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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

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viernes, 20 de diciembre de 2024

El costurero. Primer cajón.

I Costureros de viaje o multiplicación de los hilos.


Uno es reliquia y otro, pura nostalgia.

Caja de chocolates "Día de los enamorados", éste;

monedero dorado de la abuela, aquel.

Hay un tercero de vida ambulante y constante.

Lata mediana de caramelos intervenida,

y con cambio de contenido.

Agujas de ojos grandes, como las mujeres de Mastretta.

Hilos de bordar de colores, texturas, grosores 

y edades diversas donde también viven los ancestros.

Alfiletero hecho de esponja en desuso forrada en tela.

Tijera plegable made in China.

Enhebrador. Dedal. 


Sale algunos domingos rumbo a Plaza Irlanda

(colectivo~ tren~ caminata)

y se abre al encuentro de telas, bastidores, 

charlas y canciones.

Se despliega como otros sobre la mesa larga,

se integra, se pierde por momentos

bajo la sombra del gigante amigo

o la caricia de la bandera comunitaria.

Las telas dicen, piden y reclaman:

justicia, un espacio de memoria,

que el dolor se transforme en lucha;

y las agujas que suben y bajan,

labran las historias.


El costurerito o bordaderito

entre semana sale al jardín

del fondo de la casa.

Aunque la mesa es pequeña y la soledad, grande,

igual se destapa 

y en medio del amoroso desorden 

que trajo de la plaza 

y, a pesar de los hilos ya usados,

revela  que se volvió

con muchas hebras de más

y con gran deseo

de seguir contando hasta el próximo abrazo

en Caballito.

Las telas dicen, piden, reclaman.


Manos compañeras bordan bandera 
comunitaria
El bordaderito
Fotos Tolhuin

                                        

Patricia Morante

20 de diciembre de 2024

Escritura a partir de: El costurero. Mayo 2024 y de los encuentros Bordando historias, propuestos por la 
Próximo encuentro: 26 de enero

lunes, 30 de septiembre de 2024

Luis~Juana~Wilfredo~Rodrigo~Elías~Harry

Hoy 30 de Septiembre de 2024 se cumplen 18 años y 6 meses del la masacre en el taller textil Luis Viale. Recordamos esta fecha cada mes porque simboliza nuestra lucha continua contra la explotación laboral y la violación de los derechos de los trabajadores.

No podemos olvidar ni el fuego, ni a los responsables, ni a los cómplices y mucho menos a nuestra compañera y los niños que murieron calcinados en el taller textil de la calle Luis Viale 1269, donde el lugar fue taller y vivienda.

Desde la Comisión por la Memoria y Justicia de los Obreros Textiles de Luis Viale, recordamos y nuestro grito será por siempre:
Juana Vilca Quispe (25 años, embarazada), ¡presente!

Wilfredo Quispe Mendoza (15), ¡presente!
Elías Carbajal Quispe (10), ¡presente!

Rodrigo Carbajal Carbajal (4), ¡presente!
Luis Quispe Cornejo (4), ¡presente!
Harry Rodríguez Gómez (3), ¡presente!
En su memoria, la lucha continúa incansablemente. No podemos mirar para otro lado, porque no queremos que la historia se repita.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Ayer, domingo 29 de octubre estuvimos participando de una actividad en la plaza Irlanda, un espacio muy significativo porque queda muy cerca de los talleres de la calle Viale y era lugar de paso, de reunión, tal vez de esparcimiento de obrerxs. Ahora se reúnen (nos reunimos) sobrevivientes, vecinxs y otras gentes que se van sumando. La tarea consistió en "bordar historias". Esa actividad ancestral que abre caminos a medida la aguja va penetrando la tela, sube y baja con las hebras de colores dejando plasmado un arte que grita por memoria y justicia.
Nos encontraremos nuevamente el 13 de octubre para bordarnos y entretejernos.




jueves, 23 de mayo de 2024

El costurero

 

«La memoria de las mujeres se parece a esas mesas antiguas que utilizan para coser; están llenas de cajones secretos. Algunos están cerrados desde hace mucho tiempo y no se pueden abrir, otros contienen flores secas; otros, madejas enredadas; a veces alfileres»

Marguerite Yourcenar


Domingo 19 de mayo por la mañana, me encuentro de pronto limpiando y ordenando algunos rincones. Un mueble petizo, con estilo. Cinco cajones que a lo largo de los años se han transformado en pequeños espacios de guardado.

Uno. Hilos de coser de todos colores acomodados en un envase de cartón. Cintas métricas. Costureritos de viaje (Capítulo aparte I). Hilos de bordar que requieren ser reorganizados. Hilo de sutura. Del tirador pende un bastidor.

Dos. Agujas de todo tipo, uso y tamaño. Alfileteros artesanales de éste y otro siglo (capítulo aparte II). Alfileres en cajitas. Tijeras. Dedales. Un envase de medicamento con alfileres de gancho. Broches de gancho N° 6 en su cajita original. Enhebradores. Dos H o u s e h o l d  R e p a i r  sin abrir adquiridos en algún viaje en tren. Una canastita de cartón  R e g a l  a la que le faltan algunas de sus 19 agujas y el enhebrador. (Capítulo aparte III) Tizas blancas. Agujas de tejer sobresalen por un costado.

Tres. Hilos de bordar: los traídos de otro cajoncito, los tucumanos, los de la abuela. Piolín amarillo. Hebras de arpillera. Una bolsita con pelo entre rosado y violeta de mi hija. (capítulo aparte IV).

Cuatro. Ovillitos de lana e hilos para tejer. Un tejido pequeño, sin terminar, desprolijo. (No es lo mío ni mi cajón favorito. A mi gato le gustó. (Capítulo aparte V).

Cinco. Pequeños retazos de tela. Algunas cintas. Un corpiño sin breteles. Un pequeño tapiz sin terminar para El Arbolito Casa Cultural (Capítulo aparte VI)






20 de diciembre de 2024

lunes, 26 de diciembre de 2016

Yo no sé escribir relatos.

...ooo000OOO000ooo...


Ésa, la del título, es mi verdad, pero hoy me dieron ganas de escribir y aquí estoy.
No es que no tenga nunca nada para contar, sólo me sucede que ni bien empiezo, me enredo con la historia principal, con las palabras, con otras historias secundarias como si fueran hilos que se van enmarañando y después andá a deshacer eso... Empiezo a justificarme diciendo que la ansiedad por contar algo me juega en contra, que va a ser imposible que alguien entienda, etc, etc. Como exactamente me está pasando ahora.
Pero, repito: me dieron ganas. Además, precisamente, la de hoy es una historia de hilos y pienso llegar hasta la última puntada. Voy a hacer caso omiso del título. Hoy no me importa mi categórica verdad.
Parte de lo que voy a contar se lo dije a mi amiga por teléfono, me despaché como nunca, aprovechando que me llamó y que la historia la tenía bien "fresquita" porque era reciente, es decir, de esos días; o por lo menos así lo creí.
Una vez que terminé mi narración oral telefónica (con ella hablamos desde el teléfono fijo), le expresé que lo que yo había querido, antes de que ella se anticipara con la llamada,  era escribírselo por mail. Ella no dijo nada  pero como es maga me lo hizo decir a mí: "Pero aunque ya te lo conté, igual lo puedo escribir". Y ella que es maga, repito, me alentó con un: "¡Y, sí!".
Mi amiga maga MA GA ( se llama MAría GAbriela y aunque su nombre fuera Clotilde lo de "maga" no se lo quita nadie) en uno de sus gestos compartió conmigo la nota publicada en una revista. Era, es el relato de la experiencia con el bordado de un hombre, un periodista,  que a medida que cuenta va atravesando temas diversos que son de mucho interés para mí.

Les sugiero leer: http://www.revistaanfibia.com/cronica/diario-de-un-bordador/

Además es una crónica tan maravillosamente realista que me encendió, no con el propósito de escribir, al menos en ese momento, sino para retomar mi bordado. Actividad en la que quedo enredada, muchas veces, como en la escritura. Y digo "enredada" en varios sentidos.
Ahora que recuerdo, alguna vez escribí acerca de "bordar", pero fueron poemas. ** (Si quieren después se los leo).
A esta altura del texto voy a repetir a modo de disculpa y justificación: "Yo no sé escribir relatos". Pero ahí va.


...ooo000OOO000ooo...


La historia de esa mañana se balanceaba entre la búsqueda de actividades vitales y enfrentamientos con la burocracia. Como en otras ocasiones, desde hace un buen tiempo, cada vez que en un día libre tengo que dedicarme a hacer trámites, busco algo placentero para hacer antes o después. Y digo que la historia estaba suspendida porque también pude haberme quedado en la casa. Pude haber hecho una de las dos cosas (el trámite o la compra) o, definitivamente, ninguna. Pero la historia hubiera sido otra, ¿cierto?
La tarde anterior había leído  "Diario de un bordador", una crónica de Sebastián Hacher en la revista Anfibia. Había quedado fascinada con el motivo y la forma del relato. Me encontré identificada en varios puntos. Entre ellos, en el cuestionamiento de los estereotipos, de los paradigmas hegemónicos y, lógicamente, en los muchos sentidos de la tarea de "bordar".  Así que me lancé "esa mañana", es decir, al día siguiente de la lectura, primero al transporte público y después al centro comercial en busca de hilos y otros insumos de mercería en medio de la horda de gente que llamaré "prenavideña".
Mientras viajaba me preguntaba qué haría primero: si el trámite o la compra. Mucho dependía de una razón práctica, es decir, de dónde me dejaba más cerca el colectivo. Además había empezado a llover (y yo sin paraguas, sin impermeable, sin garlochas). Me bajé del transporte como para ir a la oficina correspondiente pero una vez en la esquina, sin darme cuenta, seguí de largo hacia la mercería.
Comencé a pensar en la siguiente fórmula~recorrido: A) regocijo de hilos, telas y bastidores + B) enfrentamiento aguerrido con un trámite sin resolver en seis meses + C) placer absoluto en el reencuentro con el bordado.
Cabe aclarar que con B no tenía esperanza alguna pero sentía que podía obtener un franco empoderamiento para afrontarlo con la ilusión de A y C, por lo tanto, en el medio de la fórmula o como segundo término, lo burocrático, no estaba nada mal.
Para no entrar en detalles y enredos de los que me resultaría muy difícil escapar, voy a ir al grano o, mejor dicho, al hilo del asunto.

Sintetizando, en la mercería me atendió un joven que apenas pasaba los veinte años. Ya encontrarme "quebrantado" el estereotipo de la mujer atendiendo en mercerías me llenó el corazón y las ilusiones.

Con respecto a mi trámite debo decir que estaba resuelto, me entregaron una carpeta de sesenta folios que así lo atestigua. Había entrado a la oficina con los tapones de punta (extremum caps en latín, según el traductor online// lo escribo como si importara)  y ahora salía bajo la lluvia, que mansamente había disipado a los compradores~ consumidores~ anunciados, con una sonrisa harto cuestionable para  transeúntes, abrazando la bolsa impermeable  que a esa altura era contenedora tanto de bastidores y de hilos como de hojas y hojas que daban cuenta de mi reconocimientos de servicios en la docencia.

¡Ah!, y desde aquella mañana en que regresé a casa, todavía estoy bordando.

Bueno, si quieren conocer ustedes algún cuentito acerca de los bordados que ofrecen las imágenes, van a tener que esperar a que vuelva a lidiar con mi verdad (ya saben: la del título) y tenga la osadía de "plantarme" con alguna historia a pesar de que no sé escribir relatos.

...ooo000OOO000ooo...



Bordados y fotos Tolhuin.

...ooo000OOO000ooo...

 **

Otro asunto confuso.

A Odiseo.

Contrariamente
al modo de todas las penélopes
no eligen mis brazos,
ni mis pies, ni mis vértebras
el alargado tejido diurno
hasta la víspera de la nada,
hasta  el umbral del destejer
y destejerse.
También extendida y cuidadosa,
emprenden mis manos
la tarea de bordar
en espera de la barca
donde ~como en el revés
de un rito~ desbordamos
 y nos desbordamos.


Bordar o entrañar la trama.

Ante las dilatadas esperas
a la orilla del naufragio,
y entre todas
las labores insinuadas,
elegir bordar,
con la certeza
de no pretender deshacer
luego, lo compuesto.

Los resultados en la experiencia
de desandar el rito
arrojan que difícilmente se pueda
reutilizar el hilo,
máxime si se engendra
la concomitancia
entre torpeza e impaciencia.
Se necesita mirar muy fijo,
volver a pasar
e ir levantando
minuciosamente
y con aguja bien fina,
punto por punto.
Sin embargo
se producen allí
los primeros daños materiales.
Y a veces también
como segundo efecto
se rompe la tela.
Porque bordar es siempre
intervenir ese tipo de soporte.
Mientras se desteje,
por ejemplo,
ya que basta sólo
con tirar de la hebra,
dicen que hasta se puede leer
pero al des-bordar
es imposible.
Cada punto viene a ser
concentradamente
la propia lectura.
Es muy difícil no causar daños
en esta tarea de desarmar
pues bordar como rito,
como espera,
como esperanza
es siempre
entrañar una trama
y debe ser asolador
y desolador
tener que desentrañarla.

BORDAR Y DESBORDAR

I.Un largo, placentero
y nostálgico viaje.
Aparecieron la infancia
y la adolescencia.
Retomamos una dulce tarea
mientras tejemos historias
en hebras de palabras.
Tejemos y destejemos.
También bordamos.
Las palabras se mezclan,
se superponen,
se abrazan.
Las palabras se abren
o se cierran; dejan lugar
a otros signos.
Hacen ronda.
Se abren y se cierran
como la lana
en medio punto
o bareta.
Las palabras
se introducen
como aguja de crochet
formando cadenas.
Las palabras forman
el dibujo de un 
bordado.

  
II. Los hilos son de la época del Ñaupa- dice mi madre-. Llevalos, ahora que se te da por bordar. ¿Te acordás que no te gustaba para nada en la escuela...? Yo no los voy a usar.

Y no, no me gustaba para nada.
Y sí, ahora me gusta.
Sigue lloviendo.
Música de gotas
para las palabras
de nuestras infancia.

III. Mujeres grandes que sueñan como adolescentes.
La aventura es el Cerro Champaquí, provincia de Córdoba, (ascenso por San Javier). 

...ooo000OOO000ooo...


bordar

martes, 18 de octubre de 2016

Bordado, foto y diseño Tolhuin~Marciano.
Soy la mujer que sola caí.
Soy la mujer que espera.
Soy la mujer que examina.
Soy la mujer que mira hacia adentro.
Soy la mujer que mira debajo del agua.
Soy la nadadora sagrada
porque puedo nadar en lo grandioso.
Soy la mujer luna.
Soy la mujer que vuela.
Soy la mujer aerolito.
Soy la mujer constelación huarache.
Soy la mujer constelación bastón.
Soy la mujer estrella, Dios
porque vengo recorriendo los lugares desde su origen.
Soy la mujer de la brisa.
Soy la mujer rocío fresco.
Soy la mujer del alba.
Soy la mujer del crepúsculo.
Soy la mujer que brota.
Soy la mujer arrancada.
Soy la mujer que llora.
Soy la mujer que chifla.
Soy la mujer que hace sonar.
Soy la mujer tamborista.
Soy la mujer trompetista.
Soy la mujer violinista.
Soy la mujer que alegra
porque soy la payasa sagrada.
Soy la mujer piedra del sol.
Soy la mujer luz de día.
Soy la mujer que hace girar.
Soy la mujer del cielo.
Soy la mujer de bien.
Soy la mujer espíritu
porque puedo entrar y puedo salir
en el reino de la muerte.

María Sabina,
curandera de Oaxaca.

martes, 21 de junio de 2016

Belén.

"Hola a todas las mujeres luchadoras y a toda la gente que me acompaña en este momento.
Quiero expresarles mi agradecimiento por hacer que mi lucha sea de todas ustedes. Gracias por defenderme, por hacer que mi voz y mi verdad se escuche.
Yo estuve callada durante dos años. No me animaba a hablar. Tenía miedo. Me habían dicho que me darían perpetua. Me condenaron solo por dichos, por ser humilde, por ir al hospital, por no tener plata para ir a una clínica y pagar una buena defensa.
Desde el 21 de marzo de 2014 que no vuelvo a mi casa, que no veo a mi familia, me privaron de muchas cosas. Solo quería que me ayudaran y terminé presa, rodeada de policías y dedos acusadores. 2 años y tres meses lejos de mi casa, ¡me arrebataron mi vida!
¿Nadie se preguntó cómo me sentía yo esa noche? Me acusaban y me preguntaban si yo me había hecho un aborto. A mi mamá también la trataron mal. A nadie le importé yo. Es una ignorante, no sabe nada dijeron seguro y me condenaron junto con la policía. Después también me condenó la Justicia aunque yo les dije que no hice nada, que no maté a nadie. Yo ni sabía que estaba embarazada. Lloro por la injusticia que vivo. Pero estoy tranquila, se que habrá justicia para mi. Ahora estoy más fuerte, más tranquila.
Jamás le hice daño a nadie, jamás robé, jamás maté, no consumo drogas. Soy una mujer que toda su vida trabajó. Siempre hice las cosas que debía hacer.
Estoy eternamente agradecida con todos los que me están ayudando a que mi voz se escuche. Desde este lugar les mando abrazos y mis saludos. Me da mucha alegría que no estoy sola.
Gracias y mil gracias para todas las mujeres. Luchemos entre todas y que se nos escuche para que no haya más mujeres presas por aborto. Ahora su lucha también es mi lucha.
Saludos y mis afectos para ustedes. Belén”

Bordado en adhesión a Proyecto Corpiño.
Libertad para Belén.

12 de agosto marcha en todas las plazas del país.

lunes, 11 de enero de 2016

Bordar o entrañar la trama.

"...extendida y cuidadosa,
emprenden mis manos
la tarea de bordar
en espera de la barca
donde, en el revés
de un rito, desbordamos
y nos desbordamos..." *

Ante las dilatadas esperas
a la orilla del naufragio,
y entre todas
las labores insinuadas,
elegir bordar,
con la certeza
de no pretender deshacer
luego, lo compuesto.

Los resultados en la experiencia
de desandar el rito
arrojan que difícilmente se pueda
reutilizar el hilo,
máxime si se engendra
la concomitancia
entre torpeza e impaciencia.
Se necesita mirar muy fijo,
volver a pasar
e ir levantando
minuciosamente
y con aguja bien fina,
punto por punto.
Sin embargo
se producen allí
los primeros daños materiales.
Y a veces también
como segundo efecto
se rompe la tela.
Porque bordar es siempre
intervenir ese tipo de soporte.
Mientras se desteje,
por ejemplo,
ya que basta sólo
con tirar de la hebra,
dicen que hasta se puede leer
pero al des-bordar
es imposible.
Cada punto viene a ser
concentradamente
la propia lectura.
Es muy difícil no causar daños
en esta tarea de desarmar
pues bordar como rito,
como espera,
como esperanza
es siempre
entrañar una trama
y debe ser asolador
y desolador
tener que desentrañarla.






lunes, 25 de marzo de 2013

Otro asunto confuso.

A Odiseo.

Contrariamente
al modo de todas las penélopes
no eligen mis brazos,
ni mis pies, ni mis vértebras
el alargado tejido diurno
hasta la víspera de la nada,
hasta  el umbral del destejer
y destejerse.
También extendida y cuidadosa,
emprenden mis manos
la tarea de bordar
en espera de la barca
donde, como en el revés
de un rito, desbordamos
 y nos desbordamos.

lunes, 19 de abril de 2010

Punto cadena.

...dedicado a los sastres y a las costureras que hilvanan los recuerdos...

Mientras devano la memoria 
forma un ovillo la nostalgia
si la nostalgia desovillo se irá ovillando la esperanza
siempre es el mismo hilo
Mario Benedetti.

Mi aburrimiento con las labores comenzó a los 7 u 8 años, cuando nuestra profesora, en el colegio de monjas, nos pedía bordar, coser y otras actividades no menos ingratas para el corazón de una niña a la que sólo le interesaba leer.
Yo no podía coser ni bordar, mucho menos tejer, no tenía ganas, no quería. Me esforzaba, sí, para confeccionar batitas para el hospital o para ofrecer un regalo a mi madre en su día. Todavía recuerdo un par de zanahorias danzarinas en un repasador, bordadas en punto yerba, justo en el medio y tironeando espantosamente de los bordes, pues nunca, en aquella época, había podido lograr que la tela no quedara horriblemente fruncida, hiciera lo que fuere para evitarlo.
Por fortuna mi escasa predisposición para dichas tareas sólo causaban gracia y una que otra burla que, francamente, no afectaban de modo negativo mi psicología pero, más de una vez, despertaban mi curiosidad, curiosidad que no siempre quedaba satisfecha.
-¿Por qué tengo que bordar?
-Porque vas a un colegio de niñas.
-¿Los niños no bordan?
-¡No! ¡Los niños no bordan!
-¿Por qué?
-Porque es una tarea de mujeres.
-¿...?

Mi recorrido en ese colegio fue bastante extenso, con lo cual, cada año aparecía el desafío al que yo le daba la espalda una y otra vez.
Durante el secundario la relación con las telas, las lanas y todo tipo de aguja se complicó, pues se podía “desaprobar” (eso nos hacían creer los primeros años) si no se realizaban las nobles tareas de la “señorita de San Nicolás”, por lo menos las dos primeras. No quería imaginarme un examen, en pleno diciembre, haciendo ruedos, bordando una manzana en una servilleta o, lo que era peor, tejiendo una bufanda. La solución no se hizo esperar por aquel entonces. Por suerte tenía y tengo una hermana mayor que heredó las habilidades para el tejido de la abuela paterna y el encanto del bordado y la costura de nuestra mamá. Las muestras de su carpeta, realizadas unos años antes, se trasladaron como por arte de magia a mi propia carpeta. En clase...bueno, en clase, que debía dar testimonio de mis habilidades gradualmente adquiridas, me asemejaba a Penélope pero en una versión post-moderna, que no esperaba, pacientemente, tejiendo y destejiendo la llegada de Ulises, sino a que se terminara “la odisea” cuando sonara, por fin, la deseada campanada del recreo.
Debo decir que no siempre resultaba desagradable la clase de labores. A veces nos dejaban conversar entre nosotras mientras que alguna hacía de cuenta que estaba perfeccionando el punto cruz; otra, que se decidía de una buena vez a bordar ese precioso caballo en el cañamazo y una tercera, que por sexto o séptimo intento ,con la de crochet, terminaba la agarradera para la pavita del mate. Porque en esto de evadir las actividades de labores tenía un buen número de aliadas.
-¡Tienen que hacer la tarea!-vociferaba nuestra profesora- sino cuando se casen no van a saber ni hacer un dobladillo, ni remendar los pantalones de sus hijos-.
Nosotras, por ese entonces, queríamos ser veterinarias y en las horas de “Labores” hablábamos de razas de perros. A ninguna se nos ocurría pensar que, en el futuro, sería indispensable aplicar esas actividades. Y las preguntas surgían con más muestras de rebeldía:-¿Por qué hay que saber “pegar” un botón?-.
¿Saben? ...ahora que lo veo mejor, a la distancia, creo que a pesar de todo me interesaban las hebras. Más de una vez tuve que recurrir, ya adulta, al punto cadena, por ejemplo, y hasta podría decir que lo fui perfeccionando en servilletas, disfraces y delantales con los nombres de mis hijos. Pero hay hebras especiales que me gustaban entonces y que en la actualidad, podría decir, me resultan indispensables. Quizás no ayuden a pegar un botón ni a hacer un ojal. Son aquellas que permitieron hoy tironear de los recuerdos, las mismas que hilvanan historias y entretejen poesías.