En un pasaje de La Boca un gato duerme sobre el capot de un auto. Un hombre se dispone a lavar ese auto con una manguera. Empieza por atrás, no moja ni molesta al gato, pero el gato, que seguramente ha vivido circunstancias similares, se incorpora lentamente y se sienta un rato como si no quisiera resignar el calor que proviene del motor. Ya sobre sus cuatro patas estira las de adelante con la cola bien levantada y bosteza ampliamente. Enseguida se baja del auto y cruza la calle hacia el comercio que parece su otro lugar seguro. Recién entonces el hombre procede a echar agua sobre las huellas (no rasguños) y a pasar un cepillo.
¡Ay, gato blanco de poncho naranjoso!, te parecés mucho a mí buscando el sol del invierno.
¡Ay, vecino artesano de la limpieza de tu auto!, me hacés acordar de lo que soy capaz cuando encuentro ocupado mi sillón.
Miércoles 29 de julio de 2026.
| La imagen es sólo a modo ilustrativo |








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