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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

domingo, 24 de mayo de 2020

ʘ̥ꀾʘ̥



ミ๏v๏彡


😺😸😹😻😼😽🙀😿😾😺😸😹😻😼😽🙀😿😾😺😸😹😻😼😽🙀😿😾

jueves, 21 de mayo de 2020

Sabiduría

Fue hace mucho tiempo pero el recuerdo sigue nítido como casi todo lo que en aquella época nos sucedió.
A mí la infancia se me presenta hoy como un comedor con la puerta abierta por la que entra toda la luz del mediodía. O un colecho donde nos arrebujábamos para leer antes de dormir.
Todavía me suceden los olores, las voces, las imágenes y sobre todo, las palabras. Letras grandes, nombres de países y de continentes en hojas que íbamos dando vuelta a medida quedaba aprobada la lectura. El método que usó mi madre para enseñarme cuando yo insistía en querer devorarme las leyendas de la calle por los ojos.
Los detalles, las equivocaciones, las risas, las dificultades están en un lugar dilecto de mi corazón. Son poesía callada y pura.
Ciertamente con el último país me emancipé del atlas y rápido tomé las riendas de mi vida lectora. Empecé a viajar sola.

Después de casi cincuenta años mi madre llega con un budín y un libro. Compartimos bastante seguido las delicias que ella insiste en convidarme, su ofrenda; lo hemos estado haciendo siempre pero creo que no habíamos vuelto a leer juntas desde el '71.

Ella abre un libro y me advierte que todo lo que allí se dice es verdad y yo pienso aunque no se lo digo: -madre, con muchas cosas pero especialmente cada vez que abrís un libro a mí se me hace la verdad.




Fotos Tolhuin. Lectura de  Los Cuatro Acuerdos de Miguel Ruiz





https://www.youtube.com/watch?v=cz0nHtC0ib8


miércoles, 20 de mayo de 2020

Derecho a las abejas

Foto Tolhuin en Jardín Japonés


<°>

Es la madrugada en su regazo tibio.

No hay cuento de cuna,

sólo una canción que zumba bajito.

... s i n o h i h a p i n s,

n o e s f a n p i n y o n s,

n i c u c s n i o c e l l s...

Deseo hundirme en el silencio

pero ni las preguntas

ni los recuerdos

se extinguen tan fácilmente.

Si cierro los ojos tal vez aparezcan

bellos campos de lavanda

en esa tarde que se mecía,

entonces,

lila y perfumada.

Pero esos campos ya no están,

sólo quedaron en mis sueños.

Y la canción sigue zumbando:

D o n d e n o h a y f l o r e s

N o h a y a b e j a s

N i c e r a, n i m i e l

<°>

Patricia Morante (2018).

<°>

La canción que "zumba" es Padre de J M Serrat

y las que tienen que seguir zumbando son las abejas

<°>

¡BASTA DE AGROTÓXICOS!

La tierra está gimiendo

el viento lo está llorando

<°>

QUE LA PRESERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD SEA POLÍTICA DE ESTADO

<°>

20 de mayo, Día Mundial de las Abejas

ACCIÓN LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE POR LAS ABEJAS

lunes, 18 de mayo de 2020

Sobremuerte

A mí y a mi alter ego

de pronto se interrumpió
la vida que amábamos
la que era ya no es
la amábamos
con la angustia de los días
es cierto
con sus celebraciones
y ahora tenemos una nueva
ataviada 
disfrazada

amábamos a la otra
aunque nos quejáramos
teníamos una suerte 
de matrimonio viejo con ella
a la de ahora
no la conocemos bien
y se impone aprender
a encariñarnos

así suspendida como está
al menos la tenemos
dicen
al menos hay algo
con qué conformarse
y podemos mirar a través de ella
aunque una gota suspendida 
puede ser muy frágil
incierta 
de caída inesperada

un amanecer ya no está
un día de calor ya no está
un invierno se transforma
y así estamos sin terminar
de amar una vida
que ya viene otra y otra

nos dicen cada día
cuántas personas han muerto
pero nosotros morimos
verdaderamente de otra cosa
nos estamos muriendo
de esa gota suspendida
de vida impuesta
detrás de una máscara
sin mano que se anime
a la caricia del rostro

nos morimos en la espera
de la muerte
y un poco
con el viaje de los otros
nos morimos de interrupción
de la vida que amábamos

viernes, 15 de mayo de 2020

El tío Agustín...

...ese ansioso caballo del verano


Las doce a Bragado de Haroldo Conti 
en la voz de Alejandro Apo

"El último verano que estuve en el pueblo, éste que pasó, fui hasta la vieja casa del abuelo y, como siempre, después de los saludos y los mates penetré en el empolvado taller del fondo. Tardé un rato en acostumbrarme a la penumbra, cegado como entré por el sol del patio, y en aquella momentánea ceguera sentí el tibio olor a maderas y a cola de carpintero y oí el escamoso crujir de las chapas del techo recalentadas por el sol. Cuando mis ojos se fueron acostumbrando a aquel velado y quieto paisaje de objetos sepultados por el polvo descubrí cada cosa en su exacto lugar, como si el tiempo no se hubiese movido y yo tornara de golpe a mi infancia. Allí estaba la tremenda cardadora a motor, la carcomida mesa de carpintero y sobre ella, en un extremo, mi querida sierra de ingletes que apuntaba hacia la puerta. En la prensa había un elástico a medio tender. Aquella suave pero insistente permanencia de las cosas, luego de tantos años y tantos cambios y tanto y tanto, recuperó por un momento ese firme presente de mi infancia, sin sombras ni pesos, errante edad de mi pueblo"
Haroldo Conti

Enlace para acceder al texto completo:


jueves, 14 de mayo de 2020

Ensayos






Una muchacha de cabellos de fuego abre la puerta del zaguán 
y se sienta sobre el piso ajedrezado. La intensidad de sus ojos verdes 
no pasa inadvertida para el afilador de boina que anda ofreciendo 
sus servicios a la hora en que los vecinos empiezan a preparar el almuerzo. 
Ante esa mirada irresistible, él abre de más su boca y se desliza hasta el piso 
su flauta de pan interrumpiéndose el característico silbido de tres o cuatro notas.

Él ensaya un piropo en su cabeza pero se da cuenta, porque ya 
se lo han advertido otras veces, de que no tiene que andar acosando 
con sus frases libidinosas a las muchachas aprovechándose de su condición 
de pasearse por las calles para ejercer su oficio. 

-¿Cuchillos...? ¿Tijeras...? - pregunta con voz melíflua.
La joven niega con la cabeza.
El afilador recoge su chiflo, lo limpia rápidamente con su mano, 
lo acerca a sus labios y vuelve al silbido no sin antes servirse 
de su propio gesto para deslizar en el aire, un besito.


Roque.

Hace 85 años María García Medrano trajo al mundo al poeta, el más grande que ha dado El Salvador: Roque Dalton.

Aída fusilemos la noche
Y la terrible
Miseria colectiva.
Aquí tenemos estas cuatro manos
Y tenemos mi voz.
Nos respaldan tus ojos
Y tu suave
Manera de ir queriéndome.
Nos respalda esa sangre proyectada
Hasta el cuerpo del hijo.
Nos respalda esta atmósfera
Este pan cotidiano
Y estas cuatro paredes
Que tutelan los besos.
Rompamos Aída esta tormenta amarga.
Hay que construir pañuelos con luceros
Para secar las lágrimas del hombre.
Hay que llevar al niño
A su música antigua.
Hay que volver a fabricar muñecas
Y hay que sembrar maíz en las ciudades.
Hay que dinamitar los rascacielos
Y dar lugar para que ascienda el trigo.
Hay que hacer instrumentos de labranza
Con los buses urbanos.
Aída, fusilemos la noche
Y esa horrible bandera.
Aída fusilemos la noche
Y los negros cañones
Y las bombas atómicas;
Fusilemos el odio
Y la terrible
Miseria colectiva.

Roque Dalton.


Lectura de sus poemas:
http://revistaultimoround.com.ar/roque-dalton-la-poesia-asalto/?fbclid=IwAR0Jg19Pstk3wFnOfzDRVyPfP3iAdjRSal5gtRz_brg-eAsCgdWIGcKeGyk

viernes, 8 de mayo de 2020

Los sueños van prendidos con la vida

¡Qué hermosa está la luna por estas noches!
La vemos entrar al patio 
y si no fuera porque la sabemos irrompible 
podríamos jurar que la luz entre las macetas 
viene derramada de una lámpara rota.

Por eso también cantamos.


Poema XII

Foto Tolhuin. Confinamiento.

xxxxxxxxxxxxxxxxxx

entre la confusión y la franca derrota
el antiguo sobresalto y la resignación
la suspensión y la caída
el trasnochado temor y el olvido
busco el noble trayecto de la gota
busco una hendidura
el  digno resquicio 
y que al otro lado de la puerta
la esperanza no aparezca 
disfrazada

xxxxxxxxxxxxxxxxxx

jueves, 7 de mayo de 2020

De antiguas y dudosas complicidades





Dudosas no, dubitativas.
Firman: Las Complicidades.

A veces una foto reemplaza un heptasílabo


extraño el patio
Foto Tolhuin en Parque 9 de julio Tucumán
y sus reflejos

sábado, 25 de abril de 2020

Las mañanas de sol

Desde hace varias semanas se mudó al conurbano. Vive ahora en el pequeño cuarto interno de una pensión al que la han confinado sus patrones que ya no la quieren trabajando en su casa con cama adentro.
Todas las mañanas se dirige al super y se coloca  en la fila cuidando de tomar los dos metros reglamentarios de distancia que la separe de la persona de adelante.
Durante la espera, el malestar que manifiesta cada integrante de la fila va en aumento.
Ella, como en un rito de alabanza, inclina su cabeza hacia el este, se corre imperceptiblemente el  improvisado barbijo, cierra los ojos y se deja bañar por la tibieza del sol.

(Nadie se da cuenta pero  en ese acto guarda un inocente gozo, un momento único en su corazón).

Cuando le llega el turno, en vez de entrar al comercio, se retira, tal vez con una excusa que nadie advierte.
En el camino de regreso al lugar donde habita, se detiene en el comercio cuyo empleado va depositando en un cajón restos de frutas, verduras y hortalizas que rechaza la clientela.
Ella, aprovechando la distracción de todos, manotea lo que puede.

(Experimenta ahora momentos de angustia que le oprimen el pecho. De esto tampoco nadie se da cuenta).

miércoles, 22 de abril de 2020

Día de la Tierra

Hoy, #DíadelaTierra, nos pusimos a bailar a salvo de la #pandemia. Y a diferencia de otras veces, otras voces fueron portadoras de las nuestras.
Así nos unimos al Comunicado Planetario y al llamado a la acción urgente que han lanzado Navdanya International, Naturaleza de Derechos, Fundación Salud de la Madre Tierra – HOMEF, junto con 500 otras organizaciones y redes de 50 países.
Invitamos a que se tomen el tiempo para leer el texto completo en:
https://navdanyainternational.org/…/comunicado-del-dia-de-…/
🌍
La chacarera que suena es "Amiga tierra querida" de Raly Barrionuevo del álbum "La niña de los andamios".


lunes, 20 de abril de 2020

De gatos, pandemias y locuras




Las gatas, los gatos de esta casa
no conocen la situación sanitaria
del país; mucho menos, la global.
Siempre las mismas demandas
y placeres: un buen balanceado,
agua fresca, caja limpia,
lugar cómodo, puerta entreabierta.
Eso es casi todo.

Sus redes sociales se tejen
con un poco de juego,
algunos gruñidos entre sí;
un intercambio de maullido-palabra
y caricias con mamíferos bípedos.
Eso es casi todo.

Las gatas y los gatos de esta casa
(y estimo que de otras)
desconocen mecanismos
de redes sociales humanas,
desconocen la locura de las redes
montada a la locura de las pandemias,
hasta desconocen los cyberpatrullajes.
Desconocen además
que ellas y ellos aparecen
en publicaciones y comentarios.
Desconocen, al fin,
la locura de entretenernos con ellos,
de modificar las vidas
de cualquier ser
a nuestro gusto
y hasta de querer humanizarlos.
Y eso es casi todo.

A esta altura me digo:
qué lindo "desconocer",
qué lindo "no montarse a la locura";
pero yo, humana,
que hago demandas por demás
y no me conformo
con un solo gruñido
para ahuyentar al otro;
que tengo la capacidad
de intercambiar palabras
todo el día y, a pesar de ello,
no decir nada, a veces;
que siento la presión
de hacer cosas nuevas
todo el tiempo y dejar otras
atrás quizás para siempre;
que tengo miedos recién nacidos,
descubrimientos de última hora,
entierros sin despedidas
y viajes frustrados;
que soy deudora antigua
de muchos asuntos y ahora
me estoy acordando;
que padezco nostalgias
por lo que no fue ni será;
que me hago promesas
con forma de salvavidas
y no tengo esperanza
pero igual me miento;
que incorporo accesorios
a mi vestimenta
y, en el fondo,
envidio a los morrongos;
yo, (y ahora sí, esto es todo)
no aprendo o no puedo alcanzar
el amor y la inocencia
de gatas y gatos de esta casa.


jueves, 16 de abril de 2020

Luis Sepúlveda

Podíamos decir "Fiesta a las 7: 30 A.M. " (1), podíamos pedir con cierta insistencia leer otro capítulo, podíamos "disputarnos" la lectura en voz alta de la obra. Después sonreíamos y nos emocionábamos porque no dejábamos de compartir, porque a eso estábamos convidados.
Supimos de muchas anécdotas que ocurrían en las casas, como el hecho de que toda la familia leyera el libro o el de una estudiante que le puso el nombre completo a su amado perrito: "Profe, es hermoso, una ternura, y así de chiquito, le puse (de nombre) Luis Sepúlveda"

Empezábamos la mañana de buen humor y perduraba porque la narrativa del autor chileno dejaba su magia en el aire, sus palabras se multiplicaban y después daban ganas de escribir, charlar o fabricar títeres con lo que imaginábamos de sus personajes.

A Luis Sepúlveda le debo el despertar de conciencias, el estímulo a la inagotable creatividad de adolescentes, la amable conexión con la escritura de muchos y muchas, la excusa para hablar de las emociones en el aula.
Le debo el acompañamiento, aunque nunca lo supo, durante años y años de docente, y también de narradora.

En un tiempo, celebramos una  "Fiesta en la primera hora de clase..." Ahora, en época de pandemia y a causa de ella despedimos con mucho dolor, aunque lo seguiremos celebrando, a este taumaturgo de las palabras y de las historias entrañables.


(1) https://patri-kemamell.blogspot.com/2013/07/fiesta-las-730-am.html




Ausencia del hijo

No me di cuenta, no estuve
o miré hacia ese otro horizonte.
Ahora, se me adeuda la distracción.
Infierno espina en mis cuerdas vocales;
el adiós que entonces no vi venir
me levanta la mano risueño
en medio de la niebla de mi frágil memoria.
Y no hay vacío; hay un pensamiento
que todo lo inunda cada instante del día.

Monstruo omnipresente.

Lo sentíamos en la infancia
cuando nos dormíamos
por prepotencia de llanto.
Era miedo y tal vez no lo sabíamos.

Ahora estoy rodeada de muertos
que me piden irse.
Uno de las palabras, un muerto de los gestos,
uno de los ritos, un muerto
que sostiene una bandera
a pesar del deceso.
Todos de mí con su solicitud.
Lo sé, terminarán yéndose,
confundiéndose entre la niebla.
Pero no siempre hay exorcismo
al nombrar.

No siempre decir "miedo", ahuyenta
drástica y definitivamente.
Pronunciar el adiós no garantiza despedida.
El infierno hará su trabajo, ahora lo sé,
porque yo estuve ausente o no quise saber
que te soltabas de mi mano.

martes, 17 de marzo de 2020

Rapsodia en la lluvia de Olga Orozco

Ahora
desde tu ahora estarás viendo
bajo esta misma lluvia las lluvias del diluvio
y aquellas que lavaron las rosas avegonzadas de Caldea
o las que se escurrieron desde el altar del druida hasta el cadalso
y fueron a susurrar sobre una tumba hostil en la espinosa Patagonia,
y también las azules, las prodigiosas narradoras,
las que te prometían un milagro cuando aún eras visible.
¡Qué inventario de lluvias en los archivos embalsamados de la Historia!
Mas ¿qué importan las lluvias?
Sería igual que vieras dinastías de ocasos, medallas o fogatas.
Sólo quiero decir que eres testigo desde todas partes,
huésped del tiempo frente al repertorio de la memoria y del oráculo,
y que cada lugar es un lugar de encuentro como el final de una alameda.
Pero estos pasos tuyos, vacilantes, bajo los pies menudos de la lluvia
me conmueven aún más que tus lamentaciones en el interminable corredor
o tu viejo mensaje para hoy, hallado entre dos libros.
Apostaría estas palabras rotas a cambio de tu nombre tembloroso en los vidrios,
toda la sal del mundo apostaría
a que vienes a combatir por mí contra los legionarios de las sombras,
o que tratas de hallar el moscardón azul que zumba con la muerte,
o que pagas un altísimo precio por abrazar los narcisos y las amapolas
-la vibración más íntima de cualquier estación-,
siempre bordeando los despeñaderos y hasta el confín del mundo,
siempre a punto de caer en la hoguera,
sin remisión y sin aliento.
Y sin embargo has visto el miserable revés de cada trama,
conoces como nadie la urdimbre del error con que fue tapizada mi orgullosa,
mi mezquina morada.
Querrías escamotear la inocultable imperfección con el brillo de un tajo,
dar vuelta mis pisadas encaminándolas hacia el aplauso y el acierto,
corregir el alcance de mis ojos, el temple de mi especie.
¿No te oigo girar y girar entre las ráfagas del agua lavando cada culpa?
¿Y no intentas acaso revelarme con tu melodía los cielos que ya sabes?
Conseguirás de nuevo doblegar esta noche hasta el amanecer
insistiendo en quedarte, como antes en escurrirte más allá de los muros,
acá, donde sólo compartimos la efímera ganancia y la infinita pérdida,
vueltos sobre el costado que nos oculta la visión,
aunque caiga la lluvia.

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Olga Orozco, hermosa e intensa poeta, cumpliría 100 años hoy
https://www.poemas-del-alma.com/olga-orozco.htm

domingo, 8 de marzo de 2020

Reunión

hoy he vuelto al origen
a la huella
al sonido mandálico

a los ojos
del silencio
al olor primigenio

he vuelto en ronda
de la mano de magas
y hechiceras

hoy he vuelto
y he sanado
un poco más



Fotos Tolhuin
























jueves, 13 de febrero de 2020

Pelos de gato

Dibujo de Guadalupe Carrizo, fuente
de inspiración del texto

Soñé que un dios me había dado cuatro vidas.
Soñé que un dios me avisaba cuando ya había perdido dos.
Soñé que le preguntaba a un dios cómo tenía que hacer para tener una sola, bien vivida, sí, pero una: como Raquel, como Genaro, como María Itatí.
Soñé que un dios me decía que si yo podía morirme una vez más era lógico que me quedara después una sola vida.
Soñé que le consultaba a un gato cómo había hecho él con siete.
Soñé que un gato me decía: -¡pelotuuuuda! ¿vos te creíste ese verso humano?
Soñé que un gato comía y se iba a dormir sobre mi sillón favorito, y roncaba y llenaba de pelos mi vestido de fiesta. Yo me moría pero como me quedaba una vida más me fui a comprar una tela para hacerme una nueva prenda y así estrenarla en mi última vida. Ahora sí, la única.
Ya no soñé más, me dediqué a vivir, a sonreir, a pisar descalza y fuerte, a ponerme y quitarme el vestido, a andar desnuda por ahí.
El gato se reía dormido y el dios leía a los pies del sillón.

miércoles, 5 de febrero de 2020

∞

¿Cuántas veces más va a salvarme mi gata?

Ahora mismo está echada, 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
y echarse 
sin tocarme 
pero lo suficientemente cerca y alerta 
como para acompañarme 
adónde sea que yo decida ir
∞


martes, 4 de febrero de 2020

Lo que no se puede detener

"como cuando encontré la justicia en el mundo/ y era como tu rostro/ mejor dicho, te amo" Juan Gelman (De Fotografías en Velorio del solo, 1961)

Abro un viejo cuaderno. "Palabra salvadora: irrestañable", dice con mi despatarrada grafía en los primeros renglones de una página par que son  los últimos utilizados hace tiempo. Retomo desde allí desconociendo el porqué de esa breve escritura. Ignoro si en aquella época me proponía hacer una lista que quedó en un solo ítem, si se truncó un texto más consistente o simplemente fue una ocurrencia al escuchar una canción. Lo cierto es que mientras navego en la siesta calurosa de febrero esta palabra parece querer tirarme un nuevo salvavidas. Me gustan su sonido, sus acepciones, su poesía... y, sobre todo, el desafío de encontrarme con una escritura que no sé a dónde me llevará. Pienso en un río, en una herida, en sangre. Sí, son esas  las imágenes que fluyen. Pienso también en el "fluir" de las palabras, de los poemas. Escribo algo que no me conforma pero ahí queda dormitando en el cuaderno para que me lo encuentre, tal vez, en otra etapa de la vida.

Me obstino. "Palabra salvadora: irrestañable" ¿Dónde la leí? ¿En qué canción la escuché? Me viene una melodía pero no puedo asociar el contexto. Empiezo una búsqueda. Trato de hallar en mis conexiones, en mi memoria la etimología de esos dos renglones.  Fracaso porque no me acuerdo, porque el cuaderno tampoco me ayuda ya que no es precisamente un instrumento del orden.
Navego en el mundo blogger (que a veces también me salva) y cuando estoy a punto de naufragar, encuentro en La  Runfla de Rufianes  un fragmento de "Contra las telarañas de la costumbre", la introducción de Interrupciones I de Juan Gelman, escrita por Julio Cortázar en 1981, desconocida hasta hoy por mí. En un pasaje dice: "Lo más admirable en su poesía es su casi impensable ternura, allí donde más se justificaría el paroxismo del rechazo y la denuncia, su invocación de tantas sombras desde una voz que sosiega y arrulla, una permanente caricia de palabras sobre tumbas ignotas. Cada diminutivo, cada nombre dicho como quien acuna o tranquiliza, hinca todavía más hondo la irrestañable denuncia de esas innúmeras muertes que tantos de nosotros llevamos como un albatros atado al cuello y sin saber volverlas del lado de la luz..."

Allí aparece la palabra en cuestión, que pasa por el momento a segundo plano porque quedo invadida y atravesada por esa definición de Cortázar acerca de la obra de Gelman.
Ahora me asalta la palabra ternura, el significado, el ejercicio de. Busco textos (que sí me conformaron entonces) escritos por mí acerca de esta cuestión.

Vuelvo a mi estremecimiento con Cortázar acerca de la obra de Gelman. Cada palabra, cada idea me llevan a evocar al poeta y sus poemas, su voz, su ternura, la de Cortázar y la de esa Runfla que me abrazó hoy con la publicación del 2007: Gelman habla por nosotros.

Vuelvo a la palabra salvadora... Lo único que se me ocurre decir es que si yo fuera la Patri de tercero o cuarto grado con toda la ternura de la infancia y mi maestra me pidiera una oración con esta palabra para incorporar a mi vocabulario, escribiría en aquel cuaderno (que no es éste del cual estuve hablando pero podría ser), con mi grafía despatarrada que no evolucionó hasta el día de hoy:

"Cuando la ternura empieza a fluir es irrestañable"

https://patri-kemamell.blogspot.com/search?q=hemos+perdido+la+ternura
http://larunfla.blogspot.com/search/?q=Juan+Gelman
http://www.juangelman.net/2011/01/09/1147/

miércoles, 29 de enero de 2020

De raíces, papeles y frutos maduros

¿Qué sucede cuando te ponés a ordenar porque decidiste que hay un montón de cosas viejas de las que tenés que deshacerte?

Encontrás un facsímil que ya es viejo de una publicación más vieja todavía, como es lógico. Lo abrís al azar y descubrís una belleza de 95 años.

Te enamorás, como la primera vez que lo leíste, cuando todavía ibas al secundario.

Te olvidás, de pronto, lo que viniste a hacer a la biblioteca. 

Llevás el poema contra tu pecho, lo apretás con ternura y decidís que hay cosas a las que todavía les falta años y años para envejecer.


Foto TolhuinBiblioteca. Facsímil de PROA N°14, diciembre de 1925



domingo, 26 de enero de 2020

Poema XI

Hubo una vez,
sola y pura.
Lo demás fue imaginación,
sueño,
deseo,
quizás, apariencia.

Maravillosa,
indivisible ocasión,
como todo aquello
que es único.

Hoy, ese instante,
ancho como laguna,
indescriptible
como el silencio
y mágico
de sol y luna
unánimes
es ~tiempo ya muerto~
el paraíso perdido
conjurado por  Borges.

Y este insignificante poema,
una elegía.


martes, 17 de diciembre de 2019

Ancestro



Mi hermana las clasificaría como "fotos de antes" y después reiría ante mi determinación de decirle que  todas son de antes, que todavía no tenemos fotos reales, físicas, del futuro. Supongo (y lo pienso mientras seguimos hablando) que la ciencia-ficción ya tomó el caso.
Entiendo perfectamente lo que mi hermana dice. Ella hace una comparación con las fotos "de ahora", las de "durante" porque de "después" no hay. Y reímos.

Estas fotos en blanco y negro aparecieron hoy en ese confuso momento dado entre el sueño y el despertar. Sabía que estaban en algún lugar y las encontré.
Aunque en algunas no parezca, cada una corresponde a una celebración, porque ¿de qué otra forma llamaríamos a ese instante en el que nos predisponemos (o nos predisponen) a mirar a la cámara, ese instante que quedará en algún lugar físico, "eternizado"?
Me aparecieron estas fotos como una sucesión, como si contaran una historia (y es que la cuentan), como el resumen de cuarenta años de una porción de vida que fue hace más de cuarenta años. Y me detengo en las dos últimas, las de verdadero festejo con el otro u otra, las de cumpleaños.

¿Me detengo y qué...? Pienso en la sonrisa de mi papá que celebra mi primer cumpleaños, en su abrazo, en su cara tan redonda como la mía. Pienso en sus cuarenta años de 1973 (en un 17 de diciembre como hoy), en mis siete y en el momento de esa foto porque recuerdo bien cuando me senté rápidamente en la pierna de mi papá para celebrar el flash.
Ahora me detengo en la de Juancito a los tres años...
Ahora quiero detenerme en las de juventud...
Ahora me detengo aquí, recordando, celebrando fotos de antes y de ahora. Se me mezclan, se entretejen los tiempos, las historias, los festejos, los paisajes, los colores.

Cuántas fotos en una foto, cuánta celebración, cuánto futuro.



domingo, 15 de diciembre de 2019

Semilla y estrella

quiero amar para siempre
el regazo tibio de la mañana

reconocerme en los aullidos lejanos

hundir mi memoria
para renacer brote tierno

quiero hundir para siempre
la palabra auxiliadora

amarme en el revés de mí

reconocer el destello
para abundar de oscuridad

quiero reconocer para siempre
la gota doula

hundirme en la greda tibia

amar los surcos que acunan la luz