
En el duro corazón de esta urbe
sólo he oído perentorios pasos;
la melodía franca, los saludos,
dando lugar al trepidar del tránsito.
Ronroneo de ruedas y motores
desdeñan los acordes del ocaso.
Sólo he visto el cielo abigarrado
de cablerío, tizne y humareda.
Y en el aire las bandadas que huyen
asfixiando la tierra derrotada.
Como bandera, una columna erguida;
y como escudo, una triunfal muralla.
En triste afán de dominarlo todo ,
los edificios recortando el cielo.
Zumbido de aturdidos ascensores
encajonados en tenaz concreto.
He madrugado ebria de artificios
en la ferocidad de marquesinas.
De cara al techo, ojos ofuscados,
en el destello de tubos y bombillas.
Mi malogrado sueño han acunado
nanas fatales de efectos especiales,
en bullicio de horror y de pavura
con que detonan vastas soledades
El árbol de mi infancia, derribado
Y con él, un sinfín de suaves pájaros.
De la tierra mojada el dulce olor,
los nidos y los vuelos, olvidados.
El desierto, las yungas, las mesetas,
puna, monte, delta y pastizales,
genuinos pueblos, postas y parajes
son el país, y también las ciudades.
Patricia Morante.
Esta poesía surgió como una respuesta a "Carta al hombre de la ciudad" de Ñusta de Piorno que conocí a través del blog del GAUCHOGUACHO cuya lectura recomiendo.
La poeta y destacada folclorista argentina ÑUSTA DE PIORNO nació el 22 de abril de 1916 en la ciudad de Trenque Lauquen, provincia de Buenos Aires. Ha publicado, entre otros, los poemarios Pañuelo de yerbas (1968), Elogio de la mujer anterior (la mujer de la conquista del desierto) (Trenque Lauquen, 1968), Pampa humana (1969), Canto a Trenque Lauquen y otros poemas (1971), Canto a José Hernández (1973), La torcaza purpúrea (1980), Celebración del paisano (1980).





















