Dios y el insectario prohibido por el abuelo. Es la foto en blanco y negro y aquel cumpleaños.

Es la enredadera otra vez, el descubrimiento... y la risa...el agua olvidada de los renacuajos y el misterio del galpón.

Es el ñandú del vecino, la lluvia de piedras, el luminoso vuelo de pájaros y el beso en la frente.
Es la sirena de los bomberos y el grito del chajá.
Es el piso crujiente de madera y el cajón del aparador. Es la parra y la oruga.

Es el chocolate de pascuas, la pollerita tableada y el flequillo de moda.
Es el mantel floreado de hule y las paredes con pintura verde del "ferrocarril".

Es la noche estrellada...y el abrazo.
Es la caminata nocturna, la espera en los latidos y el beso de los postigos...

Es la fuga a la casa de enfrente.

domingo, 11 de abril de 2010

UNA NACIÓN ES UNA NARRACIÓN.


Las próximas contadas del grupo de la Escuela de Lectores y Narradores Sociales de María Héguiz.

* CAFE DE LOS ANGELITOS

SABADO 17 DE ABRIL 17HS
Rivadavia 2100 esquina Rincón.Barrio Balvanera.


* ACADEMIA DEL LUNFARDO

DOMINGO 18 DE ABRIL 18HS
Salón Nicolás Olivari de la Academia Porteña del Lunfardo. Estados Unidos 1379.

viernes, 11 de septiembre de 2009

AROMA FRUTAL. Dedicado a los docentes argentinos.



Isabel Botana, maestra argentina. Escuchando nuestros cuentos como homenje en el Club del Progreso. 5 de septiembre de 2009.



27 de agosto de 2009, E.N.S.P.A
Escuela Normal Superior "Próspero G. Alemandri"
Unidad Académica, ISFD N° 100 de Avellaneda.



Siempre había querido ser maestro, desde que recuerda... cuando su hermana cinco años mayor lo sentaba a él y a dos más pequeños en fila debajo de los árboles. Pedía la tarea, enseñaba las vocales, les hacía dibujos para que ellos pintaran...y así discurrían las siestas de verano.

Muchas veces quiso ocupar el lugar de su hermana...estar al frente en ese patio más poblado de aromas frutales que de niños, escribir el día y la fecha con pedacitos de carbón en la pared que daba a la parte de atrás de la casa.
-¡Pase al pizarrón, Marquitos!- le decía ella, entonces, él, henchido de orgullo, ante la admiración de los dos chiquitines, desfilaba entre las baldosas sorteando obstáculos, ya que de tan separadas permitían el crecimiento de diferentes tipos de hierbas. Ya en el frente, escribía lo solicitado por la mayor y muchas veces, simplemente, le tocaba echar agua con una jarra, con el único fin de borrar precariamente los garabatos de tizne hechos por sus hermanitos. Los sábados, la limpieza del paredón se hacía a cepillos y detergente y con la participación de todos los integrantes de esta comunidad educativa.

Siempre se había imaginado vistiendo el guardapolvo blanco, las manos entrelazadas por la espalda y la frente erguida, emocionado y mirando flamear el pabellón patrio.
Se veía en el aula, inclinándose para tomar la mano de los más pequeños y enseñarles a dibujar sus primeras letras; así, como había hecho con él su maestro Lucho.

Siempre había sentido curiosidad por los secretos que encierran los libros. Desde aquel primero que le regaló su padre, casi por casualidad, pues había ido a la librería del pueblo y había pedido "un libro para que Marquitos mirara y lo pudiera mantener quietecito y con la pierna en alto luego del accidente en el campo". Su padre no sabía leer entonces y la muchacha vendedora le había elegido "Cinco semanas en globo".
Con la misma fruición leyó, mucho tiempo después, otras aventuras: los libros de pedagogía propuestos por su profesora.

Siempre había soñado con recibir su título y festejar con su familia ese logro. Y ese día caluroso de diciembre, sus deseos, esos deseos, comenzaban a cumplirse; también en un patio, cuando por el micrófono pronunciaron su nombre precedido de "Maestro Normal Superior...". Y allí estaban: su primera maestra cinco años mayor, sus hermanos menores, su madre y de algún modo, su padre. Pero había pasado un buen tiempo y la familia se había agrandado por entonces. Marquitos tenía una esposa y tres hijos ... Ese día soñado, junto con el guardapolvo blanco, él llevaba puestos los 50 años y un nieto, y lo esperaba otra fiesta...allí, en la escuela rural donde había transcurrido su niñez y que ahora había elegido, para acompañar otras infancias.




martes, 1 de septiembre de 2009

Tertulias en homenaje a los maestros...

Club del Progreso, 5 de septiembre de 2009.
En el centro de la foto, Isabel Botana, maestra argentina que recibe el homenaje de la E.L.N.S de María Héguiz.
ARGENTINA NARRADA

domingo, 9 de agosto de 2009

El homenaje de E.L.N.S a Alberto Vaccarezza. (Buenos Aires, 1 de abril de 1886 - 6 de agosto de 1959)


Una tarde cargada de emoción. Uno de los momentos de la tertulia con los "PREGONES DE BUENOS AIRES" en las voces de todos los narradores, entre ellos: nuestra profesora María Héguiz y la hija del escritor, Mercedes Vaccarezza.

sábado, 6 de junio de 2009

Tertulias en el Club del Progreso.

Humor, nostalgia, amor, susurros, homenajes, lágrimas y alegría reunidos en una tarde mágica y maravillosa. Fue compartir entre amigos narradores, con la escritora Ana Tosi, de la cual se relataron cuentos, con nuestra profesora María Héguiz, con un gran número de oyentes y, por supuesto, con los seguidores de siempre.





lunes, 16 de febrero de 2009

RETAZOS.

Durante la última emisión de "La noche de los museos" en la Corbeta Uruguay, el 15 de noviembre, el grupo de narradores de la "Escuela de Lectores Narradores Sociales" de María Héguiz se presentó con una serie de relatos. El que sigue fue escrito y narrado por mí en aquella ocasión con un previo trabajo de adaptación durante las clases en la escuela anteriormente mencionada.
http://www.elniaqueargentino.com.ar/





Al mozo de ese bar del puerto le gustaban los cuentos . No sólo leerlos o escucharlos sino escribirlos. Había tenido éxito con esa actividad, tanto que hubiera podido dejar su empleo. Eso, si lo hubiese querido. Pero no quería. Ese lugar era el que lo nutría a diario de los argumentos para sus relatos. Había quedado atrapado en las redes de las historias que allí se tejían. Imposible irse de allí.
Todo comenzó una tarde, a las seis en punto. Una señora entró al bar. Pidió un cortado, y una hoja de papel. Luego, empezó a revelar una historia, con una voz cansada y monótona. Este ritual iba a repetirse una y otra vez, cada día, por varios meses.
A menudo, la mujer, brindaba pequeños episodios, retazos de algo que parecía un cuento. En otras ocasiones pronunciaba cuatro o cinco palabras, como aquella vez que sólo dijo: “El hombre siempre la amenazaba”.
Mientras hablaba, se dedicaba a escribir o dibujar sobre la hoja. Una vez esbozó una especie de croquis en donde señalaba con puntos, lugares muy precisos: la entrada a una bodega, un camarote, una cubierta, una escala.
Luego levantaba el vaso con agua, que el mozo siempre le servía con el cortado, y se quedaba con la mirada perdida en el contenido, y meciéndolo con suavidad.
El mozo, que la escuchaba atentamente y observaba con disimulo el papel dibujado, mientras le servía o le cobraba, supo una vez que la mujer estaba de paso por ese barrio. Ni siquiera residía cerca de allí. Había llegado al país, eso sí, hacía más de sesenta años, y en barco.
En muchas circunstancias lo que la mujer revelaba eran fragmentos de su propia experiencia de vida. A menudo, refería episodios de su largo viaje por mar y río. Una vez, sólo una vez, susurró una canción en otro idioma.
Cuando llegaba a su casa o en los momentos en que no entraban muchos clientes, el mozo iba reconstruyendo la historia. La reordenaba, le ponía énfasis a una u otra parte, trataba de recordar los gestos y tonos de la mujer que contaba.
Una tarde cualquiera la mujer no apareció por el bar. Tampoco fue al otro día, ni al siguiente…
Esa primera historia, al mozo, le había quedado inconclusa. Al menos eso era lo que él había pensado cuando supo que la mujer no volvería por allí.
Un día, revisando los borradores, se dio cuenta de que el final ya había sido revelado. Releyendo las anotaciones del tercero o cuarto día, había quedado al descubierto el fatal desenlace en lo que parecía la borda del barco, y lo único que había hecho la mujer, los días subsiguientes, había sido dar a conocer los indicios que llevaban al fin.
Ahora ¿de qué trataba precisamente ese primer cuento del mozo construído de retazos?, eso se los relato otra noche tanto o más fresca que ésta, quizás en la misma cubierta, lejos de la borda.
Patricia Morante.

domingo, 15 de febrero de 2009

OBRERO DE LA MÚSICA.

Este cuento está dedicado al Músico Social Miguel Ángel Estrella: Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO y fundador de la ONG Música Esperanza, cuyos objetivos son facilitar el acceso a la música, sobre todo de las clases más desfavorecidas; crear lazos entre las diferentes comunidades y defender la dignidad humana. Es también creador de la “Orquesta de la Paz” compuesta por jóvenes músicos árabes e israelíes.
La historia aquí narrada está basada en una anécdota que el mismo Miguel Ángel Estrella contó en uno de sus conciertos. Entonces desde una narradora de la "Escuela de Lectores Narradores Sociales" de María Héguiz(
http://www.elniaqueargentino.com.ar/ )a un músico social… va este cuento, también dedicado a don Fernández, por supuesto.

Esa mañana, José no imaginó que a partir de un tedioso trámite bancario se produciría el milagro, o la revelación. Al levantarse pensó por unos segundos en postergar su viaje a la ciudad; en tomarse el micro la próxima semana; en pedirle a su compadre, que viajaba seguido, le hiciera el favor de acercarse a la sucursal y realizar el trámite por él. Pero recordó con gran pesadumbre que el telegrama dictaba: “Trámite personal y dentro de la semana de recibido”. Ya no podía dudar. Con esa impronta que lo caracterizaba en estas situaciones, situaciones que quería “sacarse de encima”, se vistió y se dirigió a la terminal.
Durante la primera parte del trayecto y en medio del sopor, comenzó a recordar lo que le había pasado una noche de esas, bastante habitual, en que había llegado a su casa, luego de una dura jornada. Se había despedido casi al amanecer de su mujer y regresaba muy tarde, a medianoche. En la fábrica donde trabajaba las cosas no andaban bien y para colmo de males otra vez había discutido con su jefe.
Su cansancio era muy grande, apenas si tenía ganas de comer. Entró por la puerta de la cocina que en esa época del año dejaban entreabierta. Se sorprendió al asomarse a la habitación y ver a su mujer ya acostada. En otros tiempos, Marta no se hubiera dormido sin conversar un poco con él mientras lo veía comer con ganas lo que ella le había preparado, pero esta vez el cansancio la había vencido. La mujer también había trabajado todo el día en la limpieza de varias casas vecinas. Ahora, mientras respiraba acompasadamente y soñaba, José la observaba con tristeza pensando en el poco tiempo que pasaban juntos.
Aquella misma noche se quitó los zapatos, se lavó bien las manos y recién cuando buscó el plato con la comida se dio cuenta de que la radio estaba encendida. Pensó que su mujer, de algún modo había querido compensar su ausencia. Levantó un poco el volumen y escuchó una música lenta, quizás un poco monótona para su gusto pero dejó que siguiera sonando:
- “Juan Sebastián Bach”- había anunciado el locutor a la medianoche…-, música para el alma, conciertos de Branden…- y José se había hallado en el paraíso.
-Juan Sebastián Baj,- había repetido una y otra vez hasta que decidió escribirlo con una letra más que prolija- debe ser tucumano si me gusta tanto. Voy a averiguar quién es-.
El movimiento del micro lo regresó al presente, y cuando estaba a punto de cruzar el vado, que le señalaba la mitad del camino, José se asomó por la ventana y observó cómo la crecida arrastraba ramas, piedras y barro. El sopor le ganó otra vez y se sumergió nuevamente en los recuerdos.
Esta vez su memoria lo condujo más lejos: un episodio de su niñez en el que había estado esperando toda la tarde a su padre. Ese día cumplía ocho años y había encontrado al despertar y entre las sábanas un camioncito de lata, un cuaderno de tapa dura y un lápiz. En la primera hoja decía con una letra muy esmerada: -“Dibujame lo que soñaste “. Él no podía recordar su sueño de dormido entonces dibujó otro sueño: una mesa, una mesa enorme a la que estaban sentados él, su padre, su madre y todos sus hermanos. Con su cuaderno en la mano y jugando con el camión había esperado hasta que lo venció el sueño.Cuando se despertó su padre estaba comiendo y en la radio sonaba una música suave.
Ahora, sentado en el micro y en medio del traqueteo pensó por un instante en la forma en que las historias se repiten, en que las emociones se unen a través del tiempo. Pensó en lo importante que había sido ese cuaderno. Pensó en la música de la radio y cómo se había relajado escuchándola aquella vez, que se había sentido realmente sosegado.

El micro ya finalizaba su recorrido, José tomó su bolso y se acercó al chofer. Como por impulso le preguntó:-Chango, ¿vos no sabés quién es Juan Sebastián Baj?-.
Y obtuvo como respuesta la que había recibido toda la semana en la fábrica cada vez que preguntaba por su personaje: -No, Negro, ni sé quién es ese-.
Se dirigió hacia la entidad bancaria pensando que en la ciudad alguien tenía que conocerlo, si hasta por la radio lo pasaban.
Cuando por fin estaba terminando su trámite observó en la solapa del traje del joven que lo atendía, una identificación: “Sebastián Corrales, cajero”.
-¿ Usted sabe quién es Juan Sebastián Baj?- cuestionó intempestivamente.
El joven lo miró con enormes ojos.
-Un músico- respondió secamente.
-Sí, un músico. ¿Y es de por acá?.
El muchacho rió y luego, ante la mirada entre seria e ingenua de José, se sonrojó. Cuando los ánimos se tranquilizaron le explicó que Juan Sebastián Bach había nacido en Alemania en el siglo XVII, que su música había sido reconocida tardíamente y que se habían escrito muchos libros respecto de su vida y su obra y que había tenido muchos hijos. La madre, al joven cajero, le había puesto el nombre por él porque lo admiraba y su hermano mayor se llamaba Juan…
Las dos horas siguientes, hasta abordar el micro de regreso, transcurrieron en un antigua librería donde consiguió, una serie de biografías y un pequeño tesoro en forma de libro: “Vida y obra de Johann Sebastian Bach”.
Leyó todo lo que el traqueteo del micro le permitió y soñó, soñó dormido y despierto todo el viaje. Volvió a los recuerdos: la música en la radio, los regalos de su padre, su esposa, su jefe y las peleas, la música otra vez, la paz, el paraíso, la lectura, Juan Sebastián…y la pérdida temprana de su padre. Juan Sebastián o Johann Sebastian: un trabajador como él, un rebelde también, un obrero, obrero de la música.


Patricia Morante.