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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

martes, 28 de abril de 2009

CABALGANDO METÁFORAS.


El sábado 18 de abril, en la Biblioteca Municipal de Morón, se realizó la presentación de la segunda antología de poetas de esta ciudad (II Antología de Poetas de Morón).
Fui invitada por Ana María Oddo, una de las poetizas seleccionada, además de profesora, narradora y amiga. El encuentro contó con la presencia de la poeta María Amelia Díaz y del escritor Alberto Ramponelli, encargado de hacer la selección. La obra reúne a veintidós autores de estilos, poéticas y visiones del mundo muy diferentes.
Cada escritor nos ofreció con su voz una de las poesías editadas .
Y, como broche de oro, nos obsequiaron un ejemplar del libro.

Mis felicitaciones van para el señor Ramponelli, para los poetas seleccionados y en particular para Ana María.
Iniciativas como ésta permite que los amantes de la poesía sigamos celebrándola.

jueves, 23 de abril de 2009

EL LUGAR DE ENCUENTRO ENTRE DOS ALMAS.


Hoy se celebra, en la República Argentina, el Día del Idioma y el Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor.
El Día del Idioma lo celebramos todos los hispano hablantes, en homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra, creador de "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha"(publicada en 1605, la primera parte y en 1615, la segunda) y padre de la lengua castellana (Príncipe de los ingenios).
El Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor es una conmemoración relativamente nueva (establecida en 1995) ya que, además de Miguel de Cervantes Saavedra, un 23 de abril de 1616 muere otro gran escritor del mundo: William Shakespeare. Cabe aclarar que, en realidad, Cervantes, murió el 22 de abril pero fue enterrado el 23 de abril y popularmente se conoce esta fecha como la de su muerte. Y de Shakespeare podemos decir que falleció un 23 de abril según el calendario juliano o un 3 de mayo según el calendario gregoriano.
Aunque nadie puede negar la grandeza de estos dos escritores, en ninguna fecha del año, mi reflexión es que cada vez que disfrutamos de un libro y damos respuesta como lectores al escritor sea o no de nuestra época, estamos celebrando, en cualquier idioma que sea.
"...el placer que nos procuran los mejores libros nos afirma en la convicción de que la misma naturaleza está en el escritor y en su lector..." Emerson, R.W, 1885.
Me digo: ¡cuántos grandes, anónimos o casi anónimos por la falta de reconocimiento, han realizado bellas obras! ¡cuántos, también, han sido reconocidos post mortem, gracias a la investigación de otros igualmente grandes! ¡cuántos nobles autores han sido silenciados...! ¡cuántos libros han sido destruidos...!
Para pensar...
El libro cerrado espera para ser abierto.
La soledad espera para dejar de ser soledad.
El silencio espera para ser acallado.
La memoria no quiere dejar de ser...



domingo, 19 de abril de 2009

EL AMIGO DE LA INFANCIA.

A un ceibo caído y a los hermanos arrancados de sus hogares.



Aún estás. Apenas se dibuja
tu sombra en el muro.
Temprana y definitivamente
te apartaron de los postigos
que besaban tu vaivén.
Quizás tus pies resistieron un buen tiempo
antes de que la mano diera el último tirón.
No fue así en mi pecho,
cuando prisionera de aquellos años felices,
recordé las temblorosas palmas
que recibieron la estival lluvia de aves por venir.
Nadie, de allí, puede hacer que te ausentes.

¡Cuántas veces me rescataste
de la siesta imperial!
Tus asperezas se abrían paso
para reconfortarme en la horqueta salvadora,
mientras tu cabellera se mecía cómplice y sigilosa.

Nostálgica, ingenua y soñadora
quiero cabalgar esas lejanías,
quiero abrazar
esos días como flores luminosas.
Quiero la ilusión de esconderme
a las tres de la tarde para después
levantar el vuelo,
con el fresco deseo de mudar ceibos caídos
en rojos pájaros al aire...

Esta es la fotografía de mi infancia en donde se ven algunas ramas y sombras del ceibo junto a la ventana de la casa de los abuelos.


domingo, 12 de abril de 2009

UN POETA Y UN VIAJE PROFUNDO.



Un libro que no es libro, sino un "cuento de hadas argentino", pero entrañable...como un abrazo.


"HERMANO, PACO URONDO" de Beatriz Urondo y Germán Amato llegó hasta mis huesos.
Antes de tomar el libro con mis manos lo abrí con mi corazón, en "La casa de la lectura"... un día cálido en que sus autores compartieron generosamente tantas emociones.
Escribí un mail comentándolo. Y Germán me respondió: "...es una alegría que nuestro libro sea un viaje profundo para vos. Compartilo; que es la misión de esta historia... compartirse en nuestro compartirnos.Un abrazo para vos y tu familia..." como se lee al final: "esta historia necesita aire puro, no polvo de biblioteca".


Entonces, un día conté un fragmento en mi actividad como narradora: el de Tom, Paquito y las plantas...


Otro día en 1er año de secundaria presenté al mago Chuquisaca...


Volví a Tom "con el sol en el lomo" y a Paquito "sentado bajo un árbol pelado" y les leí a mis alumnos...Luego ellos escribieron historias de chicos y perros, de Paquitos y pelirrojos que rompen plantas. Entrañables historias donde el amor entre un niño y un perro siempre triunfa, relatos tristes en donde sucede lo irremediable, continuaciones en las que Paquito y Tom son perdonados indefinidamente o en donde viven aventuras sólo dignas de ellos. No faltaron los elementos fantásticos ni la actualidad pura...


Estos son algunos de los relatos de alumnos de 1er año de la Escuela Secundaria del Instituto M.T.de Alvear de Ituzaingó, pcia de Buenos Aires:

De Paola Priscila del Arco

Entonces, desde ahora, la mamá está enojada y triste. Paquito, en la casa, le pidió disculpas en el nombre de él y de Tom, su perro, y además le dijo que si ella estaba de acuerdo iba a regalar al perro a otra familia e iba a comprar otro de menor tamaño, que sea compañero, y que no le rompa las plantas. La mamá, Norma, muy angustiada le contestó:

-Mirá, Paquito, cualquier otro perro que me traigas me va a romper las plantas como lo hace Tom, aunque sea alto, bajo, enano, gordo o flaco..

...Tom, al ver que Norma no lo registraba, decidió marcharse sin que nadie sospeche, por la noche.

El tiempo pasaba y toda persona que se le acercaba a Norma para hablarle no encontraba respuestas, ya que ella estaba angustiada y no contestaba.

A todo esto, Matías, el papá, y el marido de Norma, opinaba igual que ella.

Paquito, se juntó con Juan, su vecino de la vuelta, y se fue a dormir a lo de él.

Al dia siguiente, Paquito volvió a su casa y se dio cuenta de que Tom no estba. Enojado, tratando mal a su mamá le preguntó qué había hecho con su perro. Ella, sorprendida, le contestó que no sabia nada de Tom. Paquito no le creyó y se fue de la casa.

Faltaban diez días para el cumpleaños de Norma. Paquito, aunque no estaba en su casa, le estaba organizando una fiesta sorpresa.

El día del cumpleaños, Norma estaba muy angustiada porque no podía compartir nada con su hijo.

Las horas pasaban… y cada vez faltaba menos para que termine el dí, cuando de golpe tocaron el timbre...Se podrán imaginar quién era:¡era Paquito!. Norma, muy contenta, no lo podia creer y le dijo que era el mejor regalo que una madre podría recibir.


DE KEVIN BRUNO:
Mamá se enojó de nuevo con Tom, para variar, porque rompió las plantas, y no sólo eso, manchó todo con barro.
La madre le dijo que no podía conservar al perro, que era tan travieso como un nene chiquito. Paquito corrió llorando a su cuarto y se durmió como un bebé. Luego despertó, no vio a Tom y se puso a llorar, lo buscó incansablemente.
Luego de un buen rato fue a su casa y vio a Tom con un moño. La madre lo había perdonado y Paquito fue el chico más feliz del mundo.




DE ELIZABETH ROMINA MORALES.

...Quería deshacerse de él.

Paquito no pensaba volver pues no dejaría que se llevaran a Tom.Pero tampoco podía soportar la idea de no volver a ver a su familia, ni a Tom.

Paquito no sabia qué hacer, de lo que estaba seguro era de que llorar no serviría de mucho.

Entonces vio pasar a su mejor amiga, Clara, y se le ocurrió regalarle a Tom e ir a visitarlo diariamente.

Corrió tras Clara y le ofreció el perro.Clara gustosamente aceptó.

Y así fue: Tom se quedó con Clara, Paquito lo iría a visitar todos los días y su madre estaría contenta de que sus plantas permanezcan en buen estado en su bonito jardín.




DE EZEQUIEL VILLADA:
Por romper las plantas, la mamá sacó antes del atardecer a Tom.
Tom pasó la noche con un gato bajo el árbol pelado y al lado del árbol florecido había una nota. La nota decía que si para el primer día de otoño no dejaban mil pesos lo iban a ahogar.
La mamá, tan culpable que se sentía, llamó a la policía y el oficial le dijo que junte el dinero. Le dijo que lo iban a tener rodeado.
Una semana después, el primer día de otoño, la mamá dejó la plata, los secuestradores agarraron la plata pero no soltaron a Tom. Los policías rodearon la cuadra, los atraparon y los encarcelaron y Tom volvió con Paquito.
La mamá prometió que nunca iba a volver a sacar a Tom.
Tom empezó a toser y de la boca le salió un diamante…


DE LUCÍA DÍAZ:
Tom es chiquito pero muy travieso.
Mamá había trabajado todo el día, entonces decidí juntar el desorden que había ocasionado el perro.
Paquito, con su cuerpo delgado y diminuto me ayudó, luego nos quedamos viendo personajes de los cuentos fantásticos.
También vimos historietas que estaban guardadas en un cajón. Unas eran en blanco y negro, como los colores de una cebra y otras eran muy colorinches como el arco-iris. A mí me gustaban más las blanco y negro igual que a Paquito, pero parecía que a Tom le gustaban más las de color.
Luego de leer los cuentos e historietas nos dormimos. Cuando nos despertamos de la siesta fuimos a la plaza.
Antes de que mamá se despertara de su siesta decidimos ordenar todo para que se ponga contenta. Y así fue: sonreía de la felicidad.




DE AXEL BARBARA:
De lo enojada que estaba echó a Tom, el perro, a la calle, luego se perdió en el horizonte.
El joven niño, Paquito, lloró por tres largos días, casi sin parar, entonces decidió ir a buscarlo.
Esa noche, cuando la mamá dormía, Paquito se escabulló hasta la ventana por donde salió a buscar a Tom.
Lo buscó y lo buscó hasta que encontró las huellas de Tom, las reconocía muy bien porque él no conocía a otro perro al que la faltara un dedo en cada pata.
Las huellas seguían hasta el bosque. Paquito sopló un silbato de plata especial que sólo los perros escuchaban y con el cual Tom, como un leopardo, iba a toda velocidad…
Con mucho coraje decidió entrar en el viejo bosque, pero apenas hizo tres pasos, se perdió. En ese momento no le importaba nada, sólo encontrar a su mascota.
Siguió las huellas hasta una cueva húmeda en donde, acurrucado en un rincón, estaba Tom.
El perro se abalanzó sobre el chico lamiéndole toda la cara.
Ya se hacía de día, así que decidió volver a su casa para no preocupar a su mamá, pero ésta ya se había despertado de su sueño y, al darse cuenta de que Paquito no estaba, desesperada llamó a la policía, a los bomberos…
Por otro lado, Paquito y Tom se perdieron pero vieron su pueblo y lo único que interrumpía su camino era un gran árbol caído que les servía como puente. Era eso o bajar el acantilado.
Cuando decidieron pasar sólo lo hicieron hasta la mitad del árbol porque se resbalaban.
Esperaron por horas hasta que un helicóptero los encontró. Un rescatista bajó del helicóptero y ató a Paquito pero no a Tom.
Cuando estaban subiendo, Tom se resbaló y cayó al acantilado pero por suerte había un río y cayó dentro de éste.
Paquito quiso volver pero no pudo, así que volvió a su casa sin Tom.
Desesperado se acercó al bosque sin entrar y sopló el silbato teniendo la esperanza de que Tom lo escuchara pero no pasó nada. Esto lo repitió por tres días hasta que el día cuatro lo volvió a hacer y por fin de los árboles salió Tom, algo rengo pero bien.
Por suerte Paquito y Tom se recuperaron de sus leves heridas.
Un mes después Tom volvió a romper las plantas.

DE FLORENCIA SOSNOWSKI:
Luego de un rato volvieron a la casa.
Mamá y Paquito, a las ocho de la noche salieron porque tenían que hacer algunas compras en el centro.
Paquito estaba muy preocupado. El perro, Tom. Tenía la costumbre de romper las plantas y todo lo que se encontrase en su camino cuando se quedaba solo.
Por eso, mamá. Cansada de que rompiera las cosas, le dijo que si hacía algún desastre más se iba de la casa.
Entonces, el desastroso Tom quedó solo.
Mamá y Paquito, después de hacer las compras, encontraron la casa desordenada. Por lo tanto, tanto uno como el otro pensaron que había sido el perro.
Luego de adentrarse más descubrieron a dos ladrones robando.
Los violentos ladrones, por la inesperada llegada de la familia, debieron tomarlos de rehenes.
Al ver esto, el valiente Tom, quien había permanecido escondido hasta ese momento, acorraló a los ladrones.
Mientras tanto, la mamá de Paquito, muy apresurada, llamó a la policía.
La policía luego de esposar y meter a los ladrones dentro del auto, se retiró.
Entonces, tanto Paquito como la mamá, agradecieron a Tom por haberlos salvado y le dijeron que, a pesar de que rompiera las plantas, nunca lo echarían de la casa.

























jueves, 9 de abril de 2009

TOQO


Lo conocí en Humahuaca en enero de 2007. En realidad, intercambié una pocas palabras con él. Hoy siento un poco de vergüenza por haber pasado tan raudamente, tan "turísticamente" por esa hermosa ciudad: por su biblioteca, su museo, su plaza, sus monumentos, su gente...

El nombre en quechua de Sixto Vázquez Zuleta fue descubierto por mí recién en mi regreso a casa. Había hablado con él pero no había reparado en él.

Era un mediodía caluroso en esa ciudad situada a 2939 metros sobre el nivel del mar. Ya habíamos subido al monumento de los Héroes de la Independencia, ya habíamos tomado infinidad de fotografías.



Al pasar por la puerta del Museo Folclórico Regional, decidimos entrar, antes de buscar un lugar para almorzar. Creo que pensé que estaban por cerrar o lo leí en algún cartel, entonces realicé una mirada general de la antesala, con la seguridad de que me perdería detalles muy interesantes.
Un señor me recibió. Nos dijimos: "Buenos días".

Seguí observando. Había libros por doquier, también sobre el mostrador de madera que me separaba del recepcionista.

Recordé que en Tilcara había estado buscando inútilmente la obra poética de Churqui Choquevilca. El hecho de estar observando una biblioteca tan amplia y de darme cuenta de que los libros del mostrador estaban a la venta, pregunté por el autor tilcareño. No recuerdo exactamente las palabras que pronunció el hombre como respuesta, lo que no puedo olvidar hasta el día de hoy es mi desasosiego al escucucharlas. Dijo algo así: -Churqui es un escritor tilcareño, tiene que preguntar por él en Tilcara. Aquí es Humahuaca, tenemos autores humahuaqueños.
Me limité a decir que en una librería tan "nutrida" como esa, había pensado en encontrarlo. Recuerdo que mi mirada recorría rápidamente los libros expuestos.
-Voy a llevar estos dos- expresé. Había elegido uno de cuentos y uno de poesía.
Extendí el dinero, le di las gracias y salí rápidamente.

En el almuerzo, que realizamos en un local muy humilde pero con deliciosa comida, comenté a mis acompañantes lo sucedido dentro del museo, ya que ellos habían presenciado la escena. Mientras dábamos nuestros pareceres, saqué los libros adquiridos de mi bolso para comenzar a verlos, pues quería dejar en claro que los autores humahuaqueños también me interesaban. No había podido decírselo al vendedor, entonces lo repetía y me lo repetía una y otra vez.

Es mi costumbre leer la contratapa de los libros antes de disponerme a abrirlos y recorrer su interior. Lo hice, pues, en ese momento. Entonces me di cuenta. Allí, encabezando el comentario y la biografía estaba él: el recepcionista, el vendedor y, ahora, mi "descubierto" escritor humahuaqueño. En cada contratapa una foto de la misma persona que me había atendido en el Museo...



Me reí de mi estupidez, de haber creído que un recorrido rápido por varios lugares de una ciudad me iban a permitir "conocer", quizás, lo más importante de ella; me reí de haber pensado que en mi búsqueda vertiginosa iba a llegar al meollo de algo... Me reí de la venda que había estado llevando sobre mis ojos. Me reí de mi falta de consideración, de "tacto"...

Conté muchas veces este episodio pero le debía a TOQO esta reflexión. En realidad, a él no le hace falta el reconocimiento de una más de las turistas que pisaron rápidamente el Museo del cual es su fundador y director. Puede prescindir, inclusive, de cualquier galardón porque su orgullo está en haber nacido Coya, en haber viajado mucho y en elegir Humahuaca para establecerse, en respetar su cultura y promoverla a través de sus escritos y del Instituto Cultural Indígena. Su orgullo está en haber sido nombrado "una esperanza para la Nación Argentina" por su maestra de 4to grado, en haber vivido "los años más felices" de su vida como maestro rural...

A TOQO no le hace falta mi reconocimiento, a mí me hace falta, quizás para purgar mis vergüenzas.


miércoles, 8 de abril de 2009

MIS PALABRAS

El siguiente es otro fragmento de un trabajo que debí realizar para aprobar un seminario en la facultad, durante mis estudios en Pedagogía Social. Nuestro profesor, Enrique Sosa, lo llamó A.D.N personal. En otras entradas han aparecido: MIS SÍMBOLOS, MIS ARQUETIPOS, MIS GESTOS. Este texto se denomina:


MIS PALABRAS (frases, canciones, poesías...).


En el habla cotidiana recurro muchas veces a los refranes o dichos populares. Aunque considero que muchos de ellos parecen sentencias, me ayudan a ver ciertos aspectos de la realidad. Por ejemplo: “Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”, me permite analizar que la obsesión irracional por algo puede terminar mal pero también que no es necesario ir mucho a la "fuente" para romper el "cántaro", que puede éste no romperse o que, en el último de los casos, puede romperse en otro lugar.


Mi abuela, que no había podido terminar siquiera cuarto grado, empujada a trabajar desde muy pequeña, recurría a la sabiduría popular para explicar muchas cosas y yo, que empezaba a interesarme por la ciencia y las letras la tomaba como blanco de mis correcciones y postulados. A ella le causaba mucha gracia y ésa era la forma en que nos comunicábamos: decía algo que sospechaba gramaticalmente incorrecto, me miraba de reojo y yo la corregía. Muchas veces expresaba “la cura que le habían dicho” para alguna enfermedad y mi función era preguntarle cómo ella podía comprobar que era así como "le habían dicho". Con el tiempo aprendí a respetar los dichos y entredichos de mi abuela. Los consejos de Martín Fierro llegaron a mí por primera vez a través de ella (algunos un poco cambiados por la reinterpretación que hacía de los mismos).
Años después conocí el contenido de este poema y pude comprobar que mi abuela había captado ideas fundamentales. Actualmente lo leo cada año con mis alumnos de quinto año y con ellos descubro o redescubro su valor. Y, respecto de los refranes, estamos haciendo un compilado de los que permanecen vigentes en las familias, con alumnos de 2do año.

Existe una frase que mi abuela decía cuando veía pasar rápidamente un auto: “Iba a ochenta y capota baja”. A nosotros (a mis hermanos y a mí) nos causaba mucha gracia, considerando la velocidad de la que se asombraba y, sobre todo, por el tema de la “capota”. A veces yo digo esa frase ante mis hijos y causa mucha más risa aún. Es una expresión que nos da la idea de los cambios acelerados que se vivieron en el siglo XX. Por supuesto que es un discurso que permenece vigente en mi corazón junto con el poema de José Hernández.

Las "canciones" de amor y melódicas no me parecieron cursis hasta los quince años. Luego de esa edad comencé a preferir los "poemas" de amor y los que abordaban otros temas como los de Miguel Hernández. Ya expresé que comencé a amar a García Lorca y a Neruda... y a Benedetti (Con todos ellos tengo “un gran abrazo”). Me agradaba aprender de memoria las poesías y recitarlas a mis compañeras en la clase. En mi epoca “feminista” expresaba: “Hombres necios que acusáis/ a la mujer sin razón/ sin ver que sois la ocasión/ de lo mismo que culpais” de Sor Juana Inés de la Cruz.


Actualmente, en mi tarea como narradora, también elijo poesías, y me da mucha satisfacción hacerlo. La siguiente, de VICENTE HUIDOBRO, fue recitada el 21 de marzo en la actividad que realizamos con Ana María Oddo en la plaza San Martín de Morón:


Ella daba dos pasos hacia delante

Daba dos pasos hacia atrás

El primer paso decía buenos días señor

El segundo paso decía buenos días señora

Y los otros decían cómo está la familia

Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo

Ella llevaba una camisa ardiente

Ella tenía ojos de adormecedora de mares

Ella había escondido un sueño en un armario oscuro

Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza
Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos

Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla
Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina

Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad

Era hermosa como un cielo bajo una paloma

Tenía una boca de acero

Y una bandera mortal dibujada entre los labios

Reía como el mar que tiene carbones en su vientre

Como el mar cuando la luna se mira ahogarse

Como el mar que ha mordido todas las playas

El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia

Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas

Antes que el viento norte abra sus ojos

Era hermosa en sus horizontes de huesos

Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado

Como el cielo a caballo sobre las palomas.



En el año de la Guerra de Malvinas y gritábamos “Sólo le pido a Dios” de León Gieco. Hace nueve o diez años redescubrí a este cantante y sus canciones, por supuesto...
También desde hace un tiempo, valoro mucho la música folklórica y sus letras.

Me gusta en la actualidad recopilar textos impresos, en muros o en las voces de los habitantes de los lugares que visito. En otra ocasión, este tema aparecerá en forma privilegiada en este espacio, pero he aquí un adelanto en la foto de la pared de un centro educativo, en Humahuaca(enero de 2007), donde dice, además de los nombres de los escolares: "SOMOS CULTURA QUE CAMINA EN UN MUNDO GLOBALIZADO"




Nota: lo que aparece en negrita, en letra pequeña, fue escrito para la publicación actual.

jueves, 2 de abril de 2009

MALVINAS.

Se conmemora hoy un aniversario más de la guerra de Malvinas.
Estas tierras descubiertas por españoles, conquistadas por franceses, renegociadas entre estos dos imperios y, finalmente, heredadas a fuego, sangre y esperanza por nosotros, la Nación Argentina, nos fueron usurpadas por una parte del poder que hoy repite su acción en otros lugares del mundo...
No conocemos con certeza las riquezas de nuestras islas, tampoco sabemos qué es lo que mantiene a ese imperio pisando nuestro suelo.
Hemos demostrado que estas islas son nuestras: la tradición histórica, la posición geográfica nos lo aseguran pero más lo hace el valor de los combatientes a través de los tiempos.
En un período oscuro de la historia argentina fuimos llevados a una guerra reivindicatoria. Tampoco tuvimos en claro los objetivos que la motivaron. Estuvimos eufóricos al saber que eran pies argentinos los que tocaban nuestros suelos, que eran ojos jóvenes los que miraban ese cielo gris celeste a través de la bruma, de saber que serían estos patriotas los guardianes contra el invasor.
Destrucción de una tercera parte de la flota de guerra británica, destrucción total de la dotación de aviones Sea Harrier, tres mil bajas de mercenarios Gurcas, ingenio para manejar dispositivos para los cuales no existían manuales: sólo algunos de los actos heroicos que nuestros soldados llevaron a cabo en poco más de dos sufridos meses.
...Y luego la ilusión llegó a su fin...y nos dejó el sabor amargo de nuestros jóvenes héroes sesgados...
En el día de hoy, como un humilde homenaje, recordemos a nuestros hermanos: aquellos que quedaron en las islas, los que duermen en su mar, y también a estos que se nos cruzan anónimamente en nuestro andar diario. Todos ellos han despertado nuestra conciencia como Nación, pues han logrado que sintamos a Malvinas más nuestras que nunca.
A todos ellos jamás podremos agradecerles merecidamente el haber peleado en dos frentes: en las islas y en nuestro corazón...

Patricia Morante y Luis Aspiazu (Sobreviviente del Crucero General Belgrano).

miércoles, 1 de abril de 2009

RAMAS EN AJUAR DE ESPINAS...


En octubre de 2008 tuve la oportunidad de estar en la presentación del libro "Caldén" de Gerardo David Curiá, en La casa de la lectura (Lavalleja 924, Bs As). La obra es bella y hace un recorrido poético por la Pampa: su paisaje y su historia, sus habitantes y sus misterios. Está dividida en cinco partes, aquí transcribo uno de los poemas de la segunda.


Huitru

El monte, tambor de potros,

lagunas de sal



Hacia la noche su valentía



We mapu peñi



La distancia,

tiempo en la piel desgarrada



¿Quién hostiga a Huitru?

La soledad sentada sobre las tolderías.



Caiñe caiñe caiñe



En las cuentas del saqueo

dolor por la perdida huella.

Por los ausentes

cruza la derrota

y no es la herida su aliento.



We mapu peñi



¿Por qué los dioses eligen

la forma del árbol

para el descanso de los perseguidos?



Huitru



Bravo en la fuga hasta la sed.

Negra de estrellas es la arena.

Héroe es el desierto



Peñi mapu we



Desligar las ataduras

atarlo a la tierra.

Salvarle la muerte.



Guitu Wuta Chao

Música del viento para el que muere



Guitu Wuta Chao

Golpe seco

cielo sin nubes

y el Dios

es el verbo

la voluntad



Peñi we mapu



Ramas en ajuar de espinas

intemperie,

y en lo profundo

severas falanges

hasta el agua.


Guitu Wuta Chao



En el tronco los caminos del daño



Huitru Pampa

Huitru Caldén.


En enero del presente año visité la provincia de La Pampa y conocí uno de los pocos bosques de Caldén que todavía se conserva, en Parque Luro, a 30 km de Santa Rosa.


El Huitru o Caldén es una especie endémica, y bien merecería ser el árbol nacional.

Escribí respecto del caldén:

"¿Qué tendrá para decir desde su interior el caldén añoso?

¿Cuántas vidas vio pasar desde su firmeza y dignidad?

Con la sequedad a sus pies

y el viento eterno en sus ramas,

espera ofrecer el fruto, desde lo más profundo,

a su alado compañero."


martes, 24 de marzo de 2009

LAS IDEAS NO SE QUEMAN.

DÍA DE LA MEMORIA,



POR LA VERDAD



Y LA JUSTICIA.



En el día de ayer trabajamos en el aula, con un grupo de 3er año del Polimodal del Instituto M.T. de Alvear de Ituzaingó, acerca del "Golpe a los libros". Lo hicimos tomando como punto de partida, la lectura de diferentes textos relacionados con el tema**. Se comentó lo leído y se emitieron opiniones.

A modo de cierre de la actividad, volcaron luego en un papel diferentes tipos de reflexiones. Algunos alumnos lo expresaron mediante el dibujo y otros, se valieron de las palabras.


Mi conclusión es que los jóvenes tienen mucho que decir.

Aunque en muchos casos reine el pesimismo, es nuestra tarea como docentes estimularlos para que tengan "objetivos" y ofrecerles la mayor cantidad posible de herramientas para que puedan desenvolverse en la vida y alcanzarlos.









**Una entrevista a los autores de "El golpe a los libros", Judith Gociol y Hernán Invernizzi. El cuento "La planta de Bartolo" de Laura Devetach. Comentarios acerca del libro "La torre de cubos" en donde se halla el cuento mencionado anteriormente. El texto del decreto de prohibición de "La torre de cubos". Los artículos: "La inútil ceremonia del fuego" de Hinde Pomeranie y "La familia que enterró sus libros y tardó 18 años en recuperarlos" de Silvina Schuchne. Un comentario personal acerca de la obra "Biblioclastas" de Jorge Gómez y María Victoria Ramos, ya que tuve la oportunidad de verla en el Teatro de la Fábula en el año 2007. El comentario de la novela de ciencia ficción "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury que fuera leída por los alumnos años anteriores














lunes, 23 de marzo de 2009

SERÁS MI HERMANO...

En el marco de las actividades realizadas por la agrupación H.I.J.O.S., ofrecimos una serie de cuentos y poesías. El título fue dado por un verso de la poesía del Grupo Escombros, que nos sirvió para transmitir el mensaje, ya que la utilizamos como eje temático.

Nuestra tarea se hizo esperar pero estuvo henchida de emoción, como cada vez que contamos...



¡GRACIAS, ANA!



lunes, 16 de marzo de 2009

CONTADAS CON HISTORIA.



Este fue un proyecto breve pero sumamente provechoso que realizamos en el año 2007. A mí, particularmente, me abrió otra puerta al maravilloso mundo de la narración.


Actualmente estamos preparando una serie de cuentos y poesías para el próximo sábado (21 de marzo) en la plaza San Martín de Morón.


Y como dijo Ana María, que siempre me emociona con sus palabras (hasta en el celular): "si Dios quiere compartiremos contadas..."


sábado, 7 de marzo de 2009

UNA MUJER.

De Raly Barrionuevo.
Una mujer que ha despertado y
remonta vuelo como un ave en el verano.
Almita de Dios, campesina luna la alumbró
Con su alegría disfrazada de dolor.
Niña que una sombra la llevó
Lejos de los ojos que una vez amó.
Tan deshojadas van sus ramas
Como prisionera de una luz samaritana.
Como esa canción
que su cuerpo entero estremeció,
Como esa historia que su vientre encadenó.
Mírame a los ojos por favor, le dijo,
Bésame esta boca que no te olvidó.
Y ha de volver cada mañana
a buscar los besos del ayer,
A barrer el patio de su infancia,
A rescatar mi corazón de algún dolor.
Y ha de volver con su alegría,
Con su prisionera libertad,
A silbar eternas melodías,
A contemplar mi soledad con su calor...
Una mujer que ha despertado
Y remonta vuelo como un ave en el verano.
Almita de Dios, campesina luna la alumbró
Con su alegría disfrazada de dolor.
Niña que una sombra la llevó
Lejos de los ojos que una vez amó.
Hay una huella en su costado
Y es como un silencio que regresa del pasado.
Historia de amor, campesina luz de la oración,
Como un destello peregrino de ese sol,
Que en las serranías se quedó
Cuidando los versos de su corazón.
Y ha de llevar por los caminos
Rostros de mujeres resistiendo a su destino,
De parir sin voz, de limpiar la mierda del patrón.
Y convidó de libertad con su canción
Que en latinoamérica brotó,
Regando los campos con su llanto.

viernes, 6 de marzo de 2009

Y DIOS ME HIZO MUJER...

De Gioconda Belli.



Y Dios me hizo mujer,

de pelo largo,ojos, nariz y boca de mujer.

Con curvas y pliegues

y suaves hondonadas

y me cavó por dentro,

me hizo un taller de seres humanos.

Tejió delicadamente mis nervios

y balanceó con cuidado

el número de mis hormonas.

Compuso mi sangre

y me inyectó con ella

para que irrigara

todo mi cuerpo;

nacieron así las ideas,

los sueños,

el instinto.

Todo lo creó suavemente

a martillazos de soplidos

y taladrazos de amor,

las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días

por las que me levanto orgullosa

todas las mañanas

y bendigo mi sexo.



http://amediavoz.com/belli.htm

miércoles, 25 de febrero de 2009

MIS GESTOS.

Cuando quiero mostrar mi aprobación, cariño o cercanía a alguien doy o digo: "un abrazo".

Un abrazo de Patricia puede significar:

Te necesito cerca.

Quiero ayudarte.

Ayudame.

Pienso como vos.

No pienso igual pero te quiero.

Te amo.

Te voy a amasijar.

Te acompaño en el sentimiento.

Que seas feliz.

Hasta el próximo encuentro.

¿Cómo estás?

Ojalá nos volvamos a ver pronto.

¡Cuánto hacía que no te veía!

¡Qué rico perfume!

Tenés que bañarte.

Que no termine nunca.

Quiero jugar dominó.

Espero que vuelvas pronto.

No te olvido.

Feliz viaje.

Felices vacaciones.

Cuidate.

Que tengas paz.

Hasta mañana.

Gracias.

Perdón.

Por favor.

No sé qué decirte...

Propongo, a los que lean esta entrada y compartan el gesto del abrazo conmigo, que amplíen la lista en los comentarios... ¿qué significa un abrazo tuyo?

sábado, 21 de febrero de 2009

MIS ARQUETIPOS.

El siguiente es el fragmento de un trabajo que debí realizar para aprobar un seminario en la facultad, durante mis estudios en Pedagogía Social. Nuestro profesor, Enrique Sosa, lo llamó A.D.N personal.
El trabajo es del año 2006.
Esta segunda parte tiene que ver con los "arquetipos" que tenemos en la vida. Cabe aclarar que en estos tres años que pasaron de la realización del trabajo, he conocido mucha gente digna de admiración también. No faltará oportunidad en la que me vea ampliando estos escritos...

Mi abuelo, cuando yo todavía no había estudiado el “atlas”, me enseñó a cantar el Himno Nacional Argentino. Lo cantábamos juntos, en cualquier momento del día, pero luego de la última estrofa hacíamos un silencio de tres segundos y yo tenía que decir:-Vicente López y Planes y Blas Parera.
Con mi abuelo también aprendí la letra de “Volver” y de “Mi Buenos Aires querido”. Hoy pienso que tal vez para él los tres eran himnos.
Mi abuelo es uno de mis arquetipos. Cuando por estos días me siento perdida, me gustaría encontrarme bajo los frondosos paraísos, en la larga mesa hecha con tablones, para jugar dominó con mi abuelo, en el verano, a la hora de la siesta (esa que nunca quise dormir).
El arquetipo es algo o alguien con quien nos identificamos, pero también algo o alguien que nos causa admiración. “...Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en relidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quien es. Cuéntase que Alejandro de Macedonia vio reflejado su futuro de hierro en la fabulosa historia de Aquiles; Carlos XII de Suecia, en la de Alejandro. A Tadeo Isidoro Cruz, que no sabía leer, ese conocimiento no le fue revelado en un libro; se vio a sí mismo en un entrevero y un hombre..."
(Borges, Jorge Luis. Obras completas. Biografía de Tadeo Isidoro Cruz. Emecé Editores. Tomo I.Pág. 562. Buenos Aires 1989). Quizás Patricia Alejandra vio su futuro docente en las enseñanzas de su abuelo, que sin ser maestro, le transmitió mucho más que letras de tango...

Otro de mis arquetipos es el General San Martín. Lo admiraba a través de las láminas de la revista infantil esperada los jueves. Mi abuelo también lo hacía. Y aunque se dice que esas ilustraciones no tienen mucho que ver con la verdadera historia, mi admiración es aún más grande al descubrir “lo humano” de esos héroes que nos enseñaron a amar en nuestra infancia.
En la actualidad me identifico con León Gieco, por la forma que tiene de “cantar” los problemas sociales; con el escritor Eduardo Galeano, por su admirable literatura comprometida con la realidad; con el poeta Mario Benedetti por su metáfora de la vida; con el periodista Jorge Guinzburg, por su inagotable sentido del humor.
Con las siguientes personas: Dafne, Elías y Paris, mis hijos, y Paci, mi esposo, también me identifico, por supuesto.

viernes, 20 de febrero de 2009

MIS SÍMBOLOS.

El siguiente es el fragmento de un trabajo que debí realizar para aprobar un seminario en la facultad, durante mis estudios en Pedagogía Social. Nuestro profesor, Enrique Sosa, lo llamó A.D.N personal.

El trabajo es del año 2006.

Esta primera parte tiene que ver con lo que cada uno de nosotros tiene como "símbolos" en la vida.

Quiero destacar que me gustó mucho hacer este práctico, pues pude hacer surgir muchas circunstancias del baúl de los recuerdos...





Patricia a los tres años.

Un lunes 3 de octubre, al anochecer, me destinaron con el nombre de Patricia Alejandra. Lo interesante es que mi hermana, cuatro años mayor que yo, había elegido mi primer nombre, de moda en aquella época, a partir de un personaje de historieta: “El hada Patricia”, que aparecía en una revista infantil.

Existían dos regalos que mi hermana y yo esperábamos ansiosas cada semana de parte de nuestro papá: el Mantecol, los domingos y la revista Anteojito, los jueves. En una época en la que no existían las ofertas que hay en la actualidad para favorecer el “consumismo” de los niños. Y considerando que eran los únicos regalos que nos podían hacer, venía muy bien que estuvieran repartidos en la semana: jueves y domingo, domingo y jueves: nuestros días de fiesta.



Dicho de este modo, parece que nuestro padre nos visitaba esos días, pero no, vivía con nosotros, trabajaba tantas horas que lo veíamos muy poco, por lo menos en aquellos tiempos.




Hojeábamos la revista: primero, las historietas. Ahí aparecía el personaje, la foto de una nena con flequillo, disfrazada de hada. Vale aclarar que lo novedoso era que en medio de las ilustraciones, en cada viñeta, el hada aparecía “fotografiada”.



Si bien habían marcado mi destino, dándome el nombre de un personaje de historieta, podía sentirme satisfecha de no estar “dibujada”. Lo más lindo de todo es que me disfrazaban de hada para Carnaval, desde el año hasta mi rebelación, a los cinco o seis años.
Mi hermana jugaba con mi nombre, la muy pícara no se conformaba con haberme llamado así sino que me decía: “ ¿El hada Patricia o helada Patricia?”. Yo me enojaba mucho. Inventábamos insultos para decirnos porque teníamos terminantemente prohibidas las tradicionales malas palabras. Así surgieron: tarúpida, volúmetra y otras que no reproduzco en esta oportunidad porque suenan peor que las convencionales.
Con el tiempo investigué la etimología de mi nombre. En el profesorado mis estudios básicos de griego fueron suficientes para que, lejos de creerme un personaje que soluciona los problemas mágicamente, en la relación con “padre” y “patria”, comenzara a sentirme orgullosa del nombre con el que me habían destinado.




Tenía poco más de cuatro años cuando, ya indignada de que mi hermana me leyera las historietas e inventara una buena parte, comencé mi tortura psicológica hacia mi madre para que me enseñara a leer: - Todavía no, todavía no- y luego... –Bueno, está bien-, cuando le pedía que me leyera todos los carteles que aparecían a nuestra vista por medio de las ventanillas del colectivo. Y finalmente: -¡Nadie puede leer tan rápido y todo, todo lo que aparece!.
Las clases comenzaron por las noches, un ratito antes de dormir, con un libro muy grande que apenas podía sostener entre las sábanas floreadas de la cama de “mamita”. “El atlas geográfico” sirvió a nuestros propósitos. No recuerdo cuántas clases fueron, sí, que el método era el tradicional (“m” con “a”: “ma”) y que tenía dificultades con las consonantes finales, así, en vez de pronunciar “París”, le agregaba una “e” para hacer “s” con “e” y quedaba “Parise”.
Creo que las letras comenzaron a ser mi símbolo por aquel entonces, y las palabras y luego...los libros...




Podría nombrar muchos libros que fueron guiando mi camino, sería injusta si dijera que sólo uno lo hizo, si tuviera que elegir, seguramente estaría asociado con los últimos tiempos...
Luego del “Atlas...” el primer libro que leí sola fue “Heidi”. Estaba esperándome en la biblioteca de casa, medio deshecho, con el lomo rojo, y trataba de una nena un poco más grande que yo...así que fue una muy buena elección, pero una elección que me haría derramar muchas lágrimas. Luego naufragué hacia una isla desierta con Robinson Crusoe. Y volví a llorar con Tom Sawyer y a reirme. Y otra vez a viajar pero, esta vez, con Julio Verne.




De adolescente, en la escuela secundaria, tuve una profesora que me hizo amar a Federico García Lorca a través de sus poesías y obras de teatro y a Pablo Neruda...




La palabra, el discurso, el libro, comenzaron a transformarse en mis símbolos junto con la pluma o la “birome” (para que no parezca “la pluma y la palabra”, del “Himno a Sarmiento”).
Los símbolos patrios también son mis símbolos.

lunes, 16 de febrero de 2009

LA ESQUINA DE LA SEÑAL.

Por Patricia Morante y Luis Aspiazu.

Primero fueron los policías. Este episodio inicial no causó tanta intriga. Un par de agentes en una esquina, en un lugar de vacaciones, es bastante común. Aunque habían estacionado sus modernos cuatriciclos en el medio de la calle como impidiendo el paso de los automóviles, sólo que ellos no parecían controlar nada porque mostraban mucho desinterés hasta en los propios vehículos dándoles la espalda, caminaban hacia delante y hacia atrás sin girar la cabeza. Después de unos minutos se retiraron.
Cuando al tiempo aparecieron el hombre y la mujer en el auto gris y hablaban sin mirarse y gesticulaban levemente, la cosa comenzó a llamar la atención.


Él sacaba una mano por la ventanilla, con lo que parecía un control remoto y apuntaba hacia varios lugares como si quisiera encender su televisor, Ella hacía lo propio desde la otra ventanilla. Luego reían.
Él, después de unos instantes y un poco más serio, la apuntó a ella y ella a él.
No se oyeron disparos. Tampoco volvió la policía. En realidad ninguno salió lastimado. Rieron nuevamente. El hombre puso en marcha su auto y, cuando parecía que se iban del lugar, se detuvieron a cincuenta metros para repetir el ritual anterior. Así procedieron por lo menos tres veces, luego de las cuales se retiraron para volver al día siguiente, aproximadamente a la misma hora.
Lo que realmente sorprendió fue la mujer al pie del poste. Recorría de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba todo lo largo de la columna de luz con su vista, acompañando esta acción con un movimiento de brazo. Mientras tanto a su alrededor se habían congregado unos niños que perseguían una liebre, circunstancia que a la mujer parecía no agradarle demasiado pues sus movimientos comenzaron a ser un tanto más bruscos. Luego se tranquilizó, se rió como satisfecha y se fue.
Una mañana, como novedad, aparecieron dos de mis hermanas y se posaron en lo alto del poste. Con un graznido me invitaron a participar del coloquio que me aclaró lo que sucedía.
-Parece que ahora estos hombres dependen de ese aparatito para sobrevivir- dijo la más vieja.
-¿Qué me cuenta? Por lo menos no nos afecta tanto como cuando se ponen a hacer pavadas en la playa o dejan todos sus desperdicios -intervine, haciéndole creer que conocía el tema.
-No vaya a creer. ¿No escuchó hablar de la contaminación que producen las empresas de celulares?-expresó la más joven.
-¡No me diga! ¡Quién iba a pensar que, para los humanos, comunicarse tenía costos tan altos!- exclamó la más vieja.
-¿Vio? Pero la mayoría no se da cuenta de nada. Tienen una gran ignorancia-.
En este punto de la conversación me limité a escuchar. Me sentía con muy pocos conocimientos como para intervenir.
-Sí, además se los ve tan indefensos por su carencia de sensibilidad a los campos magnéticos- dijo la más experimentada.
-Cierto, nunca podrían aventurarse solos, como lo hacemos nosotras- y le brillaron los ojos mirando hacia el horizonte a la más joven.

-Me dan pena estos humanos. Inventan cosas cada vez más sofisticadas que sólo les producen mayor dependencia.
-Vea, si este balneario estuviera a más de diez minutos de nuestro vuelo, ningún turista vendría a disfrutar de la naturaleza aquí existente.
-Es verdad, no se sienten libres a más de treinta kilómetros de eso que llaman antena-Sentenció la mayor.


Y enseguida levantamos vuelo, graznando de alegría, mientras la mujer, al pie del poste nos propinaba insultos, siempre gesticulando y sin soltar su aparatito, pues la más joven de mis hermanas le dejó su “espesa y caliente crítica” desparramada en el cabello.

RETAZOS.

Durante la última emisión de "La noche de los museos" en la Corbeta Uruguay, el 15 de noviembre, el grupo de narradores de la "Escuela de Lectores Narradores Sociales" de María Héguiz se presentó con una serie de relatos. El que sigue fue escrito y narrado por mí en aquella ocasión con un previo trabajo de adaptación durante las clases en la escuela anteriormente mencionada.
http://www.elniaqueargentino.com.ar/





Al mozo de ese bar del puerto le gustaban los cuentos . No sólo leerlos o escucharlos sino escribirlos. Había tenido éxito con esa actividad, tanto que hubiera podido dejar su empleo. Eso, si lo hubiese querido. Pero no quería. Ese lugar era el que lo nutría a diario de los argumentos para sus relatos. Había quedado atrapado en las redes de las historias que allí se tejían. Imposible irse de allí.
Todo comenzó una tarde, a las seis en punto. Una señora entró al bar. Pidió un cortado, y una hoja de papel. Luego, empezó a revelar una historia, con una voz cansada y monótona. Este ritual iba a repetirse una y otra vez, cada día, por varios meses.
A menudo, la mujer, brindaba pequeños episodios, retazos de algo que parecía un cuento. En otras ocasiones pronunciaba cuatro o cinco palabras, como aquella vez que sólo dijo: “El hombre siempre la amenazaba”.
Mientras hablaba, se dedicaba a escribir o dibujar sobre la hoja. Una vez esbozó una especie de croquis en donde señalaba con puntos, lugares muy precisos: la entrada a una bodega, un camarote, una cubierta, una escala.
Luego levantaba el vaso con agua, que el mozo siempre le servía con el cortado, y se quedaba con la mirada perdida en el contenido, y meciéndolo con suavidad.
El mozo, que la escuchaba atentamente y observaba con disimulo el papel dibujado, mientras le servía o le cobraba, supo una vez que la mujer estaba de paso por ese barrio. Ni siquiera residía cerca de allí. Había llegado al país, eso sí, hacía más de sesenta años, y en barco.
En muchas circunstancias lo que la mujer revelaba eran fragmentos de su propia experiencia de vida. A menudo, refería episodios de su largo viaje por mar y río. Una vez, sólo una vez, susurró una canción en otro idioma.
Cuando llegaba a su casa o en los momentos en que no entraban muchos clientes, el mozo iba reconstruyendo la historia. La reordenaba, le ponía énfasis a una u otra parte, trataba de recordar los gestos y tonos de la mujer que contaba.
Una tarde cualquiera la mujer no apareció por el bar. Tampoco fue al otro día, ni al siguiente…
Esa primera historia, al mozo, le había quedado inconclusa. Al menos eso era lo que él había pensado cuando supo que la mujer no volvería por allí.
Un día, revisando los borradores, se dio cuenta de que el final ya había sido revelado. Releyendo las anotaciones del tercero o cuarto día, había quedado al descubierto el fatal desenlace en lo que parecía la borda del barco, y lo único que había hecho la mujer, los días subsiguientes, había sido dar a conocer los indicios que llevaban al fin.
Ahora ¿de qué trataba precisamente ese primer cuento del mozo construído de retazos?, eso se los relato otra noche tanto o más fresca que ésta, quizás en la misma cubierta, lejos de la borda.
Patricia Morante.

domingo, 15 de febrero de 2009

LA ESPERANZA EN ORFEO.



Una y otra vez fuera del círculo que envuelve,
como un planeta que da vueltas alrededor de su astro.
Una vez más aguardando en el umbral para poder entrar.
Otro día de rodillas, implorando.
Siempre igual: la vida, la casi muerte, la casi vida.
En un tramo del camino, la ilusión,
y la desilusión que siempre triunfa.
Otra vez, deseos de salir en carrera.
Las manos y los pies anudados.
El secuestro extorsivo de la mirada.
Inútilmente buscando la salida,
la vía que me lleve a la clave del acertijo y
nadie que prepare los hilos del laberinto.
Orfeo no baja a mi Averno.

OBRERO DE LA MÚSICA.

Este cuento está dedicado al Músico Social Miguel Ángel Estrella: Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO y fundador de la ONG Música Esperanza, cuyos objetivos son facilitar el acceso a la música, sobre todo de las clases más desfavorecidas; crear lazos entre las diferentes comunidades y defender la dignidad humana. Es también creador de la “Orquesta de la Paz” compuesta por jóvenes músicos árabes e israelíes.
La historia aquí narrada está basada en una anécdota que el mismo Miguel Ángel Estrella contó en uno de sus conciertos. Entonces desde una narradora de la "Escuela de Lectores Narradores Sociales" de María Héguiz(
http://www.elniaqueargentino.com.ar/ )a un músico social… va este cuento, también dedicado a don Fernández, por supuesto.

Esa mañana, José no imaginó que a partir de un tedioso trámite bancario se produciría el milagro, o la revelación. Al levantarse pensó por unos segundos en postergar su viaje a la ciudad; en tomarse el micro la próxima semana; en pedirle a su compadre, que viajaba seguido, le hiciera el favor de acercarse a la sucursal y realizar el trámite por él. Pero recordó con gran pesadumbre que el telegrama dictaba: “Trámite personal y dentro de la semana de recibido”. Ya no podía dudar. Con esa impronta que lo caracterizaba en estas situaciones, situaciones que quería “sacarse de encima”, se vistió y se dirigió a la terminal.
Durante la primera parte del trayecto y en medio del sopor, comenzó a recordar lo que le había pasado una noche de esas, bastante habitual, en que había llegado a su casa, luego de una dura jornada. Se había despedido casi al amanecer de su mujer y regresaba muy tarde, a medianoche. En la fábrica donde trabajaba las cosas no andaban bien y para colmo de males otra vez había discutido con su jefe.
Su cansancio era muy grande, apenas si tenía ganas de comer. Entró por la puerta de la cocina que en esa época del año dejaban entreabierta. Se sorprendió al asomarse a la habitación y ver a su mujer ya acostada. En otros tiempos, Marta no se hubiera dormido sin conversar un poco con él mientras lo veía comer con ganas lo que ella le había preparado, pero esta vez el cansancio la había vencido. La mujer también había trabajado todo el día en la limpieza de varias casas vecinas. Ahora, mientras respiraba acompasadamente y soñaba, José la observaba con tristeza pensando en el poco tiempo que pasaban juntos.
Aquella misma noche se quitó los zapatos, se lavó bien las manos y recién cuando buscó el plato con la comida se dio cuenta de que la radio estaba encendida. Pensó que su mujer, de algún modo había querido compensar su ausencia. Levantó un poco el volumen y escuchó una música lenta, quizás un poco monótona para su gusto pero dejó que siguiera sonando:
- “Juan Sebastián Bach”- había anunciado el locutor a la medianoche…-, música para el alma, conciertos de Branden…- y José se había hallado en el paraíso.
-Juan Sebastián Baj,- había repetido una y otra vez hasta que decidió escribirlo con una letra más que prolija- debe ser tucumano si me gusta tanto. Voy a averiguar quién es-.
El movimiento del micro lo regresó al presente, y cuando estaba a punto de cruzar el vado, que le señalaba la mitad del camino, José se asomó por la ventana y observó cómo la crecida arrastraba ramas, piedras y barro. El sopor le ganó otra vez y se sumergió nuevamente en los recuerdos.
Esta vez su memoria lo condujo más lejos: un episodio de su niñez en el que había estado esperando toda la tarde a su padre. Ese día cumplía ocho años y había encontrado al despertar y entre las sábanas un camioncito de lata, un cuaderno de tapa dura y un lápiz. En la primera hoja decía con una letra muy esmerada: -“Dibujame lo que soñaste “. Él no podía recordar su sueño de dormido entonces dibujó otro sueño: una mesa, una mesa enorme a la que estaban sentados él, su padre, su madre y todos sus hermanos. Con su cuaderno en la mano y jugando con el camión había esperado hasta que lo venció el sueño.Cuando se despertó su padre estaba comiendo y en la radio sonaba una música suave.
Ahora, sentado en el micro y en medio del traqueteo pensó por un instante en la forma en que las historias se repiten, en que las emociones se unen a través del tiempo. Pensó en lo importante que había sido ese cuaderno. Pensó en la música de la radio y cómo se había relajado escuchándola aquella vez, que se había sentido realmente sosegado.

El micro ya finalizaba su recorrido, José tomó su bolso y se acercó al chofer. Como por impulso le preguntó:-Chango, ¿vos no sabés quién es Juan Sebastián Baj?-.
Y obtuvo como respuesta la que había recibido toda la semana en la fábrica cada vez que preguntaba por su personaje: -No, Negro, ni sé quién es ese-.
Se dirigió hacia la entidad bancaria pensando que en la ciudad alguien tenía que conocerlo, si hasta por la radio lo pasaban.
Cuando por fin estaba terminando su trámite observó en la solapa del traje del joven que lo atendía, una identificación: “Sebastián Corrales, cajero”.
-¿ Usted sabe quién es Juan Sebastián Baj?- cuestionó intempestivamente.
El joven lo miró con enormes ojos.
-Un músico- respondió secamente.
-Sí, un músico. ¿Y es de por acá?.
El muchacho rió y luego, ante la mirada entre seria e ingenua de José, se sonrojó. Cuando los ánimos se tranquilizaron le explicó que Juan Sebastián Bach había nacido en Alemania en el siglo XVII, que su música había sido reconocida tardíamente y que se habían escrito muchos libros respecto de su vida y su obra y que había tenido muchos hijos. La madre, al joven cajero, le había puesto el nombre por él porque lo admiraba y su hermano mayor se llamaba Juan…
Las dos horas siguientes, hasta abordar el micro de regreso, transcurrieron en un antigua librería donde consiguió, una serie de biografías y un pequeño tesoro en forma de libro: “Vida y obra de Johann Sebastian Bach”.
Leyó todo lo que el traqueteo del micro le permitió y soñó, soñó dormido y despierto todo el viaje. Volvió a los recuerdos: la música en la radio, los regalos de su padre, su esposa, su jefe y las peleas, la música otra vez, la paz, el paraíso, la lectura, Juan Sebastián…y la pérdida temprana de su padre. Juan Sebastián o Johann Sebastian: un trabajador como él, un rebelde también, un obrero, obrero de la música.


Patricia Morante.