<°> <°> <°> <°> <°> <°> <°>

...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

jueves, 12 de junio de 2014

miércoles, 4 de junio de 2014

VII

Sombra inquieta. 
Pájaro que va y viene 
de un extremo al otro 
de la plaza.
El sol a mi espalda 
y ella que me pone 
alas.

Hamaca
de la infancia.

sábado, 31 de mayo de 2014








Venus del espejo. Diego Velázquez.
Hacia 1647-1651.
Óleo sobre lienzo. 
National Gallery de Londres.

como Venus frente al espejo
pero prescinde del dios niño
de la sábana
del reflejo
de la mano que la pinte
se desliza
se mide
se prepara
se mira
se oculta
se otoñece
se envuelve en soledad
piensa
cada instante
en su despeinada cabeza
...
y  ríe porque 
antes durante y después del amor 
es mentira la muerte

 
Diseño Marciano sobre dibujo en lápiz Tolhuin. Hacia 2011-2014


domingo, 18 de mayo de 2014

Cretonas

Nos gustaban por el color
dibujo Tolhuin
de sus hojas acorazonadas.
Para nosotras eran
un profuso milagro
porque ignorábamos
que fuera tan fácil
su multiplicación
por medio de brotes.
Nos preguntábamos si eran ellas
o los astros quienes iluminaban
ese largo pasillo
transformado en púrpura:
nos confundía la difusa
procedencia de la luz.
No sabíamos
que en virtud del vigor
del follaje
la vecina sacrificaba,
en su incipiente
y lilácea plenitud,
las flores.


martes, 13 de mayo de 2014

Antes de la lluvia.

Fantasmas eran los de antes. Los de ahora ya no juegan bien a las escondidas, prefieren ser descubiertos y hasta salir en algunas redes sociales para que todos den opinión acerca de su popularidad. No atraviesan paredes. Y si te descuidás, hasta te abren la heladera. Te los encontrás en los lugares más concurridos de la casa, en tu sillón con tu gato encima y con el control remoto en la mano. Quieren tener amigos, contactos y pertenecer a grupos. Además, muchos, tercerizaron el trabajo, entonces, no se sabe si lo que aparece a la vuelta del pasillo es uno perteneciente al sector patronal, un trabajador en relación de dependencia o el de una empresa contratista.
Hoy mismo me topé con uno de estos (o aquellos), venía detrás mío, calladito. Recién me di cuenta cuando entré a la habitación. Chistó o hizo un sonido parecido a modo de advertencia para que no cerrara la puerta detrás de mí, aparentemente para que no lo dejara afuera.
-¡Epa! ¿Qué pasó con tus habilidades? ¿Ya no atravesás las paredes?-.
¡Y, sí! Me dio bronca que fuera tan ventajita.
Por supuesto que no respondió, al menos no lo hizo de inmediato.
Yo no sabía con exactitud en qué lugar del cuarto se había instalado pero estaba segura de que andaba por ahí. No sé cómo explicarlo porque no hizo sonido alguno pero podía percibir una especie de respiración muy leve. Raro, por lo que sé, estos tipos no respiran... ni chistan.
A decir verdad, mi oído no está entrenado para escuchar infrasonidos pero me quedé prestando atención por dos motivos: el primero fue que mi gata salió corriendo cuando yo entraba, en vez de quedarse ocupando el centro de mi cama como hace siempre; y el segundo, que la percepción no tenía que ver con el oído, tampoco era un sexto sentido, ¿eh?. (No me estoy haciendo el  Haley Joel Osment o el Cole Sear de la película homónima). La percepción era una especie de "piel de gallina"...

Lo cierto es  que esta vez yo estaba dispuesta a descubrirlo o, al menos, a confirmar mi locura.
Tenía la certeza de que, si le hablaba directamente, no iba a contestarme.
Por lo que sé, antiguamente,  los fantasmas no querían ser descubiertos. Pero éste, el entrometido, tenía un propósito particular como para querer entrar conmigo por la puerta y, además, no intentar deambular por toda la casa molestando a las mascotas.
Quise mostrarme indiferente ante la situación. Emprendí la tarea de guardar ropa que estaba en una silla cuando, después de sonoro trueno, se cortó la luz. No me afectó demasiado y me tiré en la cama. Entonces lo escuché, o, mejor dicho, "la escuché", porque la risa era femenina.
-Por lo menos tuviste la intención-. Dijo después de su tonta carcajada  que hasta me pareció  familiar. -¿Cuánto hacía que no te ponías a ordenar antes de que la ropa se empezara a caer por su propio peso?-.
-Desde el último invierno-. Le contesté con gran naturalidad y después reaccioné. -Bueno, ¿qué te importa? Encima tengo que aguantar tu risita burlona.
-Mi risita burlona es reflejo de la tuya-. Dijo segura y con un tonito muy conocido.
-Lo que no pensé es que me resultaría tan fácil descubrirte, es decir, me pongo a ordenar la ropa y enseguida saltás...
-Sabés que no puedo controlar la risa ante ciertas situaciones grotescas-. Y siguió riendo.
-Es verdad-. Le dije con la mayor soltura. Pero ¿cómo que era verdad? ¿De dónde había sacado yo que esa fantasma se tentaba ante lo irónico del destino? ¿Cómo podía estar tan segura de que la combinación "decisión para guardar la ropa-corte de luz" le hacía tanta gracia?

Ella rio unos segundos más mientras yo cavilaba en la oscuridad. Me incorporé lentamente hasta sentarme. Quería comprobar si mis ojos, adaptándose a la falta de luz, podían vislumbrar una silueta, una sombra o algo que me hiciera reconocer la fisonomía de mi interlocutora. Sin moverme comencé a recorrer con la vista mi habitación, cada rincón. Ella había hecho silencio con lo cual no podía darme cuenta de dónde venía la voz que un momento antes se había hecho notar. Creo que, de todas maneras, no lo hubiera reconocido porque, si bien era un timbre familiar, su procedencia era dudosa, como si proviniera del otro lado de la pared o algo así.
El silencio se hacía denso y a mí no se me ocurría qué decir. Parecía que en esos segundos se hubiera detenido hasta el karaoke de los vecinos.
Tuve la sensación de que la oscuridad y el silencio me pesaban, me comprimían. Me olvidé de mi visitante y otra vez me hallaba completamente sola, sentada en medio de la cama, con un caos de ropa sobre la silla y sin esperanzas de luz.

Fue entonces cuando sucedió. Un leve movimiento sobre la pila de ropa. El desliz de una media...
-¿Es mullido, por lo menos?-, pregunté, -digo, para un trasero de fantasma.
-¿Fantasma? ¡Qué original! ¿Cómo estás segura de que se trata de un fantasma? ¿Estás bien vos o tenés algún otro problema?-. Dijo comenzando a mostrar su sonrisa.
-No se me ocurre otra cosa. Entrás conmigo, mi gata sale corriendo, no te dejás ver... Bueno, ahora estás empezando a mostrarte.
-¿Te miraste a un espejo...? Tu mascota salió corriendo porque no soporta tu cara, ni tu energía. Yo o, mejor dicho, esta parte de mí, no tiene nada que ver con eso.

Otra vez se hacía un largo silencio . Yo estaba muy confundida y a la vez fascinada con el deseo de que se corporizara de una vez. No sé por qué pensaba que de un momento  a otro se produciría la metamorfosis, si vale el uso del vocablo para esta ocasión.
Cerré los ojos levemente y se me apareció la sonrisa, esa que apenas se había dejado ver. Un destello blanco en la oscuridad del cuarto. Traté de concentrarme en esa visión: una sonrisa no muy amplia, contenida por unas leves arrugas... los incisivos más bien prominentes... Se empezaba a dibujar difusamente un rostro y enseguida desaparecía...

" ¿Te miraste a un espejo...?", era la frase que resonaba más fuerte.
A decir verdad, hacía tiempo que no usaba uno...

-Mirate, haceme caso-. Agregó como pidiendo un favor y las cortinas se movieron levemente sin que el ventanal estuviera abierto.

-Y algo más para la próxima: ¡Dejame la puerta abierta!-, se escuchó en el instante previo al croar del sapo.

´
´
´
´
´
´
´
´



¿Continuará...?

sábado, 3 de mayo de 2014

Arte poética de Juan Gelman.

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

sábado, 19 de abril de 2014

Mi libro de cuentos favorito.

"...La primera idea se me ocurrió a principios de la década de los setenta, a propósito de un sueño esclarecedor que tuve después de cinco años de vivir en Barcelona. Soñé que asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne, pero con un ánimo de fiesta. Todos parecíamos dichosos de estar juntos. Y yo más que nadie, por aquella grata oportunidad que me daba la muerte para estar con mis amigos de América Latina, los más antiguos, los más queridos, los que no veía desde hacía más tiempo. Al final de la ceremonia, cuando empezaron a irse, yo intenté acompañarlos, pero uno de ellos me hizo ver con una severidad terminante que para mí se había acabado la fiesta. "Eres el único que no puede irse", me dijo. Sólo entonces comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos..."

Gabriel García Márquez. Fragmento de "Por qué doce, por qué cuentos y por qué peregrinos", prólogo de "Doce cuentos peregrinos". Cartagena de Indias, abril, 1992.

jueves, 10 de abril de 2014

Mosta

                                                                                                                                              Foto: Tolhuin. Modelo: Moustache Brûlé

jueves, 27 de marzo de 2014

domingo, 23 de marzo de 2014

VI
Desde hace años,
durante los viajes en tren,
pienso en el abandono
viendo esas bolsitas colgadas
de los árboles
después de la inundación.

Y es que cuando tuve
que confinar mi amor
a un rincón del jardín,
exiliarlo de mí,
quedó
como racimo descuidado,
amarillento
y, aunque ajeno a la planta,
colgado de ella
igual que las bolsitas
a las ramas.

Todavía veo
sus restos
desde el fulgor
de las cinco.

Con premeditado desapego
dejé morir ese racimo,
lo vi perder fragmentos,
color,
perfume,
mientras fui tomando
también
el tono envejecido
de la tarde
y hasta el aspecto mustio
del ramo de otra época.

Inmóvil e inmutable,
apoyada tercamente
en la ventana,
olvidé el motivo
y hasta el mismísimo naufragio.

Pero cuando volví
a los viajes cerca del río
y algo de perturbadora quietud
agitó apenas las bolsas exiliadas,
la sangre pura de los ojos
interpeló:
-¿por qué tiemblo todavía?

jueves, 6 de febrero de 2014

     
                                                                    V. Cuando la plaza nos ponía alas   ~~~       F. Tolhuin


sábado, 1 de febrero de 2014

Derecho a los desechos.


                                                                                          *****

Hoy estuve haciendo limpieza. Si bien no fue general, puedo considerar que fue profunda. Me deshice de cosas, a pesar de su historia, de sus arraigos en esta casa. Por ejemplo, me desprendí de una colección de pelusas increíble. Arremetí contra  talarañas, sin arañas, claro; es decir, vacías; porque si hasta las arañas las habían abandonado para qué conservarlas, me dije. También me deshice de un gajo de mandarina que hace tiempo había caído en un rincón casi inaccesible, un gajo que pasó por varios estados y cuyos hongos estaban ya deshidratados.
Limpieza profunda -como la de las mascarillas faciales-. Al menos intentó serlo.
Sin embargo, hubo rincones a los que no pude acceder y otros que a pesar de haberlos abordado, quedaron así, sin limpiar, casi con lo intacto de ese tiempo, es decir,  amarillentos, un poco secos, cubiertos por una fina capa de polvo. Otros rincones, doblados en cuatro, por cuyos pliegues se deslizaba la penumbra, como al pasar, permitiéndome un vistazo y un recuerdo fugaces.
Sí, tuve varios incidentes mientras emprendía la tarea (lo de limpiar nunca fue fácil para mí). Debo admitirlo, soy un poco torpe y cuando limpio en un lado, ensucio en otro, además de que tropecé varias veces con objetos de los que creía haberme deshecho alguna vez. Por ejemplo, inciertos papeles escritos, que cuando quería meterlos en la bolsa para tirarlos se me pegaban a las manos y a los brazos como queriendo escapar de un triste final. Diversas cartas de bocas abiertas y ojos llorosos. A mi hombro izquierdo, el que no está luxado, (porque también me accidenté el derecho tironeando de un cajón que se resistía a ser abierto, uno que pesaba tanto que temí encontrarme con algo insólito en su interior, pero sólo estaba trabado) se subió una de las cartas y se dobló magistralmente hasta transformarse en pajarita. Y aún está meneándose, colgada de una hebra enrulada de lana que se le unió para salvarse.
Encontré rincones, a los que les dediqué no hace mucho un esmerado aseo, completamente desordenados.
Es muy difícil y hasta angustiante cuando las cosas no colaboran, no ponen voluntad; y más cuando demuestran que "entienden" pero no asumen su destino de desecho.
En una de las habitaciones más pequeñas aparecieron bollos de papel y de otros materiales que, al momento de agacharme para juntarlos, se deslizaban hacia adelante como cuando una comete la torpeza de patearlos en el preciso instante en que los alcanza con la mano.
El más incidentado fue el hecho de que me tropezara con la montaña de sal en ese cuartito del fondo de la casa. No imaginé que hubiera quedado tanto residual. No pude quitar del todo las manchas blancas del piso ni completar las baldosas carcomidas.
No sé que les pasa a ustedes cuando limpian, si es que limpian, si es que deciden deshacerse de objetos que sólo estorban. Pero, ya ven, a mí no me resulta nada sencillo sobre todo si me encuentro a cada rato con dificultades de lo más sofisticadas. Porque además, allá arriba, en el techo, en la parte más alta, la que sólo puedo ver cuando me recuesto para leer, fue a parar, no sé cómo, esa agenda horriblemente forrada en cuerina. ¿Puede un objeto que ya fue roto, quemado, vuelto a romper, y tirado al cesto, vanagloriándose de su condición de "perpetuo", ofrecer tanta, tanta resistencia?


  Foto Marciano.

***** Tolhuin.
"Corriendo el agua después del carnaval" 
Olivera, Pvcia de Buenos Aires, 1985.

jueves, 30 de enero de 2014

IV.

A veces es tan sencillo salir de ella o dejar que se vaya, hacerse la distraída y, como si estuviera a un costado nuestro, ver de reojo cómo se desliza hasta quedar granito de arena en el suelo, confundido con otras partículas tales; o se filtra por esa grieta casi imperceptible de la pared hasta desaparecer.
Otras veces, sin embargo, no hay forma. Se enquista. Todo gira alrededor de ese puntito. Hasta parece que hay sentido a partir de él y vemos cómo va creciendo a medida pasa el domingo. Más chiquito que una gota, puntito que se va envolviendo en capas y capas que lo protegen, lo retienen, lo acunan.
Es entonces que me pregunto:- A ver, ¿de qué color es? ¿cuál es su consistencia?-.
Igual no se va. De casi transparente no se va. Celeste aguamarina y dura como una piedra pequeña.



.


Tan pequeña que no se puede romper.


domingo, 26 de enero de 2014

Poema II

un soldadito arrodillado
con un arma en una mano
y una pala en la otra
un pedazo de tela negra
hecha jirones
una moneda de diez centavos
del año dos mil cinco
un avión pequeño
de plástico
con las alas destruidas
y sin cola
dos centímetros de cable
color blanco
un centímetro de cable
color celeste
un hueso caracú
un carozo de durazno
un trozo de azulejo
también blanco
el borde de un plato
de loza
una tuerca oxidada
pedacitos de bolsas
de residuos

elementos encontrados
mientras arreglo
el que ahora es mi jardín
a medida avanza la orquesta
de los domingos
y voy haciendo surcos
colocando gajos
sembrando
y preparando el suelo
para enterrar también
uno que otro
fragmento de mí

sábado, 25 de enero de 2014

De ritos, lagunas y alegría.

                        III
Como Dios la trajo al mundo.



Sigilo.
Sol y luna de ojos abiertos.
Todos los pájaros posibles.
Colores dibujados en el atardecer.
Y barro.
Dos en un bote que se miran, ríen.
Ella se siente cántaro rebosante.
¿Será el misterio?
¿Será el fenómeno conjugado
de sol y luna llenos?
Quizás el laberinto inabordable
del totoral.
¿La silueta del caracolero?
¿Es ese gran pájaro que los sobrevuela?
¿O el perfil inesperado del chajá?



Es el silencio, es la ausencia
de lo que no se extraña.
La perfección.
Sólo la música natural.

Él rema con los brazos
y se adentran en una zona
de penumbra mística.
Las manos golpean el agua
y el agua, su corazón.
Se imagina nacida ahí,
de ese barro.
Siente calor en el pecho. 
Cierra los ojos para guardar
 ese tesoro único,
ese baile irrepetible,
esa gracia que le fue dada,
fiesta de todos los sentidos,
de goce
y poesía.


Saberse parte del aire
que envuelve y  hasta
de ese olor particular.
Es la frescura.
Se siente a salvo.
Es raro, pero en un bote
que parece flotar de milagro,
se siente a salvo.

No se priva siquiera de sentir
una brizna de temor
y con el remo que le queda
mide la profundidad del agua
y piensa:
sólo hasta las rodillas,
en toda la extensión de la laguna.
Finalmente,
la vivencia es más honda.
Se acuerda de Diana:
"... y me da vergüenza agregar
un susurro de voz..."
Entonces, queriendo decir algo,
calla.

El que habla es él, musita...
Ella vuelve a cerrar los ojos,
esta vez para guardar esas palabras 
que coronan el conjuro,
y así se adelanta a la pequeña muerte,



a ese abandono
en brazos de la laguna.
 

"Todo poema con el tiempo es una elegía" J.L.Borges. 
(Sólo es nuestro lo que perdimos. Los conjurados.)
Textos, dibujos y diseños: Marciano.

lunes, 20 de enero de 2014

Canción para Ana y Gus.

A ella, a él, se les caen
semillas de las manos
y antes de pronunciar
cualquier palabra
sus labios dicen: vida.
Adorables sin ser dioses,
tienen algo poderoso:
son amigos, son poetas.
La más bella música
que puedo albergar
en mi corazón,
la melodía que pide salir
con o sin alegría.
Siempre están rindiendo
homenajes,
desde las semillas,
desde la palabra,
desde el silencio,
desde las rondas
y otros milagros.
Puedo perder tanto
en el camino: fuegos
y cenizas, ríos
y tempestades, brisas
y abrigos, brújulas
y atardeceres rojos, barros
y surcos, libertades
y raíces, entonaciones
y voces;
pero a ellos, no;
a ellos, no.

Letra: Patricia Morante.
Futura música: Miguel Tizziani.
Arreglos y correcciones: Ana María Oddo, Gustavo D'Orazio y Juan Carlos Ortega.
Interpretación: Triálogos, Miguel Tizziani e invitados sorpresa.

sábado, 18 de enero de 2014

II

pañuelo de seda
que se desliza
sensual
hasta quedar
finamente arrugado
en el piso
yo lo levanto
y vuelve a caer
y vuelvo a levantarlo
y cae
otra
vez 











mi obsesión y su obsecuencia

martes, 14 de enero de 2014

Hasta siempre, querido Juan.





 pensé que en las gemínidas
te encontraría
vos allá y yo acá
en el gesto esperanzado
de inclinar la cabeza
hacia el cielo del Norte
pero el humo veló
una vez más
el brillo de mis ojos
y en tu tierra constelada
no había lugar
donde apoyar mis plantas
ni siquiera temporalmente
ocasionalmente
sin echar raíz



                      
ahora soy un árbol,
clavado a una baldosa
sin sed sin cielo
y sin estrellas

I

No quería que viniera
pero ya está acá
vestida de transparencias.
No quería.
Prefería el torbellino diario,
las mordidas
y hasta la tristeza con alas
que se instalaba de a ratos
entre domingo y domingo.
Prefería la espera desesperada
y el desencanto, sin más.
Pero ya llegó: con sus volados
envolventes, su gotero de sal,
sus manos de pan blando,
sus olores.
Se sienta a mi lado
y me hace emprolijar
lo que mostraré
mañana al mundo.

martes, 10 de diciembre de 2013

Yo sí traté de olvidar
gota a gota
desde el sexto día
desde la primera mirada
desde el calor en el pecho

Pisoteé las semillas
cerré las jaulas
tapé con cemento
los huecos de la noche
ignoré la combinación
de corolas y lluvia
corregí con estilográfica
las frases de amor

Desatendí llamados
hasta de los pájaros
me raspé las rodillas
para tener otro dolor
con que curarme
encendí las lámparas
en pleno día


Negué el fondo húmedo
de las vasijas
y cuando nadie me creyó
extraje minuciosamente
cada gota de vida
deshidraté el barro
de los jardines


Apuré las comidas
de cocción lenta
deshojé margaritas
con los dientes
recorrí cien leguas
en un pie
rechacé regazos
en invierno
hice acuerdos
con las sombras
metí en una bolsa
desechable
las hojas ocre del otoño

Me obsesioné 
con la sección economía
desvelé sueños
me amigué con la soledad
de los canteros en octubre

Insensibilicé mis plantas
de los pies
distorsioné el color predominante
de los atardeceres
apuré el paso bajo la llovizna
corrí una carrera dentro
del bosque

Desestimé conversaciones
entre los árboles
transformé suspiros
en bocanadas de humo
me senté junto al río
con un control remoto
en la mano
tapié las aberturas
cuando la orquesta
comenzó a sonar
 y abrí el ventanal
durante el revelado manual
de fotos
desoí  las notas
de los molinos de viento

Yo sí traté de olvidar
desde la herida
hasta la piedra

La piedra justo en el centro
del pecho

Y la arrojé al mar.

                                                                                                                Foto Tolhuin

Pocas quejas me duelen tanto 
como las que, empujadas por el viento, 
conjuran en el ruido abandonado 
de las aspas del molino


lunes, 2 de diciembre de 2013

Revés de las corolas

                                                                                   Foto Tolhuin.

Promesa de pimiento

lunes, 30 de septiembre de 2013

Reafirmación de mis placeres. Sencillo corolario de un día complicado


El dulce de leche.
El mate amargo, por lo menos dos veces al día.
La sandía: llegar el corazón.
La fugazzeta.
La cerveza de trigo.
El olor de la albahaca, llevarla como un ramito de flores cerca de mi nariz.
Las glicinas, su perfume y la desfachatez con la que cuelgan de las pérgolas.
Las fresias, que hace mucho no veo ni huelo.
El olor a cebolla friéndose en manteca y el ritual de cortarla pequeñita o en finísima juliana, a pesar de las lágrimas.
El pan caliente, partirlo con los dedos aún humeante...
Acariciar un gato, o a una "gatita" rayada gris. Dormir con ella las mañanas de los viernes cuando quedamos solas. Escuchar "sus motores" ni bien cierra la puerta de la casa el último en irse.
Abrazar, sin más explicaciones, o sí: para multiplicar los abrazos.
Reirme hasta llorar de los chistes de mis hijos.
El sol en invierno, nada más reconfortante.
Leer. Escribir. Escribir. Leer.
Contar cuentos.
Recitar poesías.
Mirar a los ojos.
Seguir con la vista el recorrido de alguna bandada.
Andar a caballo.
Buscar atardeceres rojos.
Los dibujos de Beatriz Aurora.
El sonido del agua.
Un árbol.
Que me inviten a salir.
La lluvia en un bosque o en el Botánico.
Meter los pies en el barro.
Caminar diez cuadras hacia mi trabajo.
Caminar.
Sentarme en la arena frente al mar en enero, si es posible, durante horas. Un ritual largo e infinito.
Pisar las hojas secas en abril.
Comprar mandarinas en junio lejos de casa para volver comiéndolas por el camino.
Desviarme del camino habitual en octubre para pasar por aquella casa que tiene madreselvas en el alambrado.
Seguir el rastro de los jazmines en diciembre con los ojos cerrados.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Poema I

No es fácil cerrar la puerta
deslizarse indolente
ante el desafío del viento
que corta la cara
evitar los tarascones de la noche
el frío que agrieta los labios
e interrumpe  las cicatrices
saltear lo feo
lo tosco
atravesar el camino pantanoso

No es fácil "entrar"
y cerrar la puerta 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Noche nana, noche non.

duermo
noche por medio
y en ese ir y venir
del devastador amago
de los sueños
no sé si vestirme para un baile
preparar la valija por si acaso
o empezar a planchar sábanas
como entretenimiento

otra vez la noche impar
me encuentra despejada
sentada como en el ritual del té
me sorprende anfitriona leal
del filoso insomnio

con una mueca resignada
me dispongo a hacer
como si nada pasara
pero al tiempo sé
que tanto va a pasar
que para una sola
gota de olvido
me quedará esperar
a que la noche par
haga en sus brazos
maternal rescate

domingo, 8 de septiembre de 2013

                                                   Foto Delfina Rossi.

sábado, 7 de septiembre de 2013



búsqueda
persistente
luz 
en medio
del abismo
titilante

como guía
como faro
temblorosa
como vela
en su último
tramo


umbilical
ubicua
unívoca
única
última
soledad

elige
alojada

insiste
apunta
perdona
atina
en el centro
del pecho

viernes, 16 de agosto de 2013

Te soñé zamba.

A Victoria.

Te soñé junto al río
pollera y pañuelo al viento.

Eras amorosa búsqueda
y una canción.
Hermana, madre,
hija, te soñé.

Pañuelo y zamba.

Descalza,
la memoria
en tus venas
como un río
que corría
lento.

De pie, sobre tu sombra.

Buscando,
con tu grito
callado,
húmeda de río.

Bailarina.

Memoria, pañuelo
y zamba te soñé.