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lunes, 24 de julio de 2023
lunes, 26 de junio de 2023
Dos poemas
Yo sé que este dolor
me acompañará hasta el final,
como la sombra aunque se encoja algunas veces,como la cicatriz en la ceja
aunque recuerde una travesura,
como eso que nadie más ve
pero cala profundo
en las entrañas,
como la memoria
de contracciones
entuertos
pezones irritados,
como el latido mismo.
Una vida rota pero vida
al fin, hasta el final.
《《▪︎》》▪︎《《▪︎》》▪︎《《▪︎》》
Espero a que anochezca.
No hay ninguna persona humana
más que yo en la casa.
Y siete gatas. Y cuatro gatos.
Quiero amasar un pan
en silencio.
Leí por ahí que en momentos
de profunda tristeza está bueno
buscar aquello que nos brinde un poco de placer.
Hoy, ahora, esa búsqueda la hacen mis manos.
Cuando ya sea bien tarde,
casi sin que me dé cuenta
el placer será mayor
durante la cena, cuando compartiremos tres
en la cocina junto con el pan, las historias del día,
las travesuras felinas,
las risas de la resistencia.
domingo, 25 de junio de 2023
Quiero ser carpincho y picabuey
jueves, 22 de junio de 2023
lunes, 22 de mayo de 2023
Flash de realidad
Un condorito de cara pálida se funde
en un pico
con una palomita.
Ella es de pecho ancho y viste una pañoleta
color
de
mar
en vez de alas.
miércoles, 19 de abril de 2023
Mirar
Para abajo, alrededor, hacia delante, hacia el horizonte.
Para un lado y el otro. Hacia atrás.
Mirar. Mirar bien. Pestañear. Bajar un rato los párpados.
Mirar hacia adentro.
De arriba abajo. Sin ver. Ver sin mirar.
Contemplar el dormir de bebés.
Mirar a los ojos.
Una pieza de arte. Al espejo.
A través de un lente, una ventana, un vidrio decorado de lluvia.
Para una autofoto. Mirar la foto.
Mirar hacia arriba: un modo especial. Como hacia abajo, al pie de un abismo.
Imposibilidad de abarcarlo todo. No saber por dónde empezar.
Y mirarme. Tampoco saber.
Mirar los recuerdos. Los cinco años de la admiración ingenua, la imaginación, las ilusiones ópticas.
Árboles gigantes y entonces, pájaros. Nubes y entonces, personajes. Sol y entonces, lágrimas.
Barrileteadas de otoño. Aviones de verdad. Luna de un ojo con más pestañas que el otro.
De una sola mirada volver la vista atrás y seguir el vuelo de alguna bandada .
Dejarse llevar por la intensidad de la Santa Rita roja.
Mirar hacia arriba es detenerse mansamente, igual que cerrar los ojos.
miércoles, 5 de abril de 2023
Ronda de poesía en La Caracola~Casa Atelier
La poesía juega conmigo de todas las formas posibles.
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| Foto Tolhuin. Gotas de Opar. |
lunes, 2 de enero de 2023
Voces de la plegaria
jueves, 22 de diciembre de 2022
La plegaria de mis pies de Patricia Morante
"Tengo tanto que agradecer a quien me dio de beber cuando de sed me moría". Así comienza la canción El buen modo de la amada María Elena Walsh y más adelante continúa: "Estos ojos no olvidarán al que una vez me dio pan cuando el hambre me afligía".
Cada vez que me siento plenamente agradecida me vuelve esta lírica, entonces la tomo, la pienso, la resignifico. Hasta hoy no me había puesto a escribir acerca de esta emoción, generalmente resumo en un triple "gracias" y quienes lo reciben saben por qué, lo que implica y la reciprocidad que va más allá de un simple "ida y vuelta".
Ahora, que ya hubo un par de presentaciones de La plegaria de mis pies, en las que se han hecho tan hermosas devoluciones, regreso a lo escrito y editado en las páginas del libro, lo leo intentando que no soy la autora y me gusta cada vez más. También me agradezco reconociéndome autora y lectora de mí.
Releo, decía, y se me ocurre que entre el verso/oración del comienzo: "Soñé que un dios me había dado cuatro vidas" (junto al deseo de tener una sola bien vivida) y el último verso de cierre, hay un entramado que da cuenta de ese camino único que transitamos, con sueño y falta de (que no es lo mismo que decir "insomnio" pero que también aparece), con hambre y ausencia de apetito; toda una trama hasta llegar a la alegría de "Ahora soy una canción". En ese tejido "tengo tanto que agradecer" a quienes revivieron mi sed cuando ya no la tenía, "mis ojos no olvidarán" a quienes me ofrecieron como pan el alimento primordial de la poesía porque despertaron una vez más mis ganas y mis sueños.
Promesa editorial, Germán , Guada, Celeste, Gabi, Ana , Gus, Miguel, Dany, Mari, Adri y Jorge, Marina, Gra, Jorge, Paula, Facu, Fer, Silvina, Alba, Yani, Meli, Silvi: gracias, gracias, gracias.
jueves, 3 de noviembre de 2022
La plegaria de mis pies
miércoles, 7 de septiembre de 2022
Semillero fértil para la dignidad
Textos de Yanina Gambetti. Voces de Yanina Gambetti y Patricia Morante. Edición de Patricia Morante.
lunes, 5 de septiembre de 2022
Guardiana del Humedal
pezuña 'e vaca
domingo, 28 de agosto de 2022
Tito Sietesiestas, vencedor
Semanas enteras con sus días completos y a toda hora peleando contra las muertes de mi gato.
No sé si venían de a una, de a dos o todas juntas. En visitas inesperadas y otras en las que hasta tomábamos un café. En distintos horarios, con interrupciones nocturnas del sueño. Fugazmente o interponiéndose cada dos o tres pasos.
En forma simbólica o como parte de mis retorcidos pensamientos.
Vestidas como la Madame La Mort de Manucho, despojadas de pilcha, portando cuello isabelino o metamorfoseadas en sonda, jeringa o cánula.
Pensar que un gato me había tratado de "ingenua" cuando alguna vez hice referencia a sus siete vidas. Ahora sé que la lucha fue larga e intensa y que por lo menos una vida Tito salvó porque me mira ahora mismo mientras leo en voz alta, se me acerca, me amasa cuatro segundos y se retira a los pies de la cama para dormir su séptima siesta del día, libre, feliz y cubriéndose la cara con sus patitas.
Reserva Urbana~ Plaza~ Vuelta al barrio
I
Quiero ser de humedal y benteveo
II
Un círculo tapizado de hojas secas. Ocho mesitas de cemento con sus correspondientes dameros y sus banquetas firmes y duras.
Alguien dejó una botella con agua.
Aparece un perro, de esos con collar coqueto que sueltan en la plaza para que defequen. Y defeca.
Se sube a una de las banquetas para alcanzar la botella sobre la mesa. Y la alcanza.
La tira al piso y la mordisquea.
Su humano apenas lo mira de lejos.
Sigue mordisqueando la botella para romperla. Y la rompe aunque no lo suficiente como para introducir su lengua y beber de su contenido.
De pronto, un silbido.
El perro levanta la cabeza, toma la botella y corre hacia su amo. Chorrea agua en el caminito curvo.
Una voz: -¿qué hacés? ¿Por qué traés porquerías?.
El perro salta, lloriquea, ladra, le señala como puede, al dueño, la botella.
Ahora, las manos, colocan con firmeza la correa en el collar azul francia, tironean hasta que deja de haber resistencia y llevan en dirección oeste al perro que ya cagó, jugó cinco minutos y ahora camina muerto de sed hasta su domicilio en el barrio de edificios de tres, seis y ocho pisos.
III
Palo borracho de flores blancas a mitad de cuadra junto al poste con el aro de basquet.
Viejita encorvada dándole maíz a las gallinas en el patio delantero.
Casa de la familia C. con su frente cargado de azulejismo.
Mandarinos asomando por encima de la tapia hecha de bloques.
(Fue el 4 de junio pero podría haber sido hoy)
martes, 9 de agosto de 2022
"Quién dijo que todo está perdido"/ Epígrafes para Andalgalá
Digo esto porque la palabra coraje me suena muy bien, más que la palabra valentía, y porque la palabra coraje últimamente también está siendo vapuleada. Se dice de funcionarios políticos que tienen coraje pero la verdad es que cuando el funcionario piensa sólo en su bolsillo y no lo que dicen las comunidades, que es lo que generalmente ocurre, no tiene coraje por más megaemprendimiento que inicie o negocie, eso se llama prepotencia. Entonces, una vez más, usemos bien las palabras. Raúl tiene coraje, Ximena tiene coraje, Antonio, Rosa, Aldo, Enzo, Edu, entrevistadores en la foto, tantos otros y otras que ponen el cuerpo todos los días para defender los bienes comunes, tienen coraje. Los funcionarios, repito, tienen prepotencia. No confundamos las actitudes, ni las intenciones, ni las palabras.
Tanto trabajo digno que podrían hacer, tanto coraje que podrían tener y justo van a elegir la violencia y la falta de ética destruyendo el cerro, dejando sin agua un pueblo entero y persiguiendo a sus defensores.
El coraje es de las personas dignas, es amor, es ir con el corazón por delante dando una mano, diciendo la verdad. El coraje es de quienes resisten en la querida Andalgalá.
Patricia Morante.
El video:
https://www.instagram.com/reel/Cgz6mrqlZO1/?utm_source=ig_web_copy_link
sábado, 30 de julio de 2022
El pueblo de la dignidad contra la muerte disfrazada de progreso/ Epígrafes para Andalgalá
Estábamos en Choya, habíamos compartido alimentos, abrazos, bailes, canciones y charlas
como en una auténtica celebración familiar.
Pasamos luego algunas curvas y subidas por una calle de tierra admirando el paisaje con el
cerro guardián a nuestras espaldas, la vegetación y la sencillez de las casas.
A mí, como suele pasarme en los recorridos, todo me traía un recuerdo de la infancia, aunque era la
primera vez que pisaba esas tierras.
Por ejemplo, el patio de los abuelos, cuando vi en los árboles a las gallinas ya dispuestas
a pasar la noche aunque todavía era de día.
O cuando estuvimos con Antonio, recién bajado del cerro donde está resistiendo
el acampe digno de este hermoso pueblo y conversamos con él naturalmente
como si nos cruzáramos con el buen vecino del barrio.
O cuando en una vuelta del camino empezamos a escuchar el atardecer de los pájaros
entremezclado con voces humanas que venían de más lejos y se nos añadió un ingrediente
misterioso a la caminata. Y nos miramos las cuatro de modo cómplice, con la certeza de que,
por más que nos apuráramos, nos perderíamos igual la ronda que provenía de esas voces,
el abrazo comunitario de "hasta la próxima", la última travesura, tal vez, antes de irnos.
Lo cierto es que, desde donde estábamos, nos sumamos alegremente al coro, al canto unánime
de "fuera las mineras" que retumbó hasta el otro lado del río.
Otro día les voy a hablar del río si es que él no se me adelanta como suele hacer con su
voz ancestral de piedra y agua, pero ahora quiero contarles lo último,
aun más maravilloso que el puente del principio.
En la puerta del micro que nos llevaría de vuelta a Andalgalá estaba afirmado Raúl,
otro guardián del cerro que no quería dejar de agradecer y saludar a quienes íbamos subiendo.
Allí nos despidió como quien dice "hasta que volvamos a encontrarnos",
sonriente y luminoso como siempre.
Estábamos en Choya, habíamos compartido alimentos, abrazos, bailes, canciones y charlas como en una auténtica celebración familiar.
Quienes salimos a caminar después, nos encontramos con un puente peatonal, colgante, oscilante, de ingeniería inesperada y maravillosa. Lo cruzamos.
Pasamos luego algunas curvas y subidas por una calle de tierra admirando el paisaje con el cerro guardián a nuestras espaldas, la vegetación y la sencillez de las casas.
A mí, como suele pasarme en los recorridos, todo me traía un recuerdo de la infancia, aunque era la primera vez que pisaba esas tierras.
Por ejemplo, el patio de los abuelos, cuando vi en los árboles a las gallinas ya dispuestas a pasar la noche aunque todavía era de día.
O cuando estuvimos con Antonio, recién bajado del cerro donde está resistiendo el acampe digno de este hermoso pueblo y conversamos con él naturalmente como si nos cruzáramos con el buen vecino del barrio.
O cuando en una vuelta del camino empezamos a escuchar el atardecer de los pájaros entremezclado con voces humanas que venían de más lejos y se nos añadió un ingrediente misterioso a la caminata. Y nos miramos las cuatro de modo cómplice, con la certeza de que, por más que nos apuráramos, nos perderíamos igual la ronda que provenía de esas voces, el abrazo comunitario de "hasta la próxima", la última travesura, tal vez, antes de irnos.
Lo cierto es que, desde donde estábamos, nos sumamos alegremente al coro, al canto unánime de "fuera las mineras" que retumbó hasta el otro lado del río.
Otro día les voy a hablar del río si es que él no se me adelanta como suele hacer con su voz ancestral de piedra y agua, pero ahora quiero contarles lo último, aun más maravilloso que el puente del principio.
En la puerta del micro que nos llevaría de vuelta a Andalgalá estaba afirmado Raúl, otro guardián del cerro que no quería dejar de agradecer y saludar a quienes íbamos subiendo. Allí nos despidió como quien dice "hasta que volvamos a encontrarnos", sonriente y luminoso como siempre.
Patricia Morante.
lunes, 25 de julio de 2022
Ayudame a mirar / Epígrafes para Andalgalá
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| FOTO 1 |
Cuando las vi, interponiéndose entre mi lente y el cerro, de cara a aquella mañana nevada, me acordé del relato de Galeano en el que un niño que no conocía "la mar" lo descubre por fin detrás de los médanos y le pide emocionado a su padre que lo ayude a mirar.
Ese sábado de julio de llegada a Andalgalá volvimos un poco a la niñez ante el espectáculo de la nieve, la belleza, ese recreo exacerbado ante la vista.
Nuestro propósito no era turístico, pero lo fue por algunos momentos. Nos sorprendió gratamente el paisaje. Sin embargo, el "ayudame a mirar" estuvo en las entrañas de la preparación de este viaje y del largo viaje en sí. Estuvo a la vuelta, esa vuelta larga que aún perdura. Porque, no sé si les pasa a ustedes, a mí se me hacen inmensos los regresos, no tanto por las horas que llevan, sino por los tiempos que se van tejiendo entre las hebras de los recuerdos, la intensidad de lo vivido, las intenciones que se encienden aquí y allá. Ése es un paisaje infinito en el corazón para el que también necesitamos otras miradas.
Ayudame a mirar si me dan los números, ayudame a mirar qué hay para llevar que sirva al acampe, ayudame a mirar el recorrido, ayudame a mirar a Enzo, a Edu, a Rosita, a Rita, a Paulina, a Ximena, a Antonio... ayudame a mirar a Raúl que en esta lucha, y no es paradoja, es uno de los que mejor nos ayuda a mirar.
Ayudame a mirar el río seco, ayudame a mirar a tanta altura y con tanto frío el acampe de Choya.
Ayudame a escuchar, a entender, a tejer, a tomar fotos, a comunicar, a escribir poesía.
Ayudame a decir.
(Acá hago una pausa para que vos pienses o escribas tus "ayudame" para esta lucha)
............................................................................................................................................................
Ayudame a escuchar no sólo las canciones, pero también las canciones.
Ayudame a mirar no sólo la maravilla, pero también la maravilla.
Porque si en este recorrido no nos empecinamos en alzar la voz por el agua en todos sus estados, el cerro, la vida, el amor, entonces ¿qué estaríamos defendiendo?
Cuando las vi, a Yani y a Mariela, de cara a aquella mañana nevada tuve la intención de chistarles para que se dieran vuelta. Pero, claro, tal vez el epígrafe hubiera sido otro...
Patricia Morante
Andalgalá, 16 de julio de 2022, en contexto de la Caminata 650 por la Vida, en un colectivo que llegó dentro de un colectivo°.
°Delegación Plurinacional y Federal, formada por integrantes de diversas organizaciones y asambleas (en defensa del agua y de la vida, contra la Megaminería contaminante, saqueante, destructiva) viajó en el Che Bondi del 16 al 18 de julio de 2022.
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lunes, 9 de mayo de 2022
Derrumbe
cómo hicimos para hacer desaparecer
lo que tanto nos agradaba
no fue en un siglo ni en dos
fue en un segundo
cerramos los ojosmartes, 12 de abril de 2022
12 del 4
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| 1° de mayo |
lunes, 21 de marzo de 2022
Siete años
| Marina y Patri en ascenso al cerro. Foto de Chochi. Marzo de 2015 |
El viaje, las pendientes, la elección del guía.
La emoción, los pasos, la sonrisa para la foto.Las piedras, los aromas, las nubes sobre nuestras cabezas.Vivimos una experiencia única, un hito.
Subida al Champaquí que marca un antes y un después en nuestras vidas,
como el conocernos, como el soñar juntas,
como las felices coincidencias en el camino de la amistad.












































