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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

domingo, 30 de octubre de 2016

Miguel.


El herido.

Para el muro de un hospital de sangre.

I

Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.

La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.

La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.

Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.

Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!

Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía.
de ensangrentadas puertas.

II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández. 
De: “El hombre acecha” 1937-1939 
“Miguel Hernández – Obra Completa I” 
Ed. Espasa – Clásicos 
Algunas de sus dedicatorias:

miércoles, 26 de octubre de 2016

Parto.

Ayer, una canción sin voz dentro de mí, una sucesión de letanías ~ de devociones mudas.
Yo, una figura de barro ~ seca ~ agrietada ~ sin el privilegio de la sed.
Ante mi mirada, colores difusos ~ imperfectos.
 
Ahora, mis ojos vuelven a ser mis ojos.
Mis manos ya no son puños que encierran gritos ahogados.

Tomo la arcilla, palpo su humedad. Amaso lenta pero firmemente hasta sentir el calor en los dedos ~ en las palmas y en los dorsos, hasta sentir el cambio de textura. 
 
Huelo la masa...


... Huelo la masa.

La llevo a los pies descalzos. La piso, la aplasto. Hundo mis plantas ~ mis talones, todos mis dedos en ella.

Me acuclillo, me acurruco para alcanzar nuevamente la arcilla con mis manos y mis ojos.

Empiezo a admirar las nuevas formas aunque parezcan informes. Descubro una curva, una saliente, un pequeño hueco. Descubro tonos, variaciones en una masa que en apariencia es monocromática. 

Estoy ante el milagro de la greda.

Soy yo otra vez cuando me encuentro moldeando. Yo en el barro, parida desde mis manos. Mis manos alas. Mis manos fuentes de calor. Mis manos caricias acomodando, redondeando, ahuecando, humedeciendo mi corazón también de barro. Mis manos que me asisten. Manos parteras.

Soy yo de nuevo, nacida también desde mis pies que son como manos.

Y tengo sed.

Aparecen las primeras piezas, instrumentos musicales: vasijas silbadoras, pifilkas, silbatos con sonidos ancestrales.

Mis manos me dan voz de nuevo. Ahora soy una canción.



(Fragmento de obra en proceso: Todos los árboles de Patricia Morante. Del Taller de Dramaturgia de Patricia Zangaro. La voz es del personaje "Aldana").










martes, 18 de octubre de 2016

Bordado, foto y diseño Tolhuin~Marciano.
Soy la mujer que sola caí.
Soy la mujer que espera.
Soy la mujer que examina.
Soy la mujer que mira hacia adentro.
Soy la mujer que mira debajo del agua.
Soy la nadadora sagrada
porque puedo nadar en lo grandioso.
Soy la mujer luna.
Soy la mujer que vuela.
Soy la mujer aerolito.
Soy la mujer constelación huarache.
Soy la mujer constelación bastón.
Soy la mujer estrella, Dios
porque vengo recorriendo los lugares desde su origen.
Soy la mujer de la brisa.
Soy la mujer rocío fresco.
Soy la mujer del alba.
Soy la mujer del crepúsculo.
Soy la mujer que brota.
Soy la mujer arrancada.
Soy la mujer que llora.
Soy la mujer que chifla.
Soy la mujer que hace sonar.
Soy la mujer tamborista.
Soy la mujer trompetista.
Soy la mujer violinista.
Soy la mujer que alegra
porque soy la payasa sagrada.
Soy la mujer piedra del sol.
Soy la mujer luz de día.
Soy la mujer que hace girar.
Soy la mujer del cielo.
Soy la mujer de bien.
Soy la mujer espíritu
porque puedo entrar y puedo salir
en el reino de la muerte.

María Sabina,
curandera de Oaxaca.

lunes, 3 de octubre de 2016

domingo, 2 de octubre de 2016

"El mar y la serpiente" Novela de Paula Bombara.

 De la lectura e interpretación de estudiantes de segundo año del secundario 
en las clases de Prácticas del Lenguaje.







domingo, 25 de septiembre de 2016

sábado, 24 de septiembre de 2016

Cuando muere una lengua de Miguel León Portilla.




Lengua: Náhuatl de la Huasteca de Hidalgo
Ihcuac tlahtolli ye miqui
mochi in teoyotl,
cicitlaltin, tonatiuh ihuan metztli;
mochi in tlacayotl,
neyolnonotzaliztli ihuan huelicamatiliztli,
ayocmo neci
inon tezcapan.
Ihcuac tlahtolli ye miqui,
mochi tlamantli in cemanahuac,
teoatl, atoyatl,
yolcame, cuauhtin ihuan xihuitl
ayocmo nemililoh, ayocmo tenehualoh,
tlachializtica ihuan caquiliztica
ayocmo nemih.
Inhuac tlahtolli ye miqui,
cemihcac motzacuah
nohuian altepepan
in tlanexillotl, in quixohuayan.
In ye tlamahuizolo
occetica
in mochi mani ihuan yoli in tlalticpac.
Ihcuac tlahtolli ye miqui,
itlazohticatlahtol,
imehualizeltemiliztli ihuan tetlazotlaliztli,
ahzo huehueh cuicatl,
ahnozo tlahtolli, tlatlauhtiliztli,
amaca, in yuh ocatcah,
hueliz occepa quintenquixtiz.
Ihcuac tlahtolli ye miqui,
occequintin ye omiqueh
ihuan miec huel miquizqueh.
Tezcatl maniz puztecqui,
netzatzililiztli icehuallo
cemihcac necahualoh:
totlacayo motolinia.

 
Cuando muere una lengua
las cosas divinas,
estrellas, sol y luna;
las cosas humanas,
pensar y sentir,
no se reflejan ya
en ese espejo.
Cuando muere una lengua
todo lo que hay en el mundo,
mares y ríos,
animales y plantas,
ni se piensan, ni pronuncian
con atisbos y sonidos
que no existen ya.
Cuando muere una lengua
entonces se cierra
a todos los pueblos del mundo
una ventana, una puerta,
un asomarse
de modo distinto
a cuanto es ser y vida en la tierra.
Cuando muere una lengua,
sus palabras de amor,
entonación de dolor y querencia,
tal vez viejos cantos,
relatos, discursos, plegarias,
nadie, cual fueron,
alcanzará a repetir.
Cuando muere una lengua,
ya muchas han muerto
y muchas pueden morir.
Espejos para siempre quebrados,
sombra de voces
para siempre acalladas:
la humanidad se empobrece.

Miguel León Portilla

sábado, 17 de septiembre de 2016

Escritor surrealista, es decir, realista del sur.

Roberto Santoro por Elías Aspiazu.
ULTIMO ROUND.


Sus libros:
Oficio desesperado (1962), El último tranvía (1963), De tango y los demás (1963), Nacimiento en la tierra (1964), Pedradas con mi Patria (1964), Literatura de la pelota (1971), Desafío (1972), Uno más uno humanidad (1972), Cuatro canciones y un vuelo (1973), Poesía en general ( 1973), Las cosas claras (1973) y No negociable (1974).

Sus revistas:
Fundó y dirigió La Cosa, Barrilete, Papeles de Buenos Aires, La Pluma y La Palabra.

Una plaza de Buenos Aires, en Avenida Forest y Teodoro García, lleva su nombre.
“Tengo una responsabilidad, Luchi. Yo me quedo.Compartiré con los cumpas lo que venga…”(Roberto Santoro ante la posibilidad  del exilio sugerida por Luis Luchi a principios de 1977.)

Fuentes:
Roberto Jorge Santoro. Obra poética completa. 1959-1977. Razón y Revolución. Bs As. 2013.
http://www.elortiba.org/santoro.html
http://www.lexia.com.ar/
http://aromitorevista.blogspot.com.ar/2009/01/roberto-santoro-seleccin-de-poemas.html

Setenta malvones.

Es verdad que cuando por primera vez leí el poema de Baldomero Fernández Moreno yo no sabía qué eran los "balcones". Había vivido mi entonces corta vida (6 o 7 años) en un barrio de casas bajas, época en que se usaban las estilo "americanas".
Sí conocía los malvones. Tanto en nuestro jardín como en el de la casa de mis abuelos había en abundancia.

Cuando me hicieron estudiar el poema, como se usaba en la época para recitarlo, a mí me salía "malvones" en vez de "balcones" aunque nunca dije en voz alta "malvones", hacía un esfuerzo por recordar "balcones". No sé si pregunté lo que eran, seguramente sí, debido a mi curiosidad, pero estoy segura de que imaginaba las flores. El poema en sus primeros versos quedaba así:

Setenta malvones hay en esta casa
setenta malvones y ninguna flor...

(Hasta tenía lógica: podía ser que las plantas no hubieran florecido aún).

Hoy en día cada vez que recuerdo el poema, y aunque conozca que se trate de "setenta balcones" y sepa lo que son, me los imagino cargados de malvones.

Hoy recordé estos episodios, el poema y los gajos, que mi abuela tomaba de algún que otro jardín, cuando salí al mío y encontré estas maravillas.




 Fotos Tolhuin en Casa de Argimón.

SETENTA BALCONES Y NINGUNA FLOR. 
BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO.

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color? 

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones? 

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín? 

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave...
¡Setenta balcones y ninguna flor!

Setenta malvones o Perdón, Baldomero.
Patricia Morante.

Setenta malvones hay en esta casa,
setenta malvones y todos en flor.
A sus habitantes yo sé qué les pasa:
aman su textura, aman su color.

Los jardines plenos de alegría cantan,
¡dan una algazara los rojos malvones!
Aquí los ánimos siempre se levantan.
Aquí sí hay poeta boba de ilusiones.

Todos deseamos ver tras la ventana
tanta maravilla en un solo jardín.
Un nacer continuo en cada mañana,
un vital dormirse de la tarde al fin.

Amamos las plantas y amamos el ave,
sabemos de música, rima y amor,
Siempre se oyen besos y a veces un clave...
¡Setenta malvones y todos en flor!

sábado, 10 de septiembre de 2016

Andalgalá.

Foto Tolhuin. Una de las tantas lecciones. Plaza Lavalle, Bs As. Febrero de 2016.

"A cielo abierto" siempre me pareció una frase muy hermosa como para que esté ligada a "minería". 

Yo, que vivo entre este tipo de preocupaciones y la maravilla, hoy quiero aferrarme a la segunda, que me da la fuerza para que no me aplasten las primeras.

Hace tiempo estoy tomando clases. No sé si aprobaré los exámenes finales pero le pongo ganas y voy aprendiendo. Lo mío es a distancia y esporádico pero quienes dan estas clases tienen un trabajo cotidiano, de lunes a lunes, desde que se levantan hasta que se van a dormir, aún en el sueño (sobre todo en el sueño). 

Es que cerroristas andalgalenses, desde que la megaminería se les metió en el pueblo para hacer daño, para devorar el cerro y la vida, con su sed de oro y muerte, dijeron NO. Esta es la lección que viene dejando este grupo de personas abrazadas.

En estos días se vio uno de los tantos logros: El Concejo Deliberante de Andalgalá convirtió en ordenanza la Prohibición de la Megamineria en el Aconquija. Es el primer pueblo de Catamarca en donde ocurre esto.

Saben mejor que nadie que este camino sigue y sigue. Desde ese primer día se dieron cuenta de que venía para largo.

Gracias por tantas y tantas lecciones, gracias por la lucha, gracias por la maravilla.

¡Y "a cielo abierto" la maravilla, NO la megaminería!

jueves, 8 de septiembre de 2016

Regazo de la tarde.

Cuando todo duele
pienso en ese final de tarde
que nos vio nacer.
Su mano levantada al aire
como en un saludo,
una aprobación,
un gesto condescendiente.
La última luz nos envolvió
en sus brazos
y nos acomodó
en el regazo curtido
de un banco cualquiera.
Yo no sabía
~y ahora me desduele~
que una tarde
que ya se apagaba
podía dejar rastro de cometa
en los ojos.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Beatriz.

Adioses.
 
Murió mi eternidad
pero nadie se ha dispuesto velarla; a lo mejor
muere Beatriz con quien jugamos siempre
como si fuéramos criaturas predestinadas, secretamente
para no romper el sortilegio y perder blasones y ganar
realidades
Paco


                                                                                ❁❁❁❁❁❁❁


Foto y poemas de la página del libro Hermano Paco Urondo.
Hoy puedo responderte usando tus palabras, en voz baja, para
que no te enojes:
Murió mi eternidad
con tu muerte
que aún velo.
Todavía jugamos como criaturas predestinadas
y no se rompieron los sortilegios, hermano
ni los encantamientos
y sí…,
blasones perdimos a montones
pero para bien de los dos
y de nuestra realidad.
Creo que estás en una estrella
donde te sentás todas las noches
a tomarte lo que sea que se beba en ámbitos celestes,
mientras los ángeles tocan guitarra criolla,
sé Paco querido,
que me dedicás alguna sonrisa y me guiñás el corazón
sabés que eso me oxigena
y te agradezco.
Ahora te dejo ahí, charlando riendo
en la música del cielo.
Quién te dice, que allí nos encontremos un día,
cuando aprenda a volar.

Beatriz 


Del libro "Hermano Paco Urondo" de Beatriz Urondo y Germán Amato.



❥❥❥❥❥❥❥    Biblioteca Popular Beatriz Urondo      (❛‿❛✿̶̥̥)

Mediterráneo.

"El Mediterráneo que inspiró esta canción queda muy lejos
de éste donde hoy las gentes se dejan la vida tratando de
ponerla a salvo de la guerra". Joan Manuel Serrat.



En los últimos 6 años han muerto más de 15.000 
personas tratando de llegar a Europa. 
Que el Mediterráneo deje de ser una 
gigantesca fosa común. 
Que sea, como el de la canción, 
un lugar maravilloso.


Mediterráneo. 
Joan Manuel Serrat.
 
Quizá porque mi niñez
sigue jugando en tu playa,

o escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por donde quiera que vaya,
y amontonado en tu arena
tengo amor, juegos y penas.

Yo, que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno,
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul,
para que pintes de azul
tus largas noches de invierno.
Y a fuerza de desventuras,
tu alma es profunda y oscura.

A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino...
Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino,

 tengo alma de marinero...
¿Qué le voy a hacer, si yo
nací en el Mediterráneo?
Nací en el Mediterráneo...

Y te acercas, y te vas
después de besar mi aldea.
Jugando con la marea
te vas, pensando en volver.
Eres como una mujer
perfumadita de brea
que se añora y se quiere
que se conoce y se teme.

Ay... si un día para mi mal
viene a buscarme la parca.
Empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo...

En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte.
Quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino,
le dará verde a los pinos
y amarillo a la genista...
Cerca del mar. Porque yo
nací en el Mediterráneo...
Nací en el Mediterráneo...
Nací en el Mediterráneo...


domingo, 4 de septiembre de 2016

De nombres, gritos y ausencias.


Septiembre también me duele,°
"me arde rojo" aquí en La Plata
desde hace cuarenta años,
desde la noche más larga,
con Daniel, Clara y Horacio,
Gustavo, Francisco y Claudia.
(Por el 16/9/1976)


Que los lápices sigan escribiendo.

http://patri-kemamell.blogspot.com.ar/search?q=16+de+septiembre




Dónde está López.

http://www.izquierdoshumanos.com/single-post/2016/09/08/%E2%80%9CJulio-L%C3%B3pez-se-transform%C3%B3-a-s%C3%AD-mismo-en-un-h%C3%A9roe-inmortal%E2%80%9D



"Y Julio que no aparece".°
Una década  callada
con abyectos genocidas
soñando domiciliarias.
Amenazas, vejaciones
¡y con tanta democracia!
(Por el 18/9/2006)
  
Vivos los llevaron, Vivos los queremos**.


Y Ayotzinapa me duele,°
como el junio de Oaxaca.
Desde dos años enteros
los normalistas de Iguala,
43 gritan juntos
desde las propias entrañas
que no desaparezcamos.
¡Estudiantes no se matan!
(Por el 26/9/2014)

 

°La otra semilla de estos versos: 

HACÍA BLOG ZARATUSTRA!

 

 

 

 

 

 

**Desaparecidos

  1. Abel García Hernández
  2. Abelardo Vázquez Peniten
  3. Adán Abrajan de la Cruz
  4. Antonio Santana Maestro
  5. Benjamín Ascencio Bautista
  6. Bernardo Flores Alcaraz
  7. Carlos Iván Ramírez Villarreal
  8. Carlos Lorenzo Hernández Muñoz
  9. César Manuel González Hernández
  10. Christian Alfonso Rodríguez Telumbre
  11. Christian Tomas Colón Garnica
  12. Cutberto Ortiz Ramos
  13. Dorian González Parral
  14. Emiliano Alen Gaspar de la Cruz
  15. Everardo Rodríguez Bello
  16. Felipe Arnulfo Rosas
  17. Giovanni Galindes Guerrero
  18. Israel Caballero Sánchez
  19. Israel Jacinto Lugardo
  20. Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa
  21. Jonas Trujillo González
  22. Jorge Álvarez Nava
  23. Jorge Aníbal Cruz Mendoza
  24. Jorge Antonio Tizapa Legideño
  25. Jorge Luis González Parral
  26. José Ángel Campos Cantor
  27. José Ángel Navarrete González
  28. José Eduardo Bartolo Tlatempa
  29. José Luis Luna Torres
  30. Julio César López Patolzin
  31. Leonel Castro Abarca
  32. Luis Ángel Abarca Carrillo
  33. Luis Ángel Francisco Arzola
  34. Magdaleno Rubén Lauro Villegas
  35. Marcial Pablo Baranda
  36. Marco Antonio Gómez Molina
  37. Martín Getsemany Sánchez García
  38. Mauricio Ortega Valerio
  39. Miguel Ángel Hernández Martínez
  40. Miguel Ángel Mendoza Zacarías
  41. Saúl Bruno García

Muertos

  1. Julio César Mondragón Fontes, estudiante normalista
  2. Daniel Solís Gallardo, estudiante normalista
  3. Julio César Ramírez Nava, estudiante normalista
  4. Alexander Mora Venancio, estudiante normalista (previamente en el grupo de 43 desaparecidos)
  5. Jhosivani Guerrero de la Cruz (previamente en el grupo de 43 desaparecidos)
  6. David Josué García Evangelista, futbolista, integrante del equipo de fútbol de tercera división Los Avispones
  7. Víctor Manuel Lugo Ortiz, chofer del autobús que conducía al equipo de fútbol a Chilpancingo
  8. Blanca Montiel Sánchez, pasajera de un taxi que circulaba por el lugar

Heridos

  • Enrique Hernández Carranza, chofer de taxi
  • Norma Angélica Rendón Chávez, periodista
  • Hermenegildo Morales Cortés, agente del Ministerio Público
  • Fátima Viridiana Bahena Peña, maestra
  • Alfredo Ramírez García, maestro
  • Francisco Xavier Medina Bello, futbolista, jugador del equipo Los Avispones de Chilpancingo
  • Luis Ángel Torreblanca, futbolista, jugador del equipo Los Avispones de Chilpancingo
  • Félix Pérez Pérez, futbolista, jugador del equipo Los Avispones de Chilpancingo
  • Carlos Adame Flores, miembro del cuerpo técnico del equipo Los Avispones de Chilpancingo
  • Pedro Rentería Lujano, miembro del cuerpo técnico del equipo Los Avispones de Chilpancingo
  • Jorge León Saénz, miembro del cuerpo técnico del equipo Los Avispones de Chilpancingo
  • Facundo Serrano Urióstegui, miembro del cuerpo técnico del equipo Los Avispones de
Estudiantes normalistas
  • Aldo Gutiérrez Solano (herido de gravedad).
  • Édgar Andrés Vargas (herido de gravedad).
  • Fernando Marín Benítez
  • Jónathan Maldonado
  • Daniel Galeana Rentería
  • Miguel Ángel Espino Honorato
  • Carlos Gerardo Tinoco
  • Leonel Fons Noyola
  • Andrés Daniel Martínez Hernández
  • Érick Santiago López
  • Gregorio Jaimes Reyna
  • Valentín Ponce de León Brito


sábado, 3 de septiembre de 2016

Eduardo.

Collage en libro intervenido "Lo Que Me Salva" de Patricia Morante con
dibujo original de Elías Aspiazu. Foto y diseño Tolhuin.


Dibujo y diseño Marciano .
Los espejos están llenos de gente.
Los invisibles nos ven.
Los olvidados nos recuerdan.
Cuando nos vemos, los vemos.
Cuando nos vamos, ¿se van?


-Eduardo Galeano, Espejos-

miércoles, 31 de agosto de 2016

De soledades, soleares° y soleariyas.

Soleariyas.

Andando y andando
por el camino bordeado de álamos
un sueño entre las ramas quedó atrapado.

Andando y andando
por ese camino en cuarto menguante.
Soñando, soñando.

~ ~~~~ ~~~~~~~ ~~~ ~

En patio cerrado,
un escape por la grieta del techo:
de la luna, un gajo

Soleá, soleá. 

Si nunca estuve en tu vida
~misterio del corazón~
¿cómo estás vos en la mía?

 °
°

martes, 30 de agosto de 2016

viernes, 26 de agosto de 2016

Julio.

"...Nos quedaremos así, seremos eso, y el sueño llegará desde su puerta invisible borrándonos en ese instante que nadie ha podido nunca conocer..."
Julio Cortázar. 
(Fragmento de Background*. Salvo el crepúsculo. 1984)
 
                                      Dibujo Tolhuin: "El ojo de Udyat".
*Background. Julio Cortázar.

Tierra de atrás, literalmente.

Todo vino siempre de la noche, background inescapable, madre de mis criaturas diurnas. Mi solo psicoanálisis posible debería cumplirse en la oscuridad, entre las dos y las cuatro de la madrugada —hora impensable para los especialistas. Pero yo sí, yo puedo hacerlo a mediodía y exorcizar a pleno sol los íncubos, de la única manera eficaz: diciéndolos.
Curioso que para decir los íncubos haya tenido que acallarlos a la hora en que vienen al teatro del insomnio. Otras leyes rigen la inmensa casa de aire negro, las fiestas de larvas y empusas, los cómplices de una memoria acorralada por la luz y los reclamos del día y que sólo vuelca sus terciopelos machados de moho en el escenario de la duermevela. Pasivo, espectador atado a su butaca de sábanas y almohadas, incapaz de toda voluntad de rechazo o de asimilación, de palabra fijadora. Pero después será el día, cámara clara. Después podremos revelar y fijar. No ya lo mismo, pero la fotografía de la escritura es como la fotografía de las cosas: siempre algo diferente para así, a veces, ser lo mismo.
Presencia, ocurrencia de mi mandarla en las altas noches desnudas, las noches desolladas, allí donde otras veces conté corderitos o recorrí escaleras de cifras, de múltiplos y décadas y palindromas y acrósticos, huésped involuntario de las noches que se niegan a estar solas. Manos de inevitable rumbo me han he hecho entrar en torbellinos de tiempo, de caras, en el baile de muertos y vivos confundiéndose en una misma fiebre mientras lacayos invisibles dan paso a nuevas máscaras y guardan las puertas contra el sueño, contra el único enemigo eficaz de la noche triunfante.
Luché, claro, nadie se entrega así sin apelar a las armas del olvido, a estúpidos corderos saltando una valla, a números de cuatro cifras que disminuirán de siete en siete hasta llegar a cero o recomenzarán si la cuenta no es justa. Quizá vencí alguna vez o la noche fue magnánima; casi siempre tuve que abrir los ojos a la ceniza de un amanecer, buscar una bata fría y ver llegar la fatiga anterior a todo esfuerzo, el sabor a pizarra de un día interminable. No sé vivir sin cansancio, sin dormir; no sé por qué la noche odia mi sueño y lo combate, murciélagos afrontados sobre mi cuerpo desnudo. He inventado cientos de recursos mnemotécnicos, las farmacias me conocen demasiado y también el Chivas Regal. Tal vez no merecía mi mandala, tal vez por eso tardó en llegar. No lo busqué jamás, cómo buscar otro vacío en el vacío; no fue parte de mis lúgubres juegos de defensa, vino como vienen los pájaros a una ventana, una noche estuvo ahí y hubo una pausa irónica, un decirme que entre dos figuras de exhumación o nostalgia se interponía una amable construcción geométrica, otro recuerdo por una vez inofensivo, diagrama regresando de viejas lecturas místicas, de grimorios medievales, de un tantrismo de aficionado, de alguna alfombra iniciática vista en los mercados de Jaipur o de Benarés. Cuántas veces rostros limados por el tiempo o habitaciones de una breve felicidad de infancia se habían dado por un instante, reconstruidos en el escenario fosforescente de los ojos cerrados, para ceder paso a cualquier construcción geométrica nacida de esas luces inciertas que giran su verde o su púrpura antes de ceder paso a una nueva invención de esa nada siempre más tangible que la vaga penumbra en la ventana. No lo rechacé como rechazaba tantas caras, tantos cuerpos que me devolvían a la rememoración o a la culpa, a veces a la dicha todavía más penosa en su imposibilidad. Lo dejé estar, en la caja morada de mis ojos cerrados lo vi muy cerca, inmóvil en su forma definida, no lo reconocí como reconocía tantas formas del recuerdo, tantos recuerdos de formas, no hice nada por alejarlo con un brusco aletazo de los párpados, un giro en la cama buscando una región más fresca de la almohada. Lo dejé estar aunque hubiera podido destruirlo, lo miré como no miraba las otras criaturas de la noche, le di acaso una sustancia primera, una urdimbre diferente o creí darle lo que ya tenía; algo indecible lo tendió ante mi como una fábrica diferente, un hijo de mi enemiga y a la vez mío, un telón musgoso entre las fiestas sepulcrales y su recurrente testigo.
Desde esa noche mi mandala acude a mi llamado apenas se encienden las primeras luces de la farándula, y aunque el sueño no venga con él y su presencia dure un tiempo que no sabría medir, detrás queda la noche desnuda y rabiosa mordiendo esa tela invulnerable, luchando por rasgarla y poner de este lado los primeros visitantes, las previsibles y por eso más horribles secuencias de la dicha muerta, de un árbol en flor en el atardecer de un verano argentino, de la sonrisa de una mujer que vive una vida ya para siempre vedada a mi ternura, de un muerto que jugó conmigo sus últimos juegos de cartas sobre una sábana de hospital.
Mi mandala es eso, un simplísimo mandala que nace acaso de una combinación imaginaria de elementos, tiene la forma ovalada del recinto de mis ojos cerrados, lo cubre sin dejar espacios, en un primer plano vertical que reposa mi visión. Ni siquiera su fondo se distingue del color entre morado y púrpura que fue siempre el color del insomnio, el teatro de los destierros y las autopsias de la memoria; se lo diría de un terciopelo mate en el que se inscriben dos triángulos entrecruzados como en tanto pentáculo de hechicería. En el rombo que define la oposición de sus líneas anaranjadas hay un ojo que me mira sin mirarme, nunca he tenido que devolverle la mirada aunque su pupila esté clavada en mí; un ojo como el Udyat de los egipcios, el iris intensamente verde y la pupila blanca como yeso, sin pestañas ni párpados, perfectamente plano, trazado sobre la tela viva por un pincel que no pretende la imitación de un ojo Puedo distraerme, mirar hacia la ventana o buscar el vaso de agua en la penumbra puedo alejar a mi mandala con una simple flexión de la voluntad, o convocar su imagen elegida por mi contra la voluntad de la noche; me bastará la primera señal del contraataque, el deslizamiento de lo elegido hacia lo impuesto para que mi mandala vuelva a tenderse entre el asedio de la noche y mi recinto invulnerable. Nos quedaremos así, seremos eso, y el sueño llegará desde su puerta invisible, borrándonos en ese instante que nadie ha podido nunca conocer.
Es entonces cuando empezará la verdadera sumersión, la que acato porque la sé de veras mía y no el turbio producto de la fatiga diurna y del yo. Mi mandala separa la servidumbre de la revelación, la duermevela revanchista de los mensajes raigales. La noche onírica es mi verdadera noche; como en el insomnio, nada puedo hacer para impedir ese flujo que invade y somete, pero los sueños sueños son, sin que la conciencia pueda escogerlos, mientras que la parafernalia del insomnio juega turbiamente con las culpabilidades de la vigilia, las propone en una interminable ceremonia masoquista. Mi mandala separa las torpezas del insomnio del puro territorio que tiende sus puentes de contacto; y si lo llamo mandala es por eso, porque toda entrega a un mandala abre paso a una totalidad sin mediaciones, nos entrega a nosotros mismos, nos devuelve algo que no alcanzamos a ser antes o después. Sé que los sueños pueden traerme el horror como la delicia, llevarme al descubrimiento o extraviarme en un laberinto sin término; pero también sé que soy lo que sueño y que sueño lo que soy. Despierto, sólo me conozco a medias, y el insomnio juega turbiamente con ese conocimiento envuelto en ilusiones; mi mandal me ayuda a caer en mí mismo, a colgar la conciencia allí donde colgué mi ropa al acostarme.
Si hablo de eso es porque al despertar arrastro conmigo jirones de sueños pidiendo escritura, y porque desde siempre he sabido que esa escritura —poemas, cuentos, novelas— era la sola fijación que me ha sido dada para no disolverme en ése que bebe su café matinal y sale a la calle para empezar un nuevo día. Nada tengo en contra de mi vida diurna, pero no es por ella que escribo. Desde muy temprano pasé de la escritura a la vida, del sueño a la vigilia. La vida aprovisiona los sueños pero los sueños devuelven la moneda profunda de la vida. En todo caso así es como siempre busqué o acepté hacer frente a mi trabajo diurno de escritura, de fijación que es también reconstitución. Así ha ido naciendo todo esto.

viernes, 19 de agosto de 2016

De portentos, portales y portavoces.

Foto Tolhuin. Ascenso a Cerro Ñuñorco. Julio de 2016.
Vivo entre la maravilla y la preocupación. (De un lado, del otro, en los umbrales).
Voy a referirme a la primera, cuota de energía para suavizar la segunda.
Recreo. Aire.

Dos de las cosas que me han deslumbrado últimamente: el cerro y las caravanas.

Voy al diccionario que fue, junto a las semillas, mi maravilla de los 5 o 6. Y lo es todavía. Lo son.
(Combinación heteróclita de la infancia).

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CARAVANA: f. Grupo de personas que viajan juntas con vehículos o animales, especialmente por desiertos o lugares despoblados.


CERRO: m. Del latín cirrus (“copo”), un cerro es una elevación de tierra aislada que presenta una altura menor que una montaña o un monte. Como toda eminencia topográfica, se trata de un terreno elevado respecto a sus alrededores que cuenta con una base o pie (la zona inferior donde comienza la elevación), una o más cumbres o cimas (la zona que alcanza mayor altura) y las laderas o flancos (terrenos de inclinación variable que van de la base a la cumbre).

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Palabras que bajaron conmigo del cerro 🗻



El cerro tiene piel y tiene voz.
El cerro nos abraza y nos pide silencio.

Pero sobran palabras de montañistas.
Ecos, rimas, juegos.
"Teléfono descompuesto"
que es capaz de transformarse
en fiel vía de comunicación
ante lo inesperado,
cuando hay que detenerse
o alguien necesita ayuda.

La caravana de colores se despliega
por los senderos a viva voz.
Cada montañista tiene su color propio
que se enciende o se apaga según la ocasión.

La caravana a veces también se acorta
o se entrecorta;
se extiende cuando en bajada se agranda la brecha
con el de adelante por temor de algún tropiezo;
o se comprime ante la aparición de la niebla.
Pareciera que la niebla, la nube, el alpa puyo
o como se llame, reuniera a montañistas,
les hiciera más próximos.

(A falta de fuego que convoque a su alrededor
nos cobija la niebla para contar historias).

La caravana es entonces un hilo irrompible.

El cerro tiene piel y tiene voz.
El cerro nos abraza y nos pide silencio.

Entonces las palabras se guardan
hasta la próxima vez.
El silencio aparece, se hace vivo.

El silencio es el abrazo del cerro con la caravana.

jueves, 18 de agosto de 2016

Federico.


SALVADOR DE MADARIAGA


Elegía en la muerte
de Federico García Lorca


 «Ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo»
Federico García Lorca

I






Dos cristales de luz negra

brillaban en su mirada.

En su boca relucían

cristales de sombra blanca.

El pelo, noche sin luna.

La tez, oliva y naranja.

El gesto, ensalmo gitano.

La voz, bordón de guitarra.

Y en el alma, ancha y florida,

la Vega de su Granada.

 

Cipreses del Albaicín,

arrayanes de la Alhambra,

cedros del Generalife,

aroma, color y savia.

El bullicio de Sevilla,

la gravedad de Granada,

los jazmines de la Vega,

los geranios de Triana...

De aquel espíritu en flor,

Andalucía brotaba.

 

A su voz alzan la testa

los toros de la torada,

se ruboriza el almendro,

se quiebra en espuma el agua,

en el zarzal florecido

se estremece la nidada,

el cazador queda absorto

toda en sueños la mirada,

el caballo entra en su ritmo,

el jinete en su prestancia,

los ríos se desperezan,

los montes yerguen la espalda,

se ahonda el azul del cielo,

se enciende más la solana,

se lleva la mano al pecho

la mujer enamorada.

A su voz, toda la vida

en su propio ser se baña.

 

A su voz, el Romancero

revive en calles y plazas;

alzan el vuelo las coplas

del follaje de las almas;

se preña de melodías

el vientre de las guitarras.

A su voz, canta hasta el aire,

a su voz, baila hasta el agua.




 

II






Las nubes de sangre y fuego

por el vasto cielo avanzan.

La una contra la otra

desastre y muerte amenazan.

Ya borran la luz del sol

de la tierra desdichada.

Almas tensas, almas lívidas.

Almas tensas, almas cárdenas.

Látigos de fuego y sangre

Desgarrando el aire estallan.


 

     Por el aire amarillo

          pasa la muerte.

     Los ojos, dos balazos.

          Hueca la frente.

     En la boca vacía

          treinta y dos dientes

     que van castañeando

          "viva la muerte".

 

Nube negra, nube roja,

sangre contra sangre alzada,

almas tensas, almas lívidas,

almas tensas, almas cárdenas.

Ardió la flor del almendro.

Muerta yace la torada.

En el aire alzan el vuelo

maldiciones y venganzas.

Emboscado, el cazador

acecha la caza humana.

El río ha bebido sangre.

La noche ha bebido lágrimas.

La luna enreda cadáveres

entre sus redes de plata.

Se lleva la mano al pecho

la mujer asesinada.

De dolor, gime hasta el aire.

De dolor, llora hasta el agua.





III






Entre harapos de aire roto

tu voz suena y no lo creo,

tu voz suena y no lo creo.


     El día es un alboroto,

     y la noche un tiroteo,

     y la noche un tiroteo.




Nube negra, nube negra,

cerraste sobre Granada.

De tu alma tensa, alma lívida,

de tu alma tensa, alma cárdena,

sobre el carmen más florido

se desgajó una descarga.




     Yo me asomé a aquel silencio

     por si su voz resonaba,

     por si su voz resonaba.

     Sólo se oía el disparo

     del tiro que lo mataba,

     del tiro que lo mataba.

     Huye, deseo, deseo,

     la vida es un alboroto,

     y la muerte un tiroteo,

     y la muerte un tiroteo.




Ay, jazmines de la Vega,

Ay geranios de Triana,

cipreses del Albaicín,

arrayanes de la Alhambra,

cedros del Generalife,

aroma, color y savia...

Muerto yace aquel arbusto,

raíces y tronco y ramas,

que brotó de vuestra tierra

y floreció en obra y gracia!




     Huye, deseo, deseo,

     la vida es un alboroto

     y la muerte un tiroteo.




Federico,

voz, cantar, leyenda, magia,

Federico, ay Federico,

tierra, polvo, sombra, nada...

Los gusanos de tu cuerpo

roen rosas y manzanas.

Los gusanos de tu cuerpo

roen que roen las almas,

almas tensas, almas lívidas,

almas tensas, almas cárdenas.

Los gusanos de tu cuerpo

roerán a toda España...

 

¡No, que tu espíritu en flor

incorrupto se levanta!

Huele a almendro y a jazmines,

Y sabe a oliva y naranja.

Vuela sobre las dehesas

y da vida a la torada

y enciende como candelas

los cipreses de la Alhambra;

ahuyenta las nubes cárdenas,

y descorre en el Oriente

las cortinas del Mañana.

Tu espíritu en flor, tu espíritu

en luz, tu espíritu en gracia

hará brotar de la Vega

cosechas de nuevas almas...

almas tiernas, almas límpidas,

almas tiernas, almas cándidas.

                                 
                                  New York, 1938

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