
Diseño collage caligrama Tolhuin.



Creo en el canto de un nuevo día.
Admiración por Ana María Oddo.(Fotos de Paris Aspiazu)
Un 11 de septiembre murió Domingo Faustino Sarmiento y en su homenaje se celebra a los maestros en esa fecha.
Un 11 de septiembre un golpe de estado acabó con la vida del presidente Salvador Allende y sumió en el horror al pueblo chileno.
Un 11 de septiembre fueron derribadas las Torres Gemelas y la humanidad entera supo que no habría ya lugar seguro sobre la Tierra.
Un 11 de septiembre, en la localidad de Castelar, nos reunimos nosotros aquí, en Domus, este espacio en el arte, para compartir la palabra, para construir con palabras, para decir y decirnos, para hacer al mundo un llamamiento.


Este cuento está dedicado al Músico Social Miguel Ángel Estrella: Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO y fundador de la ONG Música Esperanza. Es también creador de la “Orquesta de la Paz” compuesta por jóvenes músicos árabes e israelíes.
La historia aquí narrada está basada en una anécdota que el mismo Miguel Ángel Estrella contó en uno de sus conciertos. La historia y el cuento me dieron muchas satisfacciones, relatándolo en diferentes ámbitos, desde el 2008 en que fue escrito hasta ahora.
Hoy, en especial, volvió la música de Bach a mis oídos y a mi corazón. Por eso mi deseo es volver a publicar esta historia. También recordando al maestro Atahualpa Yupanqui que, según el mismo Miguel Ángel Estrella, decía que escuchar media hora por día a Bach nos hacía más buenos...




Estoy con pocos amigos y los que hay
suelen estar lejos y me ha quedado
un regusto que tengo al alcance de la mano
como un arma de fuego. La usaré para nobles
empresas: derrotar al enemigo– salud
y suerte–, hablar humildemente
de estas posibilidades amenazantes.
Espero que el rencor no intercepte
el perdón, el aire
lejano de los afectos que preciso: que el rigor
no se convierta en el vidrio de los muertos; tengo
curiosidad por saber qué cosas dirán de mí; después
de mi muerte; cuáles serán tus versiones del amor, de estas
afinidades tan desencontradas,
porque mis amigos suelen ser como las señales
de mi vida, una suerte trágica, dándome
todo lo que no está. Prematuramente, con un pie
en cada labio de esta grieta que se abre
a los pies de mi gloria: saludo a todos, me tapo
la nariz y me dejo tragar por el abismo.