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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

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martes, 23 de diciembre de 2025

Anadiego°

 https://delacalle.org/murio-zaida-franz-madre-de-villa-ventana/


Foto Tolhuin Villa Ventana~ Octubre 2025


°Ana Teresa, hija de Zaida Franz, fue desaparecida por el terrorismo de Estado en 1976 cuando tenía 21 años. Se encontraba cursando el doctorado de astronomía en la Escuela Superior de Astronomía y Geofísica de la UNLP. Además, militaba en la Federación Juvenil Comunista.

El asteroide 11.441, descubierto en 1975 y ubicado entre Marte y Júpiter, lleva el nombre de “Anadiego” desde 2012 en homenaje a la joven desaparecida, cuyo sueño era recibirse de astrónoma.

sábado, 21 de septiembre de 2024

Volverte a ver, volverte a ver

20 de septiembre con la maravillosa interpretación del Dúo Falú~Moguilevsky en Casa Sonora Ituzaingó

Hoy, de viaje con ese, mi pensamiento, que también se va, también se va.



* Cuenta Jaime Dávalos acerca de esta canción: "En el patio de casa aparecían de pronto, con los primeros colores un día, llenando con sus chirridos de alborozo aquel ámbito de nuestros juegos donde El Tata estaba casi siempre sentado en su sillón de mimbre leyendo. Las campanas de San Alfonso contribuían entonces a insuflarle encantamiento a la visita de las golondrinas en aquellos cielos donde grandes nubarrones anunciaban la próxima estación de las lluvias. Los días eran largos y se demoraban en la agonía de la tarde. Lo recuerdo. Una tarde así en la que salía de la convalecencia de una larga gripe. ¡Vi tan nítido el aire! Me subí al techo y de espaldas sobre las chapas de zinc aún tibias, miré hacia arriba tratando de abarcar la vasta redondez comba del cielo de una sola mirada, sin pestañar; quería ver todas las golondrinas de una vez, sin necesidad de seguirlas una por una en el vuelo loco con que garabateaban el azul hondo, tiritante de la luz.
En el horizonte cenizo del arrabal a ras de los techos, los barriletes subían como fantasmales rayas coleando, nadando hacia las primeras estrellas pálidas, y el viento hacia saludar gravemente a los árboles. No sé cuanto tiempo permanecí echado así, pero me despertaron aquella fiesta de la contemplación los maullidos de aquellos gatos que ya sentían también como las golondrinas y yo, el advenimiento de la primavera.
Cuando Eduardo (Falú) me hizo oír la música de lo que después sería "Las golondrinas", voló mi pensamiento tiempo atrás y desandando los días recupero el alborozo triste de aquellas tardes de la infancia; los conmovidos versos de Gustavo Adolfo Bécquer; algo que me dictaba Leopoldo Lugones; y la vida, esa que siempre se nutre de la literatura sin temor de canjear entre ambas, de plagiarse o imitarse porque las dos son autoras de un sueño en el que devenimos polvo. La música, repito, con su fuerza evocadora citó en mi las palabras donde la experiencia sensible de los días lejanos quedó apenas atrapada, tan apenas como en la red de vuelos de las golondrinas en el ancho cielo del asombro" (Jaime Dávalos, "Yo soy quién pinta las uvas", 1980)
POEMA DE LAS GOLONDRINAS (Jaime Dávalos)
Amo las golondrinas
porque son como mi alma
fugaces visitantes de lo desconocido.
Aparecen de pronto,
cuando la primavera en el aire
decide la derrota del frío.
Me traen de los cielos remotos de la tierra
la nostalgia despacio
y el ansía de infinito
con que mi sangre
viene venciéndola a la muerte
y afirmando la vida
a través de los siglos.
Las veo,
entre celajes de nubes ampulosas
que copia en el espejo de las aguas el río,
festejar la tormenta que presienten
volando al ras del agua
ebrias de librar su instinto.
Porque son como flechas del arco iris
jugando en el azul abierto
su secreto destino.
Yo creo,
que a mi vienen
desde el fondo del tiempo
para que no me olvide
de mi origen divino.


sábado, 29 de junio de 2024

Memoria del agua y de las estrellas

 





Vivían en clanes que se movían por los fiordos.

Viajaban de isla en isla.

Cada familia tenía un fuego que ardía en el centro de la canoa.

…

Los kawésqar

Los selk’nam

Los aonikenk

Los aush

Los yámanas

Todos caminaban sobre el mar.

…

Un oceanógrafo me enseñó que la actividad de pensar se parece al océano.

Las leyes del pensamiento son las mismas del agua que siempre está dispuesta a amoldarse a todo.

¿Será esta la explicación de por qué estos grupos lograron vivir aquí durante milenios con temperaturas polares?

Vivían en la región más retirada, en el lugar más despoblado.

No tenían ciudades, no levantaron monumentos pero sabían dibujar. Un grupo de ellos, los selk’nam, tuvieron la inspiración de dibujarse a sí mismos. Después de la muerte creían que podían transformarse en estrellas.

En su mitología ellos mencionan la constelación de Orión y la Cruz del Sur.

Se dice que el agua tiene memoria. Yo creo que  también tiene voz. Si nos acercamos  mucho podríamos oír las voces de cada uno de los indígenas y los desaparecidos.

...

Hace poco, a una distancia enorme, se descubrió un cuásar lleno de vapor de agua. Tiene 120 millones más de agua que todos nuestros mares. ¿Cuántas almas errantes podrían encontrar refugio en este inmenso océano que deriva en el vacío?

 

Patricio Guzmán. El botón de nácar. 2015.


viernes, 23 de febrero de 2024

🌟✪✨✰⋆✪✨✰⋆🌟✪✨✰⋆🌟✪✨✰⋆🌟✪✨✰⋆🌟

A veces es sin palabras
Sin humana voz
Sin pentagrama
Sólo sumergirse
Leve tiempo
En el infinito silencio
De los pájaros
Leve silencio
En el infinito tiempo
De la lluvia
Patricia Morante. De "La plegaria de mis pies" (2021)

Ahora que estás justamente aquí quiero hablarte de la vez que el cielo se nos caía encima de tan cargado de estrellas.
Nos acostamos en las reposeras y nos dejamos cubrir por esa manta infinita bordada con un único hilo brillante. Los sonidos de la noche eran fabulosos y, por momentos, desconcertantes. Era tal la fascinación que hasta sentí un poco de temor.
Quedé perpleja, enmudecida por largo tiempo.
Sin embargo algo, tal vez una palabra o frase en mi garganta quería ser liberada.
Probé abrir y cerrar la boca pero solamente salían suspiros, casi en tono de sollozos.
Pensaba en las lecturas acerca de las estrellas, pensaba en el posible poema y en las mil formas de inspiración. Pensaba en el silencio. Sé que esbocé mentalmente una idea que se diluyó entre tantas emociones.
Empecé a bajar levemente los párpados para guardar esa maravilla titilante pero unos segundos después volvía a levantarlos, deseosa de no perderme nada y dejarme impregnar hasta el fondo del alma.
Y así fue que mientras quería abarcar lo más posible con la mirada, aparecieron meteoritos atravesando la atmósfera, uno acá y otro allá. Se repitió el fenómeno después de varios minutos hasta que comenzó a hacerse cada vez más frecuente.
Las "estrellas" trazaban su huella fugaz allá arriba entre punto y punto del bordado universal.
Aunque mi voz nunca apareció volvió la idea que antes se había disipado. Y mientras recordaba a borbotones episodios de la infancia y de otras etapas relacionados con este prodigio, un llanto silencioso, lento y continuo como un río manso que se reinicia empezó a brotarme.
Pensé: quizás sea ésta la última vez que vea un cielo así. Me lo llevo aquí dentro, me lo guardo para vivir. Después de todo puedo sentirme plena por este milagro que seguirá sucediendo a pesar del impacto de las luces citadinas, para vos, para mí, para nuestras familas, para nuestros desconocidos.
Cada noche bajo el mismo cielo el planeta entero con todas y cada una de sus especies.
Al fin y al cabo las estrellas nos unen.

Texto dedicado a quienes desde la ciencia o la poesía hablan de las estrellas; a quienes todavía piden deseos ante las fugaces y a María Gabriela Moreno, por supuesto, la maga de la reposera contigua.

Patricia Morante. Vivencia en Bello Estar, Loma Bola, Córdoba. Enero~febrero de 2024.



martes, 14 de enero de 2014




 pensé que en las gemínidas
te encontraría
vos allá y yo acá
en el gesto esperanzado
de inclinar la cabeza
hacia el cielo del Norte
pero el humo veló
una vez más
el brillo de mis ojos
y en tu tierra constelada
no había lugar
donde apoyar mis plantas
ni siquiera temporalmente
ocasionalmente
sin echar raíz



                      
ahora soy un árbol,
clavado a una baldosa
sin sed sin cielo
y sin estrellas