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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

jueves, 18 de agosto de 2016

Federico.


SALVADOR DE MADARIAGA


Elegía en la muerte
de Federico García Lorca


 «Ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo»
Federico García Lorca

I






Dos cristales de luz negra

brillaban en su mirada.

En su boca relucían

cristales de sombra blanca.

El pelo, noche sin luna.

La tez, oliva y naranja.

El gesto, ensalmo gitano.

La voz, bordón de guitarra.

Y en el alma, ancha y florida,

la Vega de su Granada.

 

Cipreses del Albaicín,

arrayanes de la Alhambra,

cedros del Generalife,

aroma, color y savia.

El bullicio de Sevilla,

la gravedad de Granada,

los jazmines de la Vega,

los geranios de Triana...

De aquel espíritu en flor,

Andalucía brotaba.

 

A su voz alzan la testa

los toros de la torada,

se ruboriza el almendro,

se quiebra en espuma el agua,

en el zarzal florecido

se estremece la nidada,

el cazador queda absorto

toda en sueños la mirada,

el caballo entra en su ritmo,

el jinete en su prestancia,

los ríos se desperezan,

los montes yerguen la espalda,

se ahonda el azul del cielo,

se enciende más la solana,

se lleva la mano al pecho

la mujer enamorada.

A su voz, toda la vida

en su propio ser se baña.

 

A su voz, el Romancero

revive en calles y plazas;

alzan el vuelo las coplas

del follaje de las almas;

se preña de melodías

el vientre de las guitarras.

A su voz, canta hasta el aire,

a su voz, baila hasta el agua.




 

II






Las nubes de sangre y fuego

por el vasto cielo avanzan.

La una contra la otra

desastre y muerte amenazan.

Ya borran la luz del sol

de la tierra desdichada.

Almas tensas, almas lívidas.

Almas tensas, almas cárdenas.

Látigos de fuego y sangre

Desgarrando el aire estallan.


 

     Por el aire amarillo

          pasa la muerte.

     Los ojos, dos balazos.

          Hueca la frente.

     En la boca vacía

          treinta y dos dientes

     que van castañeando

          "viva la muerte".

 

Nube negra, nube roja,

sangre contra sangre alzada,

almas tensas, almas lívidas,

almas tensas, almas cárdenas.

Ardió la flor del almendro.

Muerta yace la torada.

En el aire alzan el vuelo

maldiciones y venganzas.

Emboscado, el cazador

acecha la caza humana.

El río ha bebido sangre.

La noche ha bebido lágrimas.

La luna enreda cadáveres

entre sus redes de plata.

Se lleva la mano al pecho

la mujer asesinada.

De dolor, gime hasta el aire.

De dolor, llora hasta el agua.





III






Entre harapos de aire roto

tu voz suena y no lo creo,

tu voz suena y no lo creo.


     El día es un alboroto,

     y la noche un tiroteo,

     y la noche un tiroteo.




Nube negra, nube negra,

cerraste sobre Granada.

De tu alma tensa, alma lívida,

de tu alma tensa, alma cárdena,

sobre el carmen más florido

se desgajó una descarga.




     Yo me asomé a aquel silencio

     por si su voz resonaba,

     por si su voz resonaba.

     Sólo se oía el disparo

     del tiro que lo mataba,

     del tiro que lo mataba.

     Huye, deseo, deseo,

     la vida es un alboroto,

     y la muerte un tiroteo,

     y la muerte un tiroteo.




Ay, jazmines de la Vega,

Ay geranios de Triana,

cipreses del Albaicín,

arrayanes de la Alhambra,

cedros del Generalife,

aroma, color y savia...

Muerto yace aquel arbusto,

raíces y tronco y ramas,

que brotó de vuestra tierra

y floreció en obra y gracia!




     Huye, deseo, deseo,

     la vida es un alboroto

     y la muerte un tiroteo.




Federico,

voz, cantar, leyenda, magia,

Federico, ay Federico,

tierra, polvo, sombra, nada...

Los gusanos de tu cuerpo

roen rosas y manzanas.

Los gusanos de tu cuerpo

roen que roen las almas,

almas tensas, almas lívidas,

almas tensas, almas cárdenas.

Los gusanos de tu cuerpo

roerán a toda España...

 

¡No, que tu espíritu en flor

incorrupto se levanta!

Huele a almendro y a jazmines,

Y sabe a oliva y naranja.

Vuela sobre las dehesas

y da vida a la torada

y enciende como candelas

los cipreses de la Alhambra;

ahuyenta las nubes cárdenas,

y descorre en el Oriente

las cortinas del Mañana.

Tu espíritu en flor, tu espíritu

en luz, tu espíritu en gracia

hará brotar de la Vega

cosechas de nuevas almas...

almas tiernas, almas límpidas,

almas tiernas, almas cándidas.

                                 
                                  New York, 1938

Búscame en el ciclo de la vida: Elegía en la muerte de Federico García Lorca (Salv...: «Ya se acabó el alboroto y vamos al tiroteo» Federico García Lorca I Dos cristales de luz negra brillaban en su mirad...

lunes, 15 de agosto de 2016

Día del niño en Paraguay.

Foto Zenoura.
El 16 de agosto se conmemora el Día del Niño en Paraguay. No es una celebración festiva. Recuerda la Batalla de Acosta Ñu o De los Niños, la última de las grandes batallas de la Guerra de la Triple Alianza que se desarrolló entre 1864 y 1870, y uno de los episodios más crueles y sangrientos de aquel conflicto.
Entonces se habían unido los Ejércitos nacionales de la Argentina de Mitre, del Brasil del emperador Pedro II y del Uruguay del dictador colorado Venancio Flores para arrasar al Paraguay, el primer país de Sudamérica que tuvo hornos de fundición, como el de Ybicuí, ferrocarriles, hospitales modernos para la época y el mayor ingreso por cápita de la región, donde no había mendigos en las calles y que se autoabastecía sin necesidad de importar del Viejo Continente. Los tres aliados cumplían el mandato de Gran Bretaña, interesada en el algodón paraguayo y ansiosa por colocar sus productos en un mercado cerrado a sus exportaciones. Paraguay era un “mal ejemplo” para el continente.
Los dos mayores ejércitos del sur americano, más las tropas de Uruguay, con el respaldo de la mayor potencia económica y colonial de la época tardaron seis años en abatir la valiente resistencia del pueblo paraguayo. Para ello prácticamente exterminaron a toda su población masculina.
El 16 de agosto de 1869 una división de 20.000 soldados brasileños, con el apoyo argentino, combatió durante ocho horas contra una dotación de 3.500 niños paraguayos de entre 6 y 14 años de edad. Los aliados ya habían tomado Caacupé, destruido y desmantelado la fundición de hierro de Ybicuí, incendiado todas las casas de Piribebuy después de violar a las mujeres y degollar a los hombres, y avanzaban incontenibles hacia Barrero Grande. Bernardino Caballero intentaba alejarse con el batallón infantil encargado de empujar las grandes carretas cargadas con provisiones y algunas municiones, pero los chicos quedaron inmovilizados en el terreno pedregoso y formaron una fila defensiva en el campo de Acosta Ñu. Muchos se habían disfrazado con barbas postizas hechas con chalas de choclo, para impresionar al enemigo y hacerles creer que eran hombres, y los más sólo llevaban palos tallados con formas de fusiles, de modo que a la distancia parecieran formar un ejército bien armado. Por la tarde se sumó la temible caballería imperial brasileña que en la primera carga rompió las filas de los defensores. Al advertir que aquellos soldados sólo eran niños, perdieron el miedo y llevaron a cabo una matanza indescriptible. Bajaban de sus cabalgaduras y los degollaban. Los niños se abrazaban llorando a las piernas de sus verdugos para rogar que no los mataran. El jefe de la división, el Conde d’Eu, ordenó el exterminio, que incluyó a muchas madres de los pequeños que habían corrido en su defensa. Al finalizar la batalla se contabilizaron más de 2.000 niños muertos. Los brasileños sufrieron 46 bajas. Hasta donde alcanzaba la vista, el campo de Acosta Ñu y los arroyos Yuquyry y Piribebuy quedaron teñidos por la sangre. Después los vencedores prendieron fuego los pastizales y sólo se escucharon alaridos de dolor.
Domingo Faustino Sarmiento justificaría luego con frialdad al finalizar la Guerra: “Si hemos vencido fue porque hasta a los niños paraguayos hemos matado”.

Por William Puente.
http://nos-comunicamos.com.ar/content/dia-del-nino-en-paraguay 

Emilio Biggi, músico paraguayo, inmortalizó ese día en su canción: “Acosta Ñú”

Allá en mi tierra, bordeando montes
se extiende el campo de Acosta Ñu.
Llanos floridos que su silencio
recuerda aquella “Guerra Guasú”.

Cruzan sus valles, viejas trincheras,
llenas de Gloria Tradicional
hasta el 70 se alzan las olas
de aquellos bravos del Paraguay.

Yo quisiera cantarte tu heroico pasado
la Gran Epopeya de un pueblo viril
pedacito de tierra color de esperanza
reliquia de gloria y honor guaraní.

Jukyry va surcando sus valles dormidos
cual mudo testigo de su kurusú
y en cien luchas tenaces su cruel resistencia
tejieron los héroes de tu Acosta Ñú.

Pechos de acero y corazones
escalonar py’aguasú
y hasta los niños su sangre joven
dieron en aras de Acosta Ñú.

Niños y ancianos, todos cayeron
al juramento de “antes morir”
solo una cosa quedó en su puesto:
la raza heroica del Guaraní.

 http://www.paraguaymipais.com.ar/historia/la-masacre-de-ninos-paraguayos/

domingo, 14 de agosto de 2016

Luciana Jury - Muda la vana esperanza



Muda la vana esperanza (estilo)
*
Recopilación: Atilio Reynoso
y Juan Alfonso Carrizo.
En negrita, Luciana Jury.
*
Muda la vana esperanza,
muda todo lo profundo
de modo que en este mundo
todo presenta mudanza.
Muda el fiel de la balanza,
muda el clima de los años,
muda el agua desde antaño
por su vertiente menuda.
Y así como todo muda
que yo mude no es extraño.
*
Muda el más fino diamante
de mano en mano su brillo,
muda el nido el pajarillo,
muda el pensar un amante.
También muda el que es constante
cuando un amor le hace daño,
muda la verdad en engaño,
muda de huella quien duda.
Y así como todo muda
que yo mude no es extraño.
*
[También muda el navegante
su rumbo con mucho amaño
y con disgusto tamaño
muda de traje una viuda.
Y asi como todo muda
que yo mude no es extraño.
*
Muda en el agreste llano
su guarida el bayo puma,
mudan los mares su espuma
muda cabello el anciano.
Muda la planta en verano
sus hojas sin grave daño,
muda el pastor su rebaño
para ver si Dios lo ayuda.
Y así como todo muda
que yo mude no es extraño]
*
Muda el sol en su carrera
cuando la noche no existe,
muda el campo y se reviste
de verde la primavera.
Muda de pelo la fiera,
muda de color el paño,
muda el niño ante el regaño
y en su amor vierte la duda.
Y así como todo muda
que yo mude no es extraño.

Castillo de naipes.

La esperanza, en la cúspide.
Que se apoye sobre milhojas de esperas,
encuentros, caminos inenarrables,
desilusiones que canten como pájaros
con las alas rotas, infiernillos, 
constelaciones, visiones fantasmagóricas,
autoflagelaciones, retornos y trastornos 
en grados de intensidad diferentes.
Que baste con pasar una mano o un dedo.
Que un soplido o cambio de aire sea suficiente
para que la construcción se venga abajo.

Que sólo quede juntar y guardar  todo,
hasta el próximo solitario, en una cajita.

miércoles, 3 de agosto de 2016

De ritos y árboles. (O: palabras que bajaron conmigo del cerro se hicieron soneto)

No sé cuál es tu nombre, árbol en soledad;
ni el secreto que guardas junto a la cruz, erguido.
De la pesada niebla silencioso testigo
y escudo de vos mismo contra la vastedad.

¿Te alcanzarán primero la noche o los ensueños?,
árbol de las alturas consentido en la roca,
tal vez algún pájaro se llegue hasta tu copa
a beber de la vida, del tiempo, del deseo.

¡Cuántas gotas de luz derrama el sol en tus hojas
sobre el manto de nubes que de abajo te mira!     
Como brazos abiertos hacia el cielo infinito,
        
 en savia, tu esperanza con vital rama brota          
o en valiente postura, inclinada al vacío,              
cabalga por el aire como jaca sin brida.                 

Foto Tolhuin. Árbol levantado junto a la cruz caída que señala 2870 mts. s.n.d.m.
Cerro Ñuñorco, provincia de Tucumán.

martes, 2 de agosto de 2016

Decilira° français** d'amour inédit.

En vana y álgida tarde
quisiera encontrar renovados versos
de palabras amables;
con amor verdadero
despedir mis oscuros ojos tristes,
tener el alma de cuando volviste,
cantar dulce alegría;
descalza y despeinada,
sonriente, apasionada,
bailar imaginándome en tu vida.




°La decilira es una estrofa poética inventada por el español Juan Ruiz de Torres (2002). Su nombre denota un origen híbrido, inspirado tanto en otras estrofas de diez versos (décima) como en la lira. Como explica su inventor, su amigo Juan Antonio Villacañas y él solían conversar sobre sus estrofas favoritas, y como homenaje póstumo Ruiz de Torres creó esta estrofa.


“Muchas veces departí con el gran poeta que fue el toledano Juan Antonio Villacañas sobre los relativos méritos de dos estrofas puramente españolas. Para Juan Antonio, era la lira de Garcilaso la preferida, bien que fuese también excelente cultivador del italiano soneto, Pero él, en la última época de su vida, supo dar a la lira una forma expresiva tan innovadora que hoy sigue asombrando. Él introdujo la reflexividad a través de la burla, del encuentro violento de conceptos. Las liras de Villacañas lo son desde el punto de vista métrico, pero nada tienen que ver con las que los anteriores poetas habían escrito. He querido ofrecer mi homenaje a Juan Antonio Villacañas creando una combinación de las estrofas que ambos amábamos: “su” lira con “mi” décima”


Si los cinco primeros versos tienen la estructura de la lira, en heptasílabos y endecasílabos, los cinco últimos también, pero en imagen especular: 7-11-7-7-11-11-7-7-11-7. De la espinela, otra composición de diez versos, toma el esquema de la rima: aBbaACcdDc. Por último, en la decilira debe haber una pausa tras el cuarto verso, de modo que los cuatro primeros versos constituyen una unidad que plantea el tema y su desarrollo y desenlace sucederá en los seis versos siguientes, ya formen varias subestrofas o un todo. También esto último procede de la espinela. El poeta Luis Estoico se inspiró en la decilira para componer otras dos estrofas inspiradas en las décimas francesa (dizain) e italiana. El esquema de la **decilira francesa es: 7a-11B-7a-7b-11C-11C-7d-7e-11E-7d. El de la decilira italiana, donde la rima para C es aguda, es: 7a-11A-7b-7B 11C-11D-7d-7e-11E-7c.