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...o këmamëll, voz del mapudungún: "corazón del árbol", el centro, el meollo...

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viernes, 20 de diciembre de 2024

El costurero. Primer cajón.

I Costureros de viaje o multiplicación de los hilos.


Uno es reliquia y otro, pura nostalgia.

Caja de chocolates "Día de los enamorados", éste;

monedero dorado de la abuela, aquel.

Hay un tercero de vida ambulante y constante.

Lata mediana de caramelos intervenida,

y con cambio de contenido.

Agujas de ojos grandes, como las mujeres de Mastretta.

Hilos de bordar de colores, texturas, grosores 

y edades diversas donde también viven los ancestros.

Alfiletero hecho de esponja en desuso forrada en tela.

Tijera plegable made in China.

Enhebrador. Dedal. 


Sale algunos domingos rumbo a Plaza Irlanda

(colectivo~ tren~ caminata)

y se abre al encuentro de telas, bastidores, 

charlas y canciones.

Se despliega como otros sobre la mesa larga,

se integra, se pierde por momentos

bajo la sombra del gigante amigo

o la caricia de la bandera comunitaria.

Las telas dicen, piden y reclaman:

justicia, un espacio de memoria,

que el dolor se transforme en lucha;

y las agujas que suben y bajan,

labran las historias.


El costurerito o bordaderito

entre semana sale al jardín

del fondo de la casa.

Aunque la mesa es pequeña y la soledad, grande,

igual se destapa 

y en medio del amoroso desorden 

que trajo de la plaza 

y, a pesar de los hilos ya usados,

revela  que se volvió

con muchas hebras de más

y con gran deseo

de seguir contando hasta el próximo abrazo

en Caballito.

Las telas dicen, piden, reclaman.


Manos compañeras bordan bandera 
comunitaria
El bordaderito
Fotos Tolhuin

                                        

Patricia Morante

20 de diciembre de 2024

Escritura a partir de: El costurero. Mayo 2024 y de los encuentros Bordando historias, propuestos por la 
Próximo encuentro: 26 de enero

jueves, 23 de mayo de 2024

El costurero

 

«La memoria de las mujeres se parece a esas mesas antiguas que utilizan para coser; están llenas de cajones secretos. Algunos están cerrados desde hace mucho tiempo y no se pueden abrir, otros contienen flores secas; otros, madejas enredadas; a veces alfileres»

Marguerite Yourcenar


Domingo 19 de mayo por la mañana, me encuentro de pronto limpiando y ordenando algunos rincones. Un mueble petizo, con estilo. Cinco cajones que a lo largo de los años se han transformado en pequeños espacios de guardado.

Uno. Hilos de coser de todos colores acomodados en un envase de cartón. Cintas métricas. Costureritos de viaje (Capítulo aparte I). Hilos de bordar que requieren ser reorganizados. Hilo de sutura. Del tirador pende un bastidor.

Dos. Agujas de todo tipo, uso y tamaño. Alfileteros artesanales de éste y otro siglo (capítulo aparte II). Alfileres en cajitas. Tijeras. Dedales. Un envase de medicamento con alfileres de gancho. Broches de gancho N° 6 en su cajita original. Enhebradores. Dos H o u s e h o l d  R e p a i r  sin abrir adquiridos en algún viaje en tren. Una canastita de cartón  R e g a l  a la que le faltan algunas de sus 19 agujas y el enhebrador. (Capítulo aparte III) Tizas blancas. Agujas de tejer sobresalen por un costado.

Tres. Hilos de bordar: los traídos de otro cajoncito, los tucumanos, los de la abuela. Piolín amarillo. Hebras de arpillera. Una bolsita con pelo entre rosado y violeta de mi hija. (capítulo aparte IV).

Cuatro. Ovillitos de lana e hilos para tejer. Un tejido pequeño, sin terminar, desprolijo. (No es lo mío ni mi cajón favorito. A mi gato le gustó. (Capítulo aparte V).

Cinco. Pequeños retazos de tela. Algunas cintas. Un corpiño sin breteles. Un pequeño tapiz sin terminar para El Arbolito Casa Cultural (Capítulo aparte VI)






20 de diciembre de 2024