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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

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sábado, 17 de septiembre de 2016

Setenta malvones.

Es verdad que cuando por primera vez leí el poema de Baldomero Fernández Moreno yo no sabía qué eran los "balcones". Había vivido mi entonces corta vida (6 o 7 años) en un barrio de casas bajas, época en que se usaban las estilo "americanas".
Sí conocía los malvones. Tanto en nuestro jardín como en el de la casa de mis abuelos había en abundancia.

Cuando me hicieron estudiar el poema, como se usaba en la época para recitarlo, a mí me salía "malvones" en vez de "balcones" aunque nunca dije en voz alta "malvones", hacía un esfuerzo por recordar "balcones". No sé si pregunté lo que eran, seguramente sí, debido a mi curiosidad, pero estoy segura de que imaginaba las flores. El poema en sus primeros versos quedaba así:

Setenta malvones hay en esta casa
setenta malvones y ninguna flor...

(Hasta tenía lógica: podía ser que las plantas no hubieran florecido aún).

Hoy en día cada vez que recuerdo el poema, y aunque conozca que se trate de "setenta balcones" y sepa lo que son, me los imagino cargados de malvones.

Hoy recordé estos episodios, el poema y los gajos, que mi abuela tomaba de algún que otro jardín, cuando salí al mío y encontré estas maravillas.




 Fotos Tolhuin en Casa de Argimón.

SETENTA BALCONES Y NINGUNA FLOR. 
BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO.

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color? 

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones? 

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín? 

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave...
¡Setenta balcones y ninguna flor!

Setenta malvones o Perdón, Baldomero.
Patricia Morante.

Setenta malvones hay en esta casa,
setenta malvones y todos en flor.
A sus habitantes yo sé qué les pasa:
aman su textura, aman su color.

Los jardines plenos de alegría cantan,
¡dan una algazara los rojos malvones!
Aquí los ánimos siempre se levantan.
Aquí sí hay poeta boba de ilusiones.

Todos deseamos ver tras la ventana
tanta maravilla en un solo jardín.
Un nacer continuo en cada mañana,
un vital dormirse de la tarde al fin.

Amamos las plantas y amamos el ave,
sabemos de música, rima y amor,
Siempre se oyen besos y a veces un clave...
¡Setenta malvones y todos en flor!

lunes, 20 de julio de 2015

"...¿Y si un pájaro enloquecido cantara? Esperanza inútil. El canto apenas atravesaría como una leve flauta el silencio..." Clarice Lispector. Silencio


FotoTolhuin. Ventana de rancho en San Juan.

miércoles, 4 de junio de 2014

VII

Sombra inquieta. 
Pájaro que va y viene 
de un extremo al otro 
de la plaza.
El sol a mi espalda 
y ella que me pone 
alas.

Hamaca
de la infancia.

domingo, 23 de marzo de 2014

VI
Desde hace años,
durante los viajes en tren,
pienso en el abandono
viendo esas bolsitas colgadas
de los árboles
después de la inundación.

Y es que cuando tuve
que confinar mi amor
a un rincón del jardín,
exiliarlo de mí,
quedó
como racimo descuidado,
amarillento
y, aunque ajeno a la planta,
colgado de ella
igual que las bolsitas
a las ramas.

Todavía veo
sus restos
desde el fulgor
de las cinco.

Con premeditado desapego
dejé morir ese racimo,
lo vi perder fragmentos,
color,
perfume,
mientras fui tomando
también
el tono envejecido
de la tarde
y hasta el aspecto mustio
del ramo de otra época.

Inmóvil e inmutable,
apoyada tercamente
en la ventana,
olvidé el motivo
y hasta el mismísimo naufragio.

Pero cuando volví
a los viajes cerca del río
y algo de perturbadora quietud
agitó apenas las bolsas exiliadas,
la sangre pura de los ojos
interpeló:
-¿por qué tiemblo todavía?

jueves, 6 de febrero de 2014

     
                                                                    V. Cuando la plaza nos ponía alas   ~~~       F. Tolhuin


jueves, 30 de enero de 2014

IV.

A veces es tan sencillo salir de ella o dejar que se vaya, hacerse la distraída y, como si estuviera a un costado nuestro, ver de reojo cómo se desliza hasta quedar granito de arena en el suelo, confundido con otras partículas tales; o se filtra por esa grieta casi imperceptible de la pared hasta desaparecer.
Otras veces, sin embargo, no hay forma. Se enquista. Todo gira alrededor de ese puntito. Hasta parece que hay sentido a partir de él y vemos cómo va creciendo a medida pasa el domingo. Más chiquito que una gota, puntito que se va envolviendo en capas y capas que lo protegen, lo retienen, lo acunan.
Es entonces que me pregunto:- A ver, ¿de qué color es? ¿cuál es su consistencia?-.
Igual no se va. De casi transparente no se va. Celeste aguamarina y dura como una piedra pequeña.



.


Tan pequeña que no se puede romper.


sábado, 25 de enero de 2014

De ritos, lagunas y alegría.

                        III
Como Dios la trajo al mundo.



Sigilo.
Sol y luna de ojos abiertos.
Todos los pájaros posibles.
Colores dibujados en el atardecer.
Y barro.
Dos en un bote que se miran, ríen.
Ella se siente cántaro rebosante.
¿Será el misterio?
¿Será el fenómeno conjugado
de sol y luna llenos?
Quizás el laberinto inabordable
del totoral.
¿La silueta del caracolero?
¿Es ese gran pájaro que los sobrevuela?
¿O el perfil inesperado del chajá?



Es el silencio, es la ausencia
de lo que no se extraña.
La perfección.
Sólo la música natural.

Él rema con los brazos
y se adentran en una zona
de penumbra mística.
Las manos golpean el agua
y el agua, su corazón.
Se imagina nacida ahí,
de ese barro.
Siente calor en el pecho. 
Cierra los ojos para guardar
 ese tesoro único,
ese baile irrepetible,
esa gracia que le fue dada,
fiesta de todos los sentidos,
de goce
y poesía.


Saberse parte del aire
que envuelve y  hasta
de ese olor particular.
Es la frescura.
Se siente a salvo.
Es raro, pero en un bote
que parece flotar de milagro,
se siente a salvo.

No se priva siquiera de sentir
una brizna de temor
y con el remo que le queda
mide la profundidad del agua
y piensa:
sólo hasta las rodillas,
en toda la extensión de la laguna.
Finalmente,
la vivencia es más honda.
Se acuerda de Diana:
"... y me da vergüenza agregar
un susurro de voz..."
Entonces, queriendo decir algo,
calla.

El que habla es él, musita...
Ella vuelve a cerrar los ojos,
esta vez para guardar esas palabras 
que coronan el conjuro,
y así se adelanta a la pequeña muerte,



a ese abandono
en brazos de la laguna.
 

"Todo poema con el tiempo es una elegía" J.L.Borges. 
(Sólo es nuestro lo que perdimos. Los conjurados.)
Textos, dibujos y diseños: Marciano.

sábado, 18 de enero de 2014

II

pañuelo de seda
que se desliza
sensual
hasta quedar
finamente arrugado
en el piso
yo lo levanto
y vuelve a caer
y vuelvo a levantarlo
y cae
otra
vez 











mi obsesión y su obsecuencia

martes, 14 de enero de 2014

I

No quería que viniera
pero ya está acá
vestida de transparencias.
No quería.
Prefería el torbellino diario,
las mordidas
y hasta la tristeza con alas
que se instalaba de a ratos
entre domingo y domingo.
Prefería la espera desesperada
y el desencanto, sin más.
Pero ya llegó: con sus volados
envolventes, su gotero de sal,
sus manos de pan blando,
sus olores.
Se sienta a mi lado
y me hace emprolijar
lo que mostraré
mañana al mundo.