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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

sábado, 25 de abril de 2020

Las mañanas de sol

Desde hace varias semanas se mudó al conurbano. Vive ahora en el pequeño cuarto interno de una pensión al que la han confinado sus patrones que ya no la quieren trabajando en su casa con cama adentro.
Todas las mañanas se dirige al super y se coloca  en la fila cuidando de tomar los dos metros reglamentarios de distancia que la separe de la persona de adelante.
Durante la espera, el malestar que manifiesta cada integrante de la fila va en aumento.
Ella, como en un rito de alabanza, inclina su cabeza hacia el este, se corre imperceptiblemente el  improvisado barbijo, cierra los ojos y se deja bañar por la tibieza del sol.

(Nadie se da cuenta pero  en ese acto guarda un inocente gozo, un momento único en su corazón).

Cuando le llega el turno, en vez de entrar al comercio, se retira, tal vez con una excusa que nadie advierte.
En el camino de regreso al lugar donde habita, se detiene en el comercio cuyo empleado va depositando en un cajón restos de frutas, verduras y hortalizas que rechaza la clientela.
Ella, aprovechando la distracción de todos, manotea lo que puede.

(Experimenta ahora momentos de angustia que le oprimen el pecho. De esto tampoco nadie se da cuenta).

miércoles, 22 de abril de 2020

Día de la Tierra

Hoy, #DíadelaTierra, nos pusimos a bailar a salvo de la #pandemia. Y a diferencia de otras veces, otras voces fueron portadoras de las nuestras.
Así nos unimos al Comunicado Planetario y al llamado a la acción urgente que han lanzado Navdanya International, Naturaleza de Derechos, Fundación Salud de la Madre Tierra – HOMEF, junto con 500 otras organizaciones y redes de 50 países.
Invitamos a que se tomen el tiempo para leer el texto completo en:
https://navdanyainternational.org/…/comunicado-del-dia-de-…/
🌍
La chacarera que suena es "Amiga tierra querida" de Raly Barrionuevo del álbum "La niña de los andamios".


lunes, 20 de abril de 2020

De gatos, pandemias y locuras




Las gatas, los gatos de esta casa
no conocen la situación sanitaria
del país; mucho menos, la global.
Siempre las mismas demandas
y placeres: un buen balanceado,
agua fresca, caja limpia,
lugar cómodo, puerta entreabierta.
Eso es casi todo.

Sus redes sociales se tejen
con un poco de juego,
algunos gruñidos entre sí;
un intercambio de maullido-palabra
y caricias con mamíferos bípedos.
Eso es casi todo.

Las gatas y los gatos de esta casa
(y estimo que de otras)
desconocen mecanismos
de redes sociales humanas,
desconocen la locura de las redes
montada a la locura de las pandemias,
hasta desconocen los cyberpatrullajes.
Desconocen además
que ellas y ellos aparecen
en publicaciones y comentarios.
Desconocen, al fin,
la locura de entretenernos con ellos,
de modificar las vidas
de cualquier ser
a nuestro gusto
y hasta de querer humanizarlos.
Y eso es casi todo.

A esta altura me digo:
qué lindo "desconocer",
qué lindo "no montarse a la locura";
pero yo, humana,
que hago demandas por demás
y no me conformo
con un solo gruñido
para ahuyentar al otro;
que tengo la capacidad
de intercambiar palabras
todo el día y, a pesar de ello,
no decir nada, a veces;
que siento la presión
de hacer cosas nuevas
todo el tiempo y dejar otras
atrás quizás para siempre;
que tengo miedos recién nacidos,
descubrimientos de última hora,
entierros sin despedidas
y viajes frustrados;
que soy deudora antigua
de muchos asuntos y ahora
me estoy acordando;
que padezco nostalgias
por lo que no fue ni será;
que me hago promesas
con forma de salvavidas
y no tengo esperanza
pero igual me miento;
que incorporo accesorios
a mi vestimenta
y, en el fondo,
envidio a los morrongos;
yo, (y ahora sí, esto es todo)
no aprendo o no puedo alcanzar
el amor y la inocencia
de gatas y gatos de esta casa.


jueves, 16 de abril de 2020

Luis Sepúlveda

Podíamos decir "Fiesta a las 7: 30 A.M. " (1), podíamos pedir con cierta insistencia leer otro capítulo, podíamos "disputarnos" la lectura en voz alta de la obra. Después sonreíamos y nos emocionábamos porque no dejábamos de compartir, porque a eso estábamos convidados.
Supimos de muchas anécdotas que ocurrían en las casas, como el hecho de que toda la familia leyera el libro o el de una estudiante que le puso el nombre completo a su amado perrito: "Profe, es hermoso, una ternura, y así de chiquito, le puse (de nombre) Luis Sepúlveda"

Empezábamos la mañana de buen humor y perduraba porque la narrativa del autor chileno dejaba su magia en el aire, sus palabras se multiplicaban y después daban ganas de escribir, charlar o fabricar títeres con lo que imaginábamos de sus personajes.

A Luis Sepúlveda le debo el despertar de conciencias, el estímulo a la inagotable creatividad de adolescentes, la amable conexión con la escritura de muchos y muchas, la excusa para hablar de las emociones en el aula.
Le debo el acompañamiento, aunque nunca lo supo, durante años y años de docente, y también de narradora.

En un tiempo, celebramos una  "Fiesta en la primera hora de clase..." Ahora, en época de pandemia y a causa de ella despedimos con mucho dolor, aunque lo seguiremos celebrando, a este taumaturgo de las palabras y de las historias entrañables.


(1) https://patri-kemamell.blogspot.com/2013/07/fiesta-las-730-am.html




Ausencia del hijo

No me di cuenta, no estuve
o miré hacia ese otro horizonte.
Ahora, se me adeuda la distracción.
Infierno espina en mis cuerdas vocales;
el adiós que entonces no vi venir
me levanta la mano risueño
en medio de la niebla de mi frágil memoria.
Y no hay vacío; hay un pensamiento
que todo lo inunda cada instante del día.

Monstruo omnipresente.

Lo sentíamos en la infancia
cuando nos dormíamos
por prepotencia de llanto.
Era miedo y tal vez no lo sabíamos.

Ahora estoy rodeada de muertos
que me piden irse.
Uno de las palabras, un muerto de los gestos,
uno de los ritos, un muerto
que sostiene una bandera
a pesar del deceso.
Todos de mí con su solicitud.
Lo sé, terminarán yéndose,
confundiéndose entre la niebla.
Pero no siempre hay exorcismo
al nombrar.

No siempre decir "miedo", ahuyenta
drástica y definitivamente.
Pronunciar el adiós no garantiza despedida.
El infierno hará su trabajo, ahora lo sé,
porque yo estuve ausente o no quise saber
que te soltabas de mi mano.

martes, 17 de marzo de 2020

Rapsodia en la lluvia de Olga Orozco

Ahora
desde tu ahora estarás viendo
bajo esta misma lluvia las lluvias del diluvio
y aquellas que lavaron las rosas avegonzadas de Caldea
o las que se escurrieron desde el altar del druida hasta el cadalso
y fueron a susurrar sobre una tumba hostil en la espinosa Patagonia,
y también las azules, las prodigiosas narradoras,
las que te prometían un milagro cuando aún eras visible.
¡Qué inventario de lluvias en los archivos embalsamados de la Historia!
Mas ¿qué importan las lluvias?
Sería igual que vieras dinastías de ocasos, medallas o fogatas.
Sólo quiero decir que eres testigo desde todas partes,
huésped del tiempo frente al repertorio de la memoria y del oráculo,
y que cada lugar es un lugar de encuentro como el final de una alameda.
Pero estos pasos tuyos, vacilantes, bajo los pies menudos de la lluvia
me conmueven aún más que tus lamentaciones en el interminable corredor
o tu viejo mensaje para hoy, hallado entre dos libros.
Apostaría estas palabras rotas a cambio de tu nombre tembloroso en los vidrios,
toda la sal del mundo apostaría
a que vienes a combatir por mí contra los legionarios de las sombras,
o que tratas de hallar el moscardón azul que zumba con la muerte,
o que pagas un altísimo precio por abrazar los narcisos y las amapolas
-la vibración más íntima de cualquier estación-,
siempre bordeando los despeñaderos y hasta el confín del mundo,
siempre a punto de caer en la hoguera,
sin remisión y sin aliento.
Y sin embargo has visto el miserable revés de cada trama,
conoces como nadie la urdimbre del error con que fue tapizada mi orgullosa,
mi mezquina morada.
Querrías escamotear la inocultable imperfección con el brillo de un tajo,
dar vuelta mis pisadas encaminándolas hacia el aplauso y el acierto,
corregir el alcance de mis ojos, el temple de mi especie.
¿No te oigo girar y girar entre las ráfagas del agua lavando cada culpa?
¿Y no intentas acaso revelarme con tu melodía los cielos que ya sabes?
Conseguirás de nuevo doblegar esta noche hasta el amanecer
insistiendo en quedarte, como antes en escurrirte más allá de los muros,
acá, donde sólo compartimos la efímera ganancia y la infinita pérdida,
vueltos sobre el costado que nos oculta la visión,
aunque caiga la lluvia.

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Olga Orozco, hermosa e intensa poeta, cumpliría 100 años hoy
https://www.poemas-del-alma.com/olga-orozco.htm

domingo, 8 de marzo de 2020

Reunión

hoy he vuelto al origen
a la huella
al sonido mandálico

a los ojos
del silencio
al olor primigenio

he vuelto en ronda
de la mano de magas
y hechiceras

hoy he vuelto
y he sanado
un poco más



Fotos Tolhuin
























jueves, 13 de febrero de 2020

Pelos de gato

Dibujo de Guadalupe Carrizo, fuente
de inspiración del texto

Soñé que un dios me había dado cuatro vidas.
Soñé que un dios me avisaba cuando ya había perdido dos.
Soñé que le preguntaba a un dios cómo tenía que hacer para tener una sola, bien vivida, sí, pero una: como Raquel, como Genaro, como María Itatí.
Soñé que un dios me decía que si yo podía morirme una vez más era lógico que me quedara después una sola vida.
Soñé que le consultaba a un gato cómo había hecho él con siete.
Soñé que un gato me decía: -¡pelotuuuuda! ¿vos te creíste ese verso humano?
Soñé que un gato comía y se iba a dormir sobre mi sillón favorito, y roncaba y llenaba de pelos mi vestido de fiesta. Yo me moría pero como me quedaba una vida más me fui a comprar una tela para hacerme una nueva prenda y así estrenarla en mi última vida. Ahora sí, la única.
Ya no soñé más, me dediqué a vivir, a sonreir, a pisar descalza y fuerte, a ponerme y quitarme el vestido, a andar desnuda por ahí.
El gato se reía dormido y el dios leía a los pies del sillón.

miércoles, 5 de febrero de 2020

∞

¿Cuántas veces más va a salvarme mi gata?

Ahora mismo está echada, 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
∞


martes, 4 de febrero de 2020

Lo que no se puede detener

"como cuando encontré la justicia en el mundo/ y era como tu rostro/ mejor dicho, te amo" Juan Gelman (De Fotografías en Velorio del solo, 1961)

Abro un viejo cuaderno. "Palabra salvadora: irrestañable", dice con mi despatarrada grafía en los primeros renglones de una página par que son  los últimos utilizados hace tiempo. Retomo desde allí desconociendo el porqué de esa breve escritura. Ignoro si en aquella época me proponía hacer una lista que quedó en un solo ítem, si se truncó un texto más consistente o simplemente fue una ocurrencia al escuchar una canción. Lo cierto es que mientras navego en la siesta calurosa de febrero esta palabra parece querer tirarme un nuevo salvavidas. Me gustan su sonido, sus acepciones, su poesía... y, sobre todo, el desafío de encontrarme con una escritura que no sé a dónde me llevará. Pienso en un río, en una herida, en sangre. Sí, son esas  las imágenes que fluyen. Pienso también en el "fluir" de las palabras, de los poemas. Escribo algo que no me conforma pero ahí queda dormitando en el cuaderno para que me lo encuentre, tal vez, en otra etapa de la vida.

Me obstino. "Palabra salvadora: irrestañable" ¿Dónde la leí? ¿En qué canción la escuché? Me viene una melodía pero no puedo asociar el contexto. Empiezo una búsqueda. Trato de hallar en mis conexiones, en mi memoria la etimología de esos dos renglones.  Fracaso porque no me acuerdo, porque el cuaderno tampoco me ayuda ya que no es precisamente un instrumento del orden.
Navego en el mundo blogger (que a veces también me salva) y cuando estoy a punto de naufragar, encuentro en La  Runfla de Rufianes  un fragmento de "Contra las telarañas de la costumbre", la introducción de Interrupciones I de Juan Gelman, escrita por Julio Cortázar en 1981, desconocida hasta hoy por mí. En un pasaje dice: "Lo más admirable en su poesía es su casi impensable ternura, allí donde más se justificaría el paroxismo del rechazo y la denuncia, su invocación de tantas sombras desde una voz que sosiega y arrulla, una permanente caricia de palabras sobre tumbas ignotas. Cada diminutivo, cada nombre dicho como quien acuna o tranquiliza, hinca todavía más hondo la irrestañable denuncia de esas innúmeras muertes que tantos de nosotros llevamos como un albatros atado al cuello y sin saber volverlas del lado de la luz..."

Allí aparece la palabra en cuestión, que pasa por el momento a segundo plano porque quedo invadida y atravesada por esa definición de Cortázar acerca de la obra de Gelman.
Ahora me asalta la palabra ternura, el significado, el ejercicio de. Busco textos (que sí me conformaron entonces) escritos por mí acerca de esta cuestión.

Vuelvo a mi estremecimiento con Cortázar acerca de la obra de Gelman. Cada palabra, cada idea me llevan a evocar al poeta y sus poemas, su voz, su ternura, la de Cortázar y la de esa Runfla que me abrazó hoy con la publicación del 2007: Gelman habla por nosotros.

Vuelvo a la palabra salvadora... Lo único que se me ocurre decir es que si yo fuera la Patri de tercero o cuarto grado con toda la ternura de la infancia y mi maestra me pidiera una oración con esta palabra para incorporar a mi vocabulario, escribiría en aquel cuaderno (que no es éste del cual estuve hablando pero podría ser), con mi grafía despatarrada que no evolucionó hasta el día de hoy:

"Cuando la ternura empieza a fluir es irrestañable"

https://patri-kemamell.blogspot.com/search?q=hemos+perdido+la+ternura
http://larunfla.blogspot.com/search/?q=Juan+Gelman
http://www.juangelman.net/2011/01/09/1147/

miércoles, 29 de enero de 2020

De raíces, papeles y frutos maduros

¿Qué sucede cuando te ponés a ordenar porque decidiste que hay un montón de cosas viejas de las que tenés que deshacerte?

Encontrás un facsímil que ya es viejo de una publicación más vieja todavía, como es lógico. Lo abrís al azar y descubrís una belleza de 95 años.

Te enamorás, como la primera vez que lo leíste, cuando todavía ibas al secundario.

Te olvidás, de pronto, lo que viniste a hacer a la biblioteca. 

Llevás el poema contra tu pecho, lo apretás con ternura y decidís que hay cosas a las que todavía les falta años y años para envejecer.


Foto TolhuinBiblioteca. Facsímil de PROA N°14, diciembre de 1925



domingo, 26 de enero de 2020

Poema XI

Hubo una vez,
sola y pura.
Lo demás fue imaginación,
sueño,
deseo,
quizás, apariencia.

Maravillosa,
indivisible ocasión,
como todo aquello
que es único.

Hoy, ese instante,
ancho como laguna,
indescriptible
como el silencio
y mágico
de sol y luna
unánimes
es ~tiempo ya muerto~
el paraíso perdido
conjurado por  Borges.

Y este insignificante poema,
una elegía.


martes, 17 de diciembre de 2019

Ancestro



Mi hermana las clasificaría como "fotos de antes" y después reiría ante mi determinación de decirle que  todas son de antes, que todavía no tenemos fotos reales, físicas, del futuro. Supongo (y lo pienso mientras seguimos hablando) que la ciencia-ficción ya tomó el caso.
Entiendo perfectamente lo que mi hermana dice. Ella hace una comparación con las fotos "de ahora", las de "durante" porque de "después" no hay. Y reímos.

Estas fotos en blanco y negro aparecieron hoy en ese confuso momento dado entre el sueño y el despertar. Sabía que estaban en algún lugar y las encontré.
Aunque en algunas no parezca, cada una corresponde a una celebración, porque ¿de qué otra forma llamaríamos a ese instante en el que nos predisponemos (o nos predisponen) a mirar a la cámara, ese instante que quedará en algún lugar físico, "eternizado"?
Me aparecieron estas fotos como una sucesión, como si contaran una historia (y es que la cuentan), como el resumen de cuarenta años de una porción de vida que fue hace más de cuarenta años. Y me detengo en las dos últimas, las de verdadero festejo con el otro u otra, las de cumpleaños.

¿Me detengo y qué...? Pienso en la sonrisa de mi papá que celebra mi primer cumpleaños, en su abrazo, en su cara tan redonda como la mía. Pienso en sus cuarenta años de 1973 (en un 17 de diciembre como hoy), en mis siete y en el momento de esa foto porque recuerdo bien cuando me senté rápidamente en la pierna de mi papá para celebrar el flash.
Ahora me detengo en la de Juancito a los tres años...
Ahora quiero detenerme en las de juventud...
Ahora me detengo aquí, recordando, celebrando fotos de antes y de ahora. Se me mezclan, se entretejen los tiempos, las historias, los festejos, los paisajes, los colores.

Cuántas fotos en una foto, cuánta celebración, cuánto futuro.



domingo, 15 de diciembre de 2019

Semilla y estrella

quiero amar para siempre
el regazo tibio de la mañana

reconocerme en los aullidos lejanos

hundir mi memoria
para renacer brote tierno

quiero hundir para siempre
la palabra auxiliadora

amarme en el revés de mí

reconocer el destello
para abundar de oscuridad

quiero reconocer para siempre
la gota doula

hundirme en la greda tibia

amar los surcos que acunan la luz                                                               

jueves, 3 de octubre de 2019

Un mundo mejor

Nací del amor de una verdad,
nací del amor de dos almas sin edad,
en su lecho dormí,
de sus pechos bebí,
me hice mayor, me llevé su amor,
les dejé el dolor,
el mundo quería descubrir....

No tengas prisa, me decían,
él te descubrirá a ti,
y cuando sientas su soledad,
querrás volver...
Ésta es tu casa, éste es tu hogar,
y siempre estos brazos encontrarás....

Cambiarás el color de tu vida,
dejarás de ser uno más,
buscarás el camino perdido,
soñarás con volver hacia atrás...

Yo creí que el mundo era mío,
ellos tenían razón, yo era uno más,
y como uno más yo pido perdón,
y siento nostalgia...
de sol a sol, de ayer a hoy,
y doy a la vida cuanto soy por sus palabras...

Cambiarás el color de tu vida,
dejarás de ser uno más,
buscarás el camino perdido,
soñarás con volver hacia atrás...

Yo soñaba con un mundo distinto,
el que yo pintaba con mis lápices de color,
y aunque era de cartón,
era mi mundo,  mundo de amor,
un mundo de niño, un mundo mejor...

Cambiarás el color de tu vida,
dejarás de ser uno más,
buscarás el camino perdido,
soñarás con volver hacia atrás...

Volver para mí es como nacer.

Camilo Sesto.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Métrica rebelde para la evocación de la mesilla // Vaso encendido



Más que epígrafe o pie de foto.

Captura de pantalla perteneciente a una publicación del 4 de enero de 2017. La foto de dicha publicación la tomó un amigo en medio de una tertulia en La Casa de Argimón  los primeros días abril de 2013, con lo cual el tema de la definición de mesa de luz y la poesía que conlleva me acompaña desde entonces.
Aunque la mesita de luz que aparece resignificada en biblioteca es la misma que estaba en la habitación de la infancia y adolescencia de mi hermana y mía. Es decir que en 1974 esa mesilla estaba en medio de dos camas, tal vez con un velador encima, tal vez con algunos libros, seguro de color marrón y con marcas de rasguños de gato a ambos lados. Con las mudanzas, la mesilla también tuvo sus metamorfosis. 
Un día leí un hermoso poema de Antonio Requeni , El vaso de agua, creo que fue el primer poema que leí de él, me pareció bellísimo y empecé a resignificar objetos y repreguntarme por mis propios rituales. Uno de los objetos fue la mesita de luz.
Y en mi afán de buscar otras denominaciones para ese objeto  recorrí la red y encontré la definición que aparece en la captura. El poema de Requeni es el poema de Requeni pero descubrí algo de poético también en esas wikipalabras: los nombres asociados con la noche, los objetos personales que pueden allí depositarse, uno o más cajones que guardan vaya a saber qué según cada persona, los ritos de leer o despertar.
Fiel a mi estilo, ya no uso esa mesilla como tal, en su lugar y más allá de él, lo que me sirve
como mesa de noche es una para televisor que me regaló mi amiga. Un objeto muy
querido para ella porque lo construyó su cuñado. -¿La querés?- me dijo un día. -Ya sé que no tenés televisión pero a lo mejor te gusta-.
 A ella esa mesa le había quedado chica (como a mí, la mesilla) y ahora me viene bien con todo lo que le puedo colocar encima.
Volviendo al poema de Requeni que me quedó dando vueltas desde que lo leí y conmoviéndome ante el hecho de la comparación del elemento vital agua con su madre, alguna vez hice referencia a ello en un caligrama, quiero confesar que hay dos líneas que son un humilde homenaje a la belleza de Requeni.

Libre asociación de ideas para algún poema.

El agua, el vaso, la mesilla de noche, la aureola que queda, la lámpara, las cintas de colores colgando de ella, los libros, la colección de objetos pequeños, el celular en lugar del despertador, la evocación de la madre, mi madre dándome la mesita de mi niñez, la mesita usada como biblioteca, la nueva mesa, la suerte de mesita de luz hecha con cajones de verdulería, el velador elaborado con una botella de cerveza, la poesía de Requeni, el útero (el de mi madre, el de la tuya, el mío), el encuentro con Requeni, la cumbre del agua, el derecho al agua, elamoralagua, el 75% de nuestro cuerpo, nuestro cuerpo recostado sobre la cama al lado de la mesilla, el poema de Requeni, tu cuerpo y el mío entre dos mesillas.




El agua del poema de Requeni,
un recuerdo evocado con palabras,
la sed nocturna, el derecho a las gotas,
y el cuarto compartido con dos camas.
En ella está la infancia,
una porción de juventud
y un secreto que de otra cosa,
en su único cajón, se disfraza.

Tantos signos allí durante años,
tantos retos, tantas horas amargas,
junto a la aureola de apoyar la taza,
alguna cosa perdida y encontrada
y el despertador todas las mañanas.

En casa siempre fue "mesa de luz"
aunque hay otras formas de llamarla.
Y a mí su poesía me conmueve
en tantos modos de nombrarla.

Aunque no tenga a quien felicitar
por el invento
con estas palabras al menos
rendir honores intento.

¿Vos te acordás de cuando armamos una con cajones?
De frutas, de verduras, pintura de varios colores
y un velador bien loco que sacamos no sé de dónde.

De todo encontramos en ella, 
y aunque el Feng Shui no lo aconseje,
al igual que el sinfín de papeles,
la pila de libros cada día más, crece:
todos parecen ser "pendientes".

Hoy sube un gato curioso, mañana vuelve,
con sus pies de felpa su estructura apenas mueve.
Pasa el tiempo y las confesiones reaparecen,
más que en la almohada y en las nostalgias 
entre poemas y cuentos leídos en voz alta.

Si me preguntaran por el presente
si es que tal vez a alguien le interese,
el paisaje es éste:
una mesilla y la otra,
a cada lado de la única cama
y tu cuerpo y el mío entre ambas.








sábado, 7 de septiembre de 2019

Amaranto


~~~
Amaranto puro en la arrasada tierra.
Corazón abierto en la asomada desértica e impúdica.
Fuiste un paso adelante, siempre un paso adelante.
La sombra del éxito sojero en el país del hambre.
Y la necesidad humilde.
Fuiste el tiempo mismo en el más crujiente
de nuestros espejos.
~~~
Me niego a llevarte como estandarte
de una lucha de otros.

Vos pusiste el cuerpo de verdad.

Néstor Elías.

domingo, 1 de septiembre de 2019

💧 𝐂𝐀𝐍𝐓𝐎 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐀𝐁𝐔𝐄𝐋𝐀 𝐆𝐑𝐈𝐋𝐋𝐎 𝐀 𝐋𝐀 𝐋𝐋𝐔𝐕𝐈𝐀💧


Ch'illchi, ch'illchi paritay
Ch'illchimullaypuni, ch'illchi paritay
Ch'illchi, ch'illchi paritay
Ch'illchimullaypuni, ch'illchi paritay
Ch'illchillay, ch'illchillay
Ch'uwa, ch'uwa, ch'uwa, ch'uwa yakitu
Ch'uya, ch'uya, ch'uya, ch'uya paritay
Ch'illchimuy, ch'illchimuy
Ch'illchi, ch'illchi paritay
Ch'illchimullaypuni, ch'illchi paritay
Ch'illchimullaypuni, ch'illchi paritay
Ch'illchi, ch'illchi paritay
Ch'illchillay, ch'illchillay
Ch'uya, ch'uya, ch'uya, ch'uya paritay
Ch'illchimuy, ch'illchimuy
Ch'uwa, ch'uwa, ch'uwa, ch'uwa yakitu

Sigue lloviendo, sigue lloviendo
Suave, suave, lluviecita
Siempre llueveme, suave lluviecita
Suave, suave, lluviecita

Siempre llueveme, suave lluviecita
Pura, pura, agüita.
(se lo está pidiendo a la lluvia)
Pura, pura, pura, lluviecita
Llueveme, llueveme!







jueves, 22 de agosto de 2019

Amazonia

Quisiera que no fuera verdad, que todo formara parte de una horrible pesadilla pero nos estamos quemando, se están quemando nuestros bosques, nuestros animales, se están quemando nuestros hijos, las generaciones futuras. 
Los depravados que iniciaron el fuego se queman y con ellos sus familias, incluso los descendientes que aún no nacieron.
Volvieron a quemar la dignidad de Chico Mendes. Se está quemando el Mosquerito que lleva su nombre. Se quema su legado. Se quema una vez más una biblioteca.
Lo que nazca a partir de ahora nacerá quemado.
Se queman los niños antes de llegar con su mensaje a ese tiempo que los adultos no veremos.
Los mensajes se prenden fuego.
No hay sostén, no hay ética.
Ya no hay palabra que apague atrocidad semejante.
Y yo ¿recién me doy cuenta?




https://hipertextual.com/2015/06/chico-mendes-amazonas

https://youtu.be/1-Mccu0UOq8

martes, 13 de agosto de 2019

Vaso encendido

Libre asociación para algún poema.

El agua, el vaso, la mesilla de noche, la aureola que queda, la lámpara, las cintas de colores colgando de ella, los libros, la colección de objetos pequeños, el celular en lugar del despertador, la evocación de la madre, mi madre dándome la mesita de mi niñez, la mesita usada como biblioteca, la nueva mesa, la suerte de mesita de luz hecha con cajones de verdulería, el velador elaborado con una botella de cerveza, la poesía de Requeni, el útero (el de mi madre, el de la tuya, el mío), el encuentro con Requeni, la cumbre del agua, el derecho al agua, elamoralagua, el 75% de nuestro cuerpo, mi cuerpo recostado sobre la cama al lado de la mesilla, el poema de Requeni, tu cuerpo y el mío entre dos mesillas.





El agua del poema de Requeni,
un recuerdo evocado con palabras,
la sed nocturna, el derecho a las gotas,
y el cuarto compartido con dos camas.

En ella está la infancia,
una porción de juventud
y un secreto que de otra cosa,
en su único cajón, se disfraza.

Tantos signos allí durante años,
tantos retos, tantas horas amargas,
junto a la aureola de apoyar la taza,
alguna cosa perdida y encontrada
y el despertador todas las mañanas.

En casa siempre fue "mesa de luz"
aunque hay otras formas de llamarla.
Y a mí su poesía me conmueve
en tantos modos de nombrarla.

Aunque no tenga a quien felicitar 
por el invento
con estas palabras al menos
rendirle honores intento.

¿Vos te acordás de cuando armamos una con cajones?
De frutas, de verduras, pintura de varios colores
y un velador bien loco que sacamos no sé de dónde.


De todo encontramos en ella, 

y aunque el Feng Shui no lo aconseje,
al igual que el sinfín de papeles,
la pila de libros cada día más, crece:
cada uno parece que es una cosa pendiente.


Hoy sube un gato curioso, mañana vuelve,

con sus pies de felpa su estructura apenas mueve.

Pasa el tiempo y las confesiones reaparecen,
más que en la almohada y en las nostalgias 
entre poemas y cuentos leídos en voz alta.

Si me preguntaran por el presente
si es que tal vez a alguien le interese,
el paisaje es éste:
una mesilla y la otra,
a cada lado de la única cama
y tu cuerpo y el mío entre ambas.


Tres momentos, tres poemas, tres mujeres

Momento Que corra el río (homenaje a Berta Cáceres) de Karla Lara.

Momento El mundo del revés de Verónica Gelman

Momento La carta de Violeta Parra

"...el mundo del revés es el mundo que queremos..." dice el poema de Verónica Gelman y en DVV lo exponemos sobre el escenario en un momento de sentidos homenajes a las autoras de textos y canciones y a quienes ellas mismas homenajean. Instantes de la escena en los que se nos atraviesan infinidad de nombres de quienes  buscaron o aún buscan también el revés de las cosas.


Fotos: gentileza de Casa de Tucumán en Bs. As. Función de Dos Veces Voces en julio de 2019

lunes, 5 de agosto de 2019

Lo que sabíamos de niños


When I was small, and Christmas trees were tall
We used to love while others used to play
Don't ask me why, but time has passed us by
Someone else moved in from far away
Now we are tall, and Christmas trees are small
And you don't ask the time of day
But you and I, our love will never die
But guess we'll cry come first of May
The apple tree that grew for you and me
I watched the apples falling one by one
And I recall the moment of them all
The day I kissed your cheek and you were gone
Now we are tall, and Christmas trees are small

Barry Gibb / Maurice Gibb / Robin Gibb
FIRST OF MAY



...la locura de esconder caracoles bajo las plantas antes de que 
la abuela les interrumpa su bacanal de hojas tiernas.
P. M.

viernes, 2 de agosto de 2019

Sueño

había poetas
con la cosecha de invierno
entre las manos

parecían días sin tiempo
de susurros en las espigas
y pájaros que partían las semillas
antes que la tierra

un hilo verde se tejía
en los alambres

era de ver la ofrenda
con sones de atardecer
e incendio de horizontes

después los colores se acurrucaban
la música parecía apagarse
para siempre
los pájaros morían

sí
morían

de tanta paz
que a llorarlos
no alcanzábamos

y yo conocía poetas
que nunca escribieron nada