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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

miércoles, 29 de junio de 2016

Las campanas doblan por tí. John Donne.

campanaenlatarde


  ¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece? 
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
   
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.

Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda 
disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus 
amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, 
porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca 
preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

sábado, 25 de junio de 2016

No están solos.




Yo no los conocí.


Pero los conozco.
 
                                           
 SEGUIR SU EJEMPLO CONTINUAR SU LUCHA
Así se desarrollaba la jornada de trabajo de hoy en la juegoteca del
Bachillerato Popular Carlos Fuentealba. Estudiantes, profes, 
chicxs del merendero, en defensa de la educación popular, 
llevando como bandera los valores de los compañeros DARÍO y MAXI
que viven PRESENTES EN CADA LUCHA.

Dardo.

SOLOS
Desde hace rato -milenios- que están amontonando
nuestros huesos, desmenuzándolos,
haciendo con ellos pirámides,
catedrales, grandes edificios para los amos,
que nos marcan los números, las palabras,
los días de la muerte, y es entonces
que nos quedamos aquí, esperando,
nos retorcemos los dedos,
frotamos lámparas contra los inviernos y
nos salimos por la otra parte de los octubres,
de los trenes como trompetas al aire,
y no hay nadie que nos coloque de frente
al único resplandor que nos surge de la sombra.
Adónde están, preguntan ellos, entonces,
para dónde se arrastran o se mueren,
o en qué rincón clavan las uñas, se desangran,
por encima de los pétalos, por
encima de tantas soledades, de tanto
silencio de sangre en los hijos.
Pero nada cambia por eso, es lo mismo siempre,
desde el primer viento, nacemos y
nos derrumbamos, solos,
sin nadie sobre nuestro barro,
sobre nuestro aullido, sobre nuestra ceniza,
nada más que nosotros, solos,
que somos desde el sollozo y el aire,
hasta el relámpago, y no sabemos aún,
ignoramos nuestra mano de hombre,
nuestro puño, ignoramos que sólo
nos acompaña nuestra sangre,
que somos nosotros,
nada más, y nuestra sangre,
la espuma perfumada de la tierra.

DARDO DORRONZORO.

martes, 21 de junio de 2016

Sagrado



el sol de invierno
entrando a mi casa










Belén.

"Hola a todas las mujeres luchadoras y a toda la gente que me acompaña en este momento.
Quiero expresarles mi agradecimiento por hacer que mi lucha sea de todas ustedes. Gracias por defenderme, por hacer que mi voz y mi verdad se escuche.
Yo estuve callada durante dos años. No me animaba a hablar. Tenía miedo. Me habían dicho que me darían perpetua. Me condenaron solo por dichos, por ser humilde, por ir al hospital, por no tener plata para ir a una clínica y pagar una buena defensa.
Desde el 21 de marzo de 2014 que no vuelvo a mi casa, que no veo a mi familia, me privaron de muchas cosas. Solo quería que me ayudaran y terminé presa, rodeada de policías y dedos acusadores. 2 años y tres meses lejos de mi casa, ¡me arrebataron mi vida!
¿Nadie se preguntó cómo me sentía yo esa noche? Me acusaban y me preguntaban si yo me había hecho un aborto. A mi mamá también la trataron mal. A nadie le importé yo. Es una ignorante, no sabe nada dijeron seguro y me condenaron junto con la policía. Después también me condenó la Justicia aunque yo les dije que no hice nada, que no maté a nadie. Yo ni sabía que estaba embarazada. Lloro por la injusticia que vivo. Pero estoy tranquila, se que habrá justicia para mi. Ahora estoy más fuerte, más tranquila.
Jamás le hice daño a nadie, jamás robé, jamás maté, no consumo drogas. Soy una mujer que toda su vida trabajó. Siempre hice las cosas que debía hacer.
Estoy eternamente agradecida con todos los que me están ayudando a que mi voz se escuche. Desde este lugar les mando abrazos y mis saludos. Me da mucha alegría que no estoy sola.
Gracias y mil gracias para todas las mujeres. Luchemos entre todas y que se nos escuche para que no haya más mujeres presas por aborto. Ahora su lucha también es mi lucha.
Saludos y mis afectos para ustedes. Belén”

Bordado en adhesión a Proyecto Corpiño.
Libertad para Belén.

12 de agosto marcha en todas las plazas del país.

lunes, 20 de junio de 2016

We Tripantu


Meli witran mapu~Tierra de los cuatro lugares. Dibujo Tolhuin.
Nueva salida del sol, de Elicura Chihuailaf

Meli, meli. Meli,meli
Kiñe trafoy metawe mew
mvley Antv
Pu rvmentu mew mvley pizeñ
ellkawligvn ñi lonko egvn
ka femlu trokifiñ pu witrunko
Nieñmaperkelaeymu kvfvkvfvn
mi piwke
We Tripantu!, pi pu malen
ka ti mulfen nvayu mawvn
Wiñon, pifiñ egvn
fewla pichi wentru ta iñche
Pefimvn ti choyke?
Kvpalmvn make ka triwe
awkantuyiñ awarkuzen awkantun
Meli, meli. Meli, meli
Pvtokyiñ muzay, mvna azy
Wenu Mapu
Mvley pu aliwen ñi mutrung lien
(feymu azkintuley kom ñi Pewma
ka tvfey chi pu lewfv nawpay
Kvyen mu)
Meli, meli. Meli, meli
Eymi iñchu umawtuley Mapu Ñuke
ka puliwen fiskv ko
gaw ta tvfey
Meli, meli. Meli, meli
Ya!, zew mitray ta Antv.

☼
Cuatro, cuatro. Cuatro, cuatro
y el Sol en un cántaro quebrado
Entre las hierbas las aves
esconden sus cabezas
y parece que la vertiente
posee el murmullo de tu corazón
We Tripantu!, dicen las niñas
y el rocío recogerá la lluvia
He vuelto, les digo
ahora soy un niño
¿Han visto al avestruz?
Traigan plantas, traigan flores
juguemos los juegos de los
Antepasados
muzay bebamos, que hermosos
en el cielo
están los árboles con sus troncos
de plata
(en ellos se miran estos Sueños
y los ríos que caen de la Luna )
Cuatro, cuatro. Cuatro, cuatro
Contigo he estado despierto
Madre Tierra
y en la mañana el agua fresca
es una constelación
Cuatro, cuatro. Cuatro, cuatro
¡Ya!, ha descansado el Sol.

domingo, 19 de junio de 2016

Sáfica 🍊

Foto Tolhuin. Mayo '16.
Vivo testigo de mañanas frescas,
fresco donante de los frutos dulces,
dulce atalaya de mis sueños vivos:
ríe conmigo.


Clama a mi amado, al que siempre pienso;
toca su aire con tu olor cercano;
toma mi canto, díselo en mi nombre.
Dile que vuelvo.











Foto Tolhuin. Junio '15
🍊 Es un tipo de estrofa creada por la poetisa griega Safo de Lesbos en el siglo VI antes de Cristo. En su adaptación a la lengua española, se la identifica por los siguientes elementos:

-Consiste en cuatro versos libres (es decir, sin rima), tres endecasílabos sáficos y uno pentasílabo adónico. Este último se compone de dos cláusulas rítmicas: un dáctilo (una sílaba larga y dos breves) y un espondeo (dos sílabas largas).

-Los acentos de los endecasílabos se ubican en la primera, cuarta, octava y décima sílabas.

-Al final de la quinta sílaba (átona) debe hallarse una cesura que divide el verso endecasílabo en dos hemistiquios de cinco y seis sílabas.

Autores que usaron la estrofa sáfica son: Alceo, Cátulo, Horacio, Melino, Swinburne, Ginsberg.

En España, apareció hacia el siglo XVI. En el XIX, Miguel de Unamuno demostró gran interés en ella. La utilizó y enriqueció en varias ocasiones.


En Argentina, la poeta Tolhuin intenta su composición haciendo caso omiso de dáctilos y espondeos pero ponderando los cítricos en sus virtudes cantarinas, como tópico.


  

🍊 🍊 🍊 🍊




















domingo, 12 de junio de 2016

Ponzo.

¡Felices jóvenes 100 años, querido poeta! (Hoy, 12 de junio de 2016)

Foto del 28 de nov de 2010. "Degustación de cuentos" 
Con el escritor Alberto Ponzo y las narradoras Ana María Oddo y Elena Bernardini en La Casita de Castelar.





Nota en El Diario de Morón:

http://moron.enorsai.com.ar/cultura/25750-el-poeta-cumple-100-anos.html

Poemas de Alberto Luis Ponzo
Me acostumbro a ser viento
 
 
Desde las manos salgo.
Mis palabras son uñas
sobre la tierra, dedos
torpes y fatigados.
 
Desde ellas
siento lo que sucede
y me sostengo para mirar,
cavar secretamente el horizonte,
empezar a creer en lo que digo.
 
Desde las manos hablo
y alimento la piel,
aprendo en su corteza,
tomo el aire y me digo;
con las palabras voy a la existencia,
describo mi esperanza, grito
o reniego del nombre que me imponen
y lentamente
desde este umbral cercano y movedizo
me acostumbro a ser viento,
ligera decisión de la memoria.
 
 
 
                                            (De "Uno en el mundo", 1965)
 
                                 
 
*
 
 
Como el amor
 
 
Eres
el cuerpo de la noche,
el silencio del tiempo,
el color de la voz
que nunca he visto.
 
Eres racimo y arco,
parábola,
constelación,
círculo de diversos
centros.
 
Eres
un punto del espacio
donde el amor
puede seguir latiendo
sin consumir
su llama.
 
 
                                                (De "Poemas comunes",1966)
 
                         
*
 
 
El oficio
 
 
Escribo con el tiempo
con el fuego en los dedos
sobre el muro del día
 
Escribo cuando duermo y no me escuchan
escribo para despertar
escribo dando vueltas como un pájaro
escribo en el aire y en la tierra
 
Escribo porque no tengo otro lugar
porque mis hijos me preguntan
escribo para contestarles
para mirarlos diariamente
 
Escribo con los brazos que encuentro
escribo para el mundo que no encuentro
 
Escribo
para no repetirme
 
 
                                    (De "A puertas abiertas", 1969)
 
                           
*
 
 
El oprimido
 
 
 
Qué puedo hacer aquí
cuando nadie
se reconoce en mis ropas
cuando nadie habita
mis gestos oprimidos?
 
Qué puedo hacer
yo que habito el idioma de todos
para ser dueño de lo que todos dicen?
 
Sólo en la máscara de mi plato
el mundo se conmueve
 
 
                                    (De "Los dioses extinguidos", 1974)
 
                             
*
 
 
Nombres
 
 
El día se desliza sobre techados rotos
las plantas olvidan su violencia natal
 
Nombres que crecen
Nombres devorados
 
Estoy vivo en lo que nace
en lo que hago
fuera de mí
dentro de todo
 
en el rumor que escapa del origen
 
 
                                           (De "Ejercicios provisorios",1987)
 
                                 
*
 
 
Para el amor
 
 
Basta la palabra?
Huída de sí misma
calla en la mano
                que espera
 
desde su piel
                 respira
bordea los objetos
interroga
 
persigue el aire
ensaya letras adheridas
                 al hilo de la voz
 
basta saber que busca
arrojar el misterio
que cubre su pasar?
 
sólo hace lo que detiene
la agotadora sombra
sobre una línea inútil
dispuesta a su nacer
 
dará vida al ramaje
de un revelador
                acto de amor
 
 
                                (De "De estar aquí", 2011)
 
                                   
*
 
 
Cubiertos
 
 
Entre los cubiertos
usados desde mi niñez
he puesto a reposar la noche
 
En el lugar de los dedos
hay un corte abierto
del raspado cuchillo
con la honda tibieza llevada a la boca
 
El ardiente amenazador
aguarda a su costado
 
La infantil cucharita huele
como el deseado postre
 
Los vasos y platos silenciosos
reviven el sabor
                   en vos
 
 
                                                  (A Alba)
 
                                                  (De "De este mundo", 2014)
 
                                
 
*



A continuación  algo escrito después de un encuentro en 2012.

Las hojas del Caminador.

Lo lindo de vivir en Castelar (...) y estar realizando una serie de trámites en tu "día libre", es llegar a la esquina de Carlos Casares y Arias y encontrarte con el escritor Alberto Ponzo. Y lo mejor es que es él quien te reconoce y levanta la mano para que te acerques, porque vos vas distraída y hasta un poco molesta, nada dispuesta a la serendipia.
Una alegría enorme en medio de la confusión en esa mañana que parecía haber perdido todos los colores.
Hay un diálogo breve porque él también está con trámites y yendo al médico. Le preguntás por su salud y él cree estar bien... sólo haciendo análisis de rutina.
Cuando ya se produjo el abrazo de despedida (y estás distraída nuevamente pero esta vez con una gran sonrisa), y caminaste unos metros, te llama: -Venga un poquito. Quiero hacerle un regalo... ¿puedo?... Porque yo siempre llevo un libro para ir regalando a los amigos. Es de Alba, va a ver qué lindo es-.
Y como si no hubiera sido suficiente con la gracia de habértelo encontrado, saca de su morral: "El saber de las palabras (... y más recuerdos)" de Alba Correa Escandell. Hojas del caminador (2008).
Leés en la introducción del libro escrita por don Alberto:
"Alba nos hace recordar en esta selección lo dicho por César Pavese: "Un solo documento nos interesa siempre y permanece nuevo: lo que sabíamos desde niños". Es este "saber" en su palabra lo que explica mejor nuestro homenaje" A.L.P
Ahora vas de la mano de la alegría, y tenés ganas de leer el libro de Alba y querés ir a revisar ese "documento" propio, que en algún lugar tenés guardado, del que habla Pavese.
Ahora caminás recordando el gesto, el abrazo y las palabras: -Bueno, cualquier convite que hagan me avisa, usted ya me conoce, ya tiene mis datos.

Y pensás en sus datos:  Alberto Luis Ponzo...  humildad, calidez, ternura.

Patricia Morante.

miércoles, 8 de junio de 2016

Resquicio.



justo a mitad de la noche
aparece la pregunta
que flota en el silencio

hay testigos taciturnos
del naufragio
que va por aire
esta vez

y  una grieta  da a luz
la palabra
cuando también el instante
es recién nacido



Resquicio
  1. m. Abertura que hay entre el quicio y la puerta
  2. P. ext. cualquier otra abertura pequeña
  3. Ocasión para que ocurra algo

jueves, 26 de mayo de 2016

Decir, hacer.

De OCTAVIO PAZ.


A Roman Jakobson.

Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Haroldo.

La balada del álamo Carolina


La balada del álamo Carolina -  Un cuento de Haroldo Conti


Un cuento de Haroldo Conti


A mi madre, doña Petrolina Lombardi de Conti,
y a la ciudad de Chacabuco, mi pueblo.

Ciruelo de mi puerta, si no volviese yo,
la primavera siempre volverá.
Tú, florece.
(Anónimo japonés)

Uno piensa que los días de un árbol son todos iguales. Sobre todo si es un árbol viejo. No. Un día de un viejo árbol es un día del mundo.
Este álamo Carolina nació aquí mismo, exactamente, aunque el álamo Carolina, por lo que se sabe, viene mediante estaca y éste creció solo, asomó un día sobre esta tierra entre los pastos duros que la cubren como una pelambre, un pastito más, un miserable pastito expuesto a los vientos y al sol y a los bichos.
Y él creyó, por un tiempo, que no iba a ser más que eso hasta que un día notó que sobrepasaba los pastos y cuando el sol vino más fuerte y templó la tierra se hinchó por dentro y se puso rígido y sentía una gran atracción por las alturas, por trepar en dirección al cielo, y hasta sintió que había dentro de él como un camino, aunque todavía no supiese lo que era eso, lo supo recién al año siguiente cuando los pastos quedaron todavía más abajo y detrás de los pastos vio un alambrado y detrás del alambrado vio el camino, que es una especie de árbol recostado sobre la tierra con una rama aquí y otra allá, igual de secas y rugosas en el invierno y que florecen en las puntas para el verano, pues todas rematan en un mechoncito de árboles verdaderos.
Por ahí andan los hombres y el loco viento empujando nubes de polvo. También ya sabía para entonces lo que era una rama porque, después de las lluvias de agosto, sintió que su cuerpo se hinchaba en efecto aquí y allá y una parte de él se quedó ahí, no siguió más arriba, torció a un lado y creció sobre la tierra de costado igual que el camino.
Ahora es un viejo álamo Carolina porque han pasado doce veranos, por lo menos, si no lleva mal la cuenta. Ahora crece más despacio, casi no crece. En primavera echa las hojas en el mismo sitio que estuvieron el otro verano y por arriba brotan unas crestitas de un verde más encarnado que al caer el sol se encienden como por dentro, pero él ahora no pretende más que eso, esa dulce luz del verano que lo recubre como un velo. Y dentro de esa luz está él, el viejo álamo, todo recuerdo. De alguna manera ya estaba así hace doce veranos cuando asomó sobre la tierra y crecer no fue nada más que como pensarse. Sólo que ahora recuerda todo eso, se piensa para atrás, y no nace otro árbol. En eso consiste la vejez. Verde memoria.
Ahora es el comienzo del verano justamente y acaba de revestirse otra vez con todas sus hojas, de manera que como recién están echando el verde más fuerte (son como pequeños árboles cada una) por la tarde, cuando el sol declina y se mete entre las ramas el álamo se enciende como una lámpara verde, y entonces llegan los pájaros que se remueven bulliciosamente entre las hojas buscando dónde pasar la noche y es el momento en que el viejo álamo Carolina recuerda.
A propósito de la noche, los pájaros y el verano. Recuerda, por ejemplo, a propósito de los pájaros, el primero de ellos que se posó sobre la primera rama, que ha quedado allá abajo pero entonces era el punto más alto, ya casi no da hojas y es tan gruesa como un pequeño árbol. En aquel tiempo era su parte más viva y sintió el pájaro sobre su piel, un agitado montoncito de plumas. Descansó un rato y luego reemprendió el vuelo. Recién dos veranos después, cuando divisó la primera casa de un hombre y detrás de ella la relampagueante línea del ferrocarril, una montera armó un nido en la horqueta de la última rama. Cortó y anudó ramitas pacientemente y así el álamo se convirtió en una casa, supo lo que era ser una casa, el alma que tiene una casa, como antes supo del camino y del alma del camino, ese ancho árbol florecido de sueños. El nido se columpiaba al extremo de la rama y él, aunque gustaba del loco viento de la tarde, procuraba no agitarse mucho por ese lado, le dio todo el cobijo que pudo, echó para allí más hojas que otras veces.
Al final del verano los pichones saltaron del nido y los sintió desplazarse temblorosos sobre la rama con sus delgadas patitas, tomar impulso una y otra vez y por fin lanzarse y caer en el aire como una hoja. Un árbol en verano es casi un pájaro. Se recubre de crocantes plumas que agita con el viento y sube, con sólo desearlo, desde el fondo de la tierra hasta la punta más alta, salta de una rama a otra todo pajarito, ave de madera en su verde jaula de fronda.
Ese verano fue el mismo del ferrocarril. Antes viene la casa. No vio la casa por completo, ni siquiera cuando, años después, trepó mucho más alto, sino lo que ve ahora mismo desde el brote más empinado, un techo de chapas que se inflama con el sol y una chimenea blanca que al atardecer lanza un penacho de humo. A veces el viento trae algunas voces.
Con todo él ha llegado hasta la casa en alguna forma, a través de las hojas de otoño que arrastra el viento. Con sus viejos ojos amarillos ha visto la casa aun por dentro, ha visto al hombre, flaco y duro con la piel resquebrajada como la corteza de las primeras ramas, la mujer que huele a humo de madera, un par de chicos silenciosos con el pelo alborotado como los plumones de un pichón de montera.
Con sus viejas manos amarillas ha golpeado la puerta de tablas quebradas, ha acariciado las descascaradas paredes de adobe encalado, y mano y ojo y amarillas alas de otoño ha corrido delante de la escoba de maíz de Guinea y trepado nuevamente al cielo en el humo oloroso de una fogata que anuncia el frío, el tiempo dormido del árbol y la tierra.
El ferrocarril pasa por detrás de la casa pero hubo de trepar hasta el otro verano, cuando volvieron las hojas y los pájaros, para entrever el brillo furtivo de las vías cortando a trechos la tierra. Ya había sentido el ruido, ese oscuro tumulto que agitaba el suelo porque el árbol crecía tanto por arriba como por debajo. Por debajo era un árbol húmedo de largas y húmedas ramas nacaradas que penetraban en la tibia noche de la tierra.
Por ahí vivía y sentía el árbol principalmente, por ahí su día era un día del mundo, así de ancho y profundo, porque la tierra que palpitaba debajo de él le enviaba toda clase de señales, era un fresco cuerpo lleno de vida que respiraba dulcemente bajo las hojas y el pasto y sostenía cuanto hay en este mundo, incluso a otros árboles con los cuales el viejo álamo Carolina se comunicaba a través de aquel húmedo corazón.
Al este, por donde nace el sol, había un bosque. Lo divisó una mañana con sus ojos verdes más altos y todas sus hojas temblaron con un brillo de escamas. Era un árbol más grande, el más grande y formidable de todos. Al caer la tarde, con el sol cruzado barriendo oblicuamente los pastos que parecían mansas llamitas, los ár­boles aquellos ardieron como un gran fuego. Por la noche, el álamo apuntó una de sus delgadas ramas subterráneas en aquella dirección y recibió la respuesta. No era un árbol más grande, era un bosque, es decir, un montón de ellos, tierra emplumada, alta y rumorosa hermandad.
¿Por qué no estaba él allí? ¿Por qué había nacido solitario? ¿Acaso él no era como un resumen del bosque, cada rama un árbol? Todas estas preguntas le respondió el bosque, sus hermanos, noche a noche. Esta y muchas otras porque a medida que se ponía viejo, en medio de aquella soledad, se llenaba de tantas preguntas como de pájaros a la tardecita. Los árboles no duermen propiamente, se adormecen, sobre todo en invierno cuando las altas estrellas se deslizan por sus ramas peladas como frías gotas de rocío. Es entonces cuando sienten con más fuerza todas aquellas voces y señales de la tierra.
Los animales de la noche salen de sus madrigueras y roen la oscuridad, un pájaro desvelado vuela hacia la luz de una casa, un bulto negro trota por el camino, los grillos vibran entre los pastos como cuerdas de cristal, un perro aúlla en la lejanía, el hombre se da vuelta en la cama y piensa cuántas fanegas dará el cuadro de trigo.
En este mismo momento, en esta noche tan quieta, la semilla está trabajando ahí abajo, el árbol la siente germinar, siente su pequeño esfuerzo, cómo se hincha y se despliega y recorre, pulgada por pulgada, el mismo camino que ha trazado el deseo del hombre, que ha vuelto a dormirse y sueña con una suave marea de espigas amarillas.
Y fue por ahí, por la tierra, que el árbol tuvo noticias del ferrocarril cuando un día sintió ese tumulto que subió por sus raíces. Tiempo después, luego de divisar la morada del hombre, vio por fin aquella alocada y ruidosa casa que con chimenea y todo corría sobre la tierra, y supo por ella que además de los pájaros gran parte de cuanto vive se mueve de un lado a otro y el viejo álamo, que entonces no era tan viejo pero sí árbol completo, sintió por primera vez el dolor de su fijeza.
Él sólo podía ir hacia arriba trazando un corto camino en el cielo y al comienzo del otoño volar en figura según el viento en la trama de sus hojas. En cierto momento, después de la casa, el tren se transportaba entre sus ramas y a veces el penacho de humo llegaba hasta el mismo álamo. Esto dependía del viento, del cual, por instrucción de los pájaros, el viejo álamo había aprendido a extraer otros muchos sucesos. Según soplase, él agitaba sus hojas como verdes plumas y simulaba temblorosos vuelos.
El viento subía y bajaba en frescas turbonadas por dentro de aquella jaula vegetal provocando, de acuerdo a la disposición del follaje, murmullos y silbidos que complacían al árbol músico.
Todo esto se aprende con los años, un verano tras otro, y luego para el árbol son materia de recuerdo en el invierno. El invierno comienza para él con la caída de la primera hoja. Un poco antes nota que se le adormecen las ramas más viejas y después el sueño avanza hacia adentro aunque nunca llega al corazón del árbol. En eso siente un tironcito y la primera hoja planea sobre el suelo. Así empieza.
Después cae el resto y el viento las revuelve, las dispersa, corren y se entremezclan con las hojas de otros árboles, cuando el viejo álamo Carolina ya se ha adormecido y piensa quietamente en el luminoso verano que, de algún modo, ya está en camino a través de la tierra, por el tibio surco de su savia. La lluvia oscurece sus ramas y la escarcha las abrillanta como si fuesen de almendra. Algunas se quiebran con los vientos y el árbol se despabila por un momento, siente en todo su cuerpo esa pequeña muerte aunque él todavía se sostiene, sabe que perdurará otros veranos.
Hasta que allá por septiembre memoria y suceso se juntan en el tiempo y un dulce cosquilleo sube desde la oscuridad de la tierra, reanima su piel, desentumece las ramas y el viejo álamo Carolina se brota nuevamente de verdes ampollas. El aire ahora es más tibio y el hombre, al que observa desde el brote más alto, recorre el campo y espía las crestitas verdes que acaban de aparecer sobre la tierra.
Para mediados de octubre el viejo álamo está otra vez recubierto de firmes y oscuras hojas que brillan con el sol cuando la brisa las agita a la caída de la tarde. El sol para este tiempo es más firme y proyecta sobre el suelo la enorme sombra del árbol.
Fue en este verano, cuando el sol estaba bien alto y la sombra era más negra, que el hombre se acercó por fin hasta el árbol. Él lo vio venir a través del campo, negro y preciso sobre el caballo sudoroso. El hombre bajó del caballo y penetró en la sombra. Se quitó el sombrero cubierto de tierra, después de mirar hacia arriba y aspirar el fresco que se descolgaba de las ramas, y se quitó el sudor de la frente con la manga de la camisa.
Después el hombre, que parecía tan viejo como el viejo álamo Carolina, se sentó al pie del árbol y se recostó contra el tronco. Al rato el hombre se durmió y soñó que era un árbol.

domingo, 22 de mayo de 2016

BIBLIOCLASTAS, una obra de teatro por y para la B I B L I O F I L I A 📖

Estudiantes que empiezan las clases.

Una vez más nos encontramos en el secundario con esta temática.
El colegio M. T. de Alvear pertenece al conurbano bonaerense, zona Oeste. Ituzaingó más exactamente. Estudiantes de 6to año. Lunes por la mañana, Literatura, sueño y un sinfín de circunstancias que atraviesan e interrumpen el desarrollo de las clases.

La primera propuesta es leer una obra de teatro.  Al principio nadie se anima (como si no lo hubiéramos hecho años anteriores) y después redoblo la apuesta:

-Bueno, yo leo uno de los personajes protagónicos pero por lo menos necesito un lector/ora más. ¡Ah, y un personaje que lee muy poco! Y alguien que lea las didascalias, claro.
...

Así transcurrieron las tres horas~ reloj de la clase con la lectura de "Biblioclastas" de Jorge Gómez y María Victoria Ramos. (En Biblioclastía de Tomás Solari y Jorge Gómez, compiladores. Eudeba.)
Así empezamos un recorrido que aún no terminamos.
Lo que escribo aquí es un brevísimo resumen de todo lo que viene ocurriendo a partir de esa propuesta, sólo algunas conclusiones que abren puertas para seguir trabajando y disfrutando de la dramaturgia.


Estudiantes que hacen otras lecturas en clases sucesivas.
 
Estudiantes que analizan y dicen sobre los libros, la destrucción, las diferentes lecturas y sobre todo de "Biblioclastas".
  • Para la represión de los libros hubo un sistema, el libro era sometido a un proceso burocrático. 
  • La censura fue parte de un proyecto global.
  • Funcionaban las tres patas juntas, sino no funcionaban. 
  • Todo era un sistema organizado en el que "gente normal" trabajaba quemando libros.
  • Aunque existan datos suficientes para demostrar lo contrario, sigue habiendo gente que piensa que esto fue algo azaroso: "... es una mezcla de comodidad y oportunismo. La pereza intelectual más el oportunismo dan como resultado seguir sosteniendo una teoría a pesar de que  los hechos, los documentos y testimonios lo desmientan..." Invernizzi.
  • Los libros fueron perdiendo "presentismo"
  • Hay pruebas de que la biblioclastía fue un "delito organizado"
  • Analizando la obra y el artículo encontramos analogías. Por ejemplo: "...sobre el otro escritorio, al que le falta una pata que fue reemplazada por una de las bolsas que abundan en el lugar..." y "...todo es parte del mismo proyecto, que ejemplificamos como una mesa de tres patas..."
  • Destaco la escena 5 donde (se hace referencia a que) la gente se queja de las quemas de libros pero no hacen mucho para evitarlo.
  •  La simpleza y "normalidad" de los protagonistas de la obra deja ver una de las características específicas de las cuales hablan Gociol e Invernizzi: la dificultad del común de la población para aceptar que hasta tu vecino podría ser un torturador, un dinosaurio, UN MONSTRUO.
  • La obra no está publicada por ser comercial (actualmente es natural que los libros sean publicados sólo por su potencial comercial), está allí para ser utilizada como un arma, levantada como una bandera, para hacer valer nuestro derecho a la pluralidad de ideologías, a la libre elección del material de lectura.
  • Me queda que debido a la destrucción de libros se rompe la relación de la gente con el autor nacional. Hoy no se tiene la necesidad de leer libros.
  • La destrucción sigue en pie si no hacemos algo. Con tan sólo dejar de leer o abandonarlos en una biblioteca, los estás destruyendo.
  • Al final no sólo se logró la destrucción de miles de ejemplares sino también la forma de escribir, de editar y leer de toda una nación.
  • ...Nadie puede destruir el saber y la memoria...
 Estudiantes que preguntan e investigan: (en proceso)

  • ¿Hay biblioclastía hoy?
  • ¿Cuál es el rol de los libros hoy en nuestro país? 
  • ¿Cuál es la situación de las bibliotecas en la actualidad?
  • ¿Qué son las bibliotecas populares?
  • ¿Qué es la F.L.I.A?
  •  ¿    ?
 Estudiantes que producen textos y dibujos: (en proceso)

Cuentos: "El pueblo globalizado" y uno aún sin título del que cito: "... Resulta increíble cómo la destrucción de un libro puede desencadenar en la pérdida de la memoria de un pueblo, acabar con una idea o destrozar sueños..."

Poemas: Libro "... el que nos permite teletransportarnos..."  y "... estoy hablando de algo no tan remoto y perdido/ como humo se nos fue casi medio millón de libros..."

Argumentación: "...Esto también encierra el Terrorismo de Estado: políticas culturales, educativas y de comunicación..."





Nadie puede destruir el saber y la memoria.
Es la destrucción misma de la población.
Aberración de la cultura nacional 
de un país demócrata.
¡No!,
un país sin poetas ni pensadores.
Los libros son vida.
Aquel que trata de engañar a los demás 
sólo se engaña a sí mismo.
A veces, lavándonos las manos
nos ensuciamos la conciencia.
Las bibliotecas deberían ser
de la humanidad
ya que allí se esconde nuestra verdad.
NO a la biblioclastía.

domingo, 15 de mayo de 2016

Javier.


San Lorenzo, Salta, febrero de 2016. Foto de mi amado Daniel.
Yo soy un río, voy bajando por las piedras anchas,
voy bajando por las rocas duras,
por el sendero dibujado por el viento.

Hay árboles a mi alrededor
sombreados por la lluvia.

Yo soy un río, bajo cada vez
más furiosamente, más violentamente
bajo cada vez que un puente me refleja
en sus arcos.



Yo soy un río un río
un río cristalino en la mañana.
A veces soy tierno y bondadoso.

Me deslizo suavemente
por los valles fértiles,
doy de beber miles de veces
al ganado, a la gente dócil.

Los niños se me acercan de día,
y de noche trémulos amantes
apoyan sus ojos en los míos,
y hunden sus brazos
en la oscura claridad
de mis aguas fantasmales.

Yo soy el río.
Pero a veces soy bravo y fuerte
pero a veces no respeto
ni a la vida ni a la muerte.

Bajo por las atropelladas cascadas,
bajo con furia y con rencor,
golpeo contra las piedras más y más,
las hago una a una pedazos interminables.

Los animales huyen,
huyen huyendo cuando me desbordo
por los campos, cuando siembro
de piedras pequeñas las laderas,
cuando inundo las casas y los pastos,
cuando inundo las puertas y sus corazones,
los cuerpos y sus corazones.

Y es aquí cuando más me precipito
Cuando puedo llegar a los corazones,
cuando puedo cogerlos por la sangre,
cuando puedo mirarlos desde adentro.

Y mi furia se torna apacible,
y me vuelvo árbol,
y me estanco como un árbol,
y me silencio como una piedra,
y callo como una rosa sin espinas.

Yo soy un río.
Yo soy el río eterno de la dicha.
Ya siento las brisas cercanas,
ya siento el viento en mis mejillas,
y mi viaje a través de montes, ríos,
lagos y praderas se torna inacabable.

Yo soy el río que viaja en las riberas,
árbol o piedra seca

Yo soy el río que viaja en las orillas,
puerta o corazón abierto

Yo soy el río que viaja por los pastos,
flor o rosa cortada

Yo soy el río que viaja por las calles,
tierra o cielo mojado

Yo soy el río que viaja por los montes,
roca o sal quemada
Yo soy el río que viaja por las casas,
mesa o silla colgada

Yo soy el río que viaja dentro de los hombres,
árbol fruta rosa piedra mesa
corazón corazón y puerta retornados,
Yo soy el río que canta al mediodía
y a los hombres, que canta ante sus tumbas,
el que vuelve su rostro
ante los cauces sagrados.

Yo soy el río anochecido.
Ya bajo por las hondas quebradas,
por los ignotos pueblos olvidados,
por las ciudades atestadas de público
en las vitrinas.

Yo soy el río
ya voy por las praderas, hay árboles a mi alrededor
cubiertos de palomas, los árboles cantan con el río,
los árboles cantan con mi corazón de pájaro,
los ríos cantan con mis brazos.

Llegará la hora en que tendré que
desembocar en los océanos,
que mezclar mis aguas limpias con sus aguas turbias,
que tendré que silenciar mi canto luminoso,
que tendré que acallar
mis gritos furiosos al alba de todos los días,
que clarear mis ojos con el mar.

El día llegará, y en los mares inmensos
no veré más mis campos fértiles,
no veré mis árboles verdes,
mi viento cercano, mi cielo claro,
mi lago oscuro, mi sol,
mis nubes, ni veré nada,
nada, únicamente el cielo azul,
inmenso, y todo se disolverá en
una llanura de agua,

en donde un canto o un poema más
sólo serán ríos pequeños que bajan,
ríos caudalosos que bajan a juntarse
en mis nuevas aguas luminosas,
en mis nuevas aguas apagadas.

El río. 1960.
Javier Heraud