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jueves, 28 de mayo de 2009
Creación colectiva. Acto II.
El mismo ambiente pero con las luces a pleno.
Van entrando los empleados. Primero, Ernestina, quien se dirige al escritorio. Se sienta y compulsivamente se pone a escribir a máquina.
Luego, tres empleados se disponen a arreglar un poco la ropa de los percheros.
Entra el jefe muy ofuscado. **
Jefe:-¡Buenos días, señores!
Ernestina:-Bue...buenos días. (temerosa)
Empleados:-Buenos días, señor.
Jefe:-No tengo ninguna noticia grata para ustedes. ¿Escucharon?(levanta la voz) ¡Ninguna!
Es sabido que, desde hace algún tiempo, se han estado cometiendo una serie de robos, quizás poco significativos...pero lo que hemos descubierto ayer, luego de un minucioso análisis, es vergonzoso.(camina alrededor de los empleados) Se han robado nada más y nada menos, y en pocos días, tresssssss sobretodos de esta misma sección. ¿Escucharon?...tressss sobretodos.
Ernestina:-Pero, señor, nosotros no podríamos robar nunca tres sobretodos. Es imposible sacarlos... salir con ellos del local.(con timidez)
Jefe:-¿Quiere decir que pueden robar cualquier cosa pequeña pero no un sobretodo? Lo que es peor...intentaron sacar de aquí un sobretodo...(irónico)
Ernestina:-No, no señor...es que...
Jefe:- (interrumpiendo a Ernestina)Veo que no tiene argumento señorita Ernestina... A ver...cada sobretodo tiene un valor de 120 dólares, lo que da un total de 360...dividido cuatro: 90 dólares por empleado.
Empleada 1:-¿Dólares?...¿dólares? Pero...¿dólares? (levantando el volumen cada vez)
Jefe:-Son artículos importados, jeje.(haciéndose el gracioso)
Ernestina:-Pero, señor, a nosotros también nos roba, a nosotros que somos más pobres que las ratas. Ayer, nomás, me olvidé un sobre con dinero y ahora encuentro el sobre vacío.(con gran pesadumbre)
Jefe:-Ese es un asunto personal. ¿Está segura de que no lo perdió, señorita? o...lo gastó (evasivo)
Ernestina:-Señor...estoy...
Jefe:-(interrumpiendo nuevamente)¡Bien! 90 dólares, entonces. (sale por la derecha)
Empleado :-¡Señor! ¿Podemos pagar en patacones o lecop? Y...¿uno a uno?
Ernestina:-¡90 dólares! (furiosa)Nada más ni nada menos. Como si un empleado de esta sección estuviera tan bien asalariado como para desembolsar así como así esa suma de dinero.
Ese cretino nos está robando a todos...(pensativa) y a nosotros que somos más pobres que las ratas.
Algo tengo que hacer, quiero descubrirlo, saber quién es el miserable. No saben quién es Ernestina, con quién se metieron.(amenazante)
¿Cómo?(abre el cajón de su escritorio) ¿Qué es esto? ¿Dónde está la medialuna que dejé ayer?¡Ah! ¿Si? ¡Con que también se come mis medialunas! Esto sí que no lo puedo tolerar.¡Mis medialunas no ¿eh?
¿Medialunas? Jaja.(enloquece)
Empleada 2:-¿Qué te pasa, Ernestina? ¿Te has vuelto loca por lo que dijo el jefe?
Ernestina:-¿A vos no te molesta pagar lo que otros roban?(agresiva) ¿O sabes algo de los sobretodos?(inquisitiva, como el jefe)
Empleada 2:-¡No! ¡Yo no sé nada!. Vos misma se lo dijiste al jefe: es imposible salir de esta sección con un sobretodo y menos con tres. (con temor)
Ernestina:- Aquí hay algo extraño...Quizás el ladrón tenga un cómplice...creo, además que entra cuando nosotros no estamos. (meditativa)
Empleada 2:-¿Cómo puedes estar segura? Escucha...lo del dinero que te falta ¿es cierto? ¿o lo inventaste?
Ernestina:-Es cierto, es cierto. Hay muchas cosas que son ciertas... Muchas cosas que sólo yo sé... y otras que descubriré muy pronto...(misteriosa)
**Nota: Cuando construimos esta escena, no se nos escapó la situación crítica que se vivía en nuestro país en ese momento. Vimos en el jefe alguien que se aprovechaba de unos pobres empleados (más pobres que las ratas, como dice Ernestina) para salvar su propia situación y el desconcierto de los trabajadores.
martes, 26 de mayo de 2009
Creación colectiva. Acto II
Ropería de hombres y mujeres. A la izquierda, un escritorio antiguo. Sobre el mismo una máquina de escribir. A la derecha, un perchero de tienda del que penden en forma ordenada abrigos de hombre, corbatas, etc.
En segundo plano un probador.
Se encienden unas pocas luces para que la escena quede en penumbras.
Entra el sereno lentamente y seguro de sí mismo. Hace una recorrida por el salón de ventas. Escudriña debajo del escritorio. Abre un cajón, saca un sobre, mira adentro, luego de un gesto de sorpresa guarda un dinero hallado allí (puede expresar algo brevemente como: -¡Oh, diez patacones! o ¡Papita para el loro!). Encuentra una medialuna y sin preocupación o apuro alguno coloca una silla en medio de la escena, se sienta y disfruta lentamente comiendo (Se escucha de fondo "Stabat mater" de Rossini).
Una vez satisfecho, se limpia las manos en su propia ropa. Se dirige al perchero y se limpia la boca con una corbata. Sale lentamente. **
**Nota: esta escena obligó a tener siempre medialunas para compartir en los encuentros en los que ensayábamos. Cuando repetíamos la escena el alumno-actor-sereno me decía:-Profe, ya no quiero más medialunas-. Entonces los demás tenían la excusa para terminar con lo que quedaba. Todos disfrutábamos de esa escena parsimoniosa acompañada de música clásica (se puede escuchar en este mismo blog, sobre la derecha). A veces se creaba un poco de ansiedad pero cuando presentamos la obra fue una de las escenas que se consideró más acertada. No olvidemos que en teatro es tan importante lo que se dice como los "silencios". En este caso lo que el sereno no decía, simplemente porque estaba comiendo, creaba gran expectativa. Un personaje seguro de sí mismo, que se toma su tiempo para comer y que luego muestra total despreocupación limpiándose en las prendas que son para vender. Además nos remite a lo que Ernestina le decía a su hermano respecto del robo de dinero personal...¿cómo continuará?.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Creación colectiva. Acto I
Creación colectiva. **
Autores: Carolina Pagano, Ignacio Cristau, Cristian Aguirre, Yanina Sosa, Bárbara Gil, Luciana Ladino, Sebastián Viñolo, Lucas Muñoz, Ezequiel Sánchez, Ana Paula Córdoba, Juan Cristau y Patricia Morante.
Acto I
Casa de Ernestina. Cocina humilde pero muy pulcra donde se acentúan los femeninos detalles.
En el centro de la escena una mesa con mantel y dos sillas. Ernestina va y viene preparando un termo y un paquete con medialunas.
En segundo plano, pero visible, una bolsa para la feria de la que sobresalen algunas verduras.
José (entra por la derecha y busca algo):- Ernestina...¿no ha venido el cadete del laboratorio fotográfico a traerme un paquete?
Ernestina (reaccionando, con gran énfasis en lo que dice):-¡No me hables! ¡Flor de susto me ha dado el muchacho! No suele venir tan temprano ¿o sí?
José (se sienta. Con tono explicativo):- No. Lo que ocurre es que debió venir ayer, por la tarde, pero una huelga de estatales hizo que todos asistieran a la manifestación.
Ernestina (interrogativa):-Pero...no entiendo.¿Que tienen que ver los empleados de "Casa de fotografía Almirón"? ¿Acaso son estatales?
José (ríe):- no, estaban fotografiando el acontecimiento...bueno (con ansiedad) pero ¿dónde está el encargo?
Ernestina (volviendo al entusiasmo del relato. Se sienta para hablar):-¡Ah! Como te contaba: menudo susto me llevé. Cuando volvía de la feria, en medio de la niebla...¿te has dado cuenta de la niebla que hay esta mañana? Cuando estaba colocando la llave en la cerradura, de pronto, alguien depositó su pesada mano sobre mi hombro. Creí que me desvanecía cuando escuché: "señorita Ernestina, el pedido de su hermano". Pensé: "¡idiota!". Bueno creo que lo dije.
José (bromeando):-señorita Ernestina, ¿donde está mi pedido?
Ernestina (con tranquilidad):-en la bolsa de la feria ¿donde más?
José (se pone de pie y levanta la voz):-¡no! ¡no con los comestibles!
Ernestina (justificándose, con un poco de temor):-¡bueno! ¿Qué pasa? No podía abrir la puerta con tantas cosas en la mano, sólo lo coloqué en la bolsa.
José (con energía, explicando):-¿no sabes que el pedido es el cianuro de potasio que utilizo para los revelados?
Ernestina:- yo pensaba que ese producto ya no se utilizaba, con todos los elementos modernos que existen...
José (explica mientras Ernestina se pone de pie para buscar la bolsa):- está bien que lo traen absolutamente sellado pero hay que extremar las precauciones, es algo que siempre me inculcan en el trabajo. El cuidado se ha transformado en una obsesión para mí. A propósito, ya sabes que mi pasión por la fotografía está más en el revelado que en cualquier otra cosa. Entiende...es como un descubrimiento, como un secreto destapado lentamente.
Ernestina:-creí que te negabas a la modernidad como mi jefe.(Busca y revisa) Toma, toma la bolsa (violentamente).
José (tranquilizándose. Mirando el paquete):-Está bien, no te proecupes, no se ha volcado. Hablando de tu jefe ¿cómo están las cosas en el trabajo?
Ernestina:- bien, sólo que han implementado dos nuevas modalidades.
José (levantando la vista):-¡Ah! ¿Sí?
Ernestina:- Sí alguien ha estado cometiendo ciertos hurtos: medias, corbatas, cinturones...(muy indignada con lo que relata)
José (más concentrado en desenvolver el paquete que en escuchar a Ernestina):-¡Bonita modalidad!
Ernestina:- Sí, pero la segunda, querido hermano, no tiene comparación. Nuestro jefe hace desembolsar el valor de las prendas del bolsillo del caballero y de la cartera da la dama. Para colmo olvidé el sobre con parte del sueldo en mi escritorio.
José:- ¡Bah! ¡Con lo que te paga el miserable!...¿Ves? esto es sumamente peligroso... (muestra en alto un frasco que contiene una calavera).
CONTINÚA...
**Nota: luego de la lectura del cuento homónimo de Roberto Arlt, con algunos alumnos, que pertenecían a un grupo de teatro, formado en la escuela para los Torneos Bonaerenses, decidimos escribir esta obrita para participar. No ganamos el concurso pero nos divertimos mucho.Fue en el año 2002. Con cada entrada voy a ir narrando algunas anécdotas.
domingo, 17 de mayo de 2009
DEFENSA DE LA ALEGRÍA de MARIO BENEDETTI.
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.
"...Jamás he conocido a otro hombre tan sencillo, tan generoso, solidario y que, como dice el poema de César Vallejo, parecía vivir en representación de todo el mundo. A los hombres como Mario Benedetti se les canta y sin que importe la rima de sus versos, se les encuentra en los barrios populares, en los boliches frecuentados por gentes de otras tierras, en el fragor de las luchas más justas, en las pancartas con faltas de ortografía pero perfectas de razones, en los estudiantes que tras la barricada toman la mano de su novia, descubren entonces que no están solos, sin que importe la lengua que hablen sus corazones laten a ritmo uruguayo, se convierten en la flor de la banda oriental, y se miran a los ojos antes de la carga represiva para decir: si te quiero es porque sos/ mi amor mi cómplice y todo/ y en la calle codo a codo/ somos mucho más que dos..." LUIS SEPÚLVEDA.
sábado, 16 de mayo de 2009
EL MISTERIO DE LOS TRES SOBRETODOS. Roberto Arlt. Primera parte.
Cabe aclarar que el autor no dividió su cuento de este modo, yo lo hice así para publicar un episodio cada semana, para quien deseara leer este excelente relato.
Hoy, decido reorganizar las entradas en forma consecutiva para quien quiera releer o leer de una sola vez.
De haberse sabido que fue Ernestina la que descubrió al ladrón, probablemente Ernestina hubiera ido a parar a presidio por un largo tiempo de su vida... Nunca pudo ser aclarado el misterio de la oficina. Ateniéndose a los sucesos tal me fueron narrados, podría afirmar que “el enigma de la oficina” fue uno de los tantos dramas oscuros que se gestan en las entrañas de las grandes ciudades, donde las bagatelas terminan por revestir un contorno de episodio cruento en la conciencia de las personas que a diario se soportan en un ambiente estrecho de trabajo y duro de responsabilidades.
He aquí cómo se gestó el suceso conocido entre los empleados de la “Casa Xenius, ropería para hombres y mujeres, artículos de confección, etc.” bajo el nombre de “El misterio de los tres sobretodos”.
En la oficina de “Expedición al interior” de la casa Xenius comenzaron a desaparecer prendas de vestir.
Un día fue un cinturón, ¡un cinturón sin hebilla!, lo que demuestra que el ladrón echaba mano a lo que podía; otra vez fue un sobre con la suma de doce pesos, olvidado en el cajón de Ernestina; otra vez fue un retazo de seda. Un retazo de un metro, valuado en ocho pesos...
Semejantes robos, mejor dicho, hurtos, traían revuelta a la gente de la oficina. No se trataba de la cantidad en sí, aunque sí se trataba. Los valores que el ladrón substraía, por insignificantes que fueran, estacionaban en la prudencia de los empleados una atmósfera de inquietud. Allí, entre ellos, se encontraba un ladrón o una ladrona. Cada uno era responsable directamente de los artículos recibidos, esto sin dejar de tener en cuenta otro detalle:
Las víctimas de los robos no eran personas a las que se pudiera afectar impunemente en sus intereses.
Todos ellos vivían sobrellevando estrecheces: sus reducidos sueldos les alcanzaban apenas para cubrir sus necesidades más inmediatas. La desaparición de un objeto valuado en cinco o en diez pesos no constituía, precisamente, una desgracia, pero sí desequilibraba desagradablemente el presupuesto del damnificado. Además, aquel que había sido robado pensaba que otro día podría volver a ocurrir semejante accidente, y tal la posibilidad traía alborotado el magín de los empleados, que hasta en sueños se veían reintegrando indemnizaciones de daños que aún no habían sufrido.
No estaban agotados los comentarios sobre el robo del retazo de un metro de seda, ocurrido en la semana anterior, cuando una noticia nueva estalló como una bomba, entre la consternación de todos: ¡Habían desaparecido tres sobretodos!...
El mismo gerente de la casa Xenius no pudo evitar un escalofrío al enterarse.
El robo de tres sobretodos en una casa organizada es motivo más que suficiente para alarmar a los mismos accionistas. Sin embargo, a pedido de los empleados de la sección “Ropería de hombres”, el gerente no dio noticias del escándalo a los accionistas. Los siete empleados de la sección “Ropería de hombres” desembolsaron el importe de los tres sobretodos.
continúa...
EL MISTERIO DE LOS TRES SOBRETODOS. Roberto Arlt. Segunda parte.
¿Quién se había llevado los tres sobretodos? La argumentación de los damnificados era de este tenor:
—¿Puede un empleado o una empleada o el sereno robarse un corte de seda?
—Sí, puede.
—¿Puede un empleado, una empleada o el sereno robarse un par de medias?
—Sí, puede.
—¿Puede un empleado, una empleada o el sereno robarse tres sobretodos?
—No; no puede. No puede, porque tres sobretodos son inocultables en un bolsillo. Tres sobretodos hacen un bulto fenomenal. De consiguiente, el robo de tres sobretodos es materialmente imposible.
—Pero es que los sobretodos faltan —replicaban los damnificados.
—Se robaron uno a uno —replicaban los más sutiles.
—¿Cómo los sacaron de la sección?
Nadie sabía qué responder. El robo carecía prácticamente de explicación. Carecía de explicación porque la casa permanecía por la noche estrictamente cerrada. En el interior de la tienda, aparte del sereno, trabajaban tres hombres en la limpieza. Se hubiera podido sospechar del sereno, pero el sereno no se movía de la tienda, y al retirarse por la mañana del comercio lo hacía en presencia del jefe, cuya mirada avizora registraba al cojo de pies a cabeza. El hombre no hubiera podido envolverse un sobretodo en una pierna, porque ello era materialmente imposible. Ni ponerse un sobretodo nuevo debajo del viejo, porque el tamaño saltaría a la vista. Además, hubiera tenido que complicar a la gente de la limpieza en estos robos, y nadie iba a arriesgarse por una bagatela. Y, en última instancia, ¿por qué iba a ser precisamente el sereno el ladrón?
Existía otra posibilidad: que los hombres de la limpieza o el mismo sereno pasaran las prendas robadas por la terraza a una casa vecina. Los empleados preguntaron por la terraza. La casa Xenius no tenía terraza, el piso inmediato superior estaba ocupado por escritorios. Quedaba el recurso de las ventanas que daban a un patio oscuro. Las ventanas estaban enrejadas, además cada piso sobre el patio estaba separado del otro por una malla de alambre, de manera que si alguien que robaba en el cuarto piso quería arrojar el producto de su robo a un cómplice que le esperaba en el patiecillo, las redes de alambre no hubieran permitido pasar los paquetes.
Puntualizo estos detalles porque no trabajaba en la casa Xenius ni un solo empleado que no los conociera ni los comentara.
Evidentemente, el ladrón o la ladrona estaba allí, entre ellos, era un camarada, quizá un empleado inferior o superior, un hombre de la limpieza o un chico de mandados, pero el ladrón o la ladrona estaba allí. Y era de cuidado.
¡Había robado tres sobretodos! ¡Tres sobretodos de sesenta y cinco pesos cada uno! Es decir, ciento noventa y cinco pesos. Los siete empleados que fueron víctimas del robo tuvieron que retirar de sus sueldos la suma aproximada de treinta pesos para indemnizar a la casa, y la noticia del suceso no llegó a los accionistas. El gerente, piadosamente, la calló. Pero desde el gerente, que esa noche comentó el suceso con su señora, hasta el chico del ascensor, todos estaban preocupados.
¿Qué iba a ocurrir allí?
Continúa...
EL MISTERIO DE LOS TRES SOBRETODOS. Roberto Arlt. Tercera parte.
Esta Ernestina es la muchacha de cuyo cajón el misterioso ladrón substrajo el sobre que contenía doce pesos.
Ernestina creía tener un hilo que podía llevarla a establecer la identidad del ratero. Esta empleada merece una referencia, porque su actuación fue importante y curiosa:
Activa como la mujer de un enano, Ernestina, físicamente, era más flaca que un gato famélico. Cuando se sentía contenta trepaba por los árboles, también como un gato. Observando su minúscula figura no se imaginara jamás que fuera tan vigorosa y resistente. Daba puñetazos tremendos.
Ernestina aspiraba a ser. Vaya a saber lo que aspiraba a ser, pero cuando salía de la oficina, un día sí y un día no, se metía en un montón de academias diferentes. Seguía cursos de inglés, de estenografía, de francés. Los que la conocían no sabían qué admirar más: si su flacura, su resistencia o su actividad.
Personalmente estaba indignada contra el ladrón.
—Ese hombre es un canalla —decía—. Nos está robando a nosotros, que somos más pobres que las ratas.
Lo que no dijo fue esto:
—Es tan ladrón que hasta se roba las “medialunas” que tomamos con el café con leche.
No lo dijo, pero lo pensó.
Efectivamente, el misterioso ladrón de los tres sobretodos, del cinturón sin hebilla, de las medias de seda, acostumbraba a robarse las “medialunas” que las muchachas no terminaban de comer con el café con leche que tomaban por la tarde.
Casi todas las empleadas llevaban a la tienda el café con leche en un termo. Ernestina había observado que cuando no tenía ganas de comerse las “medialunas” y las dejaba en el cajón de su escritorio, para comerlas al día siguiente, una mano misteriosa que había revisado el cajón, se había llevado las “medialunas”.
Ahora bien: aunque Ernestina no hizo ningún comentario al respecto, dedujo:
1° El ladrón de la tienda no era empleado ni empleada, porque ningún empleado ni empleada se quedaba después de la hora de salida y, además, ninguno de ellos le hubiera robado a su compañero una o dos “medialunas” para tomar con el café con leche.
2° Por lo tanto, el ladrón de las “medialunas” era un hombre que merodeaba por las oficinas después que ellos salían.
3° Un hombre que es capaz de revisar un cajón y robarse una “medialuna” es un ser humano sin sensibilidad, con la justa mentalidad para robarse un cinturón sin hebilla, un metro de seda o los tres sobretodos.
4° En consecuencia, el ladrón de las “medialunas” era el ladrón de las prendas anteriores, y actuaba en el comercio exclusivamente por la noche.
Sin embargo, Ernestina tuvo un escrúpulo. ¿Y si se equivocaba?
He aquí en qué podía consistir su equivocación:
Pudiera ser que, por la noche, uno de los hombres encargados de la limpieza revisara los cajones, encontrara las “medialunas” abandonadas, y suponiendo que eran desperdicios, las arrojara a la basura. Si así ocurría, su tesis era equivocada.
Resolvió hacer una prueba.
continúa...
EL MISTERIO DE LOS TRES SOBRETODOS. Roberto Arlt. Cuarta parte.
Pasaron tres días. El bollito mordido continuaba en el cajón, en consecuencia el hombre que robaba las “medialunas” no era el hombre de la limpieza, porque si no el bollito hubiera seguido el camino de la otra factura.
Y de pronto estalló otra bomba:
De la sección “Sombreros para hombres” desaparecieron veinte sombreros. Veinte sombreros no se ocultan entre pecho y espalda, ni tampoco metidos en un bolsillo. El personal de la tienda Xenius estaba atónito. Uno mencionó la película del “Hombre invisible”, y muchos se sintieron tentados a admitir que el ladrón de la tienda era un ente de condiciones sobrenaturales. Fue interrogado el sereno, los hombres de la limpieza; intervino la policía y no se aclaró nada. La situación de los empleados de la tienda se tornó insoportable. A la salida del empleo tropezaban con vigilantes que les escudriñaban de pies a cabeza. Muchos de ellos, sin que se enteraran los otros, fueron revisados. Por supuesto, inútilmente. Ernestina, una tarde, a la hora de salir, fue llamada a la gerencia. La aguardaba allí una señora que le indicó que debía dejarse registrar. Ernestina llegó a su casa hirviendo de ira. Aquella humillación era insoportable. Pero ella no estaba en condiciones de renunciar al empleo, porque su inglés era deficiente. Meditaba aquel anochecer, apoyada de codos en la mesa, cuando una idea diabólica se detuvo en su cerebro.
¿Si ella atrapara al ladrón? Al ladrón de los sombreros, de los sobretodos. Al ladrón de las “medialunas”. Tenía un plan. Sin vacilar, entró en el laboratorio fotográfico de su hermano. En un rincón del estante había un bote con cianuro de potasio. Echó aproximadamente un gramo de veneno en un papel, entró a su cuarto, tomó una “medialuna, con un cortaplumas separó delicadamente la corteza, abrió en la masa un agujero, y allí vertió el veneno. Con un poco de engrudo obturó el agujero, volvió a cubrirlo con su corteza y metió la “medialuna” en su valijita, junto al termo.
Al día siguiente, por la tarde, antes de salir de la oficina, en un momento que nadie la veía, dejó la “medialuna” abandonada en el interior del cajón.
Regresó a su casa, emocionada por la calidad de la trampa que dejaba preparada. Pero era indispensable que procediera así.
Luego, para olvidarse de la magnitud del acto, fue al cine, en compañía de sus hermanas. A pesar de que trataba de separar su pensamiento del drama en preparación, el drama latía con violencia en todas sus venas.
Durmió y no durmió aquella noche. Una mano carnuda y fuerte, de dedos gruesos, pasaba ante sus ojos, le rozaba el brazo y el rostro con su manga tosca, tomaba el cajón de su escritorio por la anilla, lo entreabría, hurgaba en las tinieblas y retiraba la “medialuna”...
El cansancio fue más fuerte que su temor secreto, y al amanecer terminó por dormirse. Tuvieron que despertarla repetidas veces para que se levantara. Se vistió sobresaltada.
continúa...
EL MISTERIO DE LOS TRES SOBRETODOS. Roberto Arlt. Quinta parte.
—Señorita Ernestina, ¿no sabe que encontraron al ladrón?
Ernestina dejó caer su cartera al suelo. Se inclinó a recogerla, pero ya recobrado por completo el dominio de sí misma.
—¿Sí?
—Era el sereno.
—¿El sereno?
—Le encontraron una pierna llena de corbatas. Parece que se suicidó.
Al entrar a la sección “Expedición al interior”, todos comentaban el suceso:
Resulta que al amanecer, los peones de limpieza encontraron al sereno muerto junto a su taza de café con leche. Al levantarlo, descubrieron que llevaba una pierna postiza. Vino la policía. Al sereno le faltaba una pierna. Usaba una ortopédica; en su interior esa noche había guardado dos docenas de cintas de máquina de escribir y siete corbatas de seda.
La policía allanó la casa donde vivía el sereno. En su habitación encontraron otra pierna. Una pierna de madera maciza. Cuando el sereno no estaba dispuesto a robar, usaba la pierna sin trampa. Se comprobó que en la pierna hueca cabía holgadamente un sobretodo arrollado, siempre que se le descosieran las mangas.
Tal fue la razón por la que la policía no extremó las investigaciones para determinar quién había hecho llegar a las manos del sereno la “medialuna” cargada de veneno.
Y aquel día todos los empleados de la casa Xenius, incluso Ernestina, se sintieron enormemente felices.
martes, 12 de mayo de 2009
LA SIRENA.
El libro cerrado,
quizás lleno del polvo de los días,
aguarda para desplegar
sus alas de mariposa...
En su cuerpo duerme
un lago de aguas quietas que espera
para encauzarse o encausarse.
La soledad, cansada tal vez,
desesperada tal vez, aguarda
para dejar de ser soledad.
En la compañía se reconforta
para, luego, seguir siendo...
En cambio la sirena,
en medio del océano,
no espera que ahora
le cubran el torso,
no quiere que le cercenen
el largo cabello
mil veces imaginado,
ni que su cauda mude
en ridículas piernas danzantes.
Desea que así sigan sus cánticos
y que, algún navegante, de ellos
y de ella se enamore.
Odia que la confundan con manatíes.
El silencio puede dejar de ser silencio.
Los labios sellados reciben la caricia
y asoma... el gemido.
La voz, brisa o ventarrón,
arremolina las hojas del otoño,
las eleva y las conduce. Salen.
La mudez es quebrada
como vara de mimbre
por las manos.
Los ojos dicen...
Mientras el silencio espera
para ser acallado,
sigue macerando su fruta.
La memoria no quiere dejar de ser...
En su mutación están el olvido... y la guerra,
lo vergonzoso y lo obsceno.
Patricia Morante.
viernes, 8 de mayo de 2009
ALGUNA VEZ FUE UNA CAJA.
Viajé por el país a través de postales.
La retórica de las cartas no sólo llegaba por correo en el delicado y sedoso papel, ahora extinto.
Tampoco las confesiones.
Más de un envoltorio es testimonio de mi pasión por el chocolate.
Las mariposas blancas y los avioncitos, como ahora, volaban en las clases, con buenos deseos e interrogantes. También volaban los apellidos.
Me habían bautizado muchas veces. Aunque alguna elegí mi segundo nombre, mi tío había puesto el primero, con el artículo concordante, a una fábrica de lavandina.
Con el retorno de la democracia alguien me decía: -te quiero.
Jugué a recorrer palabras tamborileando sólo tres dedos en un antiguo y rígido teclado, y en mi refugio adolescente, que tenía la piel rugosa y verde.
Los deseos de mi abuela viajaban con la letra de mi hermana.
Quise hacer reir con mis proyectos de comedias y los sacos de mi abuelo.
Tuve más de un amigo invisible y otros tantos, visibles pero lejos de la Patria.
Las voces y expresiones venían en portugués, en "chileno" y en inglés. También los consejos y las preguntas indispensables.
Ocasionalmente lluvias torrenciales aguaron mis fiestas de cumpleaños.
Envío y recibo abrazos desde los diez, y más de una P.D en las infinitas cartas, que no siempre envié.
Alguien agradecía mi trabajo y mi poética adolescente.
Ya me gustaba la música que se hace con la voz.
Atesoraba amigos dibujantes y humoristas. Y me reía de mis caricaturas.
También intenté sin éxito dibujar rostros conocidos.
Las faltas de ortografía eran intencionales en los hermanos"deceos" y "felizidadez". Los primeros, de Navidad, llegaban siempre de la mano de las segundas, de Año Nuevo.
Y Jesús nació (y resucitó) más de una vez en mi corazón.
Regalábamos tarjetas de cartulina con la palabra viva de un monseñor... y un poeta cubano aparecía con mi cursiva poco legible.
Siempre fui una "flaquita" que me merecía"lo mejor". Será por eso que me dibujaban planos para que llegara sin dificultad a cualquier parte.
Comencé mi colección de estampillas y de autógrafos, aquellas de lugares extraños y lejanos; éstos de mis amigos de al lado.
Un sobre cerrado: una carta fechada el 3 de mayo de 1982, otro sobre estampillado y papel, para que un soldado me respondiera.
Casi diez años antes, mi primera maestra, me había regalado mi tarjeta inicial.
viernes, 1 de mayo de 2009
MUJERES Y HOMBRES CREADORES.
En las arenas bailan los remolinos,
el sol juega en el brillo del pedregal,
y prendido a la magia de los caminos,
el arriero va, el arriero va.
Es bandera de niebla su poncho al viento,
lo saludan las flautas del pajonal,
y animando la tropa por esos cerros,
el arriero va, el arriero va.
Las penas y las vaquitas
se van por la misma senda.
Las penas son de nosotros,
las vaquitas son ajenas.
Un degüello de soles muestra la tarde,
se han dormido las luces del pedregal,
y animando la tropa, dale que dale,
el arriero va, el arriero va.
Amalaya la noche traiga un recuerdo
que haga menos pesada mi soledad.
Como sombra en la sombra por esos cerros,
el arriero va, el arriero va.
EL ARRIERO. ATAHUALPA YUPANQUI.
Empapado de sudor o tiritando de frío
cargás el baita raído del sino que Dios te dio
en tu día mi canción quiere llenarte de halagos
tarefero de mis pagos, orgullo de mi región
Tarefero de mis pagos. Chango Spasiuk.
entregándose
le hunde las manos cuando la siembra
se le hace suya aunque sea ajena
y enamorado le hace parir
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¡Ay, Madre tierra!, no te demores
y al campesino a cielo abierto
dale tus dones
que el hambre es mucha,
la paga poca
y el hombre es pobre.
Canto labriego. Teresa Parodi.
nido de grillos y sombras, Juan de los montes la levantó
mientras que el hacha le reza a Dios por su labrador,
duerme la pena en el surco, llanto pobreza y sudor.
Juan labrador. Raly Barrionuevo.
Soy paisano serio soy gente del remanso Valerio
en donde el cielo remonta vuelo en el Paraná
Tengo el color del río y su misma voz en el canto sigo
el agua mansa y su suave danza en el corazón
pero a veces oscura va turbulenta en la ciega hondura
y se hace brillo en este cuchillo de pescador.
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Aguas del río viejo llevate pronto este llanto lejos
que está aclarando y vamos pescando para vivir.
Oración del remanso. Jorge Fandermole.
para mirarme a mí.
En las paredes cuelgan las interrogaciones,
florece en la bigornias el alma de los bronces
y hay un temblor de pasos en los cuartos desiertos.
Y entre la noche negra-desesperadas- corren
y sollozan las almas de los obreros muertos.
Maestranzas de noche. Pablo Neruda.
Nuestro cobre, la carne de la pampa,
enclavado en la tierra colorada que vive allá en el norte;
empapado de sol y de montaña, motivo de los hombres,
y mezclado con la sangre y con el alma de todo un pueblo pobre.
Son muchas camisas blancas
que avanzan por la avenida
llevando un mundo de piedras
como cerro que camina
El hombre del mameluco.José Carbajal. Los olimareños.
y en tus sueños de amor se muere agosto
¡Ay, pastora cobriza de Abra Pampa!
¡Virgen india nacida del Runtuyoc!
Suelta al aire el rebaño de tu risa
por los tristes potreros del otoño,
que las tropas del sol cruzan el cielo
y anda buscando novia el equinoccio.
Pastora de Abra Pampa. Churqui Choquevilca.
Aprieto firme mi mano
y hundo el arado en la tierra
hace años que llevo en ella
¿cómo no estar agotado?
Vuelan mariposas, cantan grillos,
la piel se me pone negra
y el sol brilla, brilla, brilla.
El sudor me hace surcos,
yo hago surcos a la tierra
sin parar.
Afirmo bien la esperanza
cuando pienso en la otra estrella;
nunca es tarde me dice ella
la paloma volará.
Vuelan mariposas, cantan grillos,
la piel se me pone negra y el sol brilla, brilla, brilla. y en la tarde cuando vuelvo en el cielo apareciendo una estrella.
Nunca es tarde, me dice ella,
la paloma volará, volará, volará,
como el yugo de apretado
tengo el puño esperanzado
porque todo
cambiará.
El arado. Victor Jara.
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.
El niño yuntero. Miguel Hernández Victor Jara.
te llamaría Ana,
te llamaría Juana,
te llamaría Rosa,
te llamaría Hermosa,
hilandera morena,
pequeña mariposa,
obrera del talar.
Que fuiste
esclava de la fábrica,
esclava de la máquina,
esclava de un horario,
esclava de un salario,
hilandera morena,
pequeña mariposa,
obrera del telar.
Muchachas del telar. Victor Jara.
¡cosa que daba calor!,
tanto gaucho pialador
y tironiador sin yel.
¡Ah, tiempos...!. pero si en él
se ha visto tanto primor.
Aquello no era trabajo,
más bien era una junción,
y después de un güen tirón
en que uno se daba maña,
pa darle un trago de caña
solía llamarlo el patrón
............................................

Estaba el gaucho en su pago
con toda seguridá,
pero aura...¡barbaridá!
la cosa anda tan fruncida,
que gasta el pobre su vida
en juir de la autoridá.
Martín Fierro. José Hernández.
Con mi pura habilidad
me las di de carpintero,
de estucador y albañil,
de gásfiter y tornero;
¡puchas! que sería bueno
haber tenido instrucción,
porque de todo elemento
el hombre es un creador.
El hombre es un creador. Victor Jara.
martes, 28 de abril de 2009
CABALGANDO METÁFORAS.
Fui invitada por Ana María Oddo, una de las poetizas seleccionada, además de profesora, narradora y amiga. El encuentro contó con la presencia de la poeta María Amelia Díaz y del escritor Alberto Ramponelli, encargado de hacer la selección. La obra reúne a veintidós autores de estilos, poéticas y visiones del mundo muy diferentes.
Cada escritor nos ofreció con su voz una de las poesías editadas .
Y, como broche de oro, nos obsequiaron un ejemplar del libro.
Mis felicitaciones van para el señor Ramponelli, para los poetas seleccionados y en particular para Ana María.
Iniciativas como ésta permite que los amantes de la poesía sigamos celebrándola.
jueves, 23 de abril de 2009
EL LUGAR DE ENCUENTRO ENTRE DOS ALMAS.

Hoy se celebra, en la República Argentina, el Día del Idioma y el Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor.

domingo, 19 de abril de 2009
EL AMIGO DE LA INFANCIA.
tu sombra en el muro.
Temprana y definitivamente
te apartaron de los postigos
que besaban tu vaivén.
Quizás tus pies resistieron un buen tiempo
antes de que la mano diera el último tirón.
No fue así en mi pecho,
cuando prisionera de aquellos años felices,
recordé las temblorosas palmas
que recibieron la estival lluvia de aves por venir.
Nadie, de allí, puede hacer que te ausentes.
¡Cuántas veces me rescataste
de la siesta imperial!
Tus asperezas se abrían paso
para reconfortarme en la horqueta salvadora,
mientras tu cabellera se mecía cómplice y sigilosa.
Nostálgica, ingenua y soñadora
quiero cabalgar esas lejanías,
quiero abrazar
esos días como flores luminosas.
Quiero la ilusión de esconderme
a las tres de la tarde para después
levantar el vuelo,
con el fresco deseo de mudar ceibos caídos
en rojos pájaros al aire...
Esta es la fotografía de mi infancia en donde se ven algunas ramas y sombras del ceibo junto a la ventana de la casa de los abuelos.
domingo, 12 de abril de 2009
UN POETA Y UN VIAJE PROFUNDO.
Un libro que no es libro, sino un "cuento de hadas argentino", pero entrañable...como un abrazo.
Entonces, desde ahora, la mamá está enojada y triste. Paquito, en la casa, le pidió disculpas en el nombre de él y de Tom, su perro, y además le dijo que si ella estaba de acuerdo iba a regalar al perro a otra familia e iba a comprar otro de menor tamaño, que sea compañero, y que no le rompa las plantas. La mamá, Norma, muy angustiada le contestó:
-Mirá, Paquito, cualquier otro perro que me traigas me va a romper las plantas como lo hace Tom, aunque sea alto, bajo, enano, gordo o flaco..
...Tom, al ver que Norma no lo registraba, decidió marcharse sin que nadie sospeche, por la noche.
El tiempo pasaba y toda persona que se le acercaba a Norma para hablarle no encontraba respuestas, ya que ella estaba angustiada y no contestaba.
A todo esto, Matías, el papá, y el marido de Norma, opinaba igual que ella.
Paquito, se juntó con Juan, su vecino de la vuelta, y se fue a dormir a lo de él.
Al dia siguiente, Paquito volvió a su casa y se dio cuenta de que Tom no estba. Enojado, tratando mal a su mamá le preguntó qué había hecho con su perro. Ella, sorprendida, le contestó que no sabia nada de Tom. Paquito no le creyó y se fue de la casa.
Faltaban diez días para el cumpleaños de Norma. Paquito, aunque no estaba en su casa, le estaba organizando una fiesta sorpresa.
El día del cumpleaños, Norma estaba muy angustiada porque no podía compartir nada con su hijo.
Las horas pasaban… y cada vez faltaba menos para que termine el dí, cuando de golpe tocaron el timbre...Se podrán imaginar quién era:¡era Paquito!. Norma, muy contenta, no lo podia creer y le dijo que era el mejor regalo que una madre podría recibir.
La madre le dijo que no podía conservar al perro, que era tan travieso como un nene chiquito. Paquito corrió llorando a su cuarto y se durmió como un bebé. Luego despertó, no vio a Tom y se puso a llorar, lo buscó incansablemente.
Luego de un buen rato fue a su casa y vio a Tom con un moño. La madre lo había perdonado y Paquito fue el chico más feliz del mundo.
DE ELIZABETH ROMINA MORALES.
...Quería deshacerse de él.
Paquito no pensaba volver pues no dejaría que se llevaran a Tom.Pero tampoco podía soportar la idea de no volver a ver a su familia, ni a Tom.
Paquito no sabia qué hacer, de lo que estaba seguro era de que llorar no serviría de mucho.
Entonces vio pasar a su mejor amiga, Clara, y se le ocurrió regalarle a Tom e ir a visitarlo diariamente.
Corrió tras Clara y le ofreció el perro.Clara gustosamente aceptó.
Y así fue: Tom se quedó con Clara, Paquito lo iría a visitar todos los días y su madre estaría contenta de que sus plantas permanezcan en buen estado en su bonito jardín.
Por romper las plantas, la mamá sacó antes del atardecer a Tom.
Tom pasó la noche con un gato bajo el árbol pelado y al lado del árbol florecido había una nota. La nota decía que si para el primer día de otoño no dejaban mil pesos lo iban a ahogar.
La mamá, tan culpable que se sentía, llamó a la policía y el oficial le dijo que junte el dinero. Le dijo que lo iban a tener rodeado.
Una semana después, el primer día de otoño, la mamá dejó la plata, los secuestradores agarraron la plata pero no soltaron a Tom. Los policías rodearon la cuadra, los atraparon y los encarcelaron y Tom volvió con Paquito.
La mamá prometió que nunca iba a volver a sacar a Tom.
Tom empezó a toser y de la boca le salió un diamante…
Tom es chiquito pero muy travieso.
Mamá había trabajado todo el día, entonces decidí juntar el desorden que había ocasionado el perro.
Paquito, con su cuerpo delgado y diminuto me ayudó, luego nos quedamos viendo personajes de los cuentos fantásticos.
También vimos historietas que estaban guardadas en un cajón. Unas eran en blanco y negro, como los colores de una cebra y otras eran muy colorinches como el arco-iris. A mí me gustaban más las blanco y negro igual que a Paquito, pero parecía que a Tom le gustaban más las de color.
Luego de leer los cuentos e historietas nos dormimos. Cuando nos despertamos de la siesta fuimos a la plaza.
Antes de que mamá se despertara de su siesta decidimos ordenar todo para que se ponga contenta. Y así fue: sonreía de la felicidad.
De lo enojada que estaba echó a Tom, el perro, a la calle, luego se perdió en el horizonte.
El joven niño, Paquito, lloró por tres largos días, casi sin parar, entonces decidió ir a buscarlo.
Esa noche, cuando la mamá dormía, Paquito se escabulló hasta la ventana por donde salió a buscar a Tom.
Lo buscó y lo buscó hasta que encontró las huellas de Tom, las reconocía muy bien porque él no conocía a otro perro al que la faltara un dedo en cada pata.
Las huellas seguían hasta el bosque. Paquito sopló un silbato de plata especial que sólo los perros escuchaban y con el cual Tom, como un leopardo, iba a toda velocidad…
Con mucho coraje decidió entrar en el viejo bosque, pero apenas hizo tres pasos, se perdió. En ese momento no le importaba nada, sólo encontrar a su mascota.
Siguió las huellas hasta una cueva húmeda en donde, acurrucado en un rincón, estaba Tom.
El perro se abalanzó sobre el chico lamiéndole toda la cara.
Ya se hacía de día, así que decidió volver a su casa para no preocupar a su mamá, pero ésta ya se había despertado de su sueño y, al darse cuenta de que Paquito no estaba, desesperada llamó a la policía, a los bomberos…
Por otro lado, Paquito y Tom se perdieron pero vieron su pueblo y lo único que interrumpía su camino era un gran árbol caído que les servía como puente. Era eso o bajar el acantilado.
Cuando decidieron pasar sólo lo hicieron hasta la mitad del árbol porque se resbalaban.
Esperaron por horas hasta que un helicóptero los encontró. Un rescatista bajó del helicóptero y ató a Paquito pero no a Tom.
Cuando estaban subiendo, Tom se resbaló y cayó al acantilado pero por suerte había un río y cayó dentro de éste.
Paquito quiso volver pero no pudo, así que volvió a su casa sin Tom.
Desesperado se acercó al bosque sin entrar y sopló el silbato teniendo la esperanza de que Tom lo escuchara pero no pasó nada. Esto lo repitió por tres días hasta que el día cuatro lo volvió a hacer y por fin de los árboles salió Tom, algo rengo pero bien.
Por suerte Paquito y Tom se recuperaron de sus leves heridas.
Un mes después Tom volvió a romper las plantas.
Luego de un rato volvieron a la casa.
Mamá y Paquito, a las ocho de la noche salieron porque tenían que hacer algunas compras en el centro.
Paquito estaba muy preocupado. El perro, Tom. Tenía la costumbre de romper las plantas y todo lo que se encontrase en su camino cuando se quedaba solo.
Por eso, mamá. Cansada de que rompiera las cosas, le dijo que si hacía algún desastre más se iba de la casa.
Entonces, el desastroso Tom quedó solo.
Mamá y Paquito, después de hacer las compras, encontraron la casa desordenada. Por lo tanto, tanto uno como el otro pensaron que había sido el perro.
Luego de adentrarse más descubrieron a dos ladrones robando.
Los violentos ladrones, por la inesperada llegada de la familia, debieron tomarlos de rehenes.
Al ver esto, el valiente Tom, quien había permanecido escondido hasta ese momento, acorraló a los ladrones.
Mientras tanto, la mamá de Paquito, muy apresurada, llamó a la policía.
La policía luego de esposar y meter a los ladrones dentro del auto, se retiró.
Entonces, tanto Paquito como la mamá, agradecieron a Tom por haberlos salvado y le dijeron que, a pesar de que rompiera las plantas, nunca lo echarían de la casa.
jueves, 9 de abril de 2009
TOQO
El nombre en quechua de Sixto Vázquez Zuleta fue descubierto por mí recién en mi regreso a casa. Había hablado con él pero no había reparado en él.
Era un mediodía caluroso en esa ciudad situada a 2939 metros sobre el nivel del mar. Ya habíamos subido al monumento de los Héroes de la Independencia, ya habíamos tomado infinidad de fotografías.
Al pasar por la puerta del Museo Folclórico Regional, decidimos entrar, antes de buscar un lugar para almorzar. Creo que pensé que estaban por cerrar o lo leí en algún cartel, entonces realicé una mirada general de la antesala, con la seguridad de que me perdería detalles muy interesantes.
Un señor me recibió. Nos dijimos: "Buenos días".
Seguí observando. Había libros por doquier, también sobre el mostrador de madera que me separaba del recepcionista.
Recordé que en Tilcara había estado buscando inútilmente la obra poética de Churqui Choquevilca. El hecho de estar observando una biblioteca tan amplia y de darme cuenta de que los libros del mostrador estaban a la venta, pregunté por el autor tilcareño. No recuerdo exactamente las palabras que pronunció el hombre como respuesta, lo que no puedo olvidar hasta el día de hoy es mi desasosiego al escucucharlas. Dijo algo así: -Churqui es un escritor tilcareño, tiene que preguntar por él en Tilcara. Aquí es Humahuaca, tenemos autores humahuaqueños.
Me limité a decir que en una librería tan "nutrida" como esa, había pensado en encontrarlo. Recuerdo que mi mirada recorría rápidamente los libros expuestos.
-Voy a llevar estos dos- expresé. Había elegido uno de cuentos y uno de poesía.
Extendí el dinero, le di las gracias y salí rápidamente.
En el almuerzo, que realizamos en un local muy humilde pero con deliciosa comida, comenté a mis acompañantes lo sucedido dentro del museo, ya que ellos habían presenciado la escena. Mientras dábamos nuestros pareceres, saqué los libros adquiridos de mi bolso para comenzar a verlos, pues quería dejar en claro que los autores humahuaqueños también me interesaban. No había podido decírselo al vendedor, entonces lo repetía y me lo repetía una y otra vez.
Es mi costumbre leer la contratapa de los libros antes de disponerme a abrirlos y recorrer su interior. Lo hice, pues, en ese momento. Entonces me di cuenta. Allí, encabezando el comentario y la biografía estaba él: el recepcionista, el vendedor y, ahora, mi "descubierto" escritor humahuaqueño. En cada contratapa una foto de la misma persona que me había atendido en el Museo...
Me reí de mi estupidez, de haber creído que un recorrido rápido por varios lugares de una ciudad me iban a permitir "conocer", quizás, lo más importante de ella; me reí de haber pensado que en mi búsqueda vertiginosa iba a llegar al meollo de algo... Me reí de la venda que había estado llevando sobre mis ojos. Me reí de mi falta de consideración, de "tacto"...
Conté muchas veces este episodio pero le debía a TOQO esta reflexión. En realidad, a él no le hace falta el reconocimiento de una más de las turistas que pisaron rápidamente el Museo del cual es su fundador y director. Puede prescindir, inclusive, de cualquier galardón porque su orgullo está en haber nacido Coya, en haber viajado mucho y en elegir Humahuaca para establecerse, en respetar su cultura y promoverla a través de sus escritos y del Instituto Cultural Indígena. Su orgullo está en haber sido nombrado "una esperanza para la Nación Argentina" por su maestra de 4to grado, en haber vivido "los años más felices" de su vida como maestro rural...
A TOQO no le hace falta mi reconocimiento, a mí me hace falta, quizás para purgar mis vergüenzas.
miércoles, 8 de abril de 2009
MIS PALABRAS
En el habla cotidiana recurro muchas veces a los refranes o dichos populares. Aunque considero que muchos de ellos parecen sentencias, me ayudan a ver ciertos aspectos de la realidad. Por ejemplo: “Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”, me permite analizar que la obsesión irracional por algo puede terminar mal pero también que no es necesario ir mucho a la "fuente" para romper el "cántaro", que puede éste no romperse o que, en el último de los casos, puede romperse en otro lugar.
Mi abuela, que no había podido terminar siquiera cuarto grado, empujada a trabajar desde muy pequeña, recurría a la sabiduría popular para explicar muchas cosas y yo, que empezaba a interesarme por la ciencia y las letras la tomaba como blanco de mis correcciones y postulados. A ella le causaba mucha gracia y ésa era la forma en que nos comunicábamos: decía algo que sospechaba gramaticalmente incorrecto, me miraba de reojo y yo la corregía. Muchas veces expresaba “la cura que le habían dicho” para alguna enfermedad y mi función era preguntarle cómo ella podía comprobar que era así como "le habían dicho". Con el tiempo aprendí a respetar los dichos y entredichos de mi abuela. Los consejos de Martín Fierro llegaron a mí por primera vez a través de ella (algunos un poco cambiados por la reinterpretación que hacía de los mismos).
Años después conocí el contenido de este poema y pude comprobar que mi abuela había captado ideas fundamentales. Actualmente lo leo cada año con mis alumnos de quinto año y con ellos descubro o redescubro su valor. Y, respecto de los refranes, estamos haciendo un compilado de los que permanecen vigentes en las familias, con alumnos de 2do año.
Ella daba dos pasos hacia delante
Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
En el año de la Guerra de Malvinas y gritábamos “Sólo le pido a Dios” de León Gieco. Hace nueve o diez años redescubrí a este cantante y sus canciones, por supuesto...
También desde hace un tiempo, valoro mucho la música folklórica y sus letras.

